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Reflexiones sobre la explicación del Tawhid en la obra de Abdel Wahib Yahia (Rene Guenón)

La comprensión correcta del término “tawhid”, solo es posible considerando el sufismo

03/01/2013 - Autor: Iahia ibn Said Al Andalusi - Fuente: shadilia.com.ar
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En la foto René Guénon o Abd al-Wâhid Yahyâ (15 de noviembre, Blois, 1886 - 7 de enero, El Cairo, 1951), matemático, filósofo y metafísico fran
En la foto René Guénon o Abd al-Wâhid Yahyâ (15 de noviembre, Blois, 1886 - 7 de enero, El Cairo, 1951), matemático, filósofo y metafísico fran
El texto de Abdel Wahib Yahia está en cursiva, para facilitar la lectura.

No resulta extraño que la comprensión de la unicidad sea algo engorroso, resulta a primera vista muy sencillo, pero el asunto es en verdad bastante profundo, y en esta época de alejamiento del ser humano de La Verdad, de la vida espiritual concebida como una unidad de pensamiento y acción en la Divina Presencia, en esta época de inmediateces y superficialidades, el ser humano ha perdido de vista la unidad y se ha engañado a sí mismo en el espejismo de lo aparente, que es diverso, o de lo exotérico, que es aparentemente diverso.

El politeísmo, es con más frecuencia una actitud de falta de confianza en la Divinidad Única que el hecho de creer en una pluralidad de dioses.

La doctrina de la Unidad, es decir, la afirmación de que el Principio de toda existencia es esencialmente Uno, es un punto fundamental común a todas las Tradiciones ortodoxas, y podemos incluso decir que es sobre este punto que su identidad de fondo aparece más claramente, traduciéndose hasta en la expresión misma. En efecto, cuando se trata de la Unidad, toda diversidad se desvanece, y no es sino cuando se desciende hacia la multiplicidad cuando las diferencias de formas aparecen, siendo entonces múltiples, ellos mismos, los modos de expresión como aquello a lo que se refieren, y susceptibles de variar indefinidamente para adaptarse a las circunstancias de tiempo y de lugares. Pero «la doctrina de la Unidad es única» (según la fórmula árabe: Et-Tawhîdn wâhidun), es decir, que la misma es por todas partes y siempre la misma, invariable como el Principio, independiente de la multiplicidad y del cambio que no pueden afectar más que a las aplicaciones de orden contingente.

Aqui  nos introduce Guenón al tema recordando un asunto muchas veces repetido, la diversidad está ligada a lo contingente y circunstancial, la Unicidad, a lo Permanente e inamovible, ya veremos en los párrafos siguientes, que las nociones vulgares de “politeísmo” e “idolatría” adentrándonos ya en el plano teológico, son propias de una concepción vulgar, ignorante de la verdadera dimensión de las tradiciones religiosas.

Es así que podemos decir que contrariamente a la opinión corriente, jamás ha habido en ninguna parte doctrina ninguna realmente «politeísta», es decir, admitiendo una pluralidad de principios absoluta e irreductible. Ese «pluralismo» no es posible más que como una desviación resultante de la ignorancia y de la incomprensión de las masas, de su tendencia a vincularse exclusivamente a la multiplicidad de lo manifestado: De ahí la «idolatría» bajo todas sus formas, que nace de la confusión del símbolo en sí mismo con lo que está destinado a expresar, y la personificación de los atributos divinos considerados como otros tantos  seres independientes, lo que es el único origen de un «politeísmo» de hecho. Esta tendencia va por lo demás acentuándose a medida que se avanza en el desarrollo del ciclo de la manifestación, porque ese desarrollo mismo es un descenso a la multiplicidad, y en razón del oscurecimiento espiritual que le acompaña inevitablemente. Por eso es por lo que las formas Tradicionales más recientes son las que deben enunciar de la manera más aparente al exterior la afirmación de la Unicidad; y, de hecho, esta afirmación en ninguna parte es expresada tan explícitamente y con tanta insistencia como en el islam donde la misma parece incluso, si así puede decirse, absorber en ella toda otra afirmación.

Guenón nos indica aquí lo que podemos observar en el rango más elevado del estudio de las religiones comparadas, para concluir que en el Islam como última y perfecta revelación, Dios ha presentado la doctrina de la Unicidad en el Santo Corán, sin más, a fin de que todos puedan comprender.

Guenón, no suele ser un escritor que tenga especial aprecio por lo que denomina “la masa”, es decir el hombre común o poco letrado, para quien sin lugar a dudas el literalismo es la única forma de comprensión posible.

En una tradición religiosa ajena al tronco abrahámico, como la hindú, al concluir el extenso estudio de los vedas, podríamos afirmar (un tanto a la ligera) que efectivamente los hinduistas creen en muchos dioses, pero entonces encontramos ese fabuloso “anexo” a los vedas, los upshanidas, donde se declara tajantemente que todos los dioses son la manifestación de Un Dios Unico.

En realidad puede resultar dificil en muchos casos colocar el rótulo de “politeísmo” a una tradición genuina. El politeísmo, es con más frecuencia una actitud de falta de confianza en la Divinidad Unica que el hecho de creer en una pluralidad de dioses. Desde el momento en que todas las tradiciones genuinas son de orígen Divino, su esencia original es un absoluto monoteísmo, solo la tergiversación y el paso del tiempo sobre conceptos que al ser revelados eran claros, provoca el descenso de lo Uno a lo múltiple.

La única diferencia entre las doctrina Tradicionales, a este respecto, es la que acabamos de indicar: La afirmación de la Unicidad está por todas partes, pero, en el origen, no tenía la misma necesidad de ser formulada expresamente para aparecer como la más evidente de todas las verdades, ya que los hombres estaban entonces demasiado cerca del Principio como para desconocerla o perderla de vista. Ahora al contrario, puede decirse que la mayoría de entre ellos, comprometidos y encepados por entero en la multiplicidad, y habiendo perdido el conocimiento  intuitivo de las verdades de orden superior, no llegan sino con esfuerzo a la comprensión de la Unidad; y es por lo que deviene poco a poco necesario, en el curso de la historia de la humanidad terrestre, formular esta afirmación de la Unidad en múltiples ocasiones y de más en más claramente, podríamos decir, de más en más enérgicamente.

Aqui insiste Guenón en la decadencia espiritual e intelectual de la época moderna donde el hombre se ha alejado del verdadero conocimiento y de la vida del espíritu, para descender persiguiendo verdades “razonables”, en desmedro de la razón intuitiva,  a un estado bestial, hoy es necesario para muchos, que cada concepto sea explicitado literalmente, por supuesto, esto va en desmedro de todas aquellas realidades que superan las posibilidades del lenguage articulado.

Lo cierto es que, así como cuando Saidina Muhammad -saws- enseñaba el sufismo, no necesito una sola vez la palabra “sufismo”, porque el concepto se trasciende a sí mismo, y le bastaron las palabras “Islam”, “Ihsan”, “tawhid”, etc. Hoy es necesario explicitar rústicamente todo y aún así muchísimo está más allá de las posibilidades de comprensión de algunos.

Si consideramos el estado actual de las cosas, vemos que esta afirmación está en cierto modo más envuelta en algunas formas Tradicionales, que constituye incluso a veces como el lado esotérico de las mismas, tomando este término en su sentido más amplio, mientras que, en otras, aparece a todas las miradas, si bien se llega a no ver más que la afirmación en cuestión, aunque haya seguramente, ahí también muchas otras cosas, pero que no son sino secundarias frente a ésta. Este último caso es el del islam, inclusive exotérico; el esoterismo no hace aquí más que explicar y desarrollar todo lo que está contenido en esta afirmación y todas las consecuencias que derivan de la misma, y, si lo hace en términos frecuentemente idénticos a los que encontramos en otras Tradiciones, tales como el Vêdânta y el Taoísmo, no hay lugar a sorprenderse de ello, ni a ver ahí el efecto de préstamos que son históricamente contestables, ello es simplemente así porque la verdad es una, y porque, en el orden principal, como lo decíamos al comienzo, la Unidad se traduce necesariamente hasta en la expresión misma.

La verdad es efectivamente a los ojos de Guenón y de todo estudioso del tema Una, se trate de la tradición de la que se trate, las interpretaciones ignorantes (como en el Islam las de las actuales sectas modernistas) pueden acabar por conducir al politeísmo y la idolatría (Allah nos preserve de ella) y Allah sabe más.




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1 Comentarios

Leonardo Brocco dijo el 07/01/2013 a las 23:10h:

concuerdo totalmente con lo expresado por Guenon.


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