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El velo de la razón

La mujer en Oriente y Occidente: Corán y Biblia

23/07/2012 - Autor: Maribel Ortega Fuentenebro - Fuente: Webislam
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Medios de comunicación con identidad propia

“Muchas jóvenes hoy se ponen el hiyab y rechazan el velo tradicional de su madre porque este es para ellas símbolo de la ignorancia, la superstición, la reclusión, es decir todo aquello de lo que se ha desprendido gracias a los estudios, a la educación”. Gema Martín Muñoz. El Estado árabe. Crisis de legitimidad y contestación islamista. Bellaterra. Barcelona 2000, pg.295.

1.- Introducción

Sin duda, John Locke (1632-1704) se sorprendería al ver que la sociedad europea ha obviado aquellas propuestas que hiciera en su “Carta sobre la Tolerancia”, ya que discrimina sin paliativos y en ocasiones con enconada violencia, a quienes tienen creencias distintas a las del grupo dominante. Para Locke, la tolerancia en este contexto tiene limitaciones, ya que si bien supone el reconocimiento de las creencias del otro, lo hace dentro de un plano de pretensión o concesión y, por lo tanto, de desigualdad, por ello el filósofo apuesta por el concepto de libertad religiosa, que es mucho más amplio porque reconoce la soberanía de todos y cada uno sobre su propio pensamiento y conciencia como un derecho y en un plano de igualdad que, evidentemente, es el mandato de la Declaración de los Derechos Humanos de 1948, que en su artículo segundo promulga: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política...”. Pero no lo ven así los muchos creadores de opinión que juzgan y se alzan como adalides de la verdad mostrando, en muchas ocasiones, una total ignorancia respecto al mundo del islam, y sobre todo al mundo de las mujeres del islam, al que tímidamente me acerco, consciente de que la razón y el conocimiento de cada persona le pertenece sólo a ella.

En occidente hemos extendido el velo de la incomprensión, de los estereotipos, de las dudas, de los prejuicios, de la sinrazón, lo que no nos ha dejado ver con claridad la realidad de los países musulmanes árabes y no árabes; la obstinación nos ha llevado a graves disensiones y faltas de respeto, nos ha faltado sensibilidad para entender y justificar y nos ha sobrado vanidad, hemos querido exportar nuestros modos de sentir,  ser o estar y nuestro presuntuoso eurocentrismo más allá de nuestra geografía, y eso no puede ser aceptado, porque cada cultura es portadora de sus propios ideales y su formas de entender la historia; no es lo mismo, por ejemplo, la lucha de las mujeres europeas que la de las mujeres árabes, porque el contexto social es diferente aunque compartamos los mismos objetivos: libertad, emancipación e igualdad y esto, aunque a diferentes velocidades, se está consiguiendo aquí y allá.

El advenimiento del islam, con su mensaje de valores universales, vino a suponer un cambio muy importante en la situación de la mujer en la península arábiga, puesto que hasta ese momento carecía de derechos sobre sí misma y sobre sus hijas; se encontraba en un estado de semi-esclavitud, era un producto que se podía comprar, vender, regalar, heredarse, incluso repartir como botín de guerra, lo que guarda un cierto paralelismo con lo que recoge el autor del libro bíblico del Deuteronomio: “las mujeres y los niños de las ciudades conquistadas, son consideradas como botín del que hay que disfrutar” (Dt. 20.14). En algunos textos coránicos y judeocristianos la mujer es considerada inferior al marido “…la iglesia es dócil a Cristo, así las mujeres tienen que ser dóciles a sus maridos” (Efesios 5,24); “Los hombres tienen autoridad sobre la mujeres en virtud de la preferencia de Dios” (Corán 4,34). El judaísmo les negaba la vida social, la cultura, la educación, la asistencia al templo y les obligaba a cubrirse la cara cuando salían a la calle. En la comunidad a la que llegó Jesús de Nazaret las mujeres eran invisibles, rechazadas y marginadas, propiedad del padre hasta que pasaban a la del marido, leyes patriarcales que Jesús con su acercamiento superó; las instruye (Juan 4, 10-15) deja que le acompañen, que sean sus testigos, lo que es un hecho insólito en la sociedad palestina de ese tiempo y supone todo un revulsivo, un cambio de status radical, un ejemplo a seguir, un gran avance a su favor.

La península arábiga en tiempo del profeta Muhammad estaba poco habitada y formada por tribus nómadas que guerreaban continuamente entre ellas, eran politeístas e idólatras; hasta 360 ídolotitos fueron destruidos por el Profeta del islam cuando entró en la Meca, tan sólo dejó una imagen de la Virgen María con el Niño en los brazos en prueba de su respeto y devoción “Los ángeles dijeron: ¡María! Dios te anuncia la buena nueva de una Palabra que procede de Él. Su nombre es el Ungido, Jesús hijo de María” (Corán 3,45). De aquel conglomerado, formó un sólo pueblo con fe en Dios Único; cambió la condición de la mujer al elevarla social y religiosamente, concediéndole derechos que antes les habían sido negados; prohibió las prácticas preislámicas denigratorias, como su trueque; igualó su condición como ser humano al considerar al hombre y la mujer iguales en cuanto creados por Dios “..el varón o la hembra que obre el bien, le haremos que viva una vida buena y le retribuiremos de acuerdo a sus buenas obras” (Corán 16,97); les reconoció el derecho de herencia: “sean para los hombres una parte de lo que dejen los padres; y para las mujeres una parte de lo que dejen los padres” (Corán 4,7); educó a hombres y mujeres: “Creyentes no entréis en una casa sin daros a conocer y saludar a sus moradores... no entréis sin que se os dé permiso. Si se os dice que os vayáis, marchaos” (Corán 24,27-28); normas de buena conducta que hasta ese momento no estaban recogidas en ninguna tradición.

El Corán determina que la dote entregada a la esposa por parte de la familia del esposo en el momento de contraer matrimonio, es única y exclusivamente de su propiedad (Corán 4,4) y puede disponer de ella a su criterio, sin embargo en Egipto, se desobedeció la disposición y se convirtió en un costumbre destinada a pagar a la familia de la novia: compra y venta como en tiempos preislámicos. Las mujeres en el islam han tenido siempre sus propios bienes, no lo prohíben el Corán ni los hadices, esos bienes los utilizaban de forma discrecional sin pedir permiso al padre o al marido; así lo expresa el intelectual andalusí Ibn Hazm (Córdoba 994-1063) en su gran obra poética y lo recoge Ibn Jaldun (1332-1406) en su extenso trabajo Al-Muqaddima, en el que afirma que ellas, con sus propios bienes, financian la construcción de mezquitas y ayudan a los que más lo necesitan, única actividad, por otra parte, que muchas mujeres cristianas ejercían hasta no hace mucho tiempo,  la mujer “desde el punto de vista religioso y ético es igual al hombre y tiene los mismos deberes morales y religiosos”  M. J. Viguera. La Mujer en Al-Andalus, reflejos históricos de su actividad y categorías sociales, Universidad Autónoma de Madrid, 1989.

Las mujeres del norte del Mediterráneo también sufren discriminación, aunque, evidentemente, sean más acentuadas en los países del sur, pero en Occidente, igualmente, han estado sometidas a la autoridad del hombre hasta bien entrado el siglo XX, incluso en la actualidad grupos radicales laicos o religiosos les dificultan la incorporación a puestos de más alta responsabilidad, desconfían de ellas o quieren mantener el “status” que a través de los siglos ha proporcionado la sociedad a los hombres. Estas realidades están recogidas en el informe que EuroMeSCo emitió para la Conferencia Ministerial Euromediterránea de 2006 con el título Women as Full Participants in the Euro-Mediterranean Communyte of Democratic States.

En España hasta 1977, fecha de las primeras elecciones democráticas libres, la mujer tenía escasa presencia en el espacio público, necesitaba la autorización del marido para realizar cualquier transacción comercial, abrir una cuenta corriente, firmar un contrato laboral o documento notarial; aquellas que se habían incorporado al trabajo remunerado, tenían que abandonarlo al contraer matrimonio y a cambio percibían una cierta cantidad de dinero que se denominaba “dote”,  lo que las devolvía a la casa a ocuparse de las tareas domésticas y cuidado de los hijos.

De todos los libros sagrados emana una moral en relación con la integridad del ser humano, su comportamiento con los demás, con Dios, con el fin de ayudar a mejorar individualmente para construir un mundo de entendimiento y de paz sin ninguna diferenciación entre hombres y mujeres. La que emana del Corán tiene un fuerte pilar en la idea de justicia: quien obre el bien encontrará su recompensa; las decisiones  sobre otras personas deben ser justas, el odio es malo porque impide obrar con equidad (Corán 4,58; 5,8); Dios dispone una ética de máximos “Dios prescribe la justicia, la beneficencia y la liberalidad. Prohíbe la deshonestidad, lo reprobable y la opresión. Os exhorta. Quizás, así, os dejéis amonestar” (Corán 16,90).

Los creyentes son hermanos, por ello están obligados a reconciliar a aquellos que se hallan separado (Corán 49,10); se rechaza la calumnia (Corán 49,12); se amonesta contra la crítica despiadada y la burla (Corán 40,11), preceptos todos que van dirigidos a la buena convivencia entre las personas que, en definitiva, es lo que hace evolucionar a la humanidad “la ética islámica se nutre de la idea de que el hombre es quien debe cambiar el mundo” (Mohamed Alial Sinaceur. El Correo de la Unesco, 1981).

2.- Entre la tradición y la modernidad

El término tradición se corresponde con un conjunto de valores históricos sociales, culturales o religiosos que se transmiten de una generación a otra y que deben conservarse porque son válidos permanentemente; modernidad se refiere a algo que está en evolución, que se va construyendo día a día, que recae sobre  la idea de progreso y crea valores inéditos: aquello es lo antiguo en contraposición a lo segundo que es lo nuevo. Pues bien, las mujeres del islam se mueven entre los dos universos: la universidad, el trabajo, libertades y derechos, al tiempo que se afianza su pertenecía religiosa islámica. En general, en occidente, nos hemos entregado a un debate ficticio: el debate del velo que no representa ningún tipo de opresión en Egipto, por ejemplo, sino que muchas mujeres lo utilizan para expresar su pertenecía y se sienten orgullosas de ello como me confiesa mi amiga egipcia Zahra, pero detrás del velo hay mujeres médicos, abogados, catedráticas de universidad, maestras, activistas que trabajan,  defienden sus derechos, utilizan las modernas tecnologías: redes sociales, telefonía móvil e internet y paulatinamente van conquistando el espacio público. “El islam lo hemos reducido al hiyab, un trozo de tela. El verdadero problema es el velo de la razón” (Nawal Sa´dawi).

Dejemos, por tanto a las mujeres la autonomía de usar o no el velo mientras eso sea producto de su propia libertad y su derecho; es sin embargo denunciable el hecho, de que algunos grupos exijan su uso por intereses no tanto religiosos sino de acuerdo a convencionalismos excluyentes.

Desde la caída del Imperio Otomano al concluir la Primera Guerra Mundial y hasta  los años setenta del siglo XX, la mujer iba descubierta en todo el mundo árabe, en Egipto concretamente, empezaron a taparse con el ascenso al poder de Sadat, que coincide con la "islamización" de la sociedad. En la actualidad, el velo sólo es obligatorio en dos países: Arabia Saudí e Irán,  en el primero se practica el wahabismo que no es islam genuino, sino una rama radical que vio la luz en el siglo XVIII de la mano del beduino  ibn Abd-al- Wahhab, que pertenecía a la tribu de los Banu Tamin, y que pronto se relacionaría con el jevide ibn Saud y juntos fundarían la dinastía Saud y al wahabismo como religión de estado. Esta visión ideológica incorpora al islam costumbres preislámicas. Solo el 2% de la población musulmana es wahabí una mínima parte en comparación con el censo mundial, que en 2010 contaba 1600 millones de musulmanes; si sacamos el porcentaje son muy pocas las mujeres que están obligadas a cubrirse, sin embargo esa imagen es la que presentan los medios de comunicación occidentales como si fuera una constante en todos los países de mayoría musulmana.

Irán, que es un país persa y musulmán que obliga a cubrirse la cabeza, es de los primeros en los que las mujeres han ocupado cargos públicos: ministras, gobernadoras o alcaldesas; y en todo el mundo árabe el número de mujeres con estudios superiores es paralelo al de los hombres, además es necesario conocer que el Corán y la sharia no prohíben la participación de las mujeres en actividades públicas. El burka, una de las prendas que más impactan, no es una vestimenta islámica, sino local de Afganistán de costumbre ancestral que se incorporó cuando el país se islamizó.

Tendemos a considerar que todos los países del islam se rigen por las mismas reglamentaciones y no es así, ya que las normas civiles, lógicamente, las elaboran los estados de acuerdos a sus propios criterios y necesidades y de hecho son muy distintas de unos países a otros; en cuanto a la ley religiosa sujeta a interpretación, se pueden dar exégesis bastante diferentes: por ejemplo la poligamia está prohibida en Líbano y Túnez, y en algunos países no árabes pero si musulmanes como Turquía; en otros se consiente, pero en la práctica casi no existe. En Egipto está abolido el uso del niqab que cubre todo el cuerpo de la mujer, una anulación que fue ratificada por el Tribunal Supremo egipcio y apoyada por el ya fallecido Gran Mufti al-Tantawi, quien en 2009 inició una campaña en contra de su uso: “el niqab es una tradición que no tiene ninguna conexión con la religión, es una costumbre cultural que no tiene nada que ver con Egipto” (Al-Tantawi).

El matrimonio en la tradición islámica ha sido considerado una cuasi-obligación (Corán 24,32), pero no cabe la menor duda que se está reinterpretando, ya que en la actualidad se ha retrasado la edad a los 30 o más años debido a que se da prioridad a los estudios y a la integración socioeconómica antes de acceder a este; la anticoncepción, en algunos países ha sido promovida por los mismos gobiernos. En este aspecto, el Informe sobre Desarrollo Humano de 2009 recoge que la fecundidad en Egipto a principios del siglo XXI ha bajado hasta los 2,4 hijos y por tanto se acerca a los niveles europeos. Asimismo, han cambiado los modos de vida familiares ya que en la actualidad no son tantos los hogares en los que viven agrupados toda la familia:  abuelos, padres, hijos y nietos en una gran casa, sino que se está dando prioridad a la familia nuclear: padres e hijos que habitan en pequeños pisos, al estilo de Occidente. “Por imperativos demográficos, socioeconómicos y generacionales, en la gran mayoría de los países árabes se están dando cambios del modelo de familia que benefician a la mujer” (Gema Martín Muñoz. Coordinadora de Mujer y familia en las sociedades árabes actuales. Ediciones Bellaterra, Barcelona, 2010).

3.- Conclusión

La obligación es humillación, usar el velo por decisión propia es libertad. En occidente hemos tergiversado las cosas, establecemos que es opresión o que no lo es, no respetamos la voluntad personal, queremos imponer nuestras normas y nos estamos equivocando. El Corán no prohíbe el trabajo de la mujer fuera de casa: Jadiya, la primera esposa del profeta Muhammad (pyb) era empresaria; no prohíbe la educación de la mujer, no prohíbe la actividad pública. Entonces, ¿a qué se debe la situación de inferioridad que ha sufrido durante siglos? Creo que a varias razones: interpretaciones que han hecho los exégetas sobre preceptos más confusos de la ley religiosa, al tiempo que obviaban los más transparentes; los convencionalismos sociales, ya que para el hombre suponía una humillación que la esposa tuviese un trabajo remunerado, interpretaba que su rol era la casa y el cuidado de los hijos, por eso era suficiente que supiera leer y escribir; la política de los autócratas contrarios a su desarrollo personal y además porque desde los siglos, en Oriente y Occidente los hombres se han considerado superiores y han impuesto su autoridad. Hoy las mujeres en unas y otras sociedades han conquistado nuevos espacios de libertad, aunque todavía sigan existiendo grandes diferencias y lagunas que habrá que ir conquistando.

Las cadenas ya se han roto, el tiempo de los dictadores tiránicos está pasando, quedan ya muy pocos reductos, la sociedad patriarcal tienen perdida la batalla y muchos exégetas ya no influyen. Queda mucho camino por andar, desde luego, en este sentido soy realista, pero ya no se va a retroceder porque es mucho lo ganado y las mujeres saben lo que quieren y como exigirlo. El conformismo también está obsoleto.
Occidente debe quitarse el velo de la ofuscación, de la obstinación que impide ver la realidad con meridiana claridad.

Bibliografía
-M” J. Viguera. La Mujer en Al-Andalus, reflejos históricos de su actividad y categorías sociales, Universidad Autónoma de Madrid, 1989).
-Gema Martín Muñoz.- Mujer y familia en las sociedades árabes actuales. Ediciones Bellaterra, 2010
-Nawal El Saadawi. Memorias de una doctora. Daar Al- Adab, 1999.
-Informe EuroMeSCo para la Conferencia Ministerial Euromediterrána de 2006 con el título Women as Full Participants in the Euro-Mediterranean Communyte of Democratic States.
-Francisco Navarro Aguado, La Biblia en el Corán, Autor-editor Navarro Aguado, Alicante, 1978
El Corán. Edición preparada por Julio Cortes, Herder, Barcelona, 1998.
Biblia de Jerusalén. Desclee de Brouwer. Bilbao 1975.

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