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El hombre en el universo

El aspecto del mundo como velo (hiyab) en el lenguaje del sufismo es en sí un elemento permanente del cosmos y de la relación del hombre con él

22/11/2012 - Autor: Dr. Seied Husein Nasr - Fuente: islamoriente.org
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El hombre moderno necesita desesperadamente una nueva visión de la naturaleza
El hombre moderno necesita desesperadamente una nueva visión de la naturaleza

Desde el punto de vista de las doctrinas metafísicas y cosmológicas tradicionales, hay varios elementos de permanencia en la relación entre el hombre y la naturaleza y en la situación del hombre en el universo. El primero y más fundamental elemento es que el entorno cósmico que rodea al hombre no es la realidad última  sino que posee un carácter de relatividad e incluso de ilusión.

Si se comprende lo que significa lo Absoluto (mutlaq), entonces por lo mismo se comprende lo relativo (muqayyad) y se ve que todo lo que no es lo Absoluto debe ser relativo por necesidad.

El aspecto del mundo como velo (hiyab) en el lenguaje del sufismo o como maya si se usa el término hindú, o como samsara en el sentido budista,  es en sí un elemento permanente del cosmos y de la relación del hombre con él. El universo, en su aspecto cósmico, fue siempre maya y siempre será maya. Lo Absoluto es siempre lo Absoluto, y lo relativo es lo relativo, y ningún proceso ni cambio histórico puede transformar lo uno en lo otro. El proceso histórico puede hacer olvidar durante un tiempo a un pueblo, o incluso a toda una civilización, la distinción entre lo Absoluto y lo relativo, y en consecuencia que tome lo relativo por lo Absoluto, el orden creado (al-jalq) por la Verdad increada (al-haqq), tal como parece haber hecho la ciencia moderna. Pero dondequiera y cuandoquiera que aparece el discernimiento metafísico, la distinción se hace clara y se conoce el mundo por lo que es, o sea, ilusión. El elemento cambiante del mundo que implica el concepto de ilusión es en sí un rasgo permanente del mundo.

Está en la naturaleza del mundo el irse transformando, el experimentar la generación y la corrupción, la vida y la muerte. Pero el significado de este cambio sólo puede ser comprendido desde el punto de vista de lo permanente.

Lo relativo ha llegado a ser idolatrado como si fuera lo Absoluto

El carácter cambiante del mundo revela metafísicamente la realidad permanente que lo transciende. Comprender la relatividad de las cosas es conocer, por extensión del mismo conocimiento, lo Absoluto y lo Permanente. Esta distinción metafísica ha existido, a lo largo de toda la historia, en todos los  periodos de la cultura humana. Descansa en la naturaleza de las cosas, y todos pueden verla si dirigen su visión hacia ella. Sin embargo, en ciertas épocas como la nuestra, lo relativo ha llegado a ser idolatrado como si fuera lo Absoluto.

Hoy en día a menudo se oye afirmar que todo es relativo. Pero las mismas personas que afirman tal cosa a menudo dan un carácter absoluto al campo de lo relativo. Sin darse siempre plena cuenta de ella, confunden lo Real* con lo ilusorio, debido a su falta de discernimiento y de conocimiento verdadero, ignorancia que proviene ella misma de la Ilusión. Pero cuando hay conocimiento metafísico también hay conciencia de la relatividad de las cosas a la luz de lo Absoluto, y esta verdad fundamental es un elemento permanente de la situación del hombre en el universo: atañe a su destino como ser llamado a transcender la cripta cósmica en la que ha caído y retornar desde el campo de lo relativo a lo Absoluto. 

El símbolo

Otro elemento de permanencia en la relación del hombre con el universo es la manifestación de lo Absoluto en lo relativo bajo la forma de símbolos (rumúz) en el sentido  tradicional de la palabra. El símbolo no está basado en reglas convencionales hechas por el hombre. Es un aspecto de la realidad ontológica de las cosas y como tal es independiente de la percepción que el hombre tiene de él. El símbolo es la revelación de un orden superior de realidad en otro inferior a través del cual el hombre puede ser reconducido al reino superior. Comprender los símbolos es aceptar la estructura jerárquica del universo y los estados múltiples del ser.

Durante ciertas fases del proceso histórico, símbolos a los que una religión revelada otorga -por la revelación misma- significación y poder especiales, pueden perder gradualmente su eficacia, ya sea parcialmente o por completo, como resultado del debilitamiento de la base espiritual de dicha religión, como puede observarse en el caso de los «desmitificadores» de nuestros días. Pero los símbolos que existen en la naturaleza son permanentes e inmutables. Lo que el cielo significa simbólicamente, como por ejemplo la dimensión de transcendencia y el Trono divino (al-’arsh)    -para usar la imagen islámica- es tan permanente como el propio cielo. Mientras el sol brille simbolizará el Intelecto universal; de forma parecida, el árbol con sus ramas extendidas seguirá siendo un símbolo de los múltiples estados del ser mientras los árboles crezcan sobre la faz de la tierra.

Ésta es la razón por la que se puede hablar de una cosmología perenne, de una cosmología perennis, de una ciencia cualitativa de la naturaleza que es válida siempre y que revela un aspecto de la naturaleza que, como mínimo, es tan real como el aspecto mudable estudiado por la ciencia moderna.

La principal diferencia entre las ciencias de la naturaleza tradicionales y las modernas reside en el hecho de que la ciencia moderna estudia el cambio con relación al cambio, en tanto que la ciencia tradicional estudia el cambio con relación a la permanencia a través del estudio de los símbolos, que no son más que los reflejos de la permanencia en el reino del cambio.

Una civilización puede desarrollar una ciencia que dé la espalda al aspecto cualitativo de las cosas revelado a través de los símbolos para concentrarse en los cambios que pueden medirse cuantitativamente. Pero no puede destruir la realidad simbólica de las cosas como tampoco un estudio cualitativo y simbólico de los fenómenos naturales puede destruir su peso o su tamaño. Hoy en día, a consecuencia de la destrucción del espíritu «simbolista» en occidente, los hombres han perdido el sentido de la penetración en el significado interior de los fenómenos, que sólo los símbolos revelan. Pero esta impotencia no significa que los símbolos naturales hayan dejado de existir. La significación simbólica de las esferas homocéntricas de la astronomía ptolemaica, que revela la apariencia inmediata de los cielos, continúa siendo válida, tanto si, en el espacio absoluto teórico de Newton o en el espacio curvo de la relatividad, la tierra se mueve alrededor del sol como si el sol se mueve alrededor de la tierra.

 


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