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Palestinos y judíos en la Historia

Las buenas relaciones históricas con las comunidades judías

11/10/2012 - Autor: Dr. Armando Bukele Kattan - Fuente: Webislam
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Buenas relaciones históricas entre árabes y judíos
Buenas relaciones históricas entre árabes y judíos

En la práctica, exceptuando la época presente, en el mundo árabe y musulmán se tiene constancia de las buenas relaciones históricas con las comunidades judías. No existió nunca, discriminación alguna, ni holocausto, ni vulneración de los derechos humanos, ni genocidio alguno. Al contrario, los judíos siempre fueron bienvenidos en momentos de adversidad y protegidos en momentos del apogeo árabe, donde se desarrollaron conjuntamente.

Véase el notable desarrollo de la comunidad judía en España, durante el dominio musulmán en el Andalus, (Sefarad); y luego de su expulsión forzada por los reyes católicos en 1492, fueron acogidos con benevolencia y amistad en el Imperio Otomano musulmán.

Un caso, bastante pintoresco y, prácticamente, desconocido en Occidente, lo constituye la costumbre ancestral en Jerusalén, que empezó en el siglo XII, con la persecución de judíos y musulmanes, en el Reino Latino de Jerusalén, fundado en 1099 por Godofredo de Bouillon y que continuó aún después de que fue recuperado en 1187; cayendo en desuso, cuando empezaron los movimientos europeos de la “Recuperación de Palestina” en 1896, con el Manifiesto Sionista de Theodore Herzl y la formación del Estado judío, que fue seguido por influencias negativas, en las otrora comunidades hermanas judías y musulmanas de Palestina, especialmente Jerusalén.

La rivalidad palestino-israelí o judío-musulmana es reciente y la historia –que no puede esconderse- indica que existió anteriormente un alto grado de hermandad y de unión, compartiendo la misma historia y los mismos enemigos. He aquí la costumbre, vigente desde principios del siglo XII hasta finales del siglo XIX: 

“Desde tiempos inmemoriales existía en Jerusalén una costumbre emocionante: los niños judíos y musulmanes nacidos en el mismo barrio y en la misma semana eran tratados por sus familias como hermanos de leche (una hermandad reconocida en la religión judía y en el mismo Corán): el niño judío era amamantado por la madre musulmana y el niño musulmán por la madre judía. Esta costumbre establecía relaciones íntimas y duraderas entre las dos poblaciones. La costumbre cayó en desuso, entrando al siglo XX”. 

Con esta referencia quiero refutar el mito de la enemistad tradicional entre judíos y árabes. La historia, hasta la funesta intervención en Oriente Medio por los europeos durante el siglo XIX, no había conocido conflictos serios entre ellos. Muy al contrario, estas dos ramas de la raza semítica habían vivido durante muchos siglos pacíficamente en Tierra Santa. El antisemitismo es una invención de Occidente. Tiene sus raíces en el mundo greco-romano, y las primeras persecuciones de judíos tuvieron lugar en la Alejandría helenística, y se agudizaron con la destrucción de Jerusalén, por Tito, el emperador Romano en el año 70 D.C. Se intensificaron durante el obscurantismo medieval, de la Europa cristiana, cuando el pueblo judío fue difamado, atribuyéndoles el asesinato de Jesús; convirtiéndoles en un pueblo homicida, y al hacer a Jesús, Dios, en un pueblo deicida; lo cual para los musulmanes es una mentira evidente. Cuando los cruzados conquistaron Jerusalén el año1099, pasaron a cuchillo no sólo a los habitantes musulmanes, sino también a los judíos y a los cristianos de distintas iglesias tradicionales dentro de la mismísima Iglesia del Santo Sepulcro, en una de las matanzas más horrorosas de la historia. Y durante los siglos que siguieron, los países islámicos fueron refugio para sus hermanos judíos perseguidos en Europa.

Las víctimas de la inquisición española (los llamados sefardim o sefardíes), huyeron a los países árabes de África del Norte y hasta Egipto y el Oriente Medio, donde fueron recibidos fraternalmente”, e incluso recibieron puestos de Gobierno. De la misma manera este mundo árabe fue en el siglo XIX y XX refugio para los judíos que escaparon de las persecuciones en la Europa central y oriental, de aquellas horribles matanzas de Polonia y en Rusia y posteriormente del detestable holocausto Nazi. Con toda razón la ENCICLOPEDIA HEBRAICA, en su edición española de 1936, podía decir: “Durante varios siglos los países islámicos fueron la verdadera salvación para los judíos europeos”. Todavía entre las dos guerras mundiales, en Marruecos y en Túnez hasta después de 1945, hubo judíos que figuraron como ministros en los gobiernos árabes. Durante la segunda guerra mundial, el rey de Túnez y el Rey de Marruecos emplearon todos sus esfuerzos para proteger a sus súbditos judíos contra las leyes racistas del régimen del mariscal francés Pétain durante la segunda guerra mundial. Y el autor judío, Eric Rouleau, escribió en el prólogo del autor sirio Sami al-Yundi, “juifs et árabes”, que “como judío que pasó su infancia y su juventud entre los árabes, puede atestiguar que el anti-semitismo es completamente ajeno a las tradiciones y a la mentalidad de los pueblos de Oriente Medio”.

Por otro lado, ¿cómo pueden ser los árabes antisemitas, si ellos son básicamente semitas también? Las relaciones entre los dos pueblos hermanos fueron envenenadas en Tierra Santa sólo en este siglo XX, y únicamente por las potencias europeas, que dispusieron de un país que no les pertenecía. No obstante lo anterior, Israel es una realidad y el presente debe conceptuarse en que a la par de Israel se constituya un Estado palestino independiente, y que reine en toda la región (y el Mundo) paz, concordia, amor y justicia.

Analizando la historia de la región que conocemos como Palestina, ha sido desde la antigüedad, una encrucijada de pueblos y civilizaciones. Los primeros pobladores provinieron de emigraciones semíticas de la Península Arábiga, hace más de 4,500 años, dando origen a la civilización cananea, fundando ciudades-estados; la mayoría, fortificadas, entre ellas: Jericó y Jerusalén. Por eso es que se le llamó la Tierra de Cannán. Jerusalén fue fundada hace 4,200 años, por uno de los pueblos que conforma la estirpe palestina: los jebuseos, pertenecientes al tronco cananeo. Su nombre original: Jebusalem, incorpora la palabra Salem (Salam) que significa paz. Los cananeos compartieron en completa armonía su territorio con los filisteos, quienes se establecieron en la costa, y de esa manera, tuvieron contacto y mezcla racial con los pueblos del mar, sobre todo de las islas griegas y en especial de la isla de Creta. Algunos historiadores se confunden y consideran a los filisteos originarios de ella; pero eso fue tan solo una integración posterior. Otros consideran equivocadamente a los filisteos y a los cananeos como pueblos camitas. Basta ver sus idiomas, para saber su origen semita emparentados con el idioma árabe. Mil años después llegaron los hebreos a Palestina conquistándola a sangre y fuego; los hebreos no fueron los primeros pobladores de Palestina y no fundaron Jerusalén. La conquista fue terriblemente despiadada, basta leer el Antiguo Testamento para ejemplarizarla.

Sin embargo a pesar de esa conquista sangrienta, Jerusalem no pudo ser tomada por los conquistadores judíos. Fue dada en heredad a la tribu de Benjamín, pero permaneció en poder de los jebuseos hasta que posteriormente el Rey David la tomó. Y David ordenó que no se tocara, ni matara, ni se torturara a ningún miembro de esa ciudad, Jerusalén. “Más los hijos de Benjamín no destruyeron a los jebuseos que moraban en Jerusalén; y así quedaron habitando en dicha ciudad con los hijos de Benjamín hasta el día de hoy”. (Jueces. Capítulo I, Versículo 21). Fuera de ello, la conquista nunca fue absoluta; y como dice el Antiguo Testamento: “Así pues, los hijos de Israel habitaron en medio del cananeo y del heteo, y del amorreo y del ferezeo y del heveo y del jebuseo. Y se casaron con sus hijas y dieron las suyas a los hijos de ellos y sirvieron a sus dioses”. (Jueces, Capítulo III, Versículo 5 y 6).

En el año 1020 a.C. se creó en Palestina el Reino de Israel, siendo su primer Rey Saúl, y alcanzando su máximo esplendor con los reyes David y Salomón. Hubo con dichos reyes especial tolerancia y amplitud. Fueron reconocidos como profetas de Dios. De allí el concepto árabe fundamental: “Que los déspotas y asesinos son siempre los mediocres”. Después del reinado de Salomón, Israel se dividió en dos partes: el Reino del Norte, con su capital Sabastia, que continuó llamándose Israel con 10 tribus, y el Reino del Sur, llamado Judá o Judea, con dos tribus (Judá y Benjamín), manteniéndose entre los dos reinos una larga e irreconciliable lucha. En el año 622 antes de Cristo, Palestina fue invadida por los asirios, sometiendo al Reino del Norte, Israel. Los Babilonios Invadieron a su vez el Reino de Judá (Judea) el 586 a.c., llevándose cautiva a una gran parte del pueblo judío, que determinó lo que se conoce como “El Cautiverio de Babilonia”. En ambas invasiones hubo una mezcla racial significativa y en cuanto al cautiverio de Babilonia, hubo también influencia religiosa y política.

Los judíos dominados, pero inmersos en la potencia mundial de ese entonces, aprendieron el arte de infiltrarse e influir en las altas esferas políticas; cambiando de estrategia, ya que no es lo mismo mandar teniendo más fuerza que hacerlo siendo más débil; lograron influenciar tanto al imperio babilónico, como el que le sucedió después, logrando la repatriación del cautiverio. En Esdras, Capítulo II, versículos 1-7, se detallan los que volvieron del cautiverio: 60,000 varones aproximadamente, con propiedades y familias; y una nueva forma de pensar. Sin embargo fueron únicamente los judíos (de la tribu de Judá) los que se mantuvieron firmes en su fe y tradiciones.

Otra tribu, la de Benjamín, aún formando Judea, estaba mezclada totalmente con cananeos, desde tiempos bíblicos; las otras 10 tribus perdieron su identidad, hasta el punto que se habla de las 10 tribus perdidas del pueblo de Israel; aunque en realidad se encuentran mezcladas con los palestinos históricos y con los otros pueblos vecinos de la zona.

Debe aclararse que antes del establecimiento del Estado de Israel en 1948; Jerusalem, como capital de Israel, existió únicamente 70 años en la historia, durante los reinados de David y Salomón. Luego, el reino dividido de Israel con 10 tribus, tuvo como capital, Sabastia, no Jerusalem. Jerusalem fue por más tiempo capital de Judea, no de Israel; ya que Israel desapareció como Estado. Los griegos establecieron en Palestina, la Tretarca de Filipo, integrada por 4 provincias: Judea, Samaria, Galilea e Idumea y posteriormente con el dominio romano, solo se hablaba de regiones, no provincias. Por más de 2000 años solo se mencionó a Palestina, como capital de Jerusalem. Los palestinos: musulmanes, judíos y cristianos, vivieron siempre en paz, mientras los cristianos europeos no aparecían.

En tiempos, de Jesucristo, la integración Palestina estaba configurada. El hebreo ya había desaparecido como idioma y se hablaba arameo, una mezcla de hebreo con árabe (EI idioma de Cristo). Los judíos propiamente dichos eran los habitantes de Judea e incluso ellos hablaban arameo. La mezcla con cananeos era evidente, como lo determina la misma Biblia y en el caso de una de las dos tribus de Judá, la de Benjamín, la mezcla llegaba al 100%.

De esa forma, desde tiempos inmemoriales existía Palestina. Jesús nace en Belén, Palestina, y su madre, la Virgen María también nació en Palestina, en Jerusalem, ambos eran así, palestinos. Todos los apóstoles de Jesús eran galileos con excepción de Judas Iscariote e, incluso, uno era llamado el cananeo (Simón cananeo) a diferencia de Simón Pedro (Mateo 10-3); todos eran, sin embargo, palestinos (que ya era un país con un amasijo de razas, como todos los países). Cuando regrese Jesús físicamente a la Tierra por segunda vez, como lo atestiguan las profecías bíblicas y coránicas, que nosotros reconocemos como verdaderas y que la ciencia física puede fácilmente explicar, a través de la contracción del tiempo cuando aumenta la velocidad, (el tiempo en la Tierra sería aproximadamente dos mil años; en el marco de referencia del tiempo de Jesús, tan solo un escasísimo tiempo. Jesús, el verbo encarnado de Dios, vendría como se fue, idéntico, ya que será el mismo, a su misma edad de 33 años. Allí veremos su semejanza física con los palestinos, que se han mantenido semitas, mucho más que la mezcla diferente a la que fue sometido el pueblo judío a través de su diáspora.

Si racialmente Jesús es palestino, ¿qué hay de su religión? Nació evidentemente como judío, en ese tiempo, la única religión que creía en un solo Dios; se elevó al cielo como cristiano ya que sus enseñanzas –y su Evangelio– habían sentado las bases de una nueva religión –el cristianismo– y volverá como musulmán, a poner orden y completar su misión... Es de aclarar que entre el cristianismo, judaísmo e Islam las coincidencias son muchas y las diferencias son pocas; estas últimas producto de las interpretaciones, aplicaciones, desviaciones e incorrectas traducciones; no de la esencia original, que es prácticamente la misma.

El mensaje original de Cristo y el comportamiento de la iglesia cristiana primitiva, en los países del Cercano Oriente y Norte de África, antes que el Concilio de Nicea I, convocado por Constantino (325 DC), uniformara al Imperio, considerando como oficial a la tendencia romana predicada por Pablo. El cristianismo primitivo era prácticamente igual al Islam, que se encuentra totalmente intacto, en sus libros sagrados islámicos, cuyos originales, existentes y sin cambio alguno, desde el inicio, pueden fácilmente consultarse. Por eso el emperador (Negus) de Etiopía (Abisinia), un reino cristiano, en ese momento de máximo esplendor, cuando protegió a los primeros musulmanes que se refugiaron en él, al ser perseguidos por los idólatras de la Meca, contestó después de analizar el Sagrado Corán; “Que las diferencias entre el cristianismo y el islam no eran mayores que el grosor de una línea", que dibujó en el suelo con su cayado.

Los cambios posteriores del cristianismo a través de diferentes Concilios y la práctica errónea de algunos fanáticos musulmanes, enseñan una diferencia notable, realmente inexistente. Los verdaderos musulmanes seguimos a Allah a través de las enseñanzas de sus mensajeros; principalmente Abraham, Moisés, Jesús y Muhammad. ¡Que la paz y las bendiciones de Allah, sean siempre sobre ellos!

Amín.

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