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Ibn Yubayr “el Valenciano”: literatura de viaje en el siglo XII

Breve reseña de la obra A través de Oriente, el siglo XII ante los ojos. Introducción, traducción y notas, de Felipe Maíllo Salgado

18/04/2013 - Autor: Victoria Jorrat - Fuente: Webislam
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Tierras del Sham

“Mañana al alba estaremos en Misr la Antigua. (…) Ningún obstáculo me separaba ya de El Cairo. No tenía más que dejarme llevar por el inexorable flujo del tiempo y del Nilo” .1

Este breve fragmento perteneciente a una de las numerosísimas obras literarias contemporáneas inspirada en la literatura árabe de la rihla, es sólo un ejemplo de cómo la mágica obra de Ibn Yubayr2 que nos ocupa ha ejercido una gran influencia y ha sido guía para muchas de las obras posteriores por su calidad y originalidad.
Abu l-Husayn Muhammad b. Ahmad b. Yubayr b. Said b. Yubayr b. Said b. Muhammad b. Abd as-Salam al-Kindani al-Andalusí al-Balansí nació en Valencia en el año 1145 y trabajó para los almohades de Granada. En 1183 comenzó su peregrinación, la cual duraría algo menos de dos años y medio. Visitó los santos lugares del Islam y murió en Alejandría hacia el año 1217.

¡Damasco! “Paraíso del Oriente, lugar por donde aparece la belleza, elegante y esplendorosa. Ella fue el sello de todos los países del islam que recorrimos; la novia entre las ciudades a las que hayamos levantado el velo. Se ha adornado con flores olorosas y se manifiesta, con el mato de brocado verde de sus jardines. Ocupa, en materia de hermosura, un lugar eminente”. 

La obra de Ibn Yubayr es uno de los grandes clásicos de la literatura árabe que todos, arabistas o no, debemos leer. Es un libro muy rico en cuanto a aportaciones históricas, geográficas y sociológicas, sin olvidar por supuesto el aspecto literario. A partir de la lectura de esta amena obra literaria el lector puede trasladar su mente a los lugares y rincones más recónditos del oriente próximo. Quien lo lee realiza un viaje en el tiempo y a su vez recorre un importante itinerario en la historia del arte. Aunque es sabido que una vez que fueron compilados los relatos de Ibn Yubayr se llevó a cabo una serie de modificaciones en cuanto al estilo y la estructura interna de lo que era el diario de viaje propiamente dicho, nos sigue pareciendo increíble el hecho de que un viajero fuera recopilando tal cantidad de detalles todos ellos especiales. Ibn Yubayr emprendió este viaje con motivo de la peregrinación Mayor a La Meca, pero por su amplio recorrido es una de las fuentes principales para los historiadores que están interesados en lo que ocurría en aquel momento en oriente y en el Mar Mediterráneo. La redacción de su viaje sigue una progresión temporal  y ofrece al lector una visión muy personal de todas sus vivencias.

Tras haber conocido el inalcanzable valor de la obra, ha de añadirse la importancia que tiene la labor desempeñada por el traductor, cuyo trabajo en este caso logra transmitir perfectamente aquello que previamente se había visto y sentido en árabe. Además de la traducción completa del texto Felipe Maíllo facilita también un preámbulo que incluye un apartado dedicado a las abreviaturas empleadas y a la bibliografía y una amplia introducción en la que lleva a cabo un estudio breve pero conciso de diferentes aspectos relacionados con el contexto como son: la Rihla, Ibn Yubayr, mapas y recorridos. Por último, tras el relato del viajero musulmán, se encuentra el índice de nombres, clave para terminar de entender ciertas ideas.

Deja patente muchos aspectos importantes como pueden ser por ejemplo los topónimos. Algunos de los topónimos permanecieron en el territorio de al-Ándalus dando lugar a arabismos como: Jaén, Écija, Osuna, Ceuta3… y también hace alusiones a los principales ríos: Guadalquivir, Tigris, Eúfrates, o Nilo. Así como también resulta llamativa la datación exacta de cada uno de sus movimientos y viajes, y de ciertos acontecimientos detallando incluso el momento del día:

“Pasamos la noche entera en esa situación, mientras la angustia había alcanzado su súmum. Esperábamos con la mañana una pausa que nos aliviase un poco de lo que nos acontecía. Pero el día vino, el miércoles 19 de du-l-qada (16 de marzo de 1183) y con él un mayor horror y una angustia más grande. El mar aumentó su agitación, el horizonte se puso sombrío hasta la negrura y el viento y la lluvia adquirieron una violencia en extremo tempestuosa, hasta tal punto que nos mantuvo firme con ello en vela alguna”. (51)

Realiza descripciones exactas de los templos y lugares de devoción, especialmente mezquitas (como la Ciudadela o la Mezquita de Husayn ambas en El Cairo) pero también de iglesias si estas son dignas de mención, de hecho se observa una buena percepción de los cristianos; y de otros monumentos con los que se va topando que no son religiosos.

“Entre la aljama de Ibn Tulún y El Cairo hay dos torres cercanas de antigua construcción, sobre una de las dos hay una estatua que mira hacia el lado de occidente y sobre la otra había una estatua mirando hacia oriente”. (103)

Puesto que se trata de un viaje de peregrinación, no faltan las alusiones al Noble Corán4. Así como también resalta lugares en los que estuvo el Profeta Muhammad y la aplicación de ciertos preceptos religiosos en las sociedades que lo iban recibiendo como pueden ser los impuestos, el azaque, el comercio en la Mezquita Sagrada…

Personalmente opino que uno de los logros de esta obra es que consigue despertar en el lector un inmenso deseo de viajar a los mismos lugares de los que habla Ibn Yubayr. Así da comienzo a la descripción que hace de Damasco, logrando mostrar en sólo unas líneas la pasión que siente por aquello que tiene antes sus ojos:

“Paraíso del Oriente, lugar por donde aparece la belleza, elegante y esplendorosa. Ella fue el sello de todos los países del islam que recorrimos; la novia entre las ciudades a las que hayamos levantado el velo. Se ha adornado con flores olorosas y se manifiesta, con el mato de brocado verde de sus jardines. Ocupa, en materia de hermosura, un lugar eminente”. (305)

Notas:
1. MAALOUF, Amín, León el Africano, Alianza literaria, Madrid, 2007, p. 271. 
2. Ediciones del Serbal, Barcelona, 1988, pág. 431.
3. Véanse las págs. 47 y 48.
4. Ibn Yubayr incluye en su obra por ejemplo la aleya 50 de la azora 23; y la 42 de la azora 38, ambas en la pág. 305.

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