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El triunfo de la dignidad

Cambios políticos en Egipto

11/05/2012 - Autor: Maribel Ortega Fuentenebro
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Una mujer entregando su voto en las elecciones francesas
Una mujer entregando su voto

"No hay nada en las sociedades islámicas que las haga incompatibles con la democracia, los derechos humanos, la justicia social o la gestión pacífica de los conflictos, como pretenden quienes defienden la existencia de una excepción islámica”

Ignacio Gutiérrez de Terán, Ignacio Álvarez-Ossorio, Informe sobre las revueltas árabes. Ediciones del Oriente y el Mediterráneo, Madrid 2011
 

1. Introdución

Las revueltas en los países árabes han sido un revulsivo contra la teoría del choque de civilizaciones y su crítica despiadada al comportamiento de los pueblos del islam. Samuel Phillips Huntington, y quienes se inspiraron en él, han quedado desautorizados, su teoría era un sofisma, un luctuoso e interesado invento al servicio de algunos poderosos destinado a satisfacer sus ansias de dominio, riqueza y el alineamiento de los pueblos del islam, un enemigo no real sino construido. Nada mejor para deshonrar a los árabes que convertirles en radicales y en terrorista su religión con el fin de subyugarlos, de expulsarlos de la ciudadanía. Las revoluciones han demostrado que no existía ese peligro;  los pueblos árabes, después de mucho tiempo cercados por el colonialismo europeo y los dictadores aliados con occidente, están demostrado a muchos incrédulos, que el islam es compatible con la democracia. Revolución sin armas con la fuerza de la palabra y la presencia en la calles, protestas sociales pacíficas sólo violadas por las armas del autoritarismo.

La revolución egipcia de 2011 no es religiosa, es un  movimiento iniciado por los jóvenes con acceso a las redes sociales que han convocado a la ciudadanía a través de los nuevos medios de comunicación. No principalmente Internet que solo disfruta un 30 % en Egipto, sino y sobre todo a través de telefonía móvil que es un medio mucho más extendido y llega a más gente. No cabe la menor duda que ambas jugaron un importantísimo papel para que mujeres y hombres salieran de sus casas en protesta pacífica a las calles y plazas, requisito indispensable para el triunfo de la revolución. Y los egipcios han respondido, tanto ricos como pobres, laicos e islamistas, jóvenes y mayores, eruditos e iletrados, cristianos coptos, liberales o de izquierdas, mujeres con velo y sin velo, distintas ideologías que compartían un solo objetivo: derrocar al autócrata. Es justificable, durante mucho tiempo han sufrido los abusos de un poder tiránico, injusto y corrupto, que ha tenido a los egipcios atemorizados, inmóviles ante el autoritarismo y la represión, atrapados por la Ley de Emergencia que estuvo activa durante los 30 años del mandato de Mubarak; el Consejo de Seguridad, un poderoso aparato de fabricar miedo, facultaba a la maquinaria policial la represión, el internamiento y la tortura como algo común y cotidiano. Los jóvenes llegaron al límite de la tolerancia, estaban hartos de la falsa religiosidad e hipocresía social, de la falta de trabajo... uno de cada tres habitante árabes es egipcio y de ellos el 60% de la población son jóvenes, lo que es una esperanza, porque supone fortaleza, dinamismo, resistencia, ímpetu y aunque en este momentos los problemas les atosiguen,  saldrán de la situación negativa porque tiene el vigor que dan los pocos años.

El movimiento egipcio es incomparablemente audaz, porque cualquier persona en cualquier momento podía ser detenida y atormentada, pero el pueblo, cuando se siente  humillado,  empequeñecido,  encuentra siempre el camino de salida, aunque sea difícil y abrupto. La revolución ha permitido a la ciudadanía participar en la vida política que Mubarak les ha negado, ser actores de su propio destino, construir su país;  que se cuente con ellos para diseñar el futuro, quieren progresar, tienen derecho a ello, como todas las personas sea cual sea su lugar de nacimiento, porque al fin, todos los seres humanos tenemos las mismas ambiciones:  trabajo que trae aparejado prosperidad; educación, bienestar, justicia y reparto de las riquezas que la tierra dona generosamente y que algunos beneficiados del sistema se apropian;  libertades políticas, sociales y religiosas, individuales y colectivas de acuerdo con lo establecido en la Declaración de Derechos Humanos de 1948, y Paz como requisito indispensable para alcanzar todo lo demás.

Las revoluciones árabes han sorprendido al mundo y a muchos analistas y politólogos les ha obligado a cambiar sus opiniones sobre el mundo musulmán, pero no era un hecho fortuito ya que las protestas se habían ido gestando mucho tiempo atrás en la universidad y en la sociedad en general. El doctor Hassan Nafaa, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de El Cairo, y el periodista y novelista Alaa Al Aswany, recogen en sus escritos que en Egipto, existía tiempo atrás, un bien organizado activismo social: en 2004 se fundó el movimiento Kifaya (Basta ya), compuesto por activistas civiles, liberales e incluso islamistas que el 6 de abril de 2008 a través de Facebook,  convocó una jornada de desobediencia civil para protestar contra el autoritarismo del gobierno de Mubarak, la falta de libertades o la subida del precio de los alimentos, al tiempo que exigían reformas democráticas. Hubo respuesta violenta por parte del régimen que se saldó con un alto número de encarcelados y que costó la vida a tres personas, ese mismo día nació el movimiento 6 de Abril que también ha participado en la Revolución de 2011. En 2009 se inició la campaña contra la sucesión hereditaria que convocó movilizaciones diarias a las que se sumaron intelectuales, partidos políticos, socialistas y todo tipo de asociaciones que pretendía evitar que Gamal el hijo de Mubarak heredase la presidencia de la República lo que les hubiera llevador al peor de los escenarios posibles.

2. El largo camino de la dignidad

Los egipcios, como todos los pueblos árabes han sufrido la injerencia de las grandes potencias europeas que ya antes de la caída del Imperio Otomano tenían fuertes intereses económicos en toda la zona, pero sería su decadencia tanto política como económica, y su enorme retraso social y cultural lo que dejaría despejado el camino para la colonización, a pesar de que el jedive Muhammad Alí, (1805 -1848), al conseguir cierta autonomía del Califato, pondría en marcha intercambios culturales con Europa a fin de elevar el nivel formativo y preparar a los futuros dirigentes del país.

Igualmente inició reformas económicas al introducir el cultivo del algodón y una cierta industrialización. Ciertamente el Imperio no se cerraba a los cambios, sobre todo de tipo religioso, ya que en 1856, emite un decreto, en el que se establece la paridad de derechos para todos los súbditos con independencia de la religión que profesasen: musulmanes sunitas o chiitas, judíos, cristianos ortodoxos o coptos gozaban de la misma igualdad y responsabilidades. Su segundo sucesor, Said Pacha, retomo las medidas modernizadoras, y dio un giro insospechado a la política egipcia. Estableció relaciones comerciales con las potencias europeas e intercambió bienes y productos sobre todo en tecnología industrial que posibilitaron un desarrollo hasta ese momento desconocido; como consecuencia se promovieron sociedades euro-egipcias que construyeron vías férreas, navieras que fabricaban barcos de vapor que iban del Nilo al mar Rojo, lo que situó a Egipto a la cabeza del mundo árabe.

Ismail Pachá  dotó  a El Cairo de un Teatro Nacional y un Palacio de la Ópera y encargó a Giuseppe Verdi la ópera Aida de ambiente egipcio que se estrenó en El Cairo el 24 de diciembre de 1871; erigió magníficos edificios que modernizaron el paisaje de El Cairo al estilo del urbanismo de París, que tenían como objetivo principal el desarrollo y con ello la independencia de Egipto de los estados europeos. Sin embargo los resultados fueron contrarios, porque tal fiebre constructora  vació las arcas del estado y les hizo más vulnerables. La construcción del Canal de Suez, la obra más importante para la modernización del país causaría a la gobernación enormes dificultades. Egipto contaba con el 44 % de las acciones el resto estaba en manos europeas, pero debido al enorme endeudamiento y la imposibilidad de hacerle frente, en el en el año 1875 el gobierno egipcio tuvo que malvender a los británicos todas sus participaciones; al año siguiente se declara en bancarrota. Se emitió deuda pública que compraron principalmente Gran Bretaña y Francia, lo que dejo al país a merced de los estados europeos y de especuladores económicos, en definitiva Egipto se vendió a Europa, por ello no tardaron en aparecer interventores occidentales que les obligaron a reducir la deuda con grandes recortes y cargas fiscales que produjeron irritación en la población. La situación se identifica con lo que ocurre hoy en Europa: decisiones políticas de gasto incontrolado cuya consecuencia recae negativamente sobre los individuos que no tienen ninguna responsabilidad sobre las decisiones que llevaron a la situación de endeudamiento. Todo ello dio lugar a numerosos conflictos, sobre todo cuando los prestadores exigieron la reducción drástica del ejército, única institución que contaba con hombres y fuerza. Este hecho fue el detonante para que en 1881, el  Coronel Urabi  con el apoyo de la prensa, las clases adineradas, terrateniente, intelectuales, e incluso la institución religiosa Al-Azhar, se levantaran contra el gobierno con una clara reivindicación: la unión de los pueblos del islam y el final de la injerencia europea. El levantamiento fue un éxito político ya que Urabi domeñó a los ocupantes hasta 1882, año en que barcos británicos desembarcaron en Alejandría, bombardearon la ciudad, la ocuparon militarmente, se extendieron por todo el país y lo gobernaron a través del aristócrata británico Lord Cromer: a partir de aquí la presencia del virrey es puramente testimonial.

A finales de siglo XIX y por influencia de occidente, nace la idea de estado-nación y  los nacionalismos tanto religiosos como laicos impulsados por periódicos de tipo liberal, discursos de grandes intelectuales y de políticos educados en occidente que se proponían luchar contra el imperialismo y la injerencia; era la respuesta nacional a los colonizadores que usurpaban su territorio y sus recursos. Surge al tiempo un importante debate sobre islam-modernidad representado, principalmente, por dos pensadores  al-Afgani, que culpaba a los propios gobiernos árabes de la injerencia extranjera, defendía el islam como civilización, y la umma (comunidad de creyentes) como unidad; preconizaba un islam de valores eternos pero con una interpretación acorde a los tiempos para poder enfrentarse a los desafíos que la nueva situación estaba planteando; el islam tenía que ser activo incluso dispuesto a la participación política.   Mohamed Abduh ideólogo de los movimientos reformistas musulmanes que introdujo la necesidad de la educación en la sociedad, porque el islam  no entra en confrontación con el desarrollo de la ciencias y la tecnología, ello haría posible el progreso y la modernidad. Defendió el “logos”, pensamiento-razón, y su aplicación a los textos coránicos  con el fin de adaptar el islam al momento histórico. Ambos, participaron en las revueltas de Urabi y ambos de una forma u otra consiguieron salvar el islam para Egipto. Todo ello contrastaba con los intereses de los colonizadores que se proponían aumentar su presencia en el mundo árabe y dominarlo; la gran humillación llegó en 1914, en que los británicos, de forma unilateral y autoritaria, declararon Egipto protectorado de Gran Bretaña. En esta fecha los nacionalismos ya tienen un fuerte arraigo en la sociedad y por ello se fundan partidos nuevos, entre ellos el Partido Comunista y el partido laico Wafd, surgen los  movimientos feministas y la participación de las mujeres en la vida cultural y política. De este tiempo hay que recordar, entre muchas mujeres más, a Hoda Sha'rawi, que se enfrentó a los colonizadores y defendió la igualdad de hombre y mujeres.

La decisión británica dio lugar  a grandes movilizaciones, reivindicaciones y desórdenes sociales que desembocaron en una importante revolución en el año 1919, en la que Saad Zaghlul,  líder del Partido Wafd,  con el apoyo de la oposición y del pueblo en general, pidió a los británicos la independencia de Egipto. Gran Bretaña la concede de forma limitada porque con ello esperaban controlar los movimientos de protesta; no lo consiguieron, pero ello no impidió que siguieran gobernando Egipto: nombraban y deponían a su criterio a los funcionarios, controlaban el Canal de Suez, el presupuesto nacional, el PIB, la política exterior y de defensa. Ante tanta injusticia los egipcios se revelaron se extendieron las revueltas y manifestaciones, se paralizaron los ferrocarriles y los tranvías, incluso, debido a la irritación largo tiempo contenida, fueron destruidas algunas infraestructuras pertenecientes a los colonizadores, las fuerzas británicas arrestaron a Zaghlul y lo deportaron a Malta. No le estaba permitido vivir en su país porque los británicos, extranjeros en Egipto, se lo impedían. Como las protestas no cesaban, los británicos en 1922  ponen fin al protectorado, y de forma unilateral proclaman una monarquía al frente de la cual colocan al jedive Fuad I ahora con título de Rey. Pero no se van, se quedan dirigiendo parte de la política egipcia con derecho a intervenir, de forma generalizada, en caso de que  sus intereses llegasen a sufrir el más mínimo riesgo.

Se celebran elecciones en 1924, que gana el partido Wafd;  Zaghlul regresa y es nombrado primer ministro; se elabora una Constitución de corte laico y liberal, que introduce el pluralismo político y religioso, y aunque el islam siguiera siendo la religión oficial, esto se contempla al final de su articulado. En esta circunstancia comienza  un periodo de libertades que devuelve la confianza a los egipcios que duraría poco tiempo ya que el rey, ayudado por los colonizadores y grupos afines, suspende la actividad del Parlamento, se queda como soberano absoluto y dicta una nueva Constitución afín a sus propios intereses; la monarquía inmoral y corrupta, obedece a las exigencias del gobierno británico más que a las de su pueblo y por ello cae en  un enorme desprestigio; se mantiene hasta 1952, fecha del golpe de Estado de los Oficiales Libres al mando del Coronel Nasser. Las elecciones celebradas en 1950 que dieron el triunfo al Wafd, no consiguieron que los británicos abandonasen el país, por ello grupos de jóvenes ejercieron una enorme presión sobre los colonizadores, que emplearon contra ellos fuerzas militares en la zona del Canal de Suez que se saldaron con muchos  muertos, centenares de heridos, grandes incendios, el cerco a la Gobernación de Ismailía e incluso la destrucción de posiciones egipcias: el llamado sábado trágico, 26 de enero de 1952, fue  el detonante para que los militares tomaran el poder el 22 de Julio de este año.

Con Nasser empezaba un nuevo camino cargado de esperanza en conseguir libertades políticas y sociales que, desafortunadamente, nunca llegaron a ver la luz, porque en julio de 1953, fundó una República populista de partido único adscrito al poder que era quien ganaba las elecciones: disolvió los partidos políticos y confiscó sus bienes, nacionalizó la Universidad de teología  Al-Azhar con el fin de que la cuestión religiosa quedase bajo el control de su gobierno, puso en marcha una reforma agraria con el reparto de tierra confiscadas a la familia real y otros mandatarios, que fue bien acogida por los campesinos; intentó la unión de los pueblos árabes, panarabismo, y la escolarización de todos los niños egipcios, su gran obra fue la construcción de la presa de Asuán. A pesar de sus aciertos y popularidad, a Nasser le perseguirían grandes infortunios: primero la Nacionalización del Canal de Suez en Julio de 1956 que finalizó con un ataque armado por parte Francia, Reino Unido e Israel en la zona del canal y la toma de la península del Sinaí. Pero lo que más le debilitaría sería la Guerra de los Seis Días en 1967, en que la aviación egipcia  fue destruida totalmente en pocas horas por el ejército israelí y que supuso el derrumbe de Nasser y de la ideología panárabe. Su fracaso era previsible, tenía en contra a las potencias europeas, a EE.UU e incluso a las monarquías del Golfo Pérsico.

Si bien Nasser utilizó a los Hermanos Musulmanes para dar apoyo al golpe de estado, cuando estos cuestionaron su liderazgo y exigieron la devolución del poder a la sociedad civil, les deslegitima, les persigue, les acusa y les encarcela; Sadat, su sucesor, les indulta porque los necesita de forma diferente. La época de Sadat marca el alejamiento de la Unión Soviética y el acercamiento a EE.UU., fue quien firmó los acuerdos de Camp David con Israel en 1978; es la vuelta a la defensa de lo religioso, se calificaba a sí mismo como “Presidente creyente” y sus discursos estaban impregnados de referencias islámicas. Se elabora una nueva Constitución, que se aprueba en 1971, en la que se recoge que “la sahria es la fuente principal de legitimación”, (Gema Martín Muñoz) lo que supone un cambio ideológico que iba a tener consecuencia importantes en el futuro de Egipto. Sadat buscaba legitimarse y la religión se lo había de procurar.
A partir de su liderazgo en los años 70, se produce la islamización de Egipto. A los Hermanos Musulmanes, islamistas moderados, se suman otras asociaciones de tipo radical;  se extiende el wahabismo importado de Arabia Saudí que penetra en Egipto a través de sus propios predicadores, significativas obras sociales y las nuevas costumbres introducidas por los egipcios emigrados que vuelven de trabajar en el Golfo Pérsico. Se fundan hospitales y escuelas privadas islámicas que si bien se identifican con el islam  en aspectos como vestimenta, decoración, rezos o clases de religión,  no lo hacen en cuanto a asistencia médica y hospitalaria que es idéntica que en los centros no islámicos. Pero serán los estudiantes en la universidad quienes pidan la separación de hombres y mujeres en las aulas y que las alumnas se vistan con velo y guantes. Clubs sociales, periódicos y revistas, librerías, manifestaciones culturales etc.,  al final todo, o casi todo se islamiza, y así ha llegado hasta nuestros días.

En cuanto a la cuestión económica Sadat inicio una política de privatizaciones que quebró el socialismo de Nasser y que generó una tremenda inflación que dio lugar al aumento de las desigualdades, la pobreza y la corrupción; se redujeron, muy considerablemente, las cantidades destinadas en las cuentas públicas a educación y sanidad,  que, obviamente, perjudicaron a los ciudadanos de a pie que no tienen culpa ninguna de los desequilibrios. Parece ser que dos de los pilares más importantes del estado, los que preparan  mejor el  futuro, los necesarios para que los países progresen, para que las personas sean más humanas, son las armas de las políticas liberales para subyugar y esclavizar a los ciudadanos que ven como se les niega sus derechos, lo lamentable es que, en muchas ocasiones, sirve para engrosar las cuentas bancarias de algunos poderosos. Estos procesos son repetitivos en la historia de muchos países; ahora los sufre Europa.

Mubarak prosigue el acercamiento a EE.UU. y permite los partidos políticos pero siempre bajo control del partido gubernamental que es quien ganaba las elecciones trucadas; su época es  lamentable, porque el régimen fomentó un retroceso económico y de libertades a pesar de que durante su gobierno, Egipto no sufrió guerras. La cuestión económico-social se deterioró con respecto a  los gobiernos anteriores: se arruinó la industria y la agricultura, la sanidad y la educación, la práctica totalidad de las empresas y servicios públicos fueron vendidos a la gestión privada en operaciones corruptas; se extendió la indigencia, de tal forma que el 40% de la población vivía, y sigue viviendo, bajo el umbral de la pobreza hasta el punto que unos 20 millones de necesitados viven en chabolas y en los cementerios sin agua, alcantarillado o electricidad, lo que ha dado lugar a tremendas desigualdades: los más indefensos tenían que hacer cola para conseguir pan, había suicidios por no conseguir dinero para alimentar a la familia, muchos egipcios han emigrado a los países del golfo donde son explotados,  en resumen muy pocos millonarios, precisamente los más allegados a Mubarak y su hijo Gamal, frente una inmensa mayoría empobrecida.  Baste un dato: el 80% del PIB esta en poder del 5% de la población. Esperemos que la revolución y la democracia transmute poco a poco estás escalofriantes cifras.

3. Los Hermanos Musulmanes

“Los Hermanos Musulmanes, reinterpretan con la ayuda de la razón, un nuevo islam que no niega la modernización sino la occidentalización y la mundialización como instrumentos de dominación de unos países sobre otros”

(Gema Martín Muñoz, El Estado árabe: Crisis de legitimidad y contestación islamista, Bellaterra, 1999 pp. 290.)

Quiero dedicar unas líneas a una organización poco conocida aunque de ella se hable mucho en occidente con un irrespetuoso desconocimiento. No trato de definir lo que es o no es la Hermandad, sería una osadía por mi parte, hay mucha leyenda y pocos estudios rigurosos y además porque es una fundación compleja.  Nació en 1928, una época de intensa actividad política y cultural en Egipto, su fundador Hassan al-Banna era maestro y ejercía su profesión en la ciudad de Ismailía en la zona del Canal de Suez en la que los británicos tenían una intensa actividad industrial. Banna no dejó escrito ningún ideario al estilo de otros fundadores tanto cristianos como musulmanes, tan sólo sus memorias y algunas cartas y discursos; lo que más le preocupaba era enseñar, transformar la sociedad egipcia desde abajo a través de la educación.  “cuando pasé la jornada enseñando a los niños, pasaré la noche enseñando a los padres” (Hassan al-Banna), esto es realmente importante tratándose de una época en que al educación estaba destinada a las clases más adineradas.

La colonización impuso costumbres y conductas europeas de tendencia secular a las sociedades árabes, normas, que trataban de apartar el islam de la conciencia de sus gentes y que de modo paulatino  iban socavando las tradiciones y cultura musulmana. Por si ello fuera poco, en la zona de Ismailía donde ejercía su magisterio  Banna, la Agencia del Canal de Suez trataba a los egipcios como esclavos, les hacia residir en barrios apartados y mal acondicionados, muy al contrario de las grandes mansiones de las que disfrutaban los funcionarios británicos. La situación le preocupaba porque en su propio país, los egipcios tenían que vivir sometidos a los extranjeros, además de ser manipulados en sus sentimientos religiosos y culturales. Ello le impulsó a fundar  la Hermandad destinada a luchar contra el colonialismo,  defender la religión y la justicia social  enseñar a quien no hubiera tenido oportunidad de conseguirlo, “ser un guía y un educador”, solo a través de estos requisitos los egipcios podrían luchar y exigir sus derechos. ¿Esto es islamismo en el sentido que lo interpreta occidente de radicalismo?, rotundamente no “la política de los Hermanos se basa en tres principios: respeto al marco constitucional, participación en las elecciones parlamentarias y rechazo de la acción violenta para conseguir el poder” (Gema Martín Muñoz, El Estado árabe: Crisis de legitimidad y contestación islamista, Bellaterra, 1999).  Islamismo no quiere decir fundamentalismo ni integrismo, es una forma de entender el islam, es vivir los valores islámicos en todos los ámbitos de la vida  al estilo de algunas asociaciones o cofradías cristianas que hacen el centro de su vida a Cristo ¿Qué puede haber grupos violentos que hagan mucho daño a personas y sociedades?, desde que luego si, como también los ha habido en el cristianismo radical, ¿Qué esto sea general?, desde luego que no. Sayid Qutd, uno de los pensadores que defendieron la Jahiliyyah, (ignorancia islámica) se separó de la rama principal de los hermanos, se radicalizó y fue encarcelado,  pero todavía no se ha demostrado que el atentado fallido que sufrió Nasser fuese perpetrado por un Hermano. Olivier Carré, va más allá y atribuye “la responsabilidad del atentado al propio Nasser que lo habría escenificado para aumentar su popularidad” (Xavier Ternisien. Los Hermanos Musulmanes,  Bellaterra. 2007. Pag.47).

Según su fundador, los Hermanos, deben ser personas que rezan, pero al tiempo estar en el mundo, en la ciencia, en la política, en la economía, en el derecho, “estar cerca de la gente conocer sus problemas y resolverlos”, de ahí que tengan una red de escuelas y hospitales donde se enseña o se da atención sanitaria a los más desfavorecidos. Asimismo se han implantado en universidades y se han hecho con  el control de algunos colegios profesionales entre los que se encuentran el de médicos, ingenieros, farmacéuticos o abogados. Por eso es difícil etiquetarlos, escapan a cualquier definición, aunque algunos analistas les desacrediten lo que obedece a estereotipos de algunos medios de comunicación más que al escenario real; hay que percibir que las noticias que llegan a occidente de los países árabes, casi siempre son de tipo negativo y reduccionista.

Los Hermanos Musulmanes en un Congreso celebrado en 1945 se declararon “organización política, social y religiosa” (Olivier Carré y Gérard Michaud. Les frères musulmans) han ganado las elecciones democráticas de 2012 con un 45 % de los votos, lo que es clara evidencia del apoyo con que cuentan en la sociedad egipcia. Entre los objetivos que el  Partido Libertad y Justicia se propone defender quiero mencionar dos que me parecen imprescindibles: la separación de los poderes del estado que estaban todos en manos de Mubarak y su gobierno y la participación política de la sociedad. En enero, el Guía General de la Hermandad,  Mohammed Badie se reunió, con la embajadora de EE.UU. Anne Patterson, y sucesivamente con el enviado de la U.E. Bernardino León, con el embajador de Suecia en El Cairo. El Presidente del Partido Libertad y Justicia de los Hermanos, también se ha entrevistado con el Primer Ministro Italiano Mario Monti,  lo que constituye todo un proceso de normalización democrática; La Hermandad ha participado en fecha reciente en una Conferencia para la Paz  en la Fundación Carnegie de Washington.

Una iniciativa que me parece excepcionalmente importante es la organización por parte del Comité de Mujeres del Partido Libertad y Justicia, de una convención, la primera de su género, para promover pequeñas empresas con préstamos sin usura, con el fin de combatir el desempleo; una campaña de alfabetización para sordomudos y la puesta en marcha de un proyecto para ayudar a combatir el cáncer de mama. Todo ello son noticias muy positivas, que la prensa occidental no difunde.  

4. Conclusión

Entre los acontecimientos más importantes de la historia de Egipto del siglo XX es el nacimiento de los movimientos nacionalistas que a base de movilizaciones consiguen la democratización de país, la celebración de elecciones libres, la  elaboración de una constitución democrática y que es de hecho la época de mayor libertad en la historia de Egipto hasta la llegada de Nasser. Otro acontecimiento importante es la islamización del país que llego de la mano de Sadat y que Mubarak  mantuvo para desacreditar a los partidos islamistas: si el Estado se islamiza los partidos de este tipo se quedan vacios de contenido. Visiblemente usa del islam para justificarse.

El movimiento liberador egipcio de 2011 consiguió derrocar al autócrata  en 18 días, lo que suponía acabar con un régimen corrupto que controlaba la sociedad a través de Consejo de Seguridad Nacional que al tiempo era  quien nombraba, de forma discrecional, a los todos los altos cargos, desde alcaldes a ministros o rectores de universidad, siempre a conveniencia del Presidente o de su hijo Gamal. Segundo: paralizar la herencia. Mubarak, pretendía que su hijo se convirtiese en Presidente de Egipto de forma hereditaria, lo que además de un acto de poder omnímodo y corrupto suponía la perpetuación de la dictadura y la ausencia “sine die” de vida política y democrática; el Ejercito,  si bien su situación era y sigue siendo de privilegio, se unió al pueblo porque no admitía la herencia dinástica de los Mubarak. Todos estos acontecimientos marcan indeleblemente el devenir histórico, el futuro de Egipto, el sentimiento de sus gentes, su inconformismo y su grandeza.

Son muy importantes las palabras que pronunció hace pocos días, el Dr. Mohamed Gamal Heshmat, diputado de la Comisión de Relaciones Exteriores del Parlamento egipcio, con las que respaldaba la revolución y el proceso democrático, para ello se apoyaba en algunas iniciativas que se han aprobado en la Cámara egipcia. Entre algunas leyes más, la que prohíbe presentarse a elecciones presidenciales a aquellos que ocuparon cargos relevantes en el Gobierno de Mubarak, que viene dado porque el ex jefe de Inteligencia, Omar Suleiman, pretendía presentar su candidatura;  ley que prohíbe juicios militares a acusados civiles; la que permite enjuiciar al Presidente, la de libertad sindical, ley contra la tortura,  la que se refiere a rehabilitación de  discapacitados, la del seguro de salud para los agricultores o la del poder judicial.
El primer año de la revolución se celebró el 25 de enero en la Plaza de Tahrir, donde cristianos y musulmanes egipcios estuvieron juntos, hicieron oración juntos; la cadena televisiva Euronews mostraba en enero de 2011 un cartel que exhibía un Corán al lado de una cruz, lo que me conmovió profundamente porque era  modelo de que podemos y por ello debemos estar juntos, sentir juntos, desear juntos, rezar juntos musulmanes y cristianos, el gran error es considerar que somos distintos. La Plaza Tahrir es símbolo de  libertad,   Plaza Verde, Plaza de la Perla, Puerta del Sol de los indignados del movimiento 15-M en Madrid... la plaza es el lugar de confluencia de destinos, lugar de encuentro, de descanso, de conversación, lugar de la palabra, de la celebración y del recuerdo, de la reivindicación y de la esperanza.

El pueblo llano, la ciudadanía,  siempre es víctima de los desajustes del mal gobierno, de la tiranía de aquellos que lo dirigen. El pueblo egipcio, lleva más de un siglo sufriendo los desequilibrios de unos regímenes que luchaban más por sus propios intereses que por la prosperidad de sus  habitantes. Entiendo que les queda un largo camino por andar que además no es fácil y está lleno de obstáculos, pero saben lo que quieren y lo superaran a pesar de  las dificultades y las zancadillas que puedan aparecer en el trayecto, pero hoy son más libres que ayer porque todos juntos han conseguido cambiar la historia. Permanecer unidos ya es un éxito seguro. 

La democracia en Egipto ha tenido que esperar más de cien años. Hoy Egipto y otros pueblos árabes  ya caminan hacia su dignidad ¿Lo conseguirá Europa?

Bibliografía
-Gema Martín Muñoz, El Estado árabe: Crisis de legitimidad y contestación islamista, Bellaterra, Barcelona, 1999.
-Ignacio Gutiérrez de Terán, Ignacio Álvarez-Ossorio. Informe sobre las revueltas árabes, Ediciones del Oriente y el Mediterráneo, Madrid, 2011
-Xavier Ternisien, Los Hermanos Musulmanes, Bellaterra, Barcelona, 2007.
-Olivier Carré y Gérard Michaud, Les Frères Musulmans, Gallimard-Julliard, col. “Archives”, París, 1983.
-Alaa Al Aswany, Las claves de una revolución inevitable, Galaxia Gutemberg, S.L., Barcelona, 2011.
-Elena Arigita Maza, El Islam Institucional en el Egipto Contemporáneo, Universidad de Granada, Granada, 2005.
-Mohamed Charfi, Islam y Libertad, Al-Andalus y el Mediterráneo, Granada, 2011.
-Laura Navarro García, Contra el islam: la visión deformada del mundo árabe en Occidente, Editorial Almuzara, Córdoba, 2008.
Artículos
-Juan Goytisolo, Entre manipulaciones y fetuas, El País, Opinión, 10-2-2006
-Mónica G. Prieto, La oposición silenciosa en Egipto, El Mundo, 3-5-2008

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