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Entre océanos de arena y sal (Capítulo final)

Antonio Pulido Pastor nos ofrece un relato de su viaje en 2007 por carretera a Mauritana, a una localidad llamada Maatamaulana, para conocer su vínculo con Al Andalus y ofrecer ayuda humanitaria

10/10/2012 - Autor: Antonio Pulido Pastor - Fuente: Cobijo de los vientos
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Atardecer en el desierto
Atardecer en el desierto

Martes 10 de Abril.-

Van pasando los días en este viaje. Amanece entre la difusa bruma de la humedad marina en el Banco de Arguin. Durante toda la noche el viento de la mar ha batido las lonas de la jaima. La temperatura es muy agradable y no han faltado sonidos de pájaros en la noche.

A medida que discurre el tiempo y se suceden las situaciones voy entendiendo mejor aquello de que este viaje era para mí.

Cierto es que no he podido encontrar muchas cosas ni personas nuevas, el tiempo y las circunstancias nos han hecho fugaces allá por donde hemos ido pasando. Pero todo viaje sirve para conocer al compañero y sobre todo para conocerse a uno mismo.

Esto ha sido un gran viaje para el cultivo del sabur, la paciencia. Afortunadamente creo haberlo entendido desde un principio y considero que no me ha abandonado la serenidad.

La inmensidad de estos espacios abiertos es tremendamente relajante pero puede haber quién encuentre la ansiedad y la fobia en esta monotonía y la inmensa trampa que puede parecer sentirse aquí diminuto, tal que perdido o naufrago de un ancho mar. En estas condiciones de apertura, es fácil acceder al interior, al propio, y en mi caso, siento haber recuperado emociones que creí haber perdido.

La sensación de paz interior es enormemente gratificante.

Dice un proverbio sufí: Quién conoce su esencia, conoce a su creador, y pienso yo, de qué vale al hombre conocer el universo entero, si no se conoce a sí mismo.

Continuamos el camino hacia Noadhibú recorriendo las arenas de sur a norte según las indicaciones de un guía local y confiados en la cartografía y los instrumentos de navegación que poseemos.

El paisaje es muy monótono y no vale la pena seguir este camino, pues se aleja del mar. Dunas y llanuras arenosas existen en este país en cuantía suficiente como para aventurarse en las condiciones que nos encontramos. Enseguida considero que hemos cometido una imprudencia pues tenemos el combustible justo para llegar a la ciudad, no sabemos de puntos intermedios y nuestra rueda de repuesto se encuentra en mal estado. La conducción se hace pesada por las arenas y en un par de ocasiones nos quedamos atascados, consiguiendo salir finalmente.

Accedemos a la carretera en el punto kilométrico 170 en dirección Noadhibú. Hemos hecho por tanto unos 70 km. por el interior del parque que nos ha consumido 3 horas y media, habiendo usado casi medio depósito de combustible.

Una vez en carretera llegamos a la ciudad del norte hacia las 15.00 horas y nos acercamos hasta Cabo Blanco. A la entrada de la ciudad un control de policía me pide el seguro de accidentes del coche. No es válida la carta verde internacional y me veo obligado a concertar un seguro breve.

El paisaje a mar abierto es precioso. La ensenada cargada de buques y barcas de pesca faenando es también impresionante.

El mar se encuentra con marejadilla, bate los acantilados que son de frágil arenisca y se desmoronan con facilidad. Acercarse hasta el filo es arriesgado y poco recomendable. El lugar está bajo el cuidado del Parque Nacional de Arguin, pero existe una carencia total de estructura.

La pista de acceso está en pésimas condiciones llegando hasta un faro y una caseta para el vigilante de la Reserva de la foca monje. Hay un edificio en muy malas condiciones, reino de las moscas, y ni siquiera han colocado una barrera a modo de mirador que evite posibles accidentes. Hace viento y la arena incomoda mucho la permanencia.

Finalizada la tarde regresamos y nos encontramos con el resto del grupo en la jaima de Nabila.

Son ya con este cuatro días que hemos estado prácticamente separados. En Noadhibú pasamos junto al puerto minero y la refinería de petróleo. Coincidimos con el paso del tren minero, el más largo del mundo, de impresionante longitud con sus trescientos vagones cargados de mineral. Su aspecto es antiguo, los colores rojizos y apagados y el blanco puro de las roas en la ciudad me hacen sentir de nuevo inmerso en una película.

La cinta transportadora carga la pirita ferruginosa en uno de los barcos. De repente, rodeado por el complejo industrial tras varios días sumergido en la plena naturaleza del desierto, la sabana, el litoral, se me viene a la cabeza el libro de John M. Hobson que no hace tanto acabo de leer.

Aquí puedo comprobar lo que este autor expone en su libro sobre cómo un país rico en recursos tal que éste u otros tantos del Oriente o el continente africano, es expoliado de su riqueza ante un patente contraste de miseria y necesidad. Ayer mismo en Nuakchott, la policía lucía vistosos uniformes y montaba en magníficas motos y vehículos patrulla, una de las materias favoritas de la cooperación exterior, procedente de los beneficiarios entre otras cosas de este hierro y petróleo.

El alto índice de población de piel negra, deriva también de otros tiempos en que el recurso fue el trasvase de mano de obra subsahariana a bajo coste.

Miércoles 11 de Abril.-
Ya estamos nuevamente juntos los dos coches. Hemos hecho noche en la jaima de Nabila, una típica tienda nómada saharaui compuesta sólo por mujeres que hacen vida de frontera con lo que el paso de gentes y mercancías les deja como recurso.

Nos levantamos temprano pues hoy toca el paso fronterizo y el inicio de nuestra gran travesía de retorno. Dormir en el suelo estos días ha mejorado la condición de mi espalda y aliviado las contracturas y ciertos desórdenes que tenía.

El paisaje mauritano se despide con una majestuosa duna que se muestra exhuberante entre luces y sombras de la mañana que el sol empieza a calentar.

La frontera mauritana es muy sencilla. Allí encontramos una caravana organizada Mijas-Dakar que nos saluda efusivamente al ver nuestras matrículas de Málaga y Granada.

Los guardias del puesto conocen a Abd el Naser y nos pasan por delante. En apenas quince minutos acabamos con el trámite ganándonos una reprimenda por no haber ampliado el periodo de visa en el consulado de Nuakchott.

El tramo marroquí es algo más complicado. Todo en Marruecos parece más complicado y menos amable que en su vecino país del sur. En una hora conseguimos resolver el papeleo, lo que no me parece tampoco fuera de lo normal. A los 70 km. llegamos al hotel de Bir Gandouz en el que hicimos noche a nuestra venida y paramos a desayunar.

Los compañeros se quedan sin combustible a unos 2 km. y hemos de ir en su auxilio. Son las 12.30 h. cuando emprendemos el maratón de asfalto que nos queda por recorrer. Nuestro objetivo es dormir en la ciudad de Tan Tan, a unos 1200 km. de distancia.

La carretera del sur del Sahara occidental está compuesta por largas rectas, interminables y apenas hay más tráfico que el de algunos camiones que bajan hacia Mauritania. Ello nos permite conducir con rapidez y comodidad.

El día presenta una temperatura magnífica, se aprecia un descenso que me sorprende y agrada. Las nubes decoran el cielo y velan el rigor del desierto.

El Sahara costero es eminentemente rocoso y blanco. Tiene más bien condición de estepa, con numerosos arbustos bajos que a medida que subimos hacia el norte se densifica y dan cobertura al terreno, haciéndolo apto para el pastoreo. Pero este es un terreno minado, los carteles a ambos lados de la carretera advierten del peligro que se corre por este motivo.

La gran bahía que forma la península de Dajla (antigua Villa Cisneros) es preciosa, con un mar de intenso azul y costas recortadas, fondos someros que recuerdan a lo visto en el Banco de Arguin. La abundancia de aves marinas por esta zona es también asombrosa. Me acuerdo ahora de las águilas pescadoras de Cabo Blanco.

Pasado Dajla el desierto empieza a florecer. Tengo la sensación de que ha llovido por aquí en días pasados y los márgenes de la carretera están tapizados por siemprevivas y otras flores que no conozco ni por aproximación. Es una grata sorpresa encontrar el Sahara cargado de arbustos, algunos tapices de hierba y numerosas flores. La primavera aquí debe ser fugaz, aprovechando las brumas y escasas lluvias que el desierto consigue robarle al ingente Atlántico. Por eso la belleza se queda en las arenas, las luces y las sombras, el modelado de las rocas y sobre todo en sus mujeres que visten de vistosos coloridos. Cada boda es una primavera en este Sahara.

La tarde que prosigue es preciosa, el sol deja dorado el acantilado batido de espumas. Nos sorprende la fresca temperatura y un aire limpio que deja despejar el turquesa del cielo. El recorrido a lo largo de la costa desde Dajla a Bojador es todo un regalo para este mi 42 cumpleaños.

En realidad todo este viaje ha sido un auténtico regalo. Nunca hice uno tan largo, tan cargado de contrastes, situaciones diversas, imprevistos y aventuras. Nunca tampoco he estado de viaje en el tiempo, en primera persona, como ahora. Los beduinos me han hecho sentir en otra época, inmerso en escenas que solo conocía tras la fantasía cinematográfica.

A las 23.00 h. llegamos a El Aaiún, tras recorrer unos 890 km. Nos quedamos a dormir en la mezquita de una gasolinera de carretera.

Jueves 12 de Abril.-
Salimos temprano, prácticamente a las 6.30 horas. El Aaiún es un lugar con un gran río y lagunas litorales y en él los mosquitos tienen su señorío, lo que se hace patente en esta breve noche en el lugar que pernoctamos. Las previsiones para problema similar en el Senegal han surtido efecto mediante el repelente de que disponemos. Quién no ha tomado precauciones ha debido interrumpir su sueño por la repetida acción de este incansable insecto.

La mañana continúa siendo agradable con temperatura similar a la de ayer, si bien se hace notar el cansancio y la falta de buen reposo.

Pasamos Tarfaya, el anterior Cabo Juby y podemos disfrutar otra vez de la cercanía del mar, su costa recortada por ásperos acantilados y el dinamismo que el Poniente imprime hoy a las aguas batiéndolas contra las rocas.

Tan Tan se encuentra a unos 330 km. de la capital saharaui. Los números ya se nos hacen pequeños casi ridículos, pero la carretera impone su ritmo y las horas caen sin remedio. Pasado Tan Tan nos alejamos del mar para sumergirnos en la inmensidad esteparia de amplios valles e interminables llanuras. El sopor y el cansancio me obligan a dejar el volante.

Comemos en Tiznit y pasado Agadir cogemos la carretera de la costa en dirección a Essaouira, la antigua ciudad de Mogador, tierra natal de la casa de Medina Sidonia. Esta carretera es preciosa porque recorre la costa subiendo la montaña, pero tiene mucho tráfico y curvas. Nuevamente llegamos sin luz del día, aunque es temprano. Las tiendas se encuentran abiertas y las calles rebosan de transeúntes. Coincide con que el rey de Marruecos se encuentra en la ciudad y el ambiente es magnífico. Nos alojamos en un apartamento que mejora las condiciones de estos últimos días.

El cansancio me pasa factura y me siento mal a partir de un escalofrío que me da con la humedad de la noche en la proximidad del mar. Paso mala noche con dolor de cabeza que no cesa al despertar.

Viernes 13 de Abril.-
Me despierto aún víctima del cansancio. Mi cabeza no ha podido relajarse durante el sueño y siento presión que es molesta. Por fin consigo ducharme después de una semana. Damos una breve vuelta por la ciudad. Essaouira es una preciosa ciudad de mediano tamaño fundada con su aspecto actual por los portugueses a principios de la Edad Moderna en su afán por dominar el océano y la tierra de allén de mar, de donde obtenían las pesquerías, el oro y los esclavos (véase África versus América). La ciudad se prepara para recibir al monarca alawi y decidimos salir antes de que se nos pueda complicar el tráfico. El trayecto es hacia Casablanca en dirección al Yadida.

Después de comer conseguimos pasar Rabat a media tarde y llegamos a Tetuán a las 20.30 horas.

Nos hemos separado en Essaouira. La intención de nuestros amigos musulmanes es subir a las montañas de Beni Arós, cerca de Tetuán para visitar la tumba de Mawlay Abdeslam Ibn Mashish, pero yo he decidido no ir aquí con los demás porque ya están cansados y no comparten este tipo de cosas. Por otra parte, el camino es casi todo autovía y nuestro vehículo puede ir bastante rápido. Así que decido ir directamente a Tetuán a fin de poder pasar la frontera al día siguiente cuanto antes, cosa que el pasaje me agradece.

En Tetuán he llamado a mi amigo Abdeslam y resulta que su hijo Amin, casi un hermano, está en la ciudad para una de sus veladas musicales de melodías andalusíes. El cansancio me aconseja irme al hotel, no sin gran pena y dejar pasar esta ocasión musical.

Sábado 14 de Abril.-
Mi cuerpo agradece las buenas condiciones del hotel y me siento muy aliviado por el reposo. Nos dirigimos a la frontera a eso de las 9.00 hora marroquí y pasamos ambas sin apenas dificultad. Perdemos por poco el barco de las 12.30 h. y nos embarcamos saliendo de puerto una hora después. A las 16.00 h. hemos llegado a la ciudad de Málaga donde cada uno ha tomado rumbo a su hogar.

Y así finaliza el viaje más largo de mi vida con medios propios y por tierra, en la que todo se siente de manera mucho más intensa. El marcador del coche muestra 167932 lo que hace un total de 7000 kms. recorridos en dos semanas.

Aunque finalmente no cubrí el objetivo inicial previsto para este viaje y que fue el conocimiento de la ciudad de Maatamaulana y las cosas que en ella hay, lo cierto es que como dice Abd el Nasr, lo importante es el viaje y cuanto más dure éste, tanto mejor. También dice el sheij Mohammed que el viaje más importante es el que discurre por paisajes humanos y te permite bucear en el corazón de las personas.

Sentado nuevamente en mi mesa habitual, envuelto por el ruido y la rutina cotidiana entiendo ahora el verdadero sentido de este viaje y quiero creer que ciertamente era para mi. Sin duda ha sido también para cada uno de nosotros, como dice el Libro, hay signos para quién sabe ver.

El Yamal reparte la belleza a lo largo de su Creación y doy gracias a la Providencia por haberme ofrecido tanta belleza y tanta armonía en estas dos semanas.

Maatamaulana no es un lugar, sino un estado, una condición, un regalo de nuestro señor y eso es lo que ha sido esta experiencia.

Me traigo del desierto y del infinito mar de sal una inmensa paz interior y sobre todo su germen, capaz de prosperar y prolongarse en el tiempo con la sabiduría necesaria para hacerla crecer y verdear. De este modo cobran sentido las palabras de sheij Mohammed,

"El verdadero camino del Conocimiento es la escalada hacia ti mismo.

La sinceridad es la puerta de acceso

La cortesía (adab) es su llave

La generosidad, la vestimenta que has de llevar y que te protege"

رائت ربّي بعين القلبي

 

Escrito entre las arenas del Sahara y la sal del Atlántico en Abril de 2007


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