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Entre océanos de arena y sal (Capítulo 2)

Antonio Pulido Pastor nos ofrece un relato de su viaje por carretera a Mauritana, a una localidad llamada Maatamaulana, para conocer su vínculo con Al Andalus y ofrecer ayuda humanitaria.

19/09/2012 - Autor: Antonio Pulido Pastor - Fuente: El cobijo de los vientos
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Cayucos de pesca
Cayucos de pesca desembarcando en Nuaschott

Miércoles 4 de Abril.-

Amanezco con sensación de poco descanso. La noche de Nuakchott tiene muchos mosquitos. La llegada del día y el intenso despliegue de luz que a aquí se vierte no me deja dormir, es algo que siempre me suele ocurrir. Vamos a ver a los niños españoles de Maatamaulana que vinieron a ver a sus padres hasta aquí. Se encuentran en casa de Ahmed, un mauritano casado con una española y amigo de ellos.

Sus nombres son Adán, Ahmed, Yasin, Mubarak, Isa, Omar y Abu Bakr.

Voy a la oficina técnica de cooperación española donde dejo el paquete que me hizo llegar Claudine desde Sevilla para unos amigos suyos. No se encuentra el director de la Agencia, con lo que no puedo entrevistarme con él. Seguidamente vamos al zoco principal. Hace ya mucho calor, mi termómetro marca 32 grados pero el sol quema bastante y el aire es seco y cálido.

La sensación es algo parecida a Marrakech, por el ambiente multitudinario y caótico, el hervidero de coches viejos malsonantes y en continuo atasco, los carros tirados por pequeños onagros y un bullicio inusual inmerso en un marco arquitectónico a medio terminar. Aquí la arena es el signo distintivo con el país marroquí, además de la rusticidad y falta de lujo o elegancia de las capitales imperiales del norte almorávide o almohade. Otro es el enorme colorido en telas y vestidos, la vistosidad del darrá saharaui, la prenda de vestir típica de los hombres, los vistosos saris de las mujeres y la negra tez de hombres y mujeres que parecen dominar en el estrato poblacional.

Aquí se encuentra el cacao puro, el oscuro azabache sobre la piel de los hombres libres, los mercaderes, mientras que en el norte, en sus rostros solo hay trazas, más o menos marcadas, según las familias y la piel de ébano suele marcar humildad de condición.

Nos invitan a comer un magnífico plato de arroz con pescado, algo típico de esta tierra de clara influencia senegalesa. Después de la sobremesa vamos al puerto, a la lonja de pescado.

La sorpresa es mayúscula y la emoción es rebosante. El trajín, el colorido y la viveza allí existente es un auténtico espectáculo cotidiano y de libre participación que caracteriza a esta ciudad. Recuerda precisamente a las operaciones de almadraba si bien aquí se trata de un simple desembarco de pescado.

Los cayucos son alargados, multicolores, de anatomía perfectamente adaptada al faenado sobre las indómitas olas del Atlántico. Cada barca está asistida por tres o cuatro hombres o muchachos que llevan el pescado a la carrera sobre sus cabezas para llegar a la lonja mientras sus flancos y espaldas son asaltados por satélites depredadores que les meten mano y roban la mercancía en su difícil transcurso por la arena.

Un enorme contingente de mujeres se encuentra a pie de playa esperando el fruto de la mar que sus hombres sacan hasta aquí. Otros reparan redes y otros simplemente miran y conversan.

No había visto nunca algo tan multicolor y no deja pues de ser un jardín femenino. El ébano y la caoba no tuvieron nunca tanto ornato y belleza como impregnado en estos rostros de mujer, dominados por grandes astros de intenso brillo que dicen ser sus ojos.

La brisa marina se adereza con el sol de la tarde, Xams al axiiyan, y el paisaje es sublime.

Los problemas pasados hasta aquí parecen haberse disipado, la sonrisa es más ágil y puedo disfrutar de todo esto en la plenitud de su magia.

Compramos pescado que podemos preparar con carbón en la arena del jardín donde nos alojamos.

Jueves 5 de Abril.-

Jueves Santo en España. Mientras, nosotros vamos aprendiendo lo que es el calor y la parsimonia mauritanos. Hoy es el viaje a Maatamaulana y para prepararlo es necesario organizar la marcha en taxi de los niños españoles que han venido para recibirnos en la capital.

Entre tanto, hay un par de horas para dar una vuelta por la ciudad. En esas visitamos la mezquita verde, a la que no nos dejan acceder debido a nuestro aspecto de turistas y la difícil justificación de formar parte de la umma islámica. Nos vamos pues al zoco principal donde consigo comprar el lizam característico de los legendarios hombres velados del Sahara.

Salimos a las 12.30h con dirección a Maatamaulana. La salida de la ciudad es un auténtico caos circulatorio. Existe una vía de doble carril en la que prácticamente se ha perdido el central debido a los acúmulos de arena. Los carros de tracción asnal circulan por esta vía, siendo un contrasentido no esperado que confunde bastante. A colapsar el tráfico ayuda también algún que otro vehículo que se mete en sentido contrario para cambiar de rumbo.

Ha habido un corte de suministro eléctrico y no funcionan las estaciones de servicio por lo que tengo que regresar al inicio para buscar una donde repostar. Conseguido el objetivo logramos salir de esta ciudad. Nos enfrentamos a unos 150 km. diferenciados en un tramo asfaltado de unos 130 km. y unos 35-50 km. de pista sobre arena.

El asfalto discurre entre terrenos de dunas trazado por enormes rectas y cambios de rasante marcados por el vaivén de las dunas y la sucesión de ramblas y wads. El calor es como terrible, podría semejarse a los intensos días de verano en el terral malagueño o la campiña del Guadalquivir. El aire es tórrido y la luz espectacular. Debo cerrar la ventanilla porque el aire lateral mete arena en el coche.

Se suceden los valles, las arenas y los colores hasta llegar al cruce de caminos donde hay una mínima infraestructura para asistir a los viajeros que normalmente han de hacer largas esperas a los vehículos de enlace.

Hemos podido constatar este punto dado que la mitad de nuestra expedición está formada por una furgoneta que no es capaz de circular fuera del asfalto debiendo esperar el retorno del taxi. Nosotros hemos de atender la llegada del taxi desde Nuakchott donde viene sheij Hammud, quien nos hará de guía hasta el pueblo. El taxi es un vehículo todo terreno descubierto, en el que se llegan a subir hasta veinte o veinticinco personas, aunque a primera vista pueda parecer increíble. La manera de aprovechar el espacio y los recursos es asombrosa.

El camino es una pista rodada sobre la arena, unas veces más suelta , otras más apelmazada, no hay apenas otra dificultad que esta, pues todo son rectas y llanos, sin apenas pendientes. La altitud media es de unos 56 m. sobre el nivel del mar que me sorprende bastante. Esperaba dunas móviles y se trata de un sistema de sabana, consolidado por un rico tapiz herbáceo y un difuso estrato arbóreo dominado principalmente por acacias y arbustos de tipo Retama.

El paisaje cambia profundamente respecto al desierto que hemos conocido hasta ahora y nos flanquean rebaños de cabras, asnos y camellos. Es explicable ahora la ocupación pastoral de estas familias, compatible con el sedentarismo en torno al pueblo.

Llegamos al pueblo hacia las 17.30h., coincidiendo con el taxi que había salido justo antes que nosotros.

Nos recibe Mohammed II (Zani), el yerno de Abd-l-Naser, en su casa y el taxi vuelve para buscar al resto de nuestros compañeros que llega unas 2.5 horas más tarde.

Esta noche conocemos al sheij Michri en su casa que nos invita a cenar. Dormimos al aire libre el en patio de la casa de Zani y Yusura. La temperatura es muy agradable, tal que una noche de verano andaluza y el cielo se presenta cuajado de estrellas.

Viernes 6 de Abril.-

Nos levantamos al amanecer. La luz del día es intensa aquí a partir de las seis de la mañana. Desayunamos en casa del sheij y nos enseñan el pueblo. Puedo comprobar la situación del sistema eléctrico del pozo y del pueblo, el pequeño jardín botánico que ha montado la cooperación francesa y algunas de las escuelas que hay.

A partir de ello podemos hacernos una idea de las necesidades que es preciso resolver o establecer al menos una jerarquía de prioridades. Me sorprende encontrar en el jardín plantas de algodón y cítricos que prosperan muy bien.

El resto del día lo pasamos a cobijo de la sombra en alguna de las casas. De este modo puedo comprobar personalmente el horno en que se tornan estos salones bajo la cubierta de una chapa ondulada metálica. Hacemos entrega del material que traemos, gafas usadas, medicamentos, un ordenador, juguetes, ropa y dinero. Establecemos la estrategia de acción junto con los locales, que se han constituido en la asociación local Bushara, dirigida por Zani y el hijo del sheij. También se encuentra aquí Mohammed Bá, de Senegal que tiene previsto establecer la misma estrategia para poder trabajar de igual modo en su país.

Esperamos a que llegue la novia que viene desde Córdoba para casarse aquí. Llega la noche y aún no ha aparecido. Estamos en casa del sheij al Michri cuando se presenta la comitiva de boda en esta casa, donde les dan la bienvenida, el tarhib, y nos invitan a cenar.

La sobremesa es corta, pues ellos están cansados y nosotros hemos de retirarnos pronto, pues madrugamos para viajar hasta la orilla del río Senegal, donde el sheij al Michri tiene otras tierras donde puede ponerse en práctica el regadío con facilidad. Finalmente nos pasamos de la 1.30 h., como casi siempre y hemos de estar listos tras la oración del Fayr, a las 6.00 h. de la mañana.


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