webislam

Sabado 7 Diciembre 2019 | As-Sabat 09 Rabi al-Zani 1441
880 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?=0

Siglo XXI: tiempo de revoluciones desde abajo (I)

La impronta indo-afro-latinoamericana

06/09/2012 - Autor: Isabel Rauber - Fuente: Rebelión
  • 2me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

Portada: Revoluciones desde abajo
Portada: Revoluciones desde abajo

La problemática

Las revoluciones socialistas ocurridas en el Siglo XX pueden definirse -siguiendo reflexiones de Engels acerca de los derroteros diversos de las revoluciones sociales-, como revoluciones desde arriba, es decir, revoluciones que apostaron a cambiar la sociedad desde las transformaciones económicas (tipo de propiedad), gestadas desde el aparato estatal-partidario, engranaje de centralización y control político, económico, social y cultural. De ahí que la “toma del poder” –reducido a la apropiación del aparato estatal- fue definida como el centro del quehacer revolucionario de aquella estrategia (Lenin), desplazando la propuesta de revolución social (Marx).

En conclusión puede decirse que las revoluciones socialistas del siglo XX, en tanto revoluciones desde arriba, apelaron al Estado como herramienta fundamental del cambio, e hicieron del partido (de vanguardia) su personificación política. Se centraron en la conquista del poder político para –desde ahí-, poner fin a la propiedad privada de los medios de producción y de la producción toda. Apostaron a la política (institucionalizada) para modificar la economía y, a través de esta, toda la sociedad. La misión del partido de vanguardia era -en esa estrategia-, garantizar esto.

Sus objetivos fundamentales se centraron, por tanto, en lograr el desarrollo económico, entendido y aceptado como sustrato de la base “material” indispensable para pasar al socialismo. Esa meta, que -a partir de la experiencia leninista de la revolución en un solo país-, configuraría el período de transición al socialismo, se alcanzaría apelando –generalmente en primera fase-, al capitalismo de Estado.2 Por esa vía los procesos de transición avanzaron hacia la conformación un tipo peculiar de socialismo, el socialismo de Estado o estatista.3

Los objetivos de la liberación humana, que solo puede ser obra consciente y voluntaria de los seres humanos mismos, resultó relegada, sujeta y pospuesta frente a lo económico. La revolución social, que –de haber sido tal- debió haber desencadenado, profundizado y apelado a un proceso radical de transformación cultural de la sociedad, se transformó en lo contrario: construyó diques de contención/exclusión del desarrollo del papel activo de la conciencia, y apostó a que las conciencias se transformaran – mecánicamente- en “socialistas” como reflejo (pasivo) de los cambios ocurridos en la economía. La historia le “pasó la cuenta” sin tapujos, a este modo de pensar/hacer la transformación social.

A lo largo del siglo XX, las diversas experiencias socialistas que existieron -pese a las diferencias que existen entre ellas-, continuaron la senda iniciada por Lenin en octubre del 17 y apostaron -en lo fundamental- a desarrollar un socialismo de estado: la apropiación-transformación del aparato estatal y sus instituciones, por parte de partidos u otro tipo de organización política considerado “la vanguardia”, para –desde allí-, desarrollar la economía y –con ello, supuestamente-, las conciencias de hombres y mujeres de la sociedad toda.

La estatización creciente de los diversos ámbitos de la vida social lo invadió todo, incluso el desarrollo de la vida doméstica cotidiana, tergiversando –cuando no contradiciendo-, el postulado originario de liberación.

-La apuesta a la construcción de una nueva cultura como elemento clave para la superación del capitalismo quedó, de hecho, fuera de los procesos socialistas.

-La práctica centralista del estatismo aumentó el funcionamiento burocrático, incrementando los métodos autoritarios, centralistas, verticalistas y subordinantes heredados de las sociedades clasistas anteriores.

Poco a poco, las decisiones sobre las transformaciones, los pasos a seguir, los esfuerzos a entregar, le fueron arrebatados al pueblo de sus manos y de su conciencia. Se produjo un creciente extrañamiento, un alejamiento de lo que debió haber sido apropiación y, con ello, le fue arrebatado al pueblo el proceso revolucionario mismo. La alienación política heredada, lejos de disminuir tendió a incrementarse, llegando en algunas realidades del campo socialista a provocar un quiebre total entre el régimen político, la vida de los dirigentes, y el conjunto del pueblo, sus aspiraciones, anhelos y necesidades.

La existencia y desarrollo de procesos de extrañamiento crecientes de los actores fundamentales respecto a lo que debió haber sido su proceso revolucionario, así como el consiguiente paternalismo y clientelismo social que trajo aparejado el afianzamiento del socialismo de Estado en manos de la dirigencia partidaria, fue uno de los daños culturales y políticos más graves y profundos de aquel socialismo real. Los resultados de tal concepción emergieron a la vista del mundo al compás de la caída de las piedras del muro de Berlín: Ni hombres ni mujeres nuevos, ni sistema socialista de producción material-espiritual de la vida social.

Reflexionar críticamente acerca de las experiencias socialistas del siglo XX resulta en consecuencia, además de un compromiso con la historia de los pueblos, un empeño vital a la hora de replantearse hoy la superación del capitalismo, sus vías y métodos, y las formas de organización y participación de los protagonistas fundamentales. En este sentido, resulta claro que lo relativo a la democracia, la participación y el control populares, tienen tanta importancia como lo inherente a la construcción de un nuevo poder y una nueva cultura. De conjunto, resultan cuestiones de fondo que hacen a la posibilidad de construir la nueva sociedad, que en el siglo XXI requiere –junto al rescate crítico de las enseñanzas de las experiencias socialistas del siglo XX-, de nuevos enfoques y propuestas.

Una nueva proyección estratégica: La revolución desde abajo

En los últimos 30 ó 40 años, los movimientos sociales de América Latina protagonizaron grandes revueltas populares. Estas estimularon los debates acerca de la posibilidad de cambiar la realidad, acerca de la orientación y el alcance estratégicos de tales cambios, y acerca de quiénes serían los sujetos que los llevarían adelante. Se plantearon reflexiones netamente políticas centradas en la problemática del poder: en qué consiste, cuáles son los mecanismos de su producción y reproducción, cómo se transforma, por qué medios, quiénes y para qué, o sea, con qué objetivos y orientación estratégica. Aguijoneadas por los fragores de las resistencias y luchas sociales, se fueron creando y desarrollando elementos claves de lo que hoy configura una nueva concepción estratégica acerca del cambio social, acerca de la construcción del poder propio, y acerca del sujeto(s) capaz de construir, sostener y profundizar los procesos sociales de cambio hacia la construcción de una nueva sociedad, superadora del capitalismo.

Esa concepción estratégica, que no apuesta (ni espera) a tomar el poder institucional para desencadenar/articular el proceso socio-transformador, que no confía el cambio de las relaciones sociales entre hombres y mujeres a decretos emanados de la superestructura estatal-gubernamental-partidaria, que construye poder popular a partir de apostar a la formación de sujetos conscientes, protagonistas del proceso revolucionario de cambios, es la que permite definir hoy a las revoluciones sociales como revoluciones desde abajo.

Nuevos componentes paradigmáticos:

-La transformación de la sociedad comienza en el seno mismo del capitalismo, sin esperar (apostar/condicionar) a la toma del poder. Esto significa que el poder (popular) se construye desde abajo y desde el interior del sistema regido por el capital, disputándole su hegemonía, construyendo poder y hegemonía propios.

-El poder no es un objeto, ni radica en un lugar determinado. Es una relación social macro-articuladora y reguladora de la interarticulación del conjunto de relaciones sociales, estructurada desde y a partir de intereses de clases, que resultan -en tal interrelación- predominantes. En base a esto se conforman las fuerzas sociales que actúan en pro del afianzamiento de los mecanismos de producción, reproducción del metabolismo social existente y las que actúan para frenarlos, modificarlos o reemplazarlos radicalmente. Entre ellas, naturalmente, se configura un más o manos amplio abanico de fuerzas y sectores sociales que se posicionan de forma alternativa a favor de uno u otro polo en conflicto.

-La conquista del poder no puede ser, por tanto, un acto (toma del poder); es un proceso articulado/mediado por la construcción de poder popular (poder propio), en tanto no es el poder del capital el que se busca ejercer sino el poder del pueblo. Y para eso debe ir construyéndose. En dicho proceso, el pueblo irá tomando conciencia de su capacidad de poder y de los modos y vías para ejercerlo, organizándose para ello –empoderándose- sobre nuevas bases, desarrollando prácticas colectivas que abran camino hacia lo nuevo a la vez que lo van creando y construyendo día a día en todos los ámbitos de sus actividades.

-El sujeto del cambio, el sujeto revolucionario, no existe como tal a priori, es decir, previo a la experiencia. Es en las resistencias y luchas sociales, en la construcción de alternativas sectoriales e intersectoriales, coyunturales y estratégicas, que los diversos actores van desarrollando su conciencia política y avanzando hacia formas complejas de organización y articulación, es decir, hacia la constitución (auto-constitución)4 del actor colectivo, fuerza social y política creadora, impulsora y realizadora de los cambios.

-Se trata de un sujeto plural, de un colectivo de actores sociales y políticos diversos, que se van articulando en uno y constituyéndose en actor colectivo sobre la base de compartir la orientación estratégica, virtual imán que atrae y tracciona -con modos y por caminos disímiles- a las resistencias, luchas y propuestas alternativas de cambio.

-El proyecto de nueva sociedad se define en el proceso mismo, con la participación activa y protagónica de los actores y sectores sociales que participan del proceso de lucha y transformación social. No emana del trabajo de un grupo de profesionales reunidos en un congreso partidario. El nuevo mundo, la nueva sociedad donde la humanidad va a vivir, no puede delegar se en élites ni minorías bien intencionadas, es responsabilidad de todos o, en el peor de los casos, de las mayorías.

La construcción de poder popular desde abajo

En Latinoamérica existen hoy nuevos (y diversos) modos de pensar/transformar la sociedad, surgidos y enriquecidos con las resistencia y luchas de los pueblos. En ellos, la revolución social no se concibe –según la vieja usanza-, como un tiempo, “una etapa” o un proceso que se inicia luego de la “toma del poder”, ni como un resultado de ello; no es “algo que ocurre” en la sociedad a consecuencia de la apropiación de la superestructura política y cambios estructurales por parte de una vanguardia política, cuya tarea central sería construir las “bases materiales” para el socialismo.

A diferencia de la metodología vanguardista que tipificó las prácticas y los derroteros revolucionarios del siglo XX, la propuesta de revolución social desde abajo supone que esta no empieza después de “la toma del poder” sino que nace y se desarrolla en las entrañas mismas del capitalismo, con las primeras resistencias; está presente en todo el proceso, es el proceso mismo. Este posicionamiento y comprensión de la revolución social como un proceso de transformación integral (social, cultural, económico y ético) permanente, se expresa y condensa metodológica y políticamente en el concepto construcción de poder desde abajo.

En esta perspectiva, la transformación de la sociedad se evidencia como un proceso permanente de resistencia, de rechazo al poder hegemónico dominante y –a la vez-, de construcción de lo nuevo, del poder popular. Este nace y se desarrolla desde abajo, se produce, reproduce y expresa en el modo de vida cotidiana individual, comunitaria y social, y que es protagonizado, en primer lugar, por los hombres y las mujeres del pueblo que viven –en el campo o en la ciudad- de vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Son ellos –transformación cultural y construcción del actor colectivo mediante-, los responsables de imprimir el contenido y la orientación al proceso revolucionario de transformación social en cada sociedad, en la medida que sean capaces de crearlo, construirlo, sostenerlo y desarrollarlo.

La revolución social desde abajo apuesta a construir poder popular desde abajo, es decir, a la transformación cultural, política, ideológica y económica del modo de vida implantado por el capital y a la construcción de un nuevo modo de vida, de una nueva civilización humana superadora del capitalismo. Esta tarea reclama no solo de la construcción /autoconstrucción del actor colectivo capaz de hacerla realidad en los ámbitos locales, sino también en el ámbito global, es decir, reclama también de la conformación de un sujeto global. Ello anuncia que se trata de un proceso global de transformaciones profundamente imbricado con una lucha cultural, ideológica y política acerca del ser humano y su existencia, su libertad y sus obligaciones para consigo mismo y sus hermanos, y con la naturaleza.

Precisiones del concepto “desde abajo”

El concepto desde abajo alude, en primer lugar, a un posicionamiento políticosocial desde el cual se produce la transformación de la sociedad y la construcción de lo nuevo, en el que ocupa un lugar central, protagónico, la participación de “los de abajo”. Así lo emplearon, por ejemplo, Marx, Engels y Lenin.

Actualmente, este concepto ha ampliando su significación. Por un lado, algunos sectores sociales y pensadores lo han reinterpretado y enarbolado como contraposición al poder “desde arriba”, como rechazo a todo tipo de dirección centralizada y, por extensión, a toda forma de organización social y política. En la práctica, esto se ha traducido en distintas posiciones basistas, espontaneístas y en la divulgación de un tergiversado anarquismo. Digo “tergiversado” puesto que el anarquismo nunca renunció ni rechazó la organización, muy por el contrario. La disputa fundamental estuvo marcada por los debates en torno al Estado y sus formas de desaparición: ¿se extingue o debe abolirse? Junto a ellos se desarrollaron otros aspectos que es importante rescatar: la defensa de las posiciones libertarias, participativas, el apelo a la horizontalidad y la valorización de lo autogestionario como motor de la libertad individual y colectiva.

Por otro lado, rescatando las significación originaria y el ideario anarquista libertario, el concepto “desde abajo” plantea una nueva lógica de pensamiento, acción y concepción de las relaciones sociales y políticas: tiene su punto de partida siempre en el problema o situación concreta al que se le busca respuesta, propuesta o solución, y en los sujetos involucrados en ello. Esta lógica se contrapone a aquella que sustenta lo que se piensa y ejecuta “desde arriba”, es decir, que piensa y proyecta las acciones a partir de las superestructuras, los aparatos gubernamentales y partidarios, alimentando una metodología propia de las minorías autoritarias, las élites iluminadas y las vanguardias.

Es por eso que, construir poder desde abajo implica, ante todo, una lógica diferente a la tradicional hegemónica acerca de cómo contrarrestar el poder del capital, cómo construir el poder propio, desde dónde, y quiénes lo harán. Esta lógica apela y apuesta siempre al protagonismo consciente de los pueblos y, simultáneamente –recuperando la significación que Marx otorgaba a lo radical-, hace de la raíz de los problemas o fenómenos, el punto de partida y llegada del proceso transformador. Apostar a la construcción de poder desde abajo para transformar la sociedad implica vivir un proceso revolucionario radical, desde abajo. Precisamente por ello, asumir esta propuesta político-metodológica resulta central en los procesos sociotransformadores que hoy tienen lugar en Latinoamérica, independientemente del lugar o la posición desde la cual se impulsen las transformaciones: si desde la superestructura política, o desde una comunidad, si desde un puesto de gobierno, o desde la cuadra de un barrio. El papel que se desempeñe en el proceso de transformación puede estar vinculado o no a lo institucional, puede estar ubicado “arriba”, “abajo”, o “en el medio” de los escalafones jerárquicos establecidos en las estructuras estatales o gubernamentales, construir desde abajo implica -en todo momento, ámbito y relación-, un posicionamiento político-metodológico clave: partir del problema concreto y de los actores en él involucrados, para pensar las soluciones alternativas con ellos y desde su realidad, definirlas, diseñarlas y realizarlas. Supone siempre, por ello, una organización, capacidad y una voluntad colectivas.

Construir poder desde abajo reclama, por tanto, un cambio cultural y político práctico, indispensable para el análisis y la práctica política actuales de los movimientos sociales y políticos de este continente, en tiempo de revoluciones desde abajo. Entiende que:

-La superación de la enajenación humana: la liberación individual y colectiva es el sentido primero y último de la transformación social.

-El poder es una relación social (hegemónica, dominante) resultante de la interrelación del conjunto de relaciones sociales, culturales, económicas, políticas, erigidas sobre los intereses sectoriales y de clase, y reguladas por las interrelaciones entre estas, constituyendo y expresando sobre esa base una determinada relación de fuerzas, con predominio de una, que se constituye en fuerza hegemónica (económica, cultural, política e ideológica), y cuya situación y fortaleza o debilidad es puesta permanentemente en jaque en las interrelaciones de clases, y marca la dinámica del movimiento social y político en cada momento histórico concreto.

-Tener poder propio implica ser capaz de contrarrestar el poder hegemónico al punto de excluirlo como tal del campo de la determinación de las relaciones sociales y, a la vez, construir su propia hegemonía en las relaciones sociales y mediante la construcción de otro tipo de interrelaciones sociales, culturales, económicas y políticas. Supone articular la resistencia, lucha y construcción popular, en todos los ámbitos: desde el supuestamente mas ínfimo y cotidiano hasta las instituciones superestructurales, sobre la base de una lógica propia, radicalmente diferente de la del poder que se pretender superar, o se quedará prisionero de su hegemonía y poder por más que se logre desplazarlos del aparato institucional (socialismo del siglo XX).

-La transformación de la sociedad se desarrolla en un proceso complejo (proceso de procesos) que anuda simultáneamente participación, construcción, apropiación y empoderamiento colectivos, a partir de promover el protagonismo de todos y cada uno de los actores y actoras sociales y, consiguientemente, su conciencia y organización.

-Rechaza la lógica, organización, pensamiento y prácticas jerárquicas y verticalistas, discriminatorias y excluyentes. Y se propone desarrollar la horizontalidad como base para una nueva cultura solidaria y equitativa (en la práctica, el pensamiento, la organización, el poder).

-La participación democrática es una característica sine qua non del proceso de transformación (y de la nueva sociedad). Su núcleo articula la participación desde abajo del pueblo consciente y organizado, con el pluralismo (aceptación y convivencia con las diferencias y los diferentes), y la interrelación horizontal.

-El sujeto (social, político, histórico) del cambio es plural; se expresa como actor colectivo, y se autoconstituye como tal en el proceso mismo de resistencia, lucha y transformación sociales. No hay sujetos a priori de las prácticas de lucha en los momentos histórico-concretos.

-Supone un reposicionamiento y redimensionamiento y significación de la política, lo político y el poder por parte del conjunto de actores sociales, políticos, y el pueblo todo.

-Profundiza la dimensión sociocultural de la democracia, integrando a esta la necesaria búsqueda de equidad de géneros, sexos, razas, etnias, capacidades, y – sobre esta base- radicaliza la crítica al poder hegemónico dominante, contribuyendo a su deconstrucción social, histórica y cultural, y a la construcción de nuevos rumbos democráticos participativos.

-La construcción de lo nuevo se basa en una lógica diferente de articulación de las luchas sociales y de sus actores, de los caminos de maduración de la conciencia política, de la definición y organización del instrumento político, y del proceso de construcción-acumulación de poder propio.

-Se propone superar la sociedad capitalista, transformándola desde su interior en la misma medida en que los actores/sujetos van construyendo en sus prácticas cotidianamente los “avances” de lo que algún día será –en integralidad- la nueva sociedad anhelada. En ese proceso, van (auto)constituyéndose también los sujetos que la diseñan y luchan por hacerla realidad, como tales sujetos.

-El proyecto alternativo sintetiza y define el rumbo estratégico. Es por ello, a la vez, el eslabón que articula, cohesiona e imprime un sentido revolucionario cuestionador-transformador a las resistencias sociales, a las luchas sectoriales y a las propuestas reivindicativas, cohesionándolas y proyectándolas hacia la construcción de lo que un día será una nueva civilización humana.

-Fundar y construir una nueva civilización humana significa fundar y construir un nuevo modo de vida. Ello implica el desarrollo yuxtapuesto, simultáneo y articulado de procesos de transformación de la sociedad, de sus modos de producción y reproducción, de transformación-autotransformación de los hombres y las mujeres que realizan esas transformaciones, y de las interrelaciones sociales (públicas y privadas) entre ellos establecidas.

-Los procesos y caminos de construcción del proyecto, del poder propio, y de la (auto)constitución de actores sociales en actor colectivo (sujeto) de la transformación, resultan estructuralmente interdependientes e interconstituyentes. El eje vital radica en los actores-sujetos, en su capacidad para desarrollarse y (auto)conformarse en actor colectivo del cambio (sujeto popular) y, por tanto, en su capacidad para diseñar y definir el proyecto, construir su poder, y –a la vez- dotarse de las formas orgánicas que el proceso de transformación vaya reclamando.

Notas
2 Lenin, Vladimir I., “Ante el IV aniversario de la revolución de octubre”, Obras Completas en 50 tomos, T. 35, Cartago, Buenos Aires. 3 Ver: Engels, Federico, “Acerca de la cuestión social en Rusia”. En: Marx, Carlos y Engels, F., Obras Escogidas en 
3 tomos, T II., Editorial Progreso, 1973, Moscú, p. 431.
4 Referido al movimiento social, la expresión “auto” no quiere decir que un fenómeno o proceso se produzca por generación espontánea ni mágicamente. Alude a la necesaria participación consciente de los sujetos que dan vida y sentido al proceso, señala que es en la experiencia , en la participación consciente de los sujetos en el proceso transformador, transformando, que se producen las transformaciones en los sujetos (por los sujetos), y suponen por tanto transformaciones en el poder, la conciencia y organización.
Isabel Rauber es 1 Dra. en Filosofía. Directora de Pasado y Presente XXI. Estudiosa de las relaciones de poder, la construcción de poder popular, y los caminos de transformación social.

Anuncios



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/77223-siglo_xxi_tiempo_de_revoluciones_desde_abajo_i.html