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Poder blando versus insumisión

Burbujas y crisis, expansión y contracción, siguiendo el ritmo de la melodía imperial que no es sino un réquiem por todos los pueblos de la tierra

29/03/2013 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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Nuevos actores, viejos guiones.

Poder blando, en inglés soft power, es un término que se usa en el argot de las relaciones internacionales para describir la capacidad de un actor político, como por ejemplo un Estado, para incidir en las acciones o intereses de otros actores, utilizando medios culturales o ideológicos.

En el contexto del cambio paradigmático que vivimos hoy a resultas de la globalización, ese poder blando sería la contrapartida necesaria de las últimas dos décadas de poder fuerte basado en la coerción auspiciada y puesta en práctica por los intereses del denominado complejo militar-industrial norteamericano. Una de cal y una de arena.

Burbujas y crisis, expansión y contracción, siguiendo el ritmo de la melodía imperial que no es sino un réquiem por todos los pueblos de la tierra. Nada nuevo, por tanto, si no fuese por los ingredientes inéditos que tiene la nueva marea humana que trata de sobrevivir en medio de ese diseño inhumano.

Tras las aventuras mediorientales de corte duro de la camarilla Bush-Cheney-Rice surge la figura de un Obama que encarna el mestizaje de la nueva humanidad y el imperio se repliega a los despachos informatizados desde donde se lleva a cabo el juego macabro de los drones, la muerte informática sin salpicaduras de sangre. Asépticos asesinos a distancia que sin embargo muestran al mundo un rostro nuevo, más amable y más hipócritamente comprometido en sus intenciones.

También un nuevo papa, Francisco, anunciando el regreso a las fuentes evangélicas del catolicismo romano, engrasando quizás a su pesar la maquinaria de una crisis económica planificada que está llevando a la desesperación a millones de seres humanos que no pueden ver dónde están sus verdaderos enemigos y que se tienen que conformar con una supervivencia identitaria tutelada a través de Internet.

En esta nueva escatología, que nos dice que es necesario resignarse ante lo inevitable del modelo globalizador, sufrir con entereza el robo y el escarnio de los poderosos, la pérdida de derechos que fueron conquistados tras siglos de lucha social… y en este contexto, el papa Francisco, en un gesto profundamente evangélico, pide a los sacerdotes católicos que vayan "a las periferias donde hay sufrimiento y sean pastores con olor a oveja".

Pero la guerra sigue y, aunque no sea ya el oriente medio la arena central de la disputa geopolítica, la inercia de décadas de terror legalmente administrado sigue allí sin embargo produciendo cadáveres ensangrentados para nutrir los medios oficiales de desinformación y propaganda, para que no decaiga el miedo en las masas digitalizadas. Pero, no nos engañemos más. Conocemos ya sobradamente las intenciones oscuras y malignas de quienes dirigen los asuntos del mundo, gentes desalmadas a quienes poco importan el sufrimiento o la muerte de pueblos enteros. Aliados del fundamentalismo de cualquier signo, mentores de la democracia y los derechos humanos por un lado y vendedores de armas a los regímenes más totalitarios por otro, sembrando el odio y la sinrazón entre los pueblos que ven cómo sus sueños de vivir en paz con lo necesario se disuelven entre el humo de las bombas y de las palabras.

Ahora, cuando vemos que la democracia sólo era un pretexto temporal para imponer el neoliberalismo digital, advertimos la alianza neoliberal con los terroristas como medio de sembrar una guerra interminable entre hermanos. Ahora, cuando despertamos del sueño de la modernidad y del progreso, el Estado aparece como la forma legal de administrar la vida y la muerte, el desahucio y la cronificación de las enfermedades inducidas por el propio sistema. Paradójicamente hoy la lucha por la libertad es disidencia en el seno de un sistema que se declara liberal o neoliberal, y las reivindicaciones seculares de los derechos civiles, de las cuestiones de género, de la igualdad, etc., son ítems de la agenda globalizadora usados aquí de una manera, allí de otra, según las necesidades del guión de las agendas locales, engarzadas según el plan maestro de disolución de identidades y particularidades que hasta ahora constituían la referencia existencial de las comunidades lingüísticas y culturales de todo el planeta.

Europa, más vieja que nunca, se resigna a su papel de escaparate de la historia y de la cultura, consciente de que ya sólo puede sobrevivir vendiendo su imagen y sus ruinas, su marca identitaria de ser cuna del paradigma moderno que ahora desaparece entre las ondas telemáticas de la marea digital. El imperio anglosajón, mientras tanto, aprovecha su margen de independencia del proyecto europeo para posicionarse en el nuevo eje geopolítico global Asia–Pacífico. Nuevos actores, viejos guiones. Irán, Corea del Norte, amenazas globales, mientras los BRICS anuncian su presencia en el reparto del nuevo mundo creando un banco capaz de zafarse de las imposiciones caudinas del FMI y del BM. Chipre añade aún más escándalo y más incertidumbre para Europa, para que sus ciudadanos se sometan al germánico dictado de la realpolitik.

Mientras tanto, a los ciudadanos sólo nos queda organizarnos y sublevarnos usando todo el coraje y la inteligencia de que seamos capaces, invirtiendo el proceso desalmado cultivando los verdaderos valores humanos de la compasión, la solidaridad, la empatía con nuestros semejantes… buscando la verdad que yace oculta dentro de nosotros mismos, pues ya no hay ideologías redentoras que enhebren un proceso colectivo más allá de esos valores vividos y experimentados por individuos sin pueblo, sin lengua, sin proyecto. Una insumisión que necesariamente habrá de circular también a través de esos soportes telemáticos y digitales, a través de esa red que amenaza con atraparnos a todos.

En este sentido, los musulmanes hemos de librarnos en primer lugar de todas esas macabras tendencias ideológicas separadoras inducidas desde la agenda global, de todas aquellas interpretaciones del islam que siembran las divisiones en una Ummah que no es territorial sino espiritual, y que convierten a los musulmanes en turcos, árabes, persas, sunnies, shiies, sufíes, occidentales, orientales o lo que sea, y que nos llevan a definirnos como verdaderos musulmanes frente a otros que supuestamente no lo son. De ahí la maldad del salafismo hoy imperante en la Ummah a resultas de su alianza estratégica con el último imperio. Los musulmanes hemos caído en una trampa mortal de la que sólo será posible salir realizando el islam dentro de los corazones de cada uno y de cada una de quienes viven el mensaje coránico como un medio liberador que nos conduce a una condición humana digna y deseable.


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