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El bien común de la humanidad (1)

Un paradigma post-capitalista frente a la ruptura del equilibrio del metabolismo Entre la naturaleza y el genero humano

14/03/2013 - Autor: François Houtart - Fuente: Ecoportal
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El equilibrio entre naturaleza y desarrollo humano
El equilibrio entre naturaleza y desarrollo humano

La múltiple crisis actual provee la oportunidad de una reflexión que sobrepasa lo inmediato y la Conferencia Por el Equilibrio del Mundo es un lugar particularmente adecuado para este fin. Abordaremos en primer lugar el porqué de un nuevo paradigma, después la ruptura del equilibrio del metabolismo socio-ambiental y el aporte de Carlos Marx, y finalmente la reconstrucción de este equilibrio y la transición hacia la dimensión ecológica del socialismo.

1.-¿Por qué un nuevo paradigma?

La organización capitalista de la economía se basa sobre la lógica de la ganancia y de la acumulación privada con la ignorancia de las externalidades sociales y ecológicas. Ella conlleva la explotación de la naturaleza, una ley del valor exclusivamente basada sobre el cambio, el capital como principal sujeto de la organización colectiva y de la historia, y la colonización de la cultura. En su fase neoliberal, el capitalismo llevó la ruptura del metabolismo socio-ambiental a un nivel jamás alcanzado y destruyó los logros sociales del periodo keynesiano.

La pregunta es saber si se puede mejorar la situación socio-ambiental y contener los efectos de la crisis, dentro del cuadro del capitalismo. Hasta un cierto punto, la respuesta es sí. En la medida que nuevas prácticas sean fuentes de provecho, ellas serán adoptadas. El ejemplo del "capitalismo verde" lo comprueba. Pero si no es el caso, ellas serán rechazadas o rápidamente abandonas. Por otra parte, cuando los daños ecológicos empiezan a afectar la tasa de ganancia y cesan de ser "externalidades", o cuando las resistencias sociales ponen en peligro el modo capitalista de producción y de circulación, este último acepta regulaciones, pero siempre a condición que sean market friendly y provisionales.

Rémy Herrera recuerda que la macroeconomía neoclásica ha reintegrado los temas ambientales en una teoría del crecimiento que excluye una interpretación de los recursos naturales como patrimonios comunes, para incluirlos en categorías propias del capital (capital natural, por ejemplo), "para someterlos a un proceso de acumulación, de remuneración y de acumulación capitalistas, en una lógica exclusivamente orientada sobre el provecho".1

Al mismo tiempo, el sistema es capaz de seguir destruyendo los ecosistemas del planeta por la obtención de provechos a corto plazo y de explotar millones de trabajadores formales o informales en beneficio de minorías que se enriquecen. En consecuencia, las luchas deben superar las regulaciones del capitalismo, aún si son eventualmente necesarias a corto plazo, para atacar el fundamento de la lógica que preside a su desarrollo. Es lo que Carlos Marx propuso en su obra. Hoy, se trata de perseguir este propósito y de proponer una filosofía de la vida colectiva de la humanidad en el planeta, adaptada a las nuevas circunstancias. Eso no puede ser sino el fruto de las luchas sociales y revolucionarias, combinadas con un pensamiento crítico.

El nuevo paradigma tiene que adoptar orientaciones opuestas a las de un capitalismo que está llegando al colmo de su carácter destructor y que, por consecuencia, es un instrumento de muerte, tanto por el planeta como por el género humano. Proponemos el concepto de Bien Común de la Humanidad, no como un eslogan, o menos todavía como una concepción mesiánica, sino como un instrumento analítico y una meta colectiva, que puede recibir varios nombres, desde el sistema de necesidades y capacidades de Marx, hasta el Socialismo del Siglo XXI de América Latina, o el Sumak Kawsay de los indígenas kichwa del Ecuador. Lo importante no es el nombre, sino el contenido.2

Se trata de la posibilidad de producir, reproducir y mejorar la vida, en todas sus dimensiones, de la naturaleza y de su parte consciente (y por ende responsable), la humanidad. Tal concepto se traduce concretamente en los varios elementos que constituyen los cuatro fundamentos de la vida colectiva de la humanidad en la Tierra, que cada sociedad tiene que abordar, cualquiera que sea el modo de producción: relación a la naturaleza exterior, producción de la base material de la vida, organización colectiva social y política y cultura.

En primer lugar, la relación social con la naturaleza debe asegurar la regeneración de la tierra y una utilización razonable de los recursos no renovables. Ello significa pasar de la explotación (concepto del capitalismo) al respeto de la tierra como fuente de toda vida, física, cultural, espiritual, y fomentar una visión biocéntrica del universo. En segundo lugar, la posibilidad para todos de acceder a las bases materiales de la vida, exige que se privilegie el valor de uso frente al valor de cambio (eje central de la acumulación capitalista), con relaciones de producción sin explotación del trabajo y sobre la base de la solidaridad.

La tercera dimensión es la organización colectiva, social y política que tiene que asegurar la participación de todos en la generalización de la democracia en el conjunto de las relaciones e instituciones sociales, fomentando la construcción continua de los grupos y de las personas humanas como sujetos sociales a los varios niveles. Finalmente, la participación de todas las culturas, los saberes, las filosofías, las espiritualidades en la elaboración de una visión holística de la realidad y la ética social, pondrían fin a la hegemonía de una cultura (occidental) instrumentalizada por el mercado.

2.-La ruptura del metabolismo entre naturaleza y género humano

El proceso de ruptura del equilibrio en el intercambio de materias entre los seres humanos y la naturaleza (metabolismo) empezó con la industrialización capitalista y se desarrolló durante los dos siglos pasados; y con una aceleración fuerte desde la mitad del siglo XX. Se realizó dentro de un proceso de concentración de un capitalismo de monopolio, que acentuó la brecha entre el Norte y el Sur. Los países socialistas han seguido el mismo camino para el desarrollo de sus fuerzas productivas. Hoy en día, los países emergentes adoptan un modelo similar de desarrollo industrial o como proveedores de materia prima en la división internacional del trabajo. Sin embargo, ya Carlos Marx había anunciado los efectos dañinos de tal lógica.

Debemos reconocer que los aportes de Marx en este dominio no fueron muy utilizados en la literatura crítica, aún marxista, sino hasta los últimos años.3 Tampoco aparecen centrales en las publicaciones de los países socialistas, a pesar de ofrecer una base de interpretación de lo que el mundo está viviendo en nuestros tiempos. Una reubicación socio-histórica de la cuestión ambiental puede ayudar a entender el porqué.

Por una parte, el pensamiento social crítico se focalizó en la trasformación de las relaciones de producción y, por otro lado, los países socialistas buscaban el desarrollo de las fuerzas productivas para construir las bases del socialismo. La visión de un progreso material lineal sobre un planeta inagotable, herencia de la modernidad adoptada y reproducida por el capitalismo, no fue puesta en cuestión. Menos todavía cuando el socialismo se definió como una superación del capitalismo en la producción de bienes y servicios. Los daños ecológicos eran considerados como una externalidad. Ese modelo se puede verificar aún hoy en día en el tipo de desarrollo de un país como China, donde a pesar de un reciente discurso oficial de defensa de la naturaleza, las prácticas contrarias siguen. En este sentido, Cuba fue una excepción, con la alerta muy temprana del comandante Fidel Castro4 sobre el tema, y la emisión mínima de gases con efecto invernadero por el país5.

Marx utilizó la noción de metabolismo, de creación reciente en las ciencias naturales de su tiempo, significando en este caso el intercambio orgánico entre los seres humanos y la naturaleza (Stoffwechsel). Para interpretar eso, es necesario hacer primero referencia a la concepción marxiana de la naturaleza. Se trata de una realidad que tiene su existencia propia, sus leyes y su vida independientemente de toda consciencia y voluntad humana (A. Schmidt, 1976, 78). "la materia misma no la ha creado el hombre" escribe Carlos Marx6. Por otra parte, "El hombre mismo... es un objeto de la naturaleza, una cosa, aunque sea una cosa viva y autoconsciente"7. Si existe un intercambio, es con la "naturaleza externa" al ser humano, es decir todo lo que él utiliza para vivir y todo lo que él retorna después de la utilización (deshechos, objetos inútiles, hasta su propio cuerpo).

El trabajo es la base de este intercambio. Lo expresa Marx de la manera siguiente: "Como creador de valores de uso, como trabajo útil, pues, el trabajo es, independientemente de todas las formaciones sociales, condición de la existencia humana, necesidad natural y eterna de mediar el metabolismo que se da entre el hombre y la naturaleza, y, por consiguiente, de mediar la vida humana"8. Los valores de uso sirven para satisfacer las necesidades de la vida humana y son "combinaciones de dos elementos, la sustancia natural y el trabajo"9. Por otra parte, el valor de cambio no contiene ningún material natural10. Es el producto de una relación social.

El trabajo es creador de valores en el plano formal y la naturaleza en el plano material. Y así, según Marx, "El trabajo es el padre (de la riqueza material) y...la tierra su madre"11. La fuerza de trabajo es "ante todo materia natural trasformada en organismo humano"12. Es en este sentido que Marx habla de "metabolismo social", porque el intercambio es siempre mediatizado por una forma social particular. "Cada modo de producción y de reproducción de la vida que ha desarrollado la humanidad es un régimen particular de organización de dicho metabolismo social-natural", escribe Miguel Ruiz.13 Jazon Moore, que fue últimamente uno de los más importantes intérpretes del pensamiento marxista en este dominio, no duda en afirmar que "el capitalismo es un régimen ecológico".14

Cuando Marx dice que la característica del capitalismo es destruir las bases de su propia riqueza, la naturaleza y el trabajo, se trata de entender por qué no es el efecto de un accidente del sistema, sino el fruto de su propia lógica. Ello es lo que va a permitir a Marx adelantar la percepción de los eventos que vivimos actualmente. Miguel Ruiz Acosta, del Instituto de Altos Estudios Nacionales del Ecuador, lo explica muy claramente. En las sociedades pre-capitalistas, los ciclos de reproducción de la fuerza de trabajo (capacidad humana de trabajar) y de la naturaleza estaban mutuamente condicionados. "El hombre hace parte de la naturaleza y este metabolismo primitivo se refuerza en el proceso de preservación de su ser", escribe Jean-Luc Cachon.15 Al contrario, en el capitalismo, el capital tiende a subordinar estos ciclos a su propia reproducción: "La naturaleza aparece como su obra y su realidad".16 El capitalismo, de hecho, es un modo de civilización, donde el valor de uso está subordinado a la riqueza abstracta, lo que está en el origen de la destrucción de los equilibrios del metabolismo socio-ambiental.

Marx hace notar que el ritmo de reproducción de la naturaleza ("sustancias vegetales y animales sometidos a leyes orgánicas, ligadas a ciertos lapsos naturales")17 no puede aumentar al ritmo del capital fijo (máquinas, etc.) de países industrializados. La lógica de la reproducción del capital es generar una riqueza abstracta (valor) capaz de aumentar a lo largo de sus sucesivos ciclos reproductivos (reproducción ampliada). La producción de valores de uso en forma de mercancía (valores de cambio) es el medio para alcanzar este fin18.

Es esta contradicción entre los ritmos la que engendra la fractura del metabolismo social. "Marx utilizó el concepto de 'fractura' abierta en la relación metabólica entre los seres humanos y la tierra para denotar el extrañamiento material de los seres humanos", escribe J. Forster, dentro de la sociedad capitalista, en relación con las condiciones naturales que constituyen la base de su existencia, lo que denominaba "las sempiternas condiciones de la existencia humana impuestas por la naturaleza."19

Para Marx, el proceso empezó con la industria urbana, pero se prolongó con la esquilmación de los suelos por la agricultura industrial provocando "un desgarramiento insanable en la continuidad del metabolismo social, prescrito por las leyes naturales de la vida."20

Desde la fecha de este escrito de Marx, el proceso se aceleró, con una población urbana que alcanza más de la mitad de la humanidad, produciendo desechos en cantidad incontrolable, una industria emitiendo millones de toneladas de gases de efecto invernadero, transportes contaminantes irracionales y un acaparamiento de tierras para monocultivos destructivos de los suelos y la contaminación del agua. El proceso está acompañado por una subordinación real y formal del conjunto de la fuerza de trabajo mundial al capital.

El agotamiento de los recursos naturales (la naturaleza externa, como los llama Marx) con la expansión del mercado mundial, provoca una crisis de escasez.21 Hay una contradicción entre la sobreproducción de los elementos fijos del capital (maquinaria, infraestructura, etc.) y la subproducción de las materias primas, que al mismo tiempo tienden a aumentar de precio.22 " El resultado, escribe Gian Carlo Delgado, de la UNAM de México, es que la dinámica de acumulación de capital en los espacios territoriales concretos pone ya en cuestionamiento la preservación de los bienes comunes y, con ello, incluso la viabilidad misma de la vida, no solo la humana".23

Así, Carlos Marx ya había dado la alerta, lo que no fue oído por la mayoría de los constructores de las sociedades socialistas del siglo XX. A pesar de no haber podido prever el agotamiento de las riquezas naturales, también él había establecido bases teóricas solidas sobre la relación entre los seres humanos y la naturaleza y anticipado lo que podríamos llamar hoy en día, con Michael Löwy,24 el eco-socialismo.

Hoy en día todos los indicadores apuntan sobre una crisis de dimensión jamás alcanzada. Se trata de una mundialización de la fractura. Es una evidencia que Miguel Ruiz subraya: "Si bien la fractura metabólica asociada a la emergencia del capitalismo comenzó a la par de la industrialización ... fue durante el siglo veinte cuando la mundialización del capital amplió tal fractura en proporciones nunca antes vista".25

Tim Appenzelles, de Nature Magazine, se preguntó durante el Foro Económico Mundial de Davos (2012): "¿No hemos sobrepasado el punto de no-regreso?"26 El informe preparatorio al Foro de 2013, señalaba que la tierra había perdido el 30 % de su potencialidad reproductiva. John Saxe Fernández, por su parte afirma que en las circunstancias actuales, el crecimiento económico es incompatible con los límites materiales de la naturaleza.27

Notas 
1. Rémy Herrera (2010, 82).
2. Birgit Daiber y François Houtart, Un paradigma poscapitalista : el Bien Común de la Humanidad, Ruth Casa Editorial, Panama, 2012.
3. Se puede citar, entre otros: Alfred Schmidt, El concepto de naturaleza en Marx, Siglo XXI, Madrid (1976); Jean-Luc Cachon, Nature, in Bensussan-Labica, Dicionnaire critique du Marxisme, PUF, Paris (1999, 797-801); Jason Moore, Transcending the metabolic rift: a theroy of crisis in the Capitalist world-ecology, The Journal of Peasant Studies, N° 38, 1f (2011,1-46); Gian Carlo Delgado, Bienes comunes, metabolismo socioecológico y Bien común de la Humanidad, en B. Daiber y F. Houtart, Un Paradigma poscapitalista: el Bien Común de la Humanidad, Ruth Casa Editorial, Panama, 2012; Michael Löwy, Ecosocialismo. La alternativa radical a la catástrofe ecológica capitalista, Ed. Harramienta, Buenos Aires, 2010; Miguel Ruiz Acosta, Devastación socio-ambiental y Dependencia en América Latina: perspectivas desde el ecomarxismo (manuscrito), IAEN, Quito (2012).
4. Ver el discurso del Presidente Fidel Castro Ruz en la Conferencia de las Naciones Unidas en Rio de Janeiro en 1992 y también, Las locuras de nuestra época, en Reflexiones, Consejo de Estado, La Habana, 2010 .
5. Este hecho está evidentemente también vinculado con el « bloqueo » que impidió la industrialización rápida del país y con el bajo desarrollo del transporte privado, por razones de ahorro económico.
6. Carlos Marx, citado por A. Schmidt (1976, 72) Nationalökonmie und Philosophie, 249.
7. Carlos Marx, citado por A. Schmidt (1976, 73) Das Kapital, T.1, 211.
8. Carlos Marx, citado por M. Ruiz Acosta (2012, 2) El Capital, (1867), Vol.1., México, 1975, Siglo XXI, 53.
9. Carlos Marx, citado por A. Schmidt (1976, 74) Das Kapital, T.1, 47.
10. Alfred Schmidt, 1976, 73.
11. Carlos Marx, citado por M. Ruiz Acosta (2012, 2) El Capital, ibidem, 53.
12. Carlos Marx, citado por A. Schmidt (1976) 73 Das Kapital, T.1. 223.
13. Miguel Ruiz Acosta (2012, 3).
14. Jason Moore, Transcending the metabolic rift: a theory of crisis in the capitalist world-ecology, Journal of Peasant Studies, N° 38. 1f (2011) 1-46, citado por M. Ruiz Acosta, 2012, 3.
15. Jean-Luc Cachon (1999,798).
16. Carlos Marx, Manuscritos 44, 64 (edición francesa), citado por Jean-Luc Cachon (1999,798).
17. Carlos Marx, citado por M. Ruiz Acosta (2012,3).
18. Miguel Ruiz Acosta (2012, 4).
19. John B. Forster (2000, 253) citado por M. Ruiz Acosta, (2012, 6).
20. Carlos Marx, El Capital, T. 1. (1867, 611-612), citado por M. Ruiz Acosta (2012, 5).
21. John Saxe Fernández (2012, 36).
22. Alfred Schmidt (1976, 43).
23. Gian Carlo Delgado (2012, 76).
24. Michael Löwy (2012).
25. Miguel Ruiz Acosta (2012, 11).
26. Global Risk Report (2012).
27. John Saxe-Fernández (2012, 54).
Fuente: Ecoportal

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