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Buscando resolver el misterio de la vida

¿De dónde venimos? ¿Qué es la materia y qué hay más allá de ella? ¿Dónde y cómo se originó la vida?

14/12/2012 - Autor: Fatih Kocabas - Fuente: Revista Cascada
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Con la ventana que la ciencia nos abre sobre Dios, podemos desvelar las verdades ocultas.

La búsqueda para resolver el misterio de la vida parece continuar. ¿De dónde venimos? ¿Qué es la materia y qué hay más allá de ella? ¿Dónde y cómo se originó la vida? ¿Qué pasa con Adán y Eva y con otros organismos? Obviamente, no se nos ha permitido presenciar la creación del universo ni el comienzo de la vida en la Tierra. No sabemos mucho acerca de la creación, pero podemos ver sus resultados.

Mientras continúan los debates sobre la enseñanza de la creación en las escuelas, las generaciones crecen carentes de conocimiento acerca del Creador y la comprensión de Sus acciones. El sistema educativo vigente en las escuelas secundarias y universidades aporta conocimientos sobre el universo, la naturaleza, la tierra y la vida, pero los cursos no están orientados a comprender las acciones del Creador. ¿Cómo y dónde puede la gente aprender acerca de su Creador? Aunque existen diversos medios —como Internet, grupos religiosos y revistas—, no siempre es posible entender directamente y de modo suficiente las acciones del Creador sin una buena formación científica.

Afortunadamente, todas las ciencias mencionan a Dios continuamente, con su lenguaje particular, y hablan del Creador. Pero necesitaremos un punto de vista, ventanas para ver más allá de nuestra visión y conocimiento, al igual que necesitamos un microscopio para ver los microorganismos o un telescopio para descubrir las profundidades del universo. Con un poco de atención, todo el mundo puede entender lo que las ciencias reflejan de las acciones de Dios. Es por eso que debemos escuchar lo que las ciencias nos dicen en su propio idioma.

Imagina un programa de simulación que analiza un accidente de coche. Digamos que el programa contempla diversos parámetros como la velocidad, el peso, el ángulo de impacto, la estructura general del coche, la dureza del cuerpo y la información meteorológica, como la velocidad del viento y su dirección, y así sucesivamente.

Después de pulsar el botón «Aceptar» en este programa de simulación imaginario, se obtienen prácticamente los mismos resultados que con las pruebas físicas reales de choque. Esto, obviamente, delata un hábil programador de software y su gran conocimiento en matemáticas y física. Notablemente, la naturaleza está compuesta de millones y millones de parámetros que determinan el resultado final, igual que este programa de simulación. Por ejemplo, cuando se lanza una piedra a un lago, en primer lugar cae con una determinada velocidad y luego aparecen ondas en el agua, que se extienden desde el punto de impacto de la piedra. La velocidad de la piedra en un determinado momento y el lugar y la formación de las ondas en la superficie del agua se pueden explicar con algunas leyes físicas descritas con ecuaciones matemáticas.

Aquel que pone las reglas para los hechos físicos también creó el universo en un orden matemático perfecto. A partir de éstos y del conocimiento que obtenemos de la informática, la física y las matemáticas, podemos abrir las ventanas para comprender al soberano del universo como un glorioso Creador.

Vivimos en un tiempo de grandes avances en la tecnología genética y en el que ha aumentado enormemente el conocimiento de la biología molecular. Se conocen incluso las estructuras individuales de las moléculas biológicas, además de gran cantidad de descubrimientos acerca de los mecanismos celulares. Cuanto más aprendemos, más nos enfrentamos a la complejidad y a la organización de los compartimentos más pequeños de la célula. La célula ya no es una pequeña habitación compuesta por una estructura similar a un gel en nuestra mente; es una fábrica masiva que contiene toda la maquinaria requerida. Funciona automáticamente, esta perfectamente equilibrada, y se renueva continuamente. Todo está en constante movimiento, la absorción sigue a la liberación de sustancias y las señales externas son respondidas desde el interior. El aumento de la comprensión del funcionamiento de los seres vivos y la necesidad de responder a cómo todo esto se originó ha generado debates en la investigación científica. A algunos científicos les gusta hablar sólo en plataformas científicas o sobre los llamados temas científicos comprobables, pero esto no cambia la realidad. Nos preguntamos sobre el origen y queremos vivir para siempre. Somos finitos, pero soñamos lo infinito. ¿Cómo podríamos pensar en la vida eterna si fuésemos un producto de algo que no es eterno?

Imagina una pequeña y autónoma fábrica productora de carreteras, de alta tecnología, con camiones capaces de transportar los artículos y motores de combustible que generan una energía que puede ser utilizada en muchos procesos diferentes, y que contiene colectores de energía solar. Posee grandes máquinas fotocopiadoras capaces de producir una nueva fábrica, y también sistemas de retroalimentación para supervisar y reparar cualquier problema. Sin que podamos oponer ningún reparo, el control de todos estos procesos y miles de máquinas, motores, autopistas, en una fábrica de tamaño tan pequeño y sin ningún tipo de problema implica un perfecto ingeniero, científico, arquitecto y químico. Del mismo modo, aunque no lo crean, la célula es un excelente compuesto de alrededor de un millón de moléculas, miles de máquinas y motores productores de energía. Hay carreteras, camiones, sistemas de retroalimentación y demás, todo ello en el ordenado y delicado dominio de un mecanismo tan pequeño. La mitocondria, por ejemplo, es uno de los orgánulos celulares más esenciales. Produce moléculas de ATP como portador de energía obtenida a partir de moléculas orgánicas para la energía que requiere procesos celulares. Además, los requisitos celulares varían con el tiempo y las vesículas llevan las moléculas necesarias como carga en los motores moleculares que utilizan las vías de microtúbulos a diferentes lugares. Estos y otros muchos ejemplos, que aprendemos de las ciencias biológicas, apuntan al Creador glorioso de la Tierra.

Suponer que una célula viene a la existencia por causas distintas de las manos de un Creador —con numerosos niveles de regulación, la coordinación de los compartimentos subcelulares como orgánulos, almacenamiento de información en el ADN, y el uso de esa información necesaria para su función específica—, esto implica creer que las moléculas se unen bajo el efecto de causas naturales para formar una estructura artística celular de una manera sensata. Esto nos recuerda a un famoso experimento, llevado a cabo por Stanley Miller, sobre la creación de aminoácidos, los bloques de construcción de las proteínas, mediante el cual se pretendía demostrar que la vida en la tierra se ha originado por causas naturales y por azar. Miller, en su experimento, tomó las moléculas que se supone representan los principales componentes de la atmósfera de la Tierra primitiva y los puso en un sistema cerrado. En su experimento, utilizó metano (CH4), amoníaco (NH3), hidrógeno (H2) y agua (H2O) y aplicó una corriente eléctrica continua para estimular las tormentas eléctricas y provocar estas reacciones adversas. Se encontró que tres aminoácidos habían sido sintetizados en dichas condiciones. Más tarde, observó que esta composición era diferente a la de la atmósfera de la Tierra primitiva. Además, se plantearon serias objeciones a su experimento, debido a que la entrada de energía continua no es factible en la naturaleza. Sin embargo, esto desató las emociones y algunos medios publicaron titulares como «Miller creó la vida». Sin embargo, lo que Miller había conseguido sintetizar fue tan sólo unas pocas moléculas inanimadas.

Quienes no creen en Dios tampoco creen en la creación. Tienden por ello a concluir que «nada se crea de la nada, y nada va a la nada, sólo hay composición y descomposición». Pero el Todopoderoso tiene dos formas de crear. La primera es a través del origen y la invención y la segunda a través de la composición y el arte. Él crea de la nada junto con todo lo necesario para que, de nuevo, sea nada. En la segunda forma de crear, Él da forma a los seres a partir de los materiales del universo, con el fin de mostrar su delicada sabiduría, la perfección y las manifestaciones de Sus Nombres.

«¡Oh seres humanos! Con la debida devoción a vuestro Señor, apartaos de la desobediencia a Él, que os ha creado a partir de un único ser humano, creando a partir del mismo a su pareja y, a partir de ambos, diseminó a multitud de hombres y mujeres…»

(Corán, 4:1)

Cuando pensamos en las lecciones aprendidas de estos ejemplos y de las ciencias naturales, con sus áreas de interés especial, nos damos cuenta de que toda ciencia de alguna manera proclama al Creador glorioso de este universo. Sin embargo, puede que no se dé la oportunidad en los colegios para discutir y profundizar la comprensión de las acciones del Creador. Con la ventana que la ciencia nos abre sobre Dios, podemos desvelar las verdades ocultas.

Fatih Kocabas cursa su doctorado en el Southwestern Medical Center de la Universidad de Dallas, Texas.

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