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Periodistas y verdades contradictorias

Al tratar con realidades complejas, siempre acabamos encontrando verdades contradictorias

11/09/2012 - Autor: Farouk Ait Nasser - Fuente: Webislam
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Periodistas y verdades contradictorias

Todo periodista al escribir, lo hace con el fin de conquistar la verdad. Pero, en la mayoría de los casos, resulta ser no más que su propia verdad. Una simple verdad que él está capacitado para entender, que se forma con sus aptitudes inventivas y la defiende con su ideología, con la que ilimitadamente se identifica. Pero esta verdad debe cumplir con los caprichos y exigencias de la editorial. Cuando sale a la luz, superando con éxito la censura editorial, esa “verdad” empieza a contar con el apoyo de la audiencia, que la reproduce eufóricamente deformándola aun más, maltratándola aun más. Bajo esta premisa, el proceso se prolonga, a veces dentro de un espiral de verdades y mentiras todo acaba adquiriendo proporciones catastróficas, como cuando algunos creen ciegamente las historietas que relatan los medios periodísticos convencionales. Como los que creen ir a liberar a un pueblo y acaban manchando las manos de sangre inocente de dicho pueblo, privándole, encima, de su libertad. Estos medios puestos en poderosas manos capitalistas solo entienden de la lógica de lo fructuoso y lo rentable. Vendiendo valores, conceptos prefabricados, principios desechables, fruto de aberraciones mentales capitalistas. Opinando sobre países y sus respectivos gobiernos sin ningún tipo de miramiento ni respeto. En otras palabras, la verdad “periodística” se convierte en un simple producto de consumo. Tratándose, igualmente, de compra y venta de información con métodos tradicionales y primitivos para el manejo de una “verdad” dócil, útil y favorable. Con el tiempo, el lector se acostumbra a esa verdad, creándose un vínculo afectivo y de fidelización  entre los proveedores de información y el consumidor que pierde la capacidad de cuestionar o defenderse de aquello que lee. De ahí podemos hablar, con toda certeza, de un proceso metodológico de formación de la opinión pública.

A través de la educación y de acuerdo al método de la repetición, acabamos estando atados a una cultura que influye en nuestro modo de pensar y nuestra percepción de la realidad. La cuestión de la identificación con una sociedad supone un factor esencial que contribuye en la formación de la personalidad ideológica de cada periodista que intenta informar o creer informar de manera objetiva. Por consiguiente, hallar objetividad en la información que proporcionan los  medios periodísticos es una mera ilusión o algo que atenta descaradamente contra el sentido común.

El problema surge cuando el periodista cree servir a un fin noble, cuando cree trabajar propiamente para el bien de la comunidad. Cuando se siente generoso compartiendo con nosotros su cicatera verdad que no es más que un punto de vista que brota de mentes inmaduras. Inexpertas, por reproducir las mentiras de sus amos, consciente o inconscientemente. 

Toda referencia a la tergiversación, manipulación u omisión de información, por parte de los poderosos proveedores de información supondría la reiteración de lo que todos conocemos sobre estas infames prácticas periodísticas, –una insidia contra la deontología profesional periodística si existe tal deontología–no pueden ser enmendadas aunque se reúna la voluntad necesaria para ello. Porque, generalmente, resulta difícil hallar indicios en el mundo del periodismo sobre la posibilidad de que los “profesionales de la comunicación” traten con la cuestión de las verdades “contradictorias” con mentalidad abierta, porque siempre acaban rechazando una y aferrándose a otra, aplicando dicha norma en todo la información filtrada que producen, denominándola “noticia”. Un claro ejemplo de una verdad contradictoria lo encontramos en tiempos de guerra. Es cuando más se necesita del servicio de los periodistas y es cuándo más nos defraudan, y es cuando más se prostituyen exclusivamente para un bando de guerra haciéndonos odiar al otro, desde luego, en términos generales, aun estando en el siglo XXI todavía no se puede hablar de periodismo de paz. Todos empiezan a repetir la canción de que son portavoces de aquél pueblo y se plantea la siguiente pregunta ¿de qué pueblo? El que defiende su Gobierno o el que está en contra del mismo. ¿Acaso el capitalismo con sus polluelos periodistas son quiénes poseen potestad para dictaminar quién es el auténtico pueblo y quién es no?

Un punto importante a resaltar, es que la percepción de un determinado hecho varía en función de la línea editorial del periódico y los ejemplos abundan al respecto. Aún se maneja la verdad, se moldea y se convierte en algo digerible para la opinión pública; cada cual con su agenda política. Cada cual inmerso en sus certezas descartando otras, las de otros. Sobre el asunto, nos ocurre el siguiente ejemplo, por citar uno, citamos este: un periodista cuenta a sus fieles lectores cubriendo un fenómeno que le es extraño e igualmente ajeno, aseverando lo siguiente “El velo llega a la televisión pública egipcia” y se pregunta el audaz periodista sobre el mismo fenómeno si es“¿libertad o retroceso?” Y nosotros nos preguntamos a modo de responder a su pregunta, ¿no sería un retroceso cognitivo por parte de aquel periodista su falta de consideración y respeto hacia otras culturas y lo que éstas entienden por libertad? Resulta que la verdad en este contexto –la del periodista- contradice la verdad de los que hablan árabe y profesan la religión musulmana y conocen bien el concepto de la libertad de acuerdo a su fe religiosa. De ahí la ejercen según sus convicciones. ¿Tenemos que despojarles de ese derecho en nombre de la libertad y la perturbadora modernidad occidental?
Las verdades de la que se nos intentan convencer suelen ser demasiado fáciles de entender, poco complejas y no dan cabida a contradicciones. Los periodistas creen entender el mundo de forma insolentemente clara, incluso según una lógica crédula, que provoca risas y lágrimas entre los más doctos. Pero algunos lectores desafortunadamente acaban asimilándola, carecen de inmunidad contra las enfermizas mentiras periodísticas, por tanto familiarizase con ellas, crecen con ellas y no pueden abandonarlas y esto complica cualquier intento de diálogo constructivo, porque provoca que cada cual crea en su propia verdad, por no querer buscar otra, por serle más cómoda. A todos nos gusta lo fácil, lo que se encuentra a nuestro alcance. A todos nos gusta limitarnos a ser un espejo, que absorbe y refleja imagines pero nunca cuestiona la veracidad o genealogía de esas imágenes. Sin embargo, todo implica un reajuste de mirada, una profundización más en ciertas cuestiones y ciertas verdades se exhiben desnudas ante nosotros. Pero eso requiere mucho esfuerzo, y el ser humano de a pie no está para quebradores de cabeza. La sabiduría popular llama locos a los filósofos que prenden un largo, tortuoso y abrupto camino en busca de la verdad, ¡qué más podemos esperar de dicha sabiduría!


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