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Propiedad y apropiación de los bienes raíces

La lucha del Sindicato Andaluz de Trabajadores por la justicia histórica

26/08/2012 - Autor: Ahmad Gamboa
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Ocupaciones de fincas

El Sindicato Andaluz de Trabajadores, acompañado por el parlamentario y líder de dicho sindicato J. M. Sánchez Gordillo, ha desatado una gran polémica por su acción en varios supermercados donde se hicieron de productos de primera necesidad para socorrer a familias necesitadas. Entiendo que dicha acción, lo mismo que la ocupación de la finca de Las Turquillas, es más simbólica que eficaz para combatir la pobreza en Andalucía, pero ha sido efectivo porque ha hecho focalizar un problema histórico en Andalucía: el desempleo, la pobreza y la propiedad de la tierra.

Para los andaluces este debate forma parte de un problema histórico y de justicia social y, como tal, debe ser abordado por los musulmanes que hoy vivimos en esta tierra llamada Andalucía. Cuando hablo de propiedad no me refiero al fruto o la riqueza obtenida del trabajo, sino al sentido de la propiedad de los bienes raíces que, según todas las creencias religiosas, fueron creadas para servir de sustento vital de los seres vivos, entre ellos el ser humano. Además, si tenemos en cuenta que la estructura de la propiedad en Andalucía hunde sus raíces en las “Cruzadas”, o “Reconquista”, ello nos sitúa en la clave para entender las profunda y múltiples derivaciones de un debate que desborda trasciende el ámbito de lo coyuntural y lo económico.

Las tierras que fueron nominadas como Andalucía fueron el corazón y el alma de la mítica al-Andalus, una nación dirigida por las leyes del Islam, de la que también formaron parte cristianos y judíos como todo el mundo sabe. Según las leyes sagradas del Islam es Allah “… quien envía los vientos como anuncio de Su gracia inminente; así, también, hacemos caer del cielo el agua pura, para vivificar con ella la tierra muerta, y dar de beber a muchos seres de Nuestra creación, animales y hombres. (Corán XXV, 48-49). Consecuentemente a estas leyes sagradas, los habitantes de al-Andalus hicieron vivificar sus tierras de acuerdo a normas legales que administraba los derechos sobre la tierra. Según el jurista hanafí al-Käshanï (muerto en 1191), las tierras se dividían “en apropiadas o mamlüka y no apropiadas o mubäha. Estas últimas a su vez integraban las comunales o harïm u el resto de las tierras, pertenecientes al conjunto de los creyentes, conocidas como muertas o mawät, cuya característica principal es ser apropiables por vivificación”. (Carmen Trillo San José. “Agua, tierra y hombres en al-Andalus”, página 74).

Bajos estos principios legales de al-Andalus se lograron aplicar los mejores conocimientos sobre cultivos con los de los que lograron ampliar la producción de alimentos y materias primas, base para elevar el bienestar y la salud de su gente. Aún constatando que existía la propiedad, la misma no seguían las reglas capitalista pues “los datos con los que hemos trabajado nos hablan de una sociedad aldeana y desigual en cuanto a la propiedad agrícola, pero no nos permiten decir que existan en ella estructuras feudales o protocapitalistas como en los reinos cristiano(…). En este sentido no deja de llamar la atención el hecho de que fuera ya en el periodo bajomedieval, concretamente a partir de las argumentaciones de los franciscanos y dominicos, cuando se empezó a admitir la legalidad de la propiedad privada de la tierra que, aunque entes existía de hecho, no había sido formulada teóricamente. (Carmen Trillo San José, obra citada, páginas 28 y 25).

Como todo lo contenido en la tierra es considerado bienes raíces, según un hadiz del Profeta, el agua, la hierba y el fuego son comunes a todos los musulmanes. Y el agua es esencial para la agricultura por lo que su propiedad estaba “generalmente separada de la tierra y en régimen proindivisión entre la comunidad. Estas medidas podían haber sido tomadas para proteger el área irrigada de la ingerencia de extraños, conservándola para las familias que componían la aljama. También asegurada un reparto con tendencia a ser poco desigual”. (Documento citado, página 30).

Cuando los reinos cristianos del norte irrumpieron en las tierras de al-Andalus, sus conquistadores desconocían y despreciaban las técnicas que lo hicieron posible y las leyes con las que fue posible el desarrollo de su agricultura. La estrategia de guerra consistía, primero en destruir la infraestructura productiva como los sistemas de irrigación; segundo negarle todo derecho a los habitantes de al-Andalus sobre su propia tierra; tercero combatir sus creencias y expropiarles sus bienes y posesiones. Como la moral y el espíritu guerrero de los conquistadores despreciaba el trabajo y los oficios, acabaron por arruinar el precioso legado técnico y material preexistente, porque habían hecho de la guerra y la conquista territorial su modo de vida y la única fuente de enriquecimiento.

Una vez conquistada la tierra y abolido el estado andalusí, los nuevos propietarios jamás tuvieron la intención de vivificarla, embellecerla y que dieran sus mejores frutos, mucho menos que la gente que la habita pudieran prosperar en el bienestar, la sabiduría o la salud. Desde la conquista su único interés fue la de acumular riquezas y someter al pueblo a la servidumbre. A pesar de llevar siglos ejerciendo como amos y señores, jamás se han sentido identificados con la tierra ni con el pueblo.

En estos días, cuando un pequeño grupo de activistas ha llevado a cabo una acción simbólica tomando varios carritos de la compra para llenarlo de alimentos para famiñias necesitadas, ha sido suficiente para conmover los cimientos del estado y las ideas de sus políticos. Claro que, por ser simbólica esta acción, está señalando a los culpables de la situación secular de Andalucía, una situación agravada por la última de las crisis que lo poderosos han provocado y de la que se están beneficiando a costa de recortar los derechos de los más humildes. Además ¿Cómo se puede decir que hay crisis cuando hay tierras mal cultivadas, hombres y mujeres dispuesta a trabajarla y vivificarla, y conocimientos y medios técnicos suficientes? ¿No es cierto que en derecho existe el “estado de necesidad” que exculpa al que cometiera un delito? ¿No debe la justicia buscar las causas que han provocado ese delito? Según el Derecho penal exime de pena a quien actúa amparado por un estado de necesidad.

Sin embargo, no es el perdón lo que buscan los que ha realizado esta acción, sino justicia. Y a esta acción se suma las realizadas ocupando fincas sin cultivar, cuyos protagonistas pertenecen al Sindicato Andaluz de Trabajadores para denunciar precisamente eso, la justicia histórica que el pueblo andaluz desea y merece, por el bien de la tierra y de las generaciones venideras. Es lo menos que se puede hacer.



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