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Amar a Dios y a su Mensajero

Es tarea del siervo amar profundamente a su Señor y destinarle la exclusiva adoración sin asociarle a nadie

11/10/2012 - Autor: Sheij Nasser Al Mgbel - Fuente: Webislam
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El amor por Allah
El amor por Allah

Alabado sea Dios cuyo amor es el mayor de los propósitos y la más sublime de las esperanzas. Atestiguo que no hay otra divinidad excepto Dios, Único sin copartícipe alguno, El de más elevado rango y en cuyas manos está la vida y la muerte. Atestiguo que Muhammad es su Siervo y Mensajero, el mejor de toda la creación, la paz y bendiciones de Dios sean con él, sus familiares, compañeros y seguidores hasta el Día del Juicio Final.

Primera Jutba

¡Hermanos en la Fe!

Teman a Dios y obedézcanle dedicándole todo el amor y la exaltación, con la esperanza de ser recompensados y el temor a ser castigados. Pues, es Él a quien adoran los corazones con amor y veneración. Siendo que las personas tienden, por su naturaleza innata, a amar a quien obra bondadosamente con ellas, se debe saber que toda excelencia y gracia encuentran su fuente en Dios, Glorificado y Alabado Sea: “Todas las mercedes que les alcanzan provienen solo de Dios.” (Sura de La Abeja, aleya 53). Por lo tanto, es deber del siervo amar profundamente a su Señor y destinarle la exclusiva adoración sin asociarle a nadie.

El amor por Dios contiene innegables señales que lo demuestran. Dice, el Señor, Exaltado Sea: “Di: (¡Oh, Muhammad!) Si verdaderamente aman a Dios, ¡Síganme! que Dios los amará y perdonará sus faltas. Él es Absolvedor y Compasivo.” (Sagrado Corán 3:31). De esta cita coránica se desprende que la auténtica muestra de amor que experimenta el siervo por Dios se traduce en el hecho de seguir fielmente a su Mensajero; cumplir con lo que ha ordenado y apartarse de todo lo que ha vedado. En cambio, aquel que alega amar a Dios y contradice a su Mensajero es considerado un falaz en su pretensión. Algunos predecesores piadosos comentan que "Cierta gente pretendía sentir amor por Dios y fue, entonces, cuando se reveló esta aleya en referencia al fruto y beneficio que trae consigo el amor por Dios; es decir que quién ama a Dios, Él le ama y le perdona sus errores".

Otro de los signos que reflejan la sinceridad del siervo en su amor por Dios está en hacer prevalecer lo que Dios ama por encima de lo que su ego o inclinación pasional y naturaleza puedan desear, tal como la riqueza, los lazos de parentesco y la Patria. Dice Dios, Enaltecido Sea: “Di: Si sus padres, hijos, hermanos, esposas y parientes, los bienes que hayan adquirido, el negocio cuya ruina temen y las moradas que posean y les agradan son más amados para ustedes que Dios, Su Mensajero y la lucha por Su causa, aguarden, entonces, a que les sobrevenga el castigo de Dios. Sepan que Dios no guía a gente descarriada.” (Sagrado Corán 9:24). En su interpretación de esta aleya, dijo Ibn Kazir, que Dios tenga misericordia de él: “Si todas estas cosas les son más queridas que Dios y su Mensajero, tengan por seguro, pues, que serán alcanzados por su castigo”.

Es por esta razón que los predecesores del Islam, entre los Emigrados y Ansar (Socorredores), amén de los que les seguían en el Bien, priorizaban el amor hacia Dios por sobre lo que ellos amaban, entregando, de este modo, sus bienes y a ellos mismos por la Causa de Dios, a pesar de que ello acarreaba muertes y merma de riquezas. Los Emigrados abandonaron sus hogares, pertenencias e hijos y se desplazaron de su tierra natal rumbo a Medina: “en busca del favor y la complacencia de Dios” y Él; sobre ellos, dice: “Ésos son los sinceros.” (Sagrado Corán).

Comparen, entonces, ¡Siervos de Dios! entre la situación que vive la mayoría de nosotros, hoy en día, y la de aquella gente veraz. Muchos de nosotros priorizamos el capricho que generan nuestras almas en detrimento de la obediencia a Dios. Cuando uno de nosotros es llamado a cumplir con la oración prescripta en la mezquita, prefiere seguir durmiendo, descansar o divertirse y no responder al llamado del muecín. Así como también cuando es convocado la oración prescripta, estando en el negocio o lugar de trabajo, da más prioridad a los asuntos mundanales que a los de la Otra Vida, descuida la observancia del rezo y desobedece el mandato de su Señor que dice: “¡Oh, Creyentes! Cuando se convoque a la oración del día viernes, acudan con prontitud al Recuerdo de Dios y abandonen el comercio” (Sagrado Corán 62:9); “En casas que Dios ha mandado que sean erigidas, se invoque en ellas Su nombre y Le glorifiquen mañana y tarde, hombres a los que ni el negocio ni la venta les distraen del constante recuerdo de Dios, de establecer la oración prescripta y de entregar el impuesto religioso obligatorio. Temen un día en el que los corazones y las miradas se estremezcan.” (Sagrado Corán 24:36-37). Asimismo, el comerciante que se enriquece, de un modo ilícito, valiéndose de la usura, el fraude y la mentira, lo que hace es mostrar amor por el dinero más que por Dios, al igual que el avaro que no paga el impuesto religioso obligatorio ni dona en aras de Dios, olvidándose de la advertencia de su Señor, Exaltado Sea, cuando dice: “Que aquéllos que retienen, con avaricia, el favor que Dios les ha concedido no piensen que eso es bueno para ellos; porque, por el contrario, es un mal. Todo lo que escatimaron lo tendrán alrededor del cuello el Día del Levantamiento. La herencia de los cielos y la tierra pertenecen a Dios. Dios conoce lo más recóndito de sus acciones”. (Sagrado Corán 3:180).

Lo mismo ocurre con un padre cuando se le ordena animar a sus hijos a observar la oración, tal como Dios lo advierte: “¡Oh, Creyentes! Guárdense a ustedes mismos y a sus familias de un Fuego cuyo alimento serán los hombres y las piedras.” (Sagrado Corán 66:6); o como se manifiesta en las palabras del Profeta: "Ordenen a sus hijos a realizar la oración prescripta a los siete años y castíguenlos, si es preciso, para que la hagan cuando tengan diez". No obstante, este padre desatiende el mandato de Dios y de su Mensajero, en tanto que privilegia más el amor por sus hijos que el amor por su Creador.

Recordemos lo que sucedió con el Amado de Dios, Abraham cuando recibió la orden divina de sacrificar a su hijo que le había sido concedido después de alcanzar la ancianidad; se apresuró a acatar el mandato de su Señor y darle primacía al amor devocional por Dios más que al amor por el hijo. Y cuando se hizo manifiesta la sinceridad de su intención y el amor por su Señor, Dios le proveyó de un cordero para sacrificar en lugar de su hijo y le albrició con otro hijo, Isaac, al que luego sucedería Jacob. Todo gracias a la bendición que generó la obediencia a Dios y el hacer prevalecer, en primer lugar, el amor por Él.

¡Siervos de Dios! como es obligación profesar sincero amor hacia Dios, también lo es el amor debido a su Mensajero, siendo inseparables ambas actitudes. Se refirió de Anas Ibn Malik que el Mensajero de Dios dijo: "Ninguno de ustedes creerá realmente, hasta que yo sea más amado para él que su hijo, su padre y toda la humanidad" (Transmitido por Al Bujari y Muslim).

Reportó Al Bujari que 'Omar Ibn Al Jattab le dijo al Profeta: "¡Mensajero de Dios! Tú eres más amado para mí que todas las cosas excepto mi propio ser'. Entonces, el Profeta replicó: Juro por Aquel por Quien mi alma está en sus Manos que no habrá de ser completa tu fe hasta que yo sea más amado para ti que tú mismo'. Dijo 'Omar: 'Ahora eres más amado para mí que yo mismo.' Y el Profeta sentenció: 'Ahora sí, Omar, se ha completado tu fe."

El Mensajero de Dios es quien nos indicó dónde se encuentra el Bien y nos guió por la senda de la salvación y de la felicidad. También nos advirtió del Mal y de la perdición. El amor profesado a su venerable persona requiere seguirle y obedecerle. Quién alega amarle sin seguir sus pasos, aferrarse a su legado ni abandonar las innovaciones que contradicen a su Tradición Profética, entonces ha de saber que es un falaz en su intención. Dice, Exaltado Sea: “Quien obedezca al Mensajero habrá obedecido a Dios.” (Sagrado Corán 4:80).

De entre las muestras de amor devocional del siervo hacia Dios y su Mensajero es que se ame también a los seres queridos por Dios y su Mensajero. Pues, nuestro Creador ama a las personas excelentes, temerosas, arrepentidas y purificadas. En este sentido, el Sagrado Corán y la Tradición Profética abundan en ejemplos de aquellos que son favorecidos por el amor de Dios, de entre sus siervos creyentes gracias a sus acciones, palabras y modales éticos.

El gran Sabio musulmán Ibn Al Qayyím enumeró los diez motivos que originan el amor de Dios:

1- Leer el Sagrado Corán y reflexionar sobre su contenido.

2- Acercarse a Dios a través de las obras voluntarias luego de haber cumplido con las obligatorias.

3- La perseverancia en la invocación de Dios a través del corazón, la lengua y las obras.

4- Priorizar aquello que complace a Dios sobre las propias pasiones.

5- Meditar sobre los Nombres y Atributos de Dios y comprender profundamente su alcance.

6- Contemplar las gracias y bendiciones que Dios concede a sus siervos, tanto las manifiestas como las ocultas.

7- Emocionarse cuando se invoca a Dios.

8- Levantarse en el último tercio de la noche para adorar a Dios, recitar el Sagrado Corán y culminarlo con el ruego de ser perdonado.

9- Relacionarse con personas de conocimiento, piadosas y sinceras para aprender de ellos.

10- Alejarse de todo aquello que se interponga entre el corazón y Dios, Exaltado Sea.

Narró Anas Ibn Malik que el Mensajero de Dios dijo: "Tres cosas si uno las tiene, saboreará con ellas la dulzura de la Fe: que Dios y su Profeta sean más amados que ninguna otra cosa, que cuando ame a alguien no le ame sino por Dios y que tema volver a ser incrédulo como teme ser arrojado en el Fuego". Dice Dios: “Dios es amigo de los que creen; los rescata de las tinieblas conduciéndoles a la luz. Pero los incrédulos tienen como amigos a los demonios que los sacan de la luz a las tinieblas; ésos son gente del Fuego y en él estarán eternamente.” (Sagrado Corán 2:257).


¡Quiera Dios bendecirnos con el Grandioso Corán y beneficiarnos con la sabiduría de sus aleyas! Pidan perdón a Dios por sus faltas y vuelvan a Él arrepentidos; Él es Indulgente, Misericordioso.


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