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Entre océanos de arena y sal (Capítulo 3)

Antonio Pulido Pastor nos ofrece un relato de su viaje por carretera a Mauritana, a una localidad llamada Maatamaulana, para conocer su vínculo con Al Andalus y ofrecer ayuda humanitaria.

26/09/2012 - Autor: Antonio Pulido Pastor - Fuente: El Cobijo de los Vientos
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Celebración de una festividad en la ciudad de Bagamú
Celebración de una festividad en la ciudad de Bagamú

Sábado 7 de Abril.-

El adzan del Fayr (la llamada a la oración) se hace a las 5.30h., poniéndonos en marcha. La intensidad de la luna, el qamar (la menguante) que estas noches riega las arenas no es ni siquiera molesta para nuestro sueño, pues estamos tan cansados que ni esto ni la austeridad de las condiciones en que estamos, consigue desvelarnos.

Partimos a la excursión Juan, Pablo, Paco y yo. Nos acompaña nuestro amigo Hammud, uno de los estudiantes de aquí con los que hemos conseguido intimar y que es a la vez nuestro guía, maestro de ceremonias, así como referente de lengua árabe, puesto que tanto el hasanía que habla, como el árabe clásico o el francés son para Paco y para mí, totalmente accesibles. Partimos en dirección Sur, atravesando las dunas y siendo testigos de un precioso amanecer en la sabana mauritana. Posiblemente los bancos de arena y dunas que la rodean sean la fuente de riqueza hídrica que permitió el milagro de Maatamaulana. Salidos de ellas, una inmensa llanura de arenas consolidadas es el mar que rodea esta isla arenosa. En aquella, la pradera y el bosque aclarado de acacias es la vegetación predominante que permite el sustento de una inmensa ganadería de cabras, vacas y camellos. A unos 5 km. se encuentra el pueblo más cercano en esta dirección y a unos 15 el segundo, donde compramos algo para desayunar sentados en el frescor que la arena ha acumulado durante la noche

Nos acompaña también Salim, otro nativo de Bagamú y amigo de Hammud al que ha buscado por conocer mejor los caminos cuando se pierden en la arena. La sexta plaza ha de pasar al maletero, pues como dicen en la Axarquía, alante no cabemos tós.

El siguiente pueblo, a unos 30 km., se llama Rkiss y es el pueblo grande de la zona, el que sin duda lleva más tiempo consolidado merced a la presencia de un gran lago que permite el mantenimiento de una amplia ganadería vacuna e incluso de caballos. Son los primeros caballos en libertad que veo por Mauritania. También hay agricultura en las tierras del lecho lacustre cuando se secan o en los años en que las aguas no son suficientes para cubrirlas. Aquí existe además un simpático surtidor de combustible que funciona sin electricidad, accionado por una bomba de émbolo que se acciona de forma manual.

Aprovechamos la ocasión para llenar el depósito en previsión de un viaje largo o de un intenso consumo, pues las arenas exigen la tracción total y los atascos consumen mucho al requerir altas aceleraciones.

Sorprendentemente abandonamos las arenas y encontramos una magnífica carretera sin asfalto que aquí, es signo de urbanización y modernidad. El lago Rkiss mantiene agua en su parte inferior y encuentro el primer jinete sobre camello de todo este viaje, un pastor que dirige un gran rebaño de vacas mientras pastan y abrevan en torno a las aguas del lago.

Una hora después llegamos a Bagamú, el pueblo de nuestros acompañantes. Paramos a descansar en la casa de unos tíos de Hammud donde nos reciben con la amabilidad y hospitalidad que es característica de estas gentes.

Bagamú es un pueblo muy pobre, formado por algunas casas edificadas y en su mayor parte por jaimas estabilizadas por una cierta sedentarización. El jefe del poblado viene a vernos y nos acompaña para ver las tierras de sheij Michri.

Nos encontramos una extensa llanura de pastizales que parece inundarse en su parte central en época de lluvias. Existe cierto carácter vértico de los suelos que aparecen cuarteados por amplias y profundas grietas. Veo que cambia la vegetación y encuentro unas leguminosas arbustivas similares a la albaida y que tienen carácter forrajero, así como un árbol que a primera vista me parece ser una especie del género Bauhinia. En una zona del terreno hay un tramo encharcado con una densa mancha de aneas (Thypha sp.)

Finalmente llegamos a río Senegal, aunque arribamos a su brazo más próximo, que queda por completo en territorio mauritano. Sorprende y maravilla encontrarnos después de este enorme desierto un caudal así, proveedor de vergeles. Se asimila al río Tajo a su paso por Aranjuez y lleva tanta agua o más que el Guadalquivir cuando discurre por Córdoba en época primaveral.

Hay algunos cayucos que sirven para cruzar y los niños llevan el ganado para abrevar o carros con depósitos para cargar agua que incluso beben directamente del río.

El paisaje que genera es sumamente agradable y el verde de sus árboles se hace extraño después de tantos días de recorrer tierra yerma. Las aneas cubren los bordes e incluso invaden los terrenos limítrofes donde el acuífero debe ser somero.

Regresamos hasta Bagamú donde somos testigos de la hospitalidad mauritana, pues nos hacen comer hasta tres veces. Primero un gran plato de carne asada de cabra, después sigue otro gran plato de carne con arroz y cuando estamos más que saciados aparece otro enorme de cuscús al que somos incapaces de meter mano.

Como yo no tomo carne, como poco y bebo solamente agua, esta gente dice que soy muy raro. Intento dar explicaciones para no ser descortés y no herir su hospitalidad.

Son las 15.15h cuando emprendemos el regreso. Los viejos del lugar enseñan a Salim el atajo que en el viaje de ida quiso encontrar. De este modo ahorramos camino y llegamos antes hasta Rkiss.

El trayecto de retorno es el mismo aunque en la entrada de Maatamaulana aparecemos por la cresta de la duna sur donde el coche se queda atascado sin remedio. A base de maniobra y potencia consigo sacarlo y atravesar al cuarto o quinto intento.

Sorprendentemente llegamos poco antes de empezar la boda, a las seis de la tarde y no a las cuatro como nos habían dicho en un primer momento.

Se casa Layla Escudero, que ha venido desde Córdoba hasta aquí para unirse en matrimonio con Mustafa Adan, miembro de una importante familia sufí de Níger y tío de Zani. En clara analogía con la curva del río Níger, el país de Mali en su mítica ciudad de Tombuctú, las orillas del río Senegal son en este caso las que acogen el encuentro entre las gentes de África y Europa representadas nuevamente por las tierras de Al-Andalus y el Magreb en un tiempo en que la memoria andalusí parece renacer para recuperar al menos la dignidad que le ha sido negada desde los tiempos de su conquista por francos y sucesores hasta nuestros días.

La ceremonia ha sido breve y sencilla, actuando como cadí el sheij al Michri. Bajo una jaima se aglomeraba la gente separados entre hombres y mujeres con un magnífico colorido provocado por la vistosidad del darrá blanco o azul de dorados bordados, la variedad de turbantes y sobre todo las malefas con las que las mujeres saharianas envuelven su cuerpo.

Una boda es una primavera en el desierto. La belleza surge desde el rincón del hogar envolviendo su cuerpo en un manto colorido y dejando apenas ver sus tremendos ojos de intenso azabache que irradian luminosa dulzura.

No hay banquete ni baile pero coincide con la fiesta del mawlid, el nacimiento del Profeta. Hay preparada una gran carpa y aunque nos retiramos enseguida para comer y descansar en nuestro alojamiento, podemos ser partícipes del dikra general que se transmite a través de la megafonía. Durante toda la noche se prolonga la recitación de poesías, suras del Libro sagrado y otros cánticos. Siendo este pueblo un lugar dedicado a la espiritualidad y tradición religiosa no podía esperarse menos. Sin embargo a algunos de mis compañeros les resulta pesado y molesto, pues no les permite descansar durante la noche.

Hasta después del alba se mantienen los cánticos, amanece enseguida y a las siete empezamos a movernos.



Domingo 8 de Abril.-

Nos vamos a las 9.30 h. de Maatamaulana tras despedirnos de Zani y su familia. Todo el mundo anda más o menos entre sueños después de haber pasado la noche en vela.

Maatamaulana es una isla situada entre un inmenso océano de sal y el enorme mar de canela arenosa que es el Sahara. Su dedicación principal es el cultivo del Conocimiento. Allí se encuentran niños españoles procedentes de Granada y Córdoba que un día decidieron ir allá para formarse como hombres y personas en el marco de la tradición islámica. Sus nombres son Ahmed Fernández, los hermanos Isa y Abu Bakr Ribera, los hermanos Ibrahim, Ayub y Adan Román y los hermanos Omar, Yasin y Mubarak Rodríguez.

De ellos Ibrahim ya terminó y tomó rumbo a Senegal, donde reside actualmente tras haberse casado con una chica nativa de allí. De modo similar, se han formado otros matrimonios mixtos a partir de las hermanas Soraya y Yusura Ribera, casadas respectivamente con Micheri y Zani, dos imponentes mozos de Níger, llegados hasta aquí por motivos de Conocimiento.

En estos días hemos asistido también a la unión de otra cordobesa, Layla Escudero con Mustafa, tío de Zani y miembro de una prestigiosa familia sufí de Níger.

Dice Abd el Naser que en estos días hemos tenido un ejemplo de alianza o al menos encuentro de civilizaciones. Hay quién de los presentes discrepa aludiendo a las similitudes étnicas y culturales entre los componentes de nuestro grupo, dado que incluso procedemos de ciudades próximas. Yo por el contrario, discrepo igualmente, porque conocido el fondo, he visto más desencuentros y rechazo que acercamiento o entendimiento. Sobre todo he visto la postura clásica de inmovilismo ante la supremacía de los valores propios de Occidente. Sin embargo, puedo afirmar que desde luego Maatamaulana es un marco y lugar incomparable para dicho encuentro, conocimiento y entendimiento, que ha sido capaz de causar la fascinación en algunos de los occidentales que por allí han pasado.

He visto la felicidad en los ojos de Yusura junto a su marido, habiendo sido capaz de renunciar a un mundo de comodidades y facilidades frente a una austeridad de vida difícilmente encontrable hoy en día en Europa. Creo que es un verdadero ejemplo de desapego y autenticidad que esta mujer de tan solo 18 años puede dar a todo un continente como es este de aquén de mar. Su felicidad consiste en pasar cada día junto a su marido, a la espera de que llegue el día en que nazca la criatura que ambos esperan. Su vida transcurre a 40 grados a la sombra de un tejado de chapa metálica donde la única ventilación la genera el aire del desierto o la sabana más o menos cargado de arena según una u otra proveniencia. No les falta el agua caliente, porque es inherente al clima y al terreno, más aún en el interior de estas casas semimetálicas que serían consideradas infrahumanas en este nuestro país. El suministro se interrumpe desde la mañana a la tarde, porque la electricidad la genera un motor diesel que bombea e impulsa el agua desde el pozo y el aljibe principal. Entretanto, un cubo grande suple el suministro inter horas.

No hay abundancia en estas casas, pero no se advierte la pobreza en los hogares porque sobre todo rebosan felicidad y dignidad.

La felicidad es más fácil con la renuncia de lo material

Frente a ello, nos presentamos nosotros, esclavos de lo accesorio y lo innecesario, meros autómatas obsesionados por el control del tiempo y los rendimientos para lograr una producción que nos genera problemas de excedentes. A veces pienso que esto es inducido por simple miedo, el miedo a lo desconocido del futuro, tal vez estos árabes y arabizados, que solo piensan o hablan en pasado y presente, no conozcan o no se preocupen del futuro, por eso quizá no atesoran y confían siempre en que la mano de la Providencia está llena y es generosa en todo momento.

Veo un gran equilibrio en estos seres humanos que no puede ser sino objeto de respeto y admiración.

Hacia las 13.30h. llegamos a Nuakchott por la misma carretera que salimos. El caos es el mismo, en sentido inverso, los carros tirados por pequeños asnos discurren lentamente por el carril izquierdo, donde hoy hay unos operarios retirando arena, a poco que me descuido veo un coche venir en sentido contrario que se mete poco después por un hueco de la mediana para incorporarse a los carriles opuestos a nuestro sentido.

Buscamos alojamiento y descansamos. Mis compañeros andan con problemas de ligereza intestinal y alguno necesita el reposo.

No tengo noticias del grupo de Mohammed Abdela y Shuayb.

Me ha parecido muy breve la estancia en el desierto. Cierto es que el calor es insoportable en el interior de las casas, el sol quema en extremo durante la mañana y para quién está acostumbrado a la actividad se puede hacer difícil tanta monotonía y parsimonia. Me hubiese gustado conocer más profundamente el entorno personal de los chicos y de los profesores, ver manuscritos antiguos, hablar con gente de la concepción del tiempo, de la paciencia, del destino y de tantas cosas del no visto que sin duda favorecen la comprensión y desarrollo de la Intuición, esa parte del ser humano que no atiende a la razón.

La razón es un velo para el ojo del corazón
Las circunstancias y coincidencias han hecho que por otra parte, haya vacaciones escolares, que profesores y alumnos no estén allí en pleno y que el sheij al Michri se encuentre muy ocupado atendiendo las numerosas visitas que han llegado en estos días hasta el pueblo. Por tanto no podido participar en más conversaciones con este que es un sheij de lo externo y de lo interno, como dicen quienes le conocen bien.

El fuego de las arenas se traspasa al cielo en esta tarde de Nuakchott cuando la noche pide su turno encendiendo el lucero vespertino.

Lunes 9 de Abril

Me levanto por la mañana temprano para estar a primera hora en la oficina de cooperación española. Consigo ser recibido por el director, Juan Peña y hablar con él. Le traigo saludos de nuestro común amigo Federico Manzano.

En casa de Ahmed encontramos a Abd el Naser quién anda por Nuakchott haciendo gestiones administrativas para conseguir que su yerno Micheri pueda subir a España, recoger a su esposa Soraya y ver a su común hijita que nació hace quince días en un hospital de Granada. Finalmente parece ser que Marruecos no le concede la visa para atravesar su territorio junto a nosotros por carretera. Me dice que el vehículo que esperamos con los demás compañeros se va a retrasar un día más y entonces decidimos subir por nuestra cuenta para visitar el Parque Nacional del Banco de Arguin, de camino hacia la frontera. Quedamos en vernos la noche del día siguiente en la jaima de Nabila, cerca de la frontera.

Ahora podemos contemplar las vistas del paisaje que durante el trayecto de ida hicimos de noche. Hay unas preciosas dunas de arena tostada, me recuerdan enormemente a mi especia preferida e imagino ingentes montañas de canela. Desde la carretera general, a unos 230 km. de Nouakchott hay un gran edificio de color almagra y un poco antes está la entrada para el Banco de Arguin, unos 50 km. de dunas y bancos de arena que hacen muy penosa la conducción. El coche responde muy bien, después de todo lo que hemos pasado.

Finalmente llegamos a una pequeña aldea de pescadores que se llama Irwik. Es sorprendente la enorme bahía que hay formada de fondos muy someros. El color de las aguas es de un intenso color azul y hay una gran cantidad de aves acuáticas, aunque nos dicen que la época buena es la invernada procedente de Europa.

Pasamos la tarde en la playa observando a los flamencos y nos alojamos en un camping perteneciente a la cooperativa de pescadores y compuesto por unas cuantas jaimas adecuadas al efecto.

Cuando la luz del magrib desaparece nos envuelve un oscuro cielo cuajado de estrellas como nunca tuve ocasión de contemplar. Aquí la oscuridad reluce, el punto luminoso artificial más cercano se encuentra a más de 200 km. de distancia. Frente a nosotros el mar y el cielo son una misma cosa, diferenciados únicamente por el dosel de diamantes que salpica el negro telón celeste.

El oscuro azabache de la noche se difumina y desvanece cuando aparece la fuerza plateada de un cada vez más debilitado qamar (la luna menguante).

Definitivamente Mauritania es un viaje al mundo de la arena y de la sal, una Naturaleza que se resiste a ser dominada completamente por el hombre, quién sin embargo sabe los modos y los límites por los que puede discurrir en ella.

Es fácil apreciar un brusco cambio solo con cruzar la frontera del vecino país de Marrakech, ciudad que un día fuera la capital de ambos territorios. La fascinación que se encuentra en Marruecos, se vuelve aventura en Mauritania. La semblanza y memoria que allí puede encontrarse del legado andalusí entre sus palacios, sus medinas, sus zocos, sus habitantes, aquí se torna en presencia viva con las nómadas tribus que un día se denominaron almorávides, los muttalazim (los velados), y que llegaron hasta las puertas mismas de Toledo o Mallorca y que incluso conquistaran Libia, Túnez y parte de Argelia de manos de los cordobeses Banu Ghanya tras asentarse en la isla de Mallorca.

Conocer al sheij al Michri ha sido una experiencia de este nivel. Su hábito nómada parece insometible de modo tal que ama la jaima tanto como el techo celeste. Cualquier excusa es buena para reunirse al cobijo de alguna que mantienen en sus patios de la casa. Compartir con ellos algunos momentos ha sido un viaje a la época de Yusuf ben Tashfin, donde el único cambio producido ha sido la sustitución de la espada por la pluma o la linterna con la que el sheij señala a modo de puntero las cosas o las personas una vez que desaparece la luz del día. Se me viene a la cabeza que el instrumento, tal que la luminosa espada del guerrero de las galaxias, no deja de mantener la misma simbología lineal, en este caso con la carga asociada del rayo de luz.


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