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Egipto -Esperar y ver-

Las dos caras de Egipto y la búsqueda de una tercera

28/06/2012 - Autor: Paco López Martín - Fuente: Webislam
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Un hombre porta la bandera egipcia.
Un hombre porta la bandera egipcia

Si hay un país como la luna, con dos caras: ese es Egipto. Pero Egipto no tiene una cara oculta, ese es el problema, las dos son visibles y la cuestión es ¿Cómo reconciliarlas? o ¿Cómo hacer que nazca una nueva cara con lo mejor de las dos, ya conocidas?

Una de las caras muestra un Egipto imprescindible para la paz de Oriente Próximo, un país orgulloso y una ciudadanía que demuestra saber lo que quiere y que lo transmite al mundo día tras día, un pueblo joven y dinámico que no se conforma con cualquier cosa, Un país en el que conviven más o menos cómodamente las religiones a excepción de algún roce, que hasta ahora ha sido superado y a pesar del desequilibrio (90% de musulmanes frente al 10% de cristianos) entre Islam y cristianos coptos. Un país con fuertes aliados internacionales y con un fuerte potencial de desarrollo que solo necesita estabilidad  y confianza para convertir ese potencial en realidad, y, finalmente: un país con una fuerte implantación del Islam tanto en lo religioso como en la vida diaria que aún se pretende implantar con más fuerza. En resumen: un país con el que se cuenta y cuya postura internacional es imprescindible para la estabilidad de toda la región.

La otra cara muestra un país con un desarrollo pendiente en el que, tanto económica, política y organizativamente, casi todo está por hacer;  fuertemente dependiente (como España lo fue en su momento) de la complacencia del ejército, una ciudadanía hambrienta de logros que ha puesto su confianza en el presidente electo Mohamed Morsi con tanto anhelo y esperanza como si se tratara más de un mago con incalculables poderes que de un presidente novato obligado a usar el guante blanco en cada movimiento. Un presidente que, en la práctica, más que lograr realidades tangibles se las va a ver muy negras para contentar a todos.

Los egipcios hartos de palabras y promesas quieren hechos, quieren logros y que estos se vean de inmediato, quieren que les saquen ¡Ya!  (Como todos, en estos días) de la situación en la que se encuentran y experimentar el cambio sin más demoras.

Morsi, de entrada, promete gobernar para todos, frase, por cierto muy de "manual de nuevo presidente" y que normalmente nunca es cierta.  Los cristianos coptos desconfían, y los aliados mantienen de momento una prudente actitud de “esperar y ver”. Morsi, según sus declaraciones,  también,  pretende “dotar a Egipto de una nueva civilización” que se inspire en los principios del Islam.

Entiendo que Egipto es “la civilización” (o al menos uno de sus grandes pilares); lo ha sido desde el inicio de los tiempos, el pueblo, históricamente tiene ese honor. Lo de “nueva”, por tanto, no sé si es acertado, ya que no parece tener en cuenta lo logrado a través de tantos siglos y sería una pena pretender borrar de un plumazo lo que ya existe. Más acertado, desde mi punto de vista, sería mantener lo bueno -que es, posiblemente más de lo que piensan que hay- y gradualmente ir consiguiendo los cambios que el pueblo impacientemente espera y que posiblemente estén más encuadrados en la línea material que en la espiritual.

Si lo que pretende el nuevo Gobierno es más rigor y que la vida quede impregnada de preceptos islámicos, eso está muy bien pero hoy en día, todos dependemos de los demás y será interesante también observar si el nuevo Gobierno será capaz de crear el marco inversor propicio que atraiga a la inversión extranjera; si será capaz de desarrollar y fortalecer el sector turístico (me centraré en esta faceta desde este punto) tan importante para el país, ampliando ofertas a zonas de playa o de interior y mejorando la imagen de inseguridad que internacionalmente es muy fuerte debido a los diversos atentados a turistas y a otros factores.

Si será capaz de cerrar o endurecer la apertura al turista. Es curioso que los flujos turísticos en Egipto, en cifras, no se hayan resentido de forma más dramática a pesar de los hechos en el pasado, lo que significa que los turistas confiamos en los egipcios a pesar de… (No nos defrauden, por favor). Lo que por otra parte no supone que estén sobrados ni que no necesiten una buena remontada. Pero, volviendo al aumento de rigor: la pregunta clave es: ¿Qué actitud tomarán los egipcios de la calle, los egipcios de Tahrir, la población? De un lado influidos por una fuerte corriente occidental procedente del turismo y otras influencias exteriores a las cuales son muy permeables, al menos los varones, y por otro la instauración de un mayor arraigo a la tradición. ¿Cómo será el trato del egipcio hacia el occidental? ¿que tolerancia mostrarán hacia el extranjero?

El turismo venía aportando a Egipto entre un 10 y un 15% de su P.I.B y millones de personas viven del mismo. ¿Cómo se combina, modernidad, placeres mundanos costumbres occidentales, quizás de vanguardia -y más en vacaciones-? con las prohibiciones, la austeridad y el mayor rigor. Los turistas no pueden permanecer escondidos o invisibles en los hoteles, si salen y la actitud no es cómoda o la que ellos esperan, si sienten el más leve rechazo, no solo no volverán, sino que tampoco recomendarán el destino. Y ya serían muchos pecados a perdonar.

El sector turístico egipcio, por cierto,  necesita innovación, mostrar que Egipto, no solo es el Nilo o Cairo, mostrar lo que está escondido: la autenticidad de un pueblo, sus costumbres y sus auténticas tradiciones. Egipto, es más que las fiestas de disfraces para turistas en los barcos del Nilo, es más que la danza del vientre, el té en grupo o las figurillas y souvenirs “Made in China” de Jan El -Jalili. Egipto es lo real, es el regreso al pasado, el regreso a otro tiempo que posiblemente todos añoremos  y curiosamente, a pesar de que su presidente presume del manejo de la tableta en público, quizás el visitante de Egipto busque más  la tableta de arcilla que la electrónica, la clave de la vuelta al origen o el eterno retorno del estoicismo.

Quizás todos finalmente estemos expectantes a la espera de que se nos muestre esa tercera cara o “de fusión”, que en cualquier caso yo espero y deseo sea la que muestre los mejores valores de Oriente y los de Occidente y que sea la cara prudente y segura que siente definitivamente a Egipto con honor en esa silla vacante que hace mucho tiempo espera ser ocupada.

... Mientras tanto: Esperar y ver.

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