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Apuntes para una Metafísica general (1)

De lo aparente de este mundo

26/10/2012 - Autor: Iahia ibn Said Al Andalusi - Fuente: shadilia.com.ar
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¿es posible entender o darse a entender?

El mundo es una ilusión ¿acaso podemos decir tajantemente que “no existe”?. No, evidentemente existe, es una realidad fenomenológica, una pura percepción, lo material es pesado y opresivo al espíritu dotado de cuerpo que es el hombre evolucionado espiritualmente, pero es igualmente etéreo y hecho de la materia de los sueños, en cuanto a que este bajo mundo en el que somos pasajeros, es un delirio afiebrado, un vano momento en la existencia del espíritu.

En el Nombre de Allah, El Clemente, El Misericordioso

Imaginemos este mundo ilusorio, de una manera más realista: Estamos en un valle, este valle tiene, ciertamente, zonas floridas e incluso bonitos árboles y alguna que otra cascada de pura agua cristalina, pura y cristalina en apariencia al menos. En este valle retozan los hombres y las mujeres, comen, duermen, copulan, trasgreden e intentan no hacerlo algunos también; a otros el asunto les es indiferente, simplemente están allí, también hay en este valle sectores pantanosos, malolientes y pútridos, fétidos receptáculos de inmundicia, en su barro se regocijan no pocos seres, algunos ya deshumanizados y otros en vías de deshumanizarse. Pero un valle es un espacio entre montañas.

Las personas son, en principio, evidentemente iguales, y a la vez cada persona es una realidad única e irrepetible; del aspecto sutil, de aquello que no es visible sino por las manifestaciones de la conducta —y no nos referimos al aspecto psicológico sino al puramente espiritual— se ocupa la metafísica.

Espíritu y cuerpo

Partiendo de que todas las personas son de la misma naturaleza original, es fácil observar que existen profundas diferencias en el grado de evolución espiritual de cada persona, esto es parte de una compleja combinación de caracteres que diferencian a una persona de otra, aunque todo parta del desarrollo espiritual de cada persona, Al Ghazzali, se esforzó en catalogar en su obra “Alquimia de la felicidad" (Kimiyyah as sana'a) cada uno de los sentidos externos e internos que posee el ser, y también de las “formas” del espíritu, y consideró que el ser humano está dotado de un espíritu mineral, vegetal, animal y angelical.

Esto nos habla de profundísimas diferencias en el modo de percibir y comportarse de acuerdo al carácter del espíritu, pero tal vez sea preferible intentar simplificar el asunto, que es de por sí extremadamente extenso y complejo.

En principio, vale la pena decir que desde un punto de vista genuinamente tradicional, no resulta lícito escindir espíritu y cuerpo. Contenido en el cuerpo, el espíritu es en sí la persona, pero esto no implica menospreciar el cuerpo como hicieron los puritanos, sino reconocer la unidad esencial del ser.

Un problema que enfrentamos siempre es la confusión en lengua castellana de espíritu (ruh) y alma (nafs); para no ser repetitivos solo recordaremos que el “espíritu” es en sí la persona trascendente, en tanto el “alma” es el espectro natural, instintivo, no por ello menos humano, pero por cierto incapaz del refinamiento y la trascendencia del espíritu, ambos son en verdad una unidad y a su vez son una unidad con el cuerpo donde se alojan, los mencionamos aquí por separado aunque podrían ser las caras de una figura geométrica, es decir son absolutamente inescindibles, solo que según la “pulimentación”  esotérica de cada persona, un lado brillará más que otro y primará.

Existen por ende, desde una perspectiva esotérica, diferentes tipos de personas, estos tipos son mutables y lógicamente la persona que logra hacer brillar su espíritu y eclipsar su alma animal (nafs)  lo logra por someterse a un método, este método, idéntico a sí mismo y diferente en cada persona, suele ser llamado “sufismo” es un aspecto tan central de la revelación, que ni siquiera fue mencionado de forma diferenciada de “Islam”.

Los tipos son por ende mutables, dinámicos y solo es necesario someterse genuinamente a Allah swt para comenzar a pulir el espíritu. Por supuesto, este es un trabajo arduo, en el cual la persona ha de convertirse en un “guerrero del espíritu”, y para no perderse en los múltiples obstáculos que le opondrá su propio ego, fenómeno por antonomasia del nafs, debe ser guiada, sobre todo en la primer parte de este gran esfuerzo (yihad al akbar) por alguien de mayor experiencia.

Existen entonces tipos de personas, o más bien momentos, en el sendero de la pulimentación del espíritu. Los sufíes suelen hablar de “estados” y “estaciones”; no utilizaremos esta terminología por tratarse esta de una explicación básica, simplificada en extremo.

El primero de estos grupos es el de los que son un espíritu (ruh) dotado de un alma (nafs) y un cuerpo, los llamaremos "espirituales".

El segundo grupo, es el de los que son un cuerpo, donde reside un espíritu (ruh), y gobierna un alma (nafs), son corporales o materialistas, déseles el nombre que se prefiera.

Lógicamente para el primer grupo (los espirituales) la existencia en este valle material al que nos referimos metafóricamente, es horrenda y opresiva, mientras que el segundo grupo (los materialistas), se deleita en esta existencia. Claro, salvo que Allah swt determine librar a una persona de su estado materialista a temprana edad, y esto se puede observar es raro que ocurra, todo “espiritual” fue “materialista” en mayor o menor grado.

Solo los materialistas, pueden estar a gusto y “sentirse parte” del mundo material, pueden considerarlo objetivo y real tal como es en sí, es decir, como es en apariencia.

Para los espirituales el mundo es aparente, no es impuro, en el sentido en que en él hay también beneficios, y es en definitiva una creación y por lo tanto una Señal de la Divinidad, pero es imposible que estén completamente a gusto en este valle, aunque lleven una existencia colmada de bendiciones.

Ahora bien, los espirituales, no se diferencias externamente casi en nada de los materialistas, ya que todos son de la progenie de Adán 2 -as-.

En ambos grupos, hay personas que creen en Allah –swt- aunque solo los espirituales, por el trabajo emprendido, que implica un alto grado de firmeza en la fe, comprenden el sentido esotérico y real de la religión.

El materialista espera una recompensa de parte de Allah –swt- por sus oraciones y ayunos, el espiritual  aspira a muchísimo más, aspira a la reunificación con Allah swt, y es por lo tanto considerado hereje por el materialista, como dijo F. Schuon: “lo inferior no puede comprender a lo superior”. Hay incluso no pocos materialistas que se esfuerzan más en sus ritos que muchos espirituales, pero ninguno se esfuerza, no tienen capacidad para ello, en comprender el sentido esotérico del rito. Esta capacidad de penetración esotérica en el rito solo puede adquirirse por medio de la intuición racional, de la cual ya trataremos si Allah swt quiere.

La falencia original del materialista, del que está atado a la materia, reside en no poder comprender qué significa “religión” y confundir, por ende, la religión con el rito, el contenido con el continente.

El término religión, bastante más humilde en su posibilidad de abarcar todos los aspectos de la existencia que el árabe “din”, tantas veces traducido erradamente por religión, proviene del latín religare, “unir aquello que fue separado”.

El espiritual  entiende que aquello que fue separado es él mismo, como ruh, y fue separado de Allah swt, y así, sólo puede realizarse retornando a Allah swt.

Es parte de la Misericordia Divina haber provisto el método para esta reunificación, por medio de la revelación a los Profetas.

Estas últimas líneas alcanzan ya para espantar al materialista  y llevar a sus labios la palabra “herejía”, y es que el materialista vive en el temor y la ignominia, aun si es tan tonto de no sentir miedo.

Pues bien, en capítulos siguientes trataremos, si Dios no dispone otra cosa, de lo que hace el espíritu (ruh) dotado de nafs y cuerpo, en su camino a la reunificación.
Narró Malik ibn Anas -ra- de Nafi´a-ra- de Abdullah ibn Omar-ra- , que el Profeta -saws- dijo "este mundo es la cárcel del creyente".

Notas
1- No debe confundirse el término “castas” tal y como lo utilizamos aquí, para definir a un grupo de personas por sus caracteres y evolución espiritual de la concepción, supongamos hindú, ya que partimos aquí de que todos los hombres son en principio iguales, todos provienen de Adán –as-, y Adán fue creado de la tierra.
2- He aquí la fuerza simbólica de la figura del Profeta Adán –as- , que en otra parte decíamos nada tiene de contradictorio con los descubrimientos científicos sobre la evolución.


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