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Día de la raza

El 12 de octubre de 1492 no se reveló la existencia de un nuevo continente, que posteriormente fue llamado América, en honor a Américo Vespucio

13/10/2012 - Autor: Dr.Armando Bukele Kattan - Fuente: aclarandoconceptos.com
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Dr. Armando Bukele Kattan

El 12 de octubre se conmemora la fecha en que la expedición de Cristóbal Colón bajo los auspicios de la Corona Española llegó a las costas de la Isla Guananí, hoy San Salvador, en el Caribe, empezando un proceso firme de colonización y conquista Europea. A ello vale hacer las siguientes aclaraciones:

1. El 12 de octubre de 1492 no se reveló la existencia de un nuevo continente, que posteriormente fue llamado América, en honor a Américo Vespucio, navegante florentino que fue el primero en reconocer que se había descubierto un nuevo mundo. Cristóbal Colón siempre creyó que había encontrado una nueva ruta hacia la India; por eso inicialmente estas tierras fueron llamadas “Las Indias”, y sus habitantes los indios.

2. Colón no fue tampoco el descubridor del Continente. Este privilegio lo tiene el indio americano, que fue el primero que la pobló y desarrolló en ella sus culturas y asentamientos; ni siquiera fue el primer europeo, ya que los Vikingos vinieron primero, llegando al norte de Norte-América. Antes que ellos los fenicios arribaron a Sur América, especialmente Brasil y hay pruebas de que los árabes en la Edad Media, desde el Siglo VIII y en los siglos posteriores tuvieron contactos, de donde se deriva la Leyenda de Topiltzin-Quetzacoatl y otras similares de los pueblos indígenas americanos.

Pero Colón dio inicio al primer proceso continuo de descubrimiento, conquista y colonización, que produjo una transculturación europea (ya que no se puede hablar de intercambio cultural o encuentro entre 2 mundos), pero que a pesar de todos los excesos, produjo una raza mestiza, introdujo una nueva religión y dio un nuevo idioma: la lengua castellana; esto último es fundamental; ya que nuestra América, las Indias, hoy fragmentadas en pequeñas naciones, se encuentran ligadas por una admirable fuerza: el mismo idioma.

3. El rótulo “fiesta de la raza” o “Día de la raza” para conmemorar el 12 de octubre fue acuñado por la Asociación Ibero-americana de Madrid, por inspiración de su presidente, el ex alcalde de Madrid y ex Ministro Faustino Rodríguez San Pedro, celebrándose por primera vez en España el 12 de octubre de 1913 y posteriormente uno a uno en los países hispanoamericanos. En Argentina fue instituido primero, en 1917.

En Estados Unidos e Italia,  ya se celebraba dicho día con anterioridad con el nombre de Día de Colón.

4. Existió desde un principio la tendencia a denominarlo fiesta o día de la raza española, naturalmente en España y posteriormente día de la Hispanidad, que alcanzó reconocimiento en la España del Franquismo hasta 1958. En 1981, tras la restauración del Reinado en España y en vigor de la Constitución Española de 1978, el Real Decreto 3217/1981, publicado en el Primer Boletín Oficial del Estado del año 1982, refrendó el 12 de octubre cambiándolo a “Fiesta Nacional de España y Día de la Hispanidad”. Sin embargo en 1987 la ley 18 mantuvo el “Día de la Fiesta Nacional de España” el 12 de octubre, pero prescindiendo de la denominación de Día de la Raza o Día de la Hispanidad.

5. Nosotros sin embargo como hispanoamericanos continuamos llamándolo Día de la Raza, considerado que lo “español o hispano”, si bien un factor esencial en la nueva raza latinoamericana, no es el único. Las naciones americanas deben considerar su propia identidad y comprender que somos plurales en lo cultural, lo étnico y lo racial. En la sangre de los salvadoreños se inquietan fermentos hereditarios raciales diversos que nos dan nuestra propia identidad.

6. El día de la raza nos refleja el crisol de la mezcla de razas y costumbres; pero también nos enseña el pasado y en alguna forma nuestro presente; ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Dónde estamos? Pero no nos dice nada de nuestro futuro, de nuestra visión y de nuestras esperanzas.

¿Qué queremos? ¿Adónde vamos? La patria entera está dispuesta a la esperanza de ser encontrada por sus hijos, hecha por ellos, para sentirse propia. No basta nacer en ella. Hay que hacerla. Y tampoco basta desear morir en ella. Hay que trabajar por ella y para ella; mientras tengamos un aliento de vida.

Si el 12 de octubre fue el inicio de la colonización y conquista, que sea como sea, fue la base del país que poseemos y la raza diversa que lo habita, tenemos que pensar como José Martí que decía que el primer trabajo del ser humano es reconquistarse. Tenemos que reconquistar a la patria, detener su deterioro y guiarla por nobles derroteros.

7. El concepto de clases dominantes y pueblo sometido, se hacía básicamente de acuerdo al concepto racial. Si en la escala superior se encontraba el español de la península, también éste ya venía con “superioridad” de acuerdo a su “blancura” o “pureza de raza”. El español “puro” no se mezclaba con mujeres de “razas inferiores”, a no ser por una aventura después de la emancipación de los esclavos o violación en tiempo de la esclavitud. Los descendientes inesperados no eran por supuesto reconocidos y seguían el estatus de la madre, aunque a veces se sentían “superiores” a la madre (aunque inferiores al padre) por el matiz de su piel. Fuera de esa inmigración de españoles “puros”, que detentaban el poder y casi no trabajaban, “los hidalgos”, que Cervantes con su Quijote , se burló de ellos; vino una corriente de españoles del “pueblo”, básicamente árabes y judíos conversos o parcialmente conversos, que venían huyendo de la Inquisición de la península y que realizaban trabajos técnicos, que los nativos y los africanos no podían hacer, y que al español “monárquico”, no le gustaba realizar. Ejemplo: alfarería, talabartería, artesanía, construcción, herrería, marina, comercio, etc. Se estableció así una corriente doble de españoles: el español “puro” con carta de pureza “real o falsificada” que detentaba el poder militar, político, religioso, y económico; que no se mezclaría (al menos no oficialmente, porque sus hijos  perderían sus privilegios) y el español del “pueblo”, que se mezcló y formó parte de esa estructura artesanal, de trabajo manual, incluido el comercio, que el monárquico miraba con desprecio.

De allí que en el mestizaje latinoamericano y por ende, el de nuestro país, está inmerso básicamente el elemento árabe y judío español.

8. Si bien el descubrimiento y la conquista fue despiadada y sanguinaria, nos dió los elementos culturales y genéticos que complementan nuestra existencia y el idioma del conquistador, un idioma que nos une en esta nuestra América, “Indoamérica”, pero también hispanoamericana. Un intercambio cultural, siempre es preferible, que el sometimiento y anulación de la cultura más débil militarmente, no necesariamente intelectualmente. La eliminación de la cultura sometida; considerada inferior por desconocerla, fue un verdadero retroceso.

Decir que redescubrir estas culturas originarias, parcialmente destruidas, pero también parcialmente ocultas, es un retroceso; es una nueva manifestación de ignorancia.

Eso definitivamente talló en la conquista. Un diálogo fecundo entre civilizaciones; un contacto benevolente entre culturas. Pero si éste es el procedimiento que debemos fomentar en el presente y en el futuro; el pasado ya trazado, no nos queda más remedio que corregir y restaurar. Y eso es, no sólo nuestro deseo, sino que también nuestro accionar. Darle también la justa medida a la civilización precolombina, que no fue comprendida y por eso – en gran medida – fue pisoteada. “El desconocimiento del contrario es la causa primera de la intolerancia. Debemos redescubrir la sabiduría de nuestros pueblos originarios, su cultura, sus tradiciones, sus idiomas, su teología; sus conocimientos (astronomía, arquitectura, medicina, astrología, cerámica, literatura, artesanía, tejeduría, construcción, ecología, arte, etc.); para aquilatar la otra parte, relegada incorrectamente; buscando el equilibrio. Esto es justo y necesario. Ante la destrucción masiva de su cultura, muchos pueblos indígenas ocultaron sus conocimientos. Así se salvaron, el calendario maya y el calendario azteca, la numeración vigesimal maya, y algunos códices de amplia sabiduría y que aparecieron posteriormente, cuando la furia destructiva de la conquista ya se había aplacado y se excavaban templos indígenas; para construir en sus antiguos templos religiosos, orientados geográficamente de acuerdo a sus rituales – los nuevos templos de la nueva religión.

La restauración del saber perdido- con un gran % escondido – es un deber ineludible, que necesitamos implementar.

9. No debemos enfrascarnos en criticar la parte de nuestra identidad que responde genéticamente al conquistador; sino más bien, en rebuscar y restaurar la parte indígena que también nos corresponde; hoy relegada injustamente e incluso ridiculizada por aquellos que también comparten su presencia, aunque ésta se encuentre realmente (o sólo deseada) en menor proporción.

Tenemos que fortificar nuestra autoestima y eliminar los estereotipos prefabricados y fomentados, incluso en nuestros libros de texto: de lo indígena, como inculto y atrasado. Hemos relegado a grandes pueblos al abandono y a la marginación y hemos contaminado la historia; ocultando sus logros.

10. Aunque no debemos guardar resentimientos, tampoco podemos negar la crueldad de las conquistas europeas, ya que existe una amplia literatura a ese respecto, atizada por el enfrentamiento entre sí de las potencias colonialistas europeas.

A España se la ha señalado como “la más cruel entre todos los conquistadores y sobre ella se ha tejido la “Leyenda negra”, que la desacredita en grado sumo y que ha sido alimentada, principalmente por escritores de Inglaterra, Francia, Portugal y Holanda, sus eternos rivales. España no niega las acusaciones, sino que contraataca aduciendo que sus acusadores fueron todavía más crueles y más sanguinarios que ellos; lo que nos lleva a la conclusión de que todos fueron solidariamente culpables.

En un principio, se afirmó que los indios carecían de alma y que no eran seres racionales; esto les permitió tratarlos con suma crueldad.

La capacidad racional de los indígenas (y por tanto, disponer de un alma humana) y tener por consiguiente derecho para recibir sacramentos, tener libertad e instrucción, fueron reconocidos hasta por la Bula Sublimis Deus, expendida en 1537 por el Papa Paulo III, esto es hasta 45 años después del descubrimiento.

Después de esa fecha, la conquista fue despiadada, pero no tan cruel; haciendo hincapié únicamente en la supuesta “inferioridad cultural” para justificar el argumento de que los europeos venían a civilizar o evangelizar, de modo de que si los naturales ofrecían resistencia, era lícito que sufrieran “la guerra justa”; basados en el concepto aristotélico de que algunos estaban destinados a ser esclavizados y otros, a dominar. Dentro de este proceso de conquista y colonización, 76 millones de pueblos originarios murieron, quedando tan solo un total de 4 millones. Hoy han vuelto a ser 80 millones, recuperando su número, después de 500 años.

11. Aún cuando la conquista fue despiadada; aún así nos dio los elementos culturales y genéticos que complementan nuestra existencia.

Sin la llegada de los españoles y su impronta genética, definitivamente los salvadoreños no existiéramos. Hubieran otros – mejores, iguales o peores, en un análisis simplista de las posibilidades matemáticas; pero independientemente de todo, no fuéramos los mismos; perderíamos prácticamente toda identidad. Incluso aquellos, sin genética española alguna, ni siquiera una mínima gota, tampoco existirían, porque la conquista fue tan violenta, que impactó sobre todas las actividades futuras y por consiguiente la vida de los genes, todo lo que somos, estructural y fundamentalmente hablando y su combinación matemática, sumamente aleatoria y diversa, cambió de tajo. Los seres humanos que nacieron, son los que definitivamente tuvieron que nacer. Y son definitivamente todos, sin excepción, diferentes a los que hubieran nacido sin la conquista, con mezcla genética o incluso sin ella.

12. No podemos venir ahora a criticar un proceso, a quién le debemos haber nacido; mucho menos hacerlo en el idioma del conquistador; un idioma, que nos une en ésta nuestra América, “Indoamérica”, pero también “Hispanoamericana”. En el momento actual de conflictos mundiales, donde los poderes fácticos y financieros, fomentan un “choque de civilizaciones”, tenemos que ponderar y anteponer una “alianza de civilizaciones”.

Eso definitivamente falló en la conquista. Un diálogo fecundo entre civilizaciones; un contacto benevolente entre culturas. Pero si este es el procedimiento que debemos fomentar en el presente, el pasado ya trazado, no nos queda más remedio que corregir y restaurar. Y eso es, no sólo nuestro deseo, sino que también nuestro accionar. Darle también la justa medida a la civilización precolombina, que no fue comprendida y por eso –en gran medida– fue pisoteada. “El desconocimiento del contrario es la causa primera de la intolerancia. Debemos redescubrir la sabiduría de nuestros pueblos originarios, su cultura, sus tradiciones, sus idiomas, su teología; sus conocimientos (astronomía, arquitectura, medicina, astrología, cerámica, literatura, artesanía, tejeduría, construcción, ecología, arte, etc.); para aquilatar la otra parte, relegada incorrectamente; buscando el equilibrio. Esto es justo y necesario.

El Salvador está predestinado entre las naciones. Somos el centro geográfico de América. No podemos ser mediocres. Sin embargo, todo mantiene una dualidad y de esa forma, podemos ser lo mejor o lo peor.

Hemos sido mal guiados y hemos desarrollado generalmente nuestra parte negativa, descollando eso sí, aunque en situaciones no muy aplaudibles.

Tenemos que enderezar nuestro rumbo y dirigirnos hacia nobles derroteros. Tenemos que sentirnos orgullosos de ser salvadoreños, no importa la condición social que tengamos, la religión que profesemos o la mezcla racial que poseamos.

¡Somos todos salvadoreños! Que este 12 de octubre de 2012, celebremos con orgullo, no solo el día de la raza, sino el de nuestra raza especifíca, el día de la salvadoreñidad.


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1 Comentarios

Jorge Ayllonnava dijo el 09/11/2012 a las 12:46h:

Hermano Dr. Armando, me gusta tu reflexion conmemorativa al 12 de octubre del 1472 años ha. viva la bella patria salvadoreña. si estarias en Bolivia y leerian tu comentario (la oposicion = derecha), te tratarian de masista sigla del M.A.S. Movimiento Al Socialismo. que lideriza nuestro actual presidente Don Juan Evo Morales Ayma. de cultura media, por con 20 titulos de Doctor Honoris Causa. Un hombre que esta interpretando fielmente tus postulados en la superacion de las razas originarias de Bolivia. cumpiendo lo que dijo el martir indio Tupac Katari antes de ser descuartizado jaloneado por cuatro caballos. YO MUERO PERO VOLVERE EN MILLONES. Ahora esta aquí gobernando mi pais en beneficio de las clases oprimidas hasta ayer, pero ahora libres con voz y voto. en busca de un futuro mejor.


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