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Debilidades del sistema

“Se ha roto el principio de solidaridad, se ha roto la democracia, se ha roto la ética, la responsabilidad, la humanidad y la compasión”

05/01/2013 - Autor: Maribel Ortega Fuentenebro - Fuente: Webislam
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Intereses ocultos

La crisis que hoy sufre España ha puesto en evidencia muchas debilidades del sistema: una administración muy pesada en varios niveles de responsabilidad, con competencias duplicadas y muy frecuentemente triplicadas, que aumenta excesivamente el número de cargos públicos y la hace enormemente cara; diputados en Comunidades Autónomas, en Diputaciones Provinciales, en la administración comarcal; consejeros en la administración comunitaria y en los ayuntamientos; asesores sinnúmero, cargos de confianza, funcionariado, a los que hay que añadir empresas públicas poco o nada rentables y, en muchos casos, sin actividad, que son incapaces de generar sus propios recursos y hacen recaer todos sus gastos sobre la administración, lo que conlleva  enormes costes no solo de cargos directivos que perciben sueldos desmesurados, sino en locales, empleados, secretarías particulares, coches de cargo, escoltas etc., o los denominados “gastos de representación”, destinados a numerosas e incontroladas celebraciones y materializados en viajes, comidas, vinos, copas o regalos protocolarios por el más nimio motivo y en todos los niveles de responsabilidad. Inmoral e injusto que este exceso de dinero gastado, sin ningún escrúpulo, salga de los bolsillos de los españoles, a los que cuesta llegar a fin de mes.

Nuestros políticos han repetido hasta la saciedad que en los años de bonanza, los españoles, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. No es cierto, la mayoría lo ha hecho con sobriedad, tratando de arañar de su corto salario, un pequeño ahorro con el que poder disfrutar de unas sencillas vacaciones con los hijos, mientras pagaban o pagábamos una hipoteca que, como todos conocemos, supone un enorme esfuerzo. Muy al contrario que nuestros representantes públicos, que para su mayor gloria o velados intereses, se embarcaban en grandes obras de infraestructura, enormemente caras, que están inservibles y que ahora tenemos que pagar entre todos. De ahí los mal llamados recortes. No es que el estado no pueda hacer frente a nuestra sanidad y educación, por supuesto que es viable como demuestran todos los informes, pero hay que pagar esas grandísimas edificaciones vacías, bien sean aeropuertos, ciudades de las ciencias y la cultura, estudios de cines, estadios deportivos o trenes de alta velocidad que con cuatro cinco pasajeros resultan ruinosos…, pongan Vds. algunas obra más de manifiesta inutilidad que está muy cerca de donde transcurre su vida, porque el endeudamiento llega a toda la administración: Central, Comunidades Autónomas, Diputaciones Provinciales, Ayuntamientos, Centros de Investigación, Instituciones culturales o Clubs deportivos, etcétera. Eso y no otra cosa es lo que ha desencadenado la crisis de este momento: el despilfarro del dinero público por parte de nuestros representantes en cuantos administradores de nuestro patrimonio.

Pero hay más: cada día se conocen nuevos casos de corrupción política y empresarial. No voy a nombrar a nadie, Vds. conocen dónde se encuentran, es inmensa y está  presente en partidos políticos, con más incidencia en unos que en otros, en casi todas las instituciones públicas, en la élite empresarial, en capas sociales altas que con total falta de moral y en connivencia con la política, han robado el dinero público y se lo han llevado a cuentas en paraísos fiscales, unos fondos, que con enorme esfuerzo, hemos entregado a las arcas públicas todos los españoles, incluso los desahuciados que hoy se encuentran en la calle. Ese dinero que debía ser administrado a favor de los ciudadanos  ha servido para llenar, más aún, los bolsillos de muchos desaprensivos y lo que es peor, en muchos casos, los administradores de justicia han mirado para otro lado y no han sabido ver la “cara” de estos delincuentes que se cubren con un halo de honradez, aunque el delito sea manifiesto.

¿Confiar en la justicia? Indudablemente si, sin ninguna duda, pero tengo la percepción que en muchos casos existe un trato de favor según de quien se trate, porque, evidentemente, se alargan las causas en el tiempo, los delitos prescriben y los ladrones de guante blanco queden impunes; al menos, así se percibe en muchos ambientes ciudadanos. La justicia sale del pueblo, pero muchas veces da la espalda al pueblo como lo evidencian algunos hechos y las declaraciones de ciertos jueces que han reconocido públicamente que la justicia no es igual para todos; me gustaría que no fuera así, pero miren, los desahucios inhumanos llevan produciéndose en España en condiciones lamentables cuatro años, con 400.000 familias en la calle; pues bien, no hace mucho tiempo que fiscales y jueces han denunciado este problema, cuando la sociedad civil hacía tiempo que clamaba en la calle y recibía golpes tremendamente violentos de la policía por defender a los débiles del sistema.

¿Qué decir de las oligarquías de la energía? Cuando el Sr. Rato se endeudó y consiguió préstamos bancarios para que costase más barata a los ciudadanos, posiblemente no previno que había que pagarlo y que un día tal crédito recaería sobre los españoles. Así ha sido, y hoy, precisamente cuando más difíciles se ponen las cosas, los ciudadanos debilitados económicamente por la mala gestión política, tras sufrir el aumento descomunal de precios en artículos de primera necesidad, IBI, IVA, energía, transporte, agua, vertido y tasas de todo tipo se nos castiga con los “recortes” a los que muchos ciudadanos denominan directamente robo,  que suponen una enorme carga que está dejando a muchos españoles en la cuneta.

Como consecuencia del aumento del brutal y despiadado del desempleo, a lo que no se pone ningún remedio, muchas familias se ven en la desesperación al perder sus viviendas. No si se tengo palabras para expresar el dolor que siento ante esas personas que se quedan sin casa, sobre todo los inmigrantes sin apoyo familiar y los ancianos que han avalado con su propia vivienda la compra de la de sus hijos y que, debido a la voracidad de las entidades financieras amparadas por una ley injusta y anticuada, única en Europa, se han visto en la calle, junto con sus descendientes, lo que ha llevado a la exclusión a miles de familias, y digo exclusión porque la deuda restante, aumentada por unos impuestos desmedidos y tremendamente injustos una vez el piso en poder de la entidad, sigue recayendo en esas familias desposeídas y en sus hijos, porque las deudas también se heredan, y para rematar, los Gobiernos, a quienes pertenece tomar medidas para paliar semejante crueldad, se limitan a mirar hacia otro lado o se sitúan  manifiestamente en contra de los ciudadanos, defienden a los presuntos culpables o cargan la culpa sobre otros, en un claro ejemplo de irresponsabilidad y falta de la más mínima ética, y lo razono: miren no sólo los desahucios, sino lo que ha pasado en la tragedia del Madrid Arena en la que han muerto cinco personas muy jóvenes, o en una carga policial en Barcelona en la que otra joven ha perdido la visión de un ojo: estudien las reacciones de los políticos.

Los bancos con inversiones en productos financieros de alto riesgo francamente oscuros, de grandes obras que hoy están vacías, o bien de las fraudulentas participaciones preferentes, han puesto en riesgo el dinero de miles de ciudadanos que se han visto desprovistos de los ahorros de toda una vida. Gentes humildes, que confiaron en las entidades y que ahora están en la calle luchando por lo que es suyo y encima tienen que soportar la amenaza, de parte de banqueros y políticos, de que no van a recuperar su dinero porque se ha volatilizado. Señores de la política, ¿estos ahorradores también han vivido por encima de sus posibilidades? ¿Qué delito es el suyo? Si claro, privarse de muchas cosas para tener un dinero, poco dinero, que les de cierta tranquilidad en su vejez. No tengo palabras para expresar el sentimiento que me produce.

¿Pero cómo pueden consentir los gobiernos tanta arbitrariedad, tanta barbarie? Por si fuera poco y casi con toda probabilidad, los  ciudadanos tendremos que comprar los pisos desahuciados o construidos contra toda lógica, a través del SAREB (banco malo) que ha puesto a sus directivos salarios descomunales mientras recorta la prestación por desempleo, además de regalar a las entidades financieras con cargo a nuestro salario, derecho a la salud, la educación y la dependencia cantidades astronómicas de dinero para que se saneen, para reponer el dinero, nuestro dinero, que se han “jugado” ¿Cómo puede entenderse? ¿Cómo no alzar la voz? Los pisos vacios y las personas durmiendo en la calle, se ha roto el principio de solidaridad, se ha roto la democracia, se ha roto la ética, la responsabilidad, la humanidad y la compasión. Sin casa, sin dinero, sin honor. ¿Cómo pueden mirar al futuro estas personas víctimas del sistema?
Y como siempre es la sociedad civil la que está haciendo visible la arbitrariedad y la que está rescatando a los más débiles, ahora también del hambre para vergüenza histórica de unos políticos inhumanos que dicen preocuparse de la imagen de España. No señores, la mala imagen no se debe a quienes sufren y a quienes se manifiestan por la pérdida de derechos, la dan Vds., con sus decisiones en contra de los ciudadanos, por la violencia ejercida por los miembros de la seguridad del estado contra los manifestantes pacíficos, por la corrupción que cada día avanza a pasos agigantados y en muchos casos sale de sus filas, por las imágenes de pobreza y desesperanza que vemos cada día…
La solidaridad es el primer principio ético de la sociedades, si se desquebraja se convierte en humillación; la humillación va siempre de arriba abajo y, por ello, es difícil defenderse; en esta sociedad, y esto es otra debilidad del sistema, no existen modelos éticos, los poderosos pretenden el dominio de los ciudadanos a través de la economía: muchas riqueza en manos de unos pocos y hambre en la mayoría, lo que rompe ese principio sagrado, lo vemos con toda claridad en la amnistía fiscal de un dinero ilícito, fraudulento, ganado de forma opaca, y seguramente poco edificante, mientras se persigue a quienes cobran una pequeñísima subvención de 400 euros al mes.

La política es ética, solidaridad, justicia, conceptos que han saltado por los aíres. Todas las decisiones del Gobierno Rajoy someten a la miseria a los más débiles, se ha vulnerado los principios democráticos, se ha roto la cohesión social, y lo peor de todo es que no sabemos dónde vamos con menos derechos, más pobreza, menos democracia y más “cara dura”, perdóneseme la expresión. A muchos españoles se les está negando el futuro.

Por último: este escrito es un clamor ante tanta injusticia.

Enero 2013


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