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El vino y las bebidas alcohólicas en el Libro del Génesis

El hecho de hallarnos en esta tesitura tiene el lado positivo de que nos hace reflexionar a nosotros mismos sobre el por qué de las cosas

02/10/2012 - Autor: Suleyman Tarik Matos Bugallo - Fuente: Webislam
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Noé sentado bajo una viña

El vino y las bebidas alcóholicas en el Libro del Génesis

Todo musulmán que viva en un ambiente que no esté directamente influído por el Islam, como es el caso de los que vivimos en países europeos o americanos, está más que familiarizado con la situación de verse cuestionado sobre sus tradiciones religiosas.

A veces se nos interroga por mera curiosidad, otras veces por sincero interés y, en no pocas ocasiones, con cierta maliciosidad. Puede que no siempre nos encontremos en la mejor de las disposiciones para vernos cuestionados, pero no deja de ser cierto que el hecho de hallarnos con cierta frecuencia en esta tesitura tiene el lado positivo de que nos hace reflexionar a nosotros mismos sobre el por qué de las cosas que hacemos o dejamos de hacer por nuestra religión. En definitiva, nos lleva a elaborar un discurso que, finalmente, no deja de ser de ayuda para nuestra propia vivencia de la fé.

Uno de los puntos fuertes de este cuestionamiento es el hecho de que nosotros no bebemos alcóhol. En una sociedad como la española, donde el consumo de alcóhol parece ser uno de los elementos fundamentales de muchos procesos de socialización, nos enfrentamos contínuamente a la pregunta de por qué no bebemos bebidas alcóholicas. Lejos de querer dar respuesta aquí a esta pregunta, ya que asumo que cualquier musulmán consciente sabe cómo responder a esto, lo que traigo a estas líneas es el interés que esto ha suscitado en mí no por las respuestas que ofrece el Islam, si no por el tratamiento que otras tradiciones religiosas dan a este tema.

Y si hay que empezar por algún lado, probablemente lo mejor es empezar por la tradición religiosa que a la mayor parte de las personas de nuestro entorno les resulta más cercana, la judeo-cristiana. Y dentro de ésta, sin duda lo mejor es empezar por el principio, es decir, el Libro del Génesis (del griego Γένεσις,  “principio, origen”). Este libro de la Biblia es piedra fundacional y angular de toda una tradición que del pueblo hebreo se transmitirá al ecumenismo cristiano, superando todos lo límites geográficos y de pueblo o raza y recaerá finalmente también en la tradición islámica, inseparable de la tradición profética bíblica. Porque realmente es alrededor de los profetas, esos singulares personajes que pueblan el texto bíblico, que vertebraremos este breve artículo. Y el primer profeta que relacionamos con el vino es Noé, hijo de Lamec, a su vez hijo de Matusalem, paradigma de la longevidad (G 5, 25-28). Si por algo es conocido Noé es por el pasaje del diluvio y por el arca que, por mandato de Dios, construyó para garantizar la supervivencia no sólo del hombre, sino también del resto de especies que poblaban la tierra (G 6-8). Hoy sabemos que, casi con toda seguridad, este relato bíblico, también presente en la anterior saga sumeria de Gilgamesh, es el recuerdo del cataclismo que supuso el desbordamiento del Mar Mediterráneo, a través del actual estrecho del Bósforo, sobre la cuenca del antiguo lago de agua dulce que ocupaba el centro de lo que hoy conocemos como Mar negro, hacia el final de la última glaciación. Este desbordamiento generó una inundación súbita y devastadora que causó una catástrofe en las pobladas orillas del lago y que se mantuvo en el recuerdo colectivo de muchas naciones de Oriente Medio hasta transmutarse en mito religioso.

Como es sabido, la tradición bíblica dice que el arca se posó en las primeras montañas seguras, las de Ararat, en el nordeste de la actual Turquía (G 8, 4) y una vez fuera del arca, Noé y sus hijos reciben el célebre mandato divino “Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra” (G 9, 1). También reciben la primera de las restricciones alimentarias que más tarde se multiplicarán y serán una de las señas clave de la religiosidad judía: se les prohíbe la ingesta de carne que contenga sangre, ya que la sangre es la vida, y la vida es un don de Dios. Pero lo que realmente nos interesa es el pasaje en el que se nos dice que Noé se dedicó al cultivo de la vid y la fabricación de vino (G 9, 20-27) y, en concreto, el momento en que Noé se embriaga con su propio vino y, borracho, queda inconsciente y desnudo en su tienda. Este hecho provoca disensión en la familia, ya que su hijo Cam presencia el lamentable espectáculo de su padre borracho y, en vez de ocultarlo, se lo cuenta a sus hermanos Sem y Jafet, que se apresuran a cubrir las desnudez de su padre sin mirar, para no avergonzarlo. Por esta indiscreción Noé maldijo a Canaán, hijo de Cam. Este pasaje ya anticipa la posterior prohibición coránica de las bebidas alcohólicas, entre otros motivos por la posible degradación del decoro en las relaciones sociales y familiares.

Debemos saltar ahora varias generaciones, hasta Lot, sobrino de Abraham (Gén 11, 27). Ambos, Abraham y Lot, eran originarios de Ur (identificada con Ur de Caldea y, por cierta tradición islámica, con Urfa, en el Sudeste de Turquía) y deciden abandonarla siguiendo a Teraj, padre de Abraham, y se instalan en Harrán, en la actual frontera entre Turquía y Siria. Aquí es donde Abraham recibe su vocación de parte de Dios, que lo conmina a abandonar su tierra y la casa de su padre idólatra para ser patriarca de un gran pueblo (Gén 12, 1-3). Lot marchará con él hasta que las discordias entre los pastores de ambos jefes provocarán su separación y el traslado de Lot a las tierras de Sodoma y Gomorra, mientras Abraham se instala en Hebrón. Las tierras sodomitas, entonces ricas y fértiles,  fueron asoladas por una coalición de cuatro reyes enemigos, que secuestraron también a Lot. Abraham sale en su auxilio y lo libera. Al regresar vencedor es recibido por la fugaz y enigmática aparición en escena de Melquisedec (Gén 14, 17-29). Este personaje reúne las ideas de realeza, justicia y sacerdocio, ya que se dice de él que es “rey” y “sacerdote del Dios Altísimo”. ¿Y qué hace al bendecir a Abraham? Ofrece “pan y vino”. Es la primera vez que en la Biblia se vincula el sacerdocio y la idea de majestad con el ofertorio de las sustancias de pan y vino. La historia y la arqueología han demostrado que, como en el caso también de la cena de Pascua llevada a cabo en Egipto por los judíos a punto de huir, era costumbre entre los diferentes pueblos nómadas semitas la realización de banquetes propiciatorios que unían a la comunidad y buscaban el favor de  la divinidad. Es evidente, por otra parte, que este pasaje anticipa la figura de Jesús como sacerdote universal, príncipe del Reino de los Cielos y Salvador, conceptos que, en el Cristianismo, llegarán a su cúspide sacramental en la celebración del llamada Última Cena, en la que Jesús parte el pan y bendice el vino, acción recordada por la Iglesia en la Eucaristía (del griego Εuχαριστία,  “acción de gracias”). Comprobamos así que en el pasaje de Melquisedec el vino no se asocia con la idea de embriaguez, si no con el acto sacrificial y religioso.

Es ahora cuando regresamos a Lot, que continuaba instalado en Sodoma. Omitimos el pasaje de la visita a su casa de los emisarios de Dios y el consiguiente conflicto con los sodomitas y que merecería un detallado tratamiento aparte.

Una vez que se produce la destrucción de las dos ciudades pecadoras de Sodoma y Gomorra (Gén 19), la mujer de Lot, en la huida, mira hacia atrás (parábola de la dificultad del hombre para volver la espalda a los malos hábitos) y es convertida en estatua de sal. Lot y sus dos hijas consiguen huir y se refugian en una cueva, en la que ellas trazan un plan que aún hoy causa estupefacción (Gén 19, 30-36): habiendo quedado solos los tres tras la destrucción de las ciudades, las hijas de Lot temen que no encontrarán marido y quedarán sin descendencia, por lo que deciden emborrachar a su padre en noches sucesivas para yacer con él y poder engendrar sendos hijos. Sólo la importancia incontestable que la cultura semita otorgaba a la descendencia y a la continuidad del clan sobre cualquier otra consideración puede explicar este comportamiento. En el pasaje bíblico no se menciona la bebida alcohólica que usaron para emborrachar a Lot, aunque las anteriores referencias al vino en el mismo libro del Génesis, como acabamos de ver, hacen suponer que fue ésta la bebida utilizada. En cualquier caso, sabemos que la cerveza era ya conocida en Oriente Medio en esta época, ya que las primeras evidencias arqueológicas de su fabricación y consumo se hallaron en tierras de Elam, en el actual Irán, alrededor del año 2.500 A.C, y los hechos narrados por los redactores bíblicos se datan aproximadamente hacia principios del segundo milenio A.C. Sea como fuere, hemos mostrado como el Libro del Génesis ofrece varios ejemplos que evidencian que el cultivo de la vid y la fabricación de vino han formado parte de la historia de la Humanidad desde que ésta, con la llegada del Neolítico, aprendió a dominar el secreto de las semillas. La relación de las diversas sociedades y culturas humanas con el vino y otras bebidas alcohólicas ha sido diferente a lo largo de la historia, desde su uso litúrgico hasta el consumo privado, pasando incluso por la alabanza de la embriaguez. En futuros artículos intentaremos dar más ejemplos de esta relación cultural entre el alcóhol y las religiones.
 


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