webislam

Sabado 19 Octubre 2019 | As-Sabat 19 Safar 1441
519 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?=0

Comentarios islámicos a A propósito de las conversiones de Abdel Waheb Yahia (René Guénon)

Dejar de ser uno para ser otro y el mismo.

09/12/2012 - Autor: Iahia ibn Said Al Andalusi - Fuente: shadilia.com.ar
  • 1me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

René Guénon.
René Guénon.

El texto del artículo original de Sidi Abdel Waheb Yahia aparece en cursiva, los comentarios en letra regular para facilitar la lectura.


La palabra "conversión" puede ser empleada en dos sentidos totalmente diferentes: su sentido original es aquel que la hace corresponder al término griego metanoia, que expresa propiamente un cambio de nous, o, como ha dicho A. K. Coomaraswamy, una "metamorfosis intelectual". Esta transformación interior, como por otra parte indica la propia etimología de la palabra latina (de cum-vertere), implica a la vez una "reunión" o una concentración de las potencias del ser, y una especie de "inversión" por la cual ese ser pasa "del pensamiento humano a la comprensión divina". La metanoia o la "conversión" es entonces el tránsito consciente de la mente entendida en su sentido ordinario e individual, y considerada como inclinada hacia las cosas sensibles, a lo que es su transposición en un sentido superior, donde se identifica con el hêgemôn de Platón o con el antaryâmî de la tradición hindú. Es evidente que se trata de una fase necesaria en todo proceso de desarrollo espiritual; se trata entonces, insistimos, de un hecho de orden puramente interior, que no tiene absolutamente nada en común con un cambio exterior y contingente cualquiera que dependa simplemente del dominio "moral", como muy a menudo se tiene tendencia a creer hoy en día (y se llega incluso, en este sentido, a traducir metanoia por "arrepentimiento"), o del dominio religioso y más generalmente exotérico (1).

Aquí Guenón nos deja muy en claro el carácter puramente esotérico de la conversión verdadera. En este sentido, la conversión implica un “dejar de ser” uno, para ser el mismo pero otro.
Evidentemente la conversión suele ir acompañada de una profusa transformación exterior, exotérica, pero si se limita a la adopción de una nueva personalidad exterior, no podemos hablar de conversión, sino de una pseudo-conversión.

Por el contrario, el sentido vulgar de la palabra "conversión", el que ha llegado a tener constantemente en el lenguaje corriente, y que también es aquel en el cual lo tomaremos ahora tras esta indispensable explicación para evitar todo equívoco, este segundo sentido, decimos, designa únicamente el paso exterior de una forma tradicional a otra, sean cuales sean las razones por las cuales ha podido ser determinado, razones muy a menudo contingentes, a veces incluso desprovistas de toda importancia real, y que en todo caso no tienen nada que ver con la pura espiritualidad.

Aquí Guenón es indulgente en extremo con lo que hemos denominado en el comentario al párrafo precedente “pseudo-conversión”, tal vez es más apropiado hablar de conversión esotérica y conversión exotérica, siendo sin dudas la esotérica la conversión, la transformación real, y de darse la conversión exotérica será un simple resultado de esta.

Aunque sin duda pueda haber a veces conversiones más o menos espontáneas, al menos en apariencia, son, lo más frecuentemente, una consecuencia del "proselitismo" religioso, y es evidente que todas las objeciones que puedan formularse contra el valor de éstas se aplican igualmente a sus resultados; en suma, el "conversor" y el "converso" hacen gala de una misma incomprensión del sentido profundo de sus tradiciones, y sus actitudes respectivas demuestran manifiestamente que su horizonte intelectual está igualmente limitado al punto de vista del exoterismo más exclusivo (2). Aparte de esta razón de principio, debemos decir que, también por otros motivos, apreciamos muy poco a los "conversos" en general, no porque se deba a priori poner en duda su sinceridad (no queremos considerar aquí el caso, no obstante muy frecuente de hecho, de quienes no son movidos más que por algún bajo interés material o sentimental, a los que más bien se les podría llamar "pseudo-conversos"), sino en principio porque dan prueba por lo menos de una inestabilidad mental más bien molesta, y a continuación porque casi siempre tienen tendencia a hacer alarde del "sectarismo" mas estrecho y exagerado, sea por un efecto de su temperamento, que empuja a algunos de entre ellos a pasar de un extremo a otro con una desconcertante facilidad, sea simplemente por desviar las sospechas de las cuales creen ser objeto en su nuevo medio. En el fondo, se puede decir que los "conversos" son poco interesantes, al menos para quienes consideran las cosas fuera de todo prejuicio de exclusivismo exotérico, y que, además, no tienen ningún interés por el estudio de ciertas "curiosidades" psicológicas; y, por nuestra parte, creemos mas conveniente no tenerlos demasiado cerca.

Dicho esto de forma clara, debemos señalar (y es a esto sobre todo a lo que queríamos llegar) que a veces se habla inoportunamente de "conversiones", en casos en los cuales esta palabra, entendida en el sentido que acabamos de mencionar, como de hecho es siempre, no podría aplicarse en modo alguno. Queremos hablar de quienes, por razones de orden esotérico o iniciático, son llevados a adoptar una forma tradicional distinta a aquella en la cual podrían estar vinculados por su origen, sea porque ésta no les ofrece ninguna posibilidad de este orden, sea solamente porque la otra les suministra, incluso en su exoterismo, una base más apropiada a su naturaleza, y en consecuencia más favorable para su trabajo espiritual.

Muchas veces se habla de la “fe del converso” exagerada en lo exotérico y endeble en lo esotérico, sin que esto obste a que un converso, y el caso suele darse muy seguido, se convierta en un verdadero y completo maestro tradicional, en lo esotérico y en lo exotérico.
Guenón toca aquí dos fibras sensibles, el caso del que sigue por su origen una tradición, e incluso hace proselitismo atrayendo a otros a la misma, pero no realiza nunca el esoterismo de la tradición, es decir es un formalista, un ritualista, convirtiendo a otros a un estado igual de exoterismo, este tipo de conversión, pseudo-conversión propiamente, ha cobrado gran auge en el Islam con la agresiva prédica de las sectas modernistas, que carecen de fundamentos esotéricos tradicionales, y se aferran por ello al literalismo, el ritualismo y lo exotérico.


Éste es, para cualquiera que se sitúe en el punto de vista esotérico, un derecho absoluto contra el cual no puede ninguno de los argumentos de los exoteristas, puesto que se trata de un caso que, por definición, está completamente fuera de su competencia. Contrariamente a lo que tiene lugar en una "conversión", no hay aquí nada que implique la atribución de una superioridad en sí a una forma tradicional sobre otra, sino únicamente lo que se podría denominar una razón de conveniencia espiritual, que no es lo mismo que una simple "preferencia" individual, y con respecto a la cual todas las consideraciones exteriores son perfectamente insignificantes. Por supuesto, quien puede legítimamente actuar así debe, desde el momento en que es realmente capaz de situarse en el punto de vista esotérico, tal como hemos indicado, tener conciencia, al menos en virtud de un conocimiento teórico, ya que aún no efectivamente realizado, de la unidad esencial de todas las tradiciones; y sólo esto basta evidentemente para que, en lo que le concierne, una "conversión" sea algo enteramente desprovisto de sentido y verdaderamente inconcebible.

Guenón hace gala en este párrafo de su profundo conocimiento de las tradiciones, y tal vez en el pensamiento de Shuwon, este párrafo podría referirse directamente a la unidad trascendente de las religiones. Nos atreveremos aquí no a polemizar, pero a dar una mirada tal vez diferente. La “unidad trascendente de las religiones”, no existe, como decíamos en otros escritos, simplemente porque todas las religiones reveladas en cuanto al hecho de ser reveladas, pueden válidamente ser llamadas “sumisión a Dios” (en árabe "Islam").

La diferencia entre lo que denominamos “Islam” a secas, y las tradiciones por ejemplo cristiana, judía o mazdeísta, radica en que estas se han quedado a medio camino, son tradiciones incompletas, aunque válidas en su origen, que fueron luego completadas por el ser humano, lo cual les restó valor tradicional y las deformó, de aqui el valor superlativo e incomparable de la revelación a Muhammad -saws-.
En este párrafo y el precedente Guenón aborda la predisposición espiritual individual, a tal o cual tradición para la realización esotérica, y coincidimos plenamente en que es un derecho incuestionable del ser humano adoptar la tradición que le permita su realización esotérica, lo cual implica también de pleno derecho adoptar el exoterismo de tal tradición.

Si se nos pidiera ahora la razón por la que existe este caso, responderíamos que es ante todo debido a las condiciones de la época actual, en la que, por un lado, algunas tradiciones se han vuelto, de hecho, incompletas "por arriba", es decir, en cuanto a su parte esotérica, que sus representantes "oficiales" han llegado incluso a negar más o menos  formalmente y, por otro, ocurre muy a menudo que un ser nace en un medio que no es el que le conviene realmente y el que puede permitir el desarrollo normal de sus posibilidades, especialmente en el orden intelectual y espiritual; es con seguridad lamentable en más de un aspecto que ello sea así, pero estos son los inconvenientes inevitables en la presente fase( …)

Además de este caso de quienes se "establecen" en una forma tradicional porque es la que pone a su disposición los medios más adecuados para el trabajo interior que todavía han de efectuar, hay otro del cual debemos decir también algunas palabras: es aquel de los hombres que, llegados a un alto grado de desarrollo espiritual, pueden adoptar exteriormente tal o cual forma tradicional según las circunstancias y por razones de las cuales son los únicos jueces, tanto más cuanto que estas razones son generalmente de aquellas que escapan forzosamente a la comprensión de los hombres ordinarios. Aquellos están, debido al estado espiritual que han alcanzado, más allá de todas las formas, de manera que no se trata para ellos de apariencias exteriores, que no podrían en absoluto afectar o modificar su realidad íntima; no solamente han comprendido, como los que mencionábamos anteriormente, sino que plenamente han realizado, en su principio mismo, la Unidad fundamental de todas las tradiciones.

Coincidiremos plenamente con Guenón en que el derecho a adoptar tal o cual tradición es incuestionable, responde a una realidad biopsíquica. Como musulmanes insistiremos en que el Islam, la tradición Muhammadí, por el hecho de ser la última revelación, es la completa y adecuada al desarrollo esotérico de todo ser humano, de hecho, nos permitiremos entablar en este punto una oposición a la tesis guenoniana, ya que si bien en sus orígenes todas las tradiciones reveladas, eran Islam, tal y como el propio Guenón indica, la incompletud de las tradiciones no Islámicas, salvo tal vez el caso del hinduismo, que en los Upanishads acaba por declarar el carácter alegórico del politeísmo Védico y declara la tradición hindú, para quien ha alcanzado la realización mínima necesaria esotérica, puramente monoteísta. Luego, el arduo trabajo de la realización esotérica en el monoteísmo, evidentemente es más sencilla por la vía de la revelación Muhammadí que por la antigua vía hindú, aún si esta conduce finalmente al monoteísmo. Sin embargo, el derecho a la realización esotérica y la adopción exotérica del converso, es inobjetable en cualquier tradición, claro este derecho inobjetable, es sin embargo cuestionado a veces, al menos fuera del Islam ya que para el Islam el origen es totalmente irrelevante.
Por último este párrafo habla de la negación del aspecto esotérico por parte de los dirigentes, esto es observadle en los pseudo dirigentes únicamente, en aquellos que han adherido por conveniencias inconfesables a las sectas modernistas.

Sería entonces aún más absurdo hablar aquí de "conversiones", y no obstante ello no impide que hayamos visto a algunos escribir seriamente que Shrî Râmakrishna, por ejemplo, se había "convertido" al Islam en tal período de su vida y al Cristianismo en tal otro; nada podría ser más ridículo que semejantes afirmaciones, que dan una idea muy triste de la mentalidad de sus autores. De hecho, para Shrî Râmakrishna, se trataba solamente de "verificar" en cierto modo, a través de una experiencia directa, la validez de "vías" diferentes representadas por esas tradiciones, las cuales temporalmente asimila; ¿qué hay aquí que pueda parecerse de cerca o de lejos a una "conversión" cualquiera?
En el caso citado, no existe en realidad conversión alguna, sino meramente adopción exotérica para comprender y conocer a fondo una tradición determinada. Existen numerosos casos, yo mismo he cursado estudios en una escuela islámica diferente a la cual con la que me identifico, solo para conocer a fondo la otra rama de la tradición.

De manera general, podemos decir que quien tenga conciencia de la unidad de las tradiciones, sea por una aprehensión simplemente teórica o con mayor razón por una realización efectiva, es necesariamente, por ello, "inconvertible"; por otra parte, es el único que verdaderamente lo es, pudiendo siempre los demás, a este respecto, estar más o menos a merced de circunstancias contingentes. No se podría denunciar más enérgicamente el equívoco que conduce a algunos a hablar de "conversiones" allí donde no hay huellas de ello, pues es importante cortar de cuajo las numerosas necedades de este género que están extendidas en el mundo profano, y bajo las cuales, muy a menudo, no es difícil adivinar intenciones claramente hostiles a todo lo que depende del esoterismo.

Finalmente aquí hay dos asuntos fundamentales:
La realización esotérica, solo posible plenamente en el conocimiento mínimo de lo genuinamente tradicional, y tal conocimiento, muy elevado por cierto, vuelve a la persona “impermeable” a las taras de cualquier tradición y una “esponja para las virtudes de todas.
Y en segundo lugar, la acción perniciosa de la visión negativa del esoterismo, la cual puramente exotérica, pero hueca como un huevo solo cáscara, puede llegar a corromper y destruir una religión.

NOTAS:

(1). Sobre este tema, ver A. K. Coomaraswamy, On Being in One's Right Mind ("Review of Religion", nº de noviembre de 1.942).

(2). En el fondo, no hay conversión realmente legítima en principio más que la que consiste en la adhesión a una tradición, sea cual sea por lo demás, por parte de quien anteriormente estaba desprovisto de todo vínculo.



Anuncios



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/80272-comentarios_islamicos_a_a_proposito_de_las_conversiones_de_abdel_waheb_yahia_ren.html