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Las bebidas alcóholicas en los Libros de la Sabiduría de Confucio

La obra de Confucio debería ser de obligada lectura para cualquiera que albergase la intención de dedicarse al servicio público, no digamos ya a la política

25/10/2012 - Autor: Suleyman Tarik Matos - Fuente: Webislam
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Confucio

Este artículo retoma la idea de un artículo previo sobre la presencia y la consideración dada al alcóhol en diferentes tradiciones religiosas e intenta ahondar en este tema. Si en aquella ocasión tratamos la presencia del vino en libro del Génesis, ahora nos ocupamos del Confucionismo. Confucio es un viejo conocido de la Humanidad y, como tal, su nombre suena familiar prácticamente en cualquier lugar del mundo. Ahora bien, más allá de esto es poco lo que se sabe habitualmente sobre su vida y obra, a pesar de que ambas han marcado durante 25 siglos la ética y el comportamiento de cientos de millones de personas en Extremo Oriente, principalmente en China. Por lo tanto, antes de comentar las referencias al vino y a la bebida en general que se puedan encontrar en sus escritos, sería necesario presentarlo a él mismo y a su obra.

Kung-tsé vivió en la China feudal, dividida en gran número de pequeños reinos, entre  el 551 y el 479 a.C., es decir, alrededor del siglo V, un siglo “milagroso” para la Historia del ser humano. Decimos esto porque en este siglo, como una extraña casualidad, vivieron algunos de los personajes que marcarían el pensamiento ético y el sentir religioso de gran parte de la Humanidad: en China, nuestro Confucio, del que hablaremos en este artículo; en lo que hoy sería el norte de Pakistán encontramos a Siddarta Sakyamuni, más tarde conocido como Buda Gautama, el Iluminado histórico y fundador del Budismo y en la India a Mahavira, fundador del ascetismo Jaina. Si algo tienen en común estos tres predicadores es que, aunque Budismo y Jainismo adoptaron con el tiempo formas exteriores religiosas, ofrecieron soluciones novedosas para las grandes cuestiones de la existencia humana desde una perspectiva ética, con el objetivo de contribuir a la felicidad del individuo y de la sociedad.

Kung-tsé, de origen humilde, llegó a ser un funcionario de muy alto rango en el reino de Lu y pronto llegó a ser conocido por sus virtudes como Kung-Fu-Tsú (Kung el Sabio) y durante trece años peregrinó de reino en reino intentando convencer a los monarcas de que implantaran su visión del Estado y del comportamiento que deberían seguir sus gobernantes. De hecho, cuando el lector curioso se acerca a la obra de Confucio no puede evitar pensar que debería ser de obligada lectura para cualquiera que albergase la intención de dedicarse al servicio público, no digamos ya a la política. La premisa podría ser esta:”Si no comulgas con, al menos, el 80% de sus recomendaciones, por el bien de la sociedad en general, dedícate a otra cosa”. Nuestro autor no ofrece al lector un pensamiento místico y/o religioso. Al contrario, ofrece una filosofía práctica destinada no a la salvación, sino a la sabiduría y el autoconocimiento. En cualquier caso, a pesar de la profundidad y el rigor de las recomendaciones éticas de Confucio para cualquier ciudadano y para los servidores públicos en particular, aquí nos centraremos en sus referencias al vino y a la bebida.

En primer lugar diremos que, como se verá, Confucio hace referencias explícitas al vino, aunque no podemos descartar que al hablar de “beber” no se refiera también a otras bebidas alcohólicas. De hecho, la palabra china jiŭ se suele usar con el sentido genérico de “bebida alcohólica”, y aunque con frecuencia traducida por “vino” suele referirse a una antigua fermentación a base arroz, miel y frutas, lo que le proporciona un alto contenido en azúcares. El consumo de este tipo de bebidas fermentadas en China está documentada desde el siglo VII a. C.

Otra particularidad que debemos resaltar desde ahora es que, en la antigua cultura china, estas bebidas estaban consideradas como alimento del espíritu más que como alimento físico y, quizá por eso, eran parte indispensable de las ceremonias religiosas, en las que se procedía a libaciones rituales como homenaje a los dioses y antepasados. Este panorama que acabamos de trazar nos ayuda a comprender el punto de vista que Confucio adopta sobre el consumo de bebidas alcohólicas.

Tampoco podemos olvidar que el ideal de Confucio y de su filosofía ética es  el Chung-Yung o Doctrina del Medio (chung: “centro”; yung: “perseverante”). Es decir, el hombre ideal para Confucio es que ese mantiene en ese centro que se identifica como convergencia de virtudes y persevera en el cultivo de esas virtudes: “Sublime es la virtud del noble, que vive siempre en paz con los hombres y no se deja arrastrar por las pasiones” (Libro I, Cáp. X-5). Como ocurre en el Budismo, el término “noble” no se relaciona con una clase social, sino con una actitud virtuosa.

Un poco más adelante encontramos una recomendación que parece anticipar palabras que se dirán en Oriente Medio varios siglos después: “Quien desee para los demás lo mismo que desearía para sí, y no hace a sus semejantes lo que no quisiera que le hicieran a él, éste posee la rectitud de corazón y cumple la norma de conducta moral que la propia naturaleza racional impone al hombre” (Libro I, Cáp. XIII-3). Ahondando en la descripción de este ser humano noble encontramos vinculaciones con nuestro tema: “El hombre superior no discute ni se pelea con nadie. Sólo discute cuando es preciso aclarar alguna cosa, pero aun entonces cede el primer lugar al antagonista vencido y sube con él a la sala; terminada la discusión, bebe con su contrincante en señal de paz” (Libro III, 1º parte, Cáp.III-7). Aquí vemos como el hecho de compartir la bebida (alcohólica, suponemos) se asocia a un acto social de reconciliación y apaciguamiento. Pero también se asocia, como ya indicamos anteriormente, con funciones religiosas como cuando, en Libro III, 1º parte,  Cáp. III-10, habla del “sacrificio real llamado Ti”, en se que realiza “la libación para implorar la venida de los espíritus”. Como podemos interpretar, la bebida alcohólica no sólo sirve para reconciliar a los seres humanos entre sí, sino también a estos con los espíritus. Por supuesto, los monarcas no son ajenos a esto: “Cuando los príncipes de un pequeño reino se reúnen para festejar algún acontecimiento, vuelcan sus copas después de haber bebido juntos” (Libro III, 1º parte, Cáp. III, 22).

De cualquier manera, el consumo de alcohol debe ser moderado pues, de lo contrario perderíamos aquel Chung/centro donde encontramos la virtud, como leemos cuando habla de Yu, un alabado dignatario: “No puedo descubrir falta alguna en Yu. Era sobrio en la bebida, austero en la comida y piadoso con los dioses” (Libro III, 1º parte, Cáp. VIII-21). Como parte de este Libro III es obra de un discípulo, en él se glosa también la figura de Confucio y sus virtudes. Entre ellas se comenta su austeridad en la mesa, pero también se dice algo interesante: “En lo único que cometía algún exceso era en la bebida, sin llegar nunca a embriagarse. Sorprende, en principio, que se admita cierto exceso en la bebida por parte de un respetadísimo filósofo.

Probablemente este pasaje nos está hablando de la especial relación de la antigua cultura china con la bebida, como ya señalamos más arriba. En cualquier caso, embriagarse no podía dejar de ser algo censurable, ya que  “El noble (…), mantiene siempre una actitud serena y digna (Libro III, 2º parte, Cáp VI-10). No podía ser de otra manera, ya que regodearse en los placeres de la mesa también se censura un poco más adelante: “Compadezco, dijo el Maestro, a quienes no hacen más que comer y beber durante el día, sin ocupar su espíritu en nada digno” (Libro III, 2º parte, Cáp. VII-22). En el libro IV, 2º parte, Cáp. I-3, se lee: “El que teme a la muerte (…) y sin embargo comete toda clase de delitos, puede compararse con el que detesta la embriaguez pero se entrega a los excesos de la bebida”.

Un ejemplo de asociación de la bebida con actitudes positivas lo volvemos a encontrar en la enumeración que hace el sabio de las virtudes filiales, cuando dice: “El principal deber es servir a nuestros padres (…): Tseng-tsé alimentaba a su padre Tsen-si con el mayor esmero; en sus comidas nunca dejaba de servirle carne y vino”. (Libro IV, 2º parte, Cáp. II-30). Por el contrario, otro ejemplo de degradación moral asociado a la bebida lo encontramos cuando, en Libro IV, 2º parte, Cáp. II-33, habla de un individuo que “Cada noche volvía a su casa harto de comida y medio ebrio por la bebida”. Resultó que este personaje acudía al anochecer a los cementerios y comía y bebía de las ofrendas dejadas allí a los difuntos por sus familiares, con lo que se degradaba a sí mismo y al mismo tiempo ofendía a su comunidad y a los antepasados.  Esta era una falta especialmente grave, ya que el Confucionismo extendió el principio de piedad filial más allá de la muerte y, aun hoy, en la cultura china se muestra un extremado respeto por la memoria de los familiares difuntos.

Podemos concluir, a la luz de estas citas escogidas de las únicas ocasiones en que la obra de Confucio menciona las bebidas alcohólicas, que el punto de vista confuciano sobre éstas se halla lejos dela censura. Es más, se comprueba que el consumo de alcoholes estaba plenamente aceptado en la antigua sociedad feudal china, como vemos en dos revelantísimos ejemplos: por un lado, que su uso se sacie con las libaciones rituales durante ceremonias religiosas, con frecuencia realizadas por los monarcas, a modo de reyes-sacerdotes; por otra parte, se asocia el consumo de alcohol con la piedad filial, siendo éste, junto con la carne, uno de los alimentos que un hijo atento y respetuoso siempre intentará servir a sus ancianos padres. En la obra de Confucio y de sus discípulos tan sólo se censura la embriaguez, es decir, el abuso de la bebida alcohólica que nos haga perder la compostura y nos aleje de ese chung, ese “centro” ideal, paradigma de la moderación y alejado de las pasiones, donde deberemos perseverar para fomentar el desarrollo de las virtudes.

Finalmente, queremos rematar este artículo con una última cita donde, no sólo se vuelve a censurar la embriaguez, sino también otros vicios de los gobernantes que, inevitablemente, harán pensar al lector en sucesos y personajes por desgracia muy cercanos a nosotros en estos tiempos:

“No os dejéis deslumbrar por el aspecto externo de los actuales gobernantes; aunque en su presencia debáis mostrarles respeto, interiormente podéis despreciarlos. Poseen suntuosos palacios, pero yo en su lugar non construiría un palacio. Se hacen servir abundantes y sabrosos manjares, y numerosas mujeres están a su servicio; yo en su lugar no me entregaría a la gula y la lujuria. Se entregan sin moderación a la bebida y constantemente van de caza montando en lujosos carros tirados por briosos corceles, seguidos por una escolta de millares de carros; yo en su lugar, no pasaría el día embriagado ni realizaría sus afrentosas muestras de lujo” (Libro IV, 2º parte, Cáp. VIII-34).


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