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Las elecciones en Argelia: un mapa complejo y posibilidades abiertas

¿Repetirán los islamistas argelinos la victoria de sus homólogos en Túnez, Egipto y Marruecos?

09/05/2012 - Autor: Mustafa Aayat - Fuente: Islam Al Yaum
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Elecciones parlamentarias en Argelia el 10 de mayo
Elecciones parlamentarias en Argelia el 10 de mayo

«Si estas elecciones son un éxito, benditas sean, pero si van mal, que Dios nos coja confesados» el presidente argelino Abdelaziz Butefliqa no exageraba al emplear estas palabras tajantes para hablar de las elecciones parlamentarias previstas el próximo 10 de mayo. Son las más importantes de la historia argelina desde las elecciones de 1991 contra las que se levantaron los militares tras la victoria aplastante del Frente Islámico de Salvación, lo que sumergió al país en una espiral de violencia que duró una década completa durante la que murieron más de 200.000 personas, en lo que se conoce en Argelia como el «decenio sangriento» o el «decenio negro».

Los ángulos de la importancia de estas elecciones son múltiples. Son las primeras elecciones de Argelia a la sombra de la «primavera de las revoluciones árabes» cuya brisa pasó suavemente por el país ya que el régimen se atrincheró en las grandes rentas del petróleo y del gas para ofrecer ayudas e incentivos generosos a los ciudadanos, quienes desistieron de manifestarse con fuerza y profusamente. El «soborno económico» no fue lo único que empujó a los argelinos a mostrarse reluctantes ante la demanda de la caída del régimen, como sucedió en Egipto, Túnez, Libia y Yemen, quizá la destrucción, violencia y muerte de la década 1992-2002 les hizo pensar que la experiencia podría repetirse. Además el país ha vivido en los últimos años un grado aceptable de ampliación del círculo de participación al entrar el Movimiento de la Sociedad por la Paz en una coalición gubernamental tripartita junto al Frente de Liberación Nacional y a la Reagrupación Nacional Democrática.

El segundo aspecto de la importancia de estas elecciones es que serán las últimas antes de las presidenciales previstas para 2014. Muchas previsiones apuntan a que Butefliqa no se presentará a las próximas elecciones presidenciales porque su estado de salud no es estable tras recibir un largo y doloroso tratamiento para el «cáncer de estómago», según las filtraciones de WikiLeaks, o para la «úlcera de estómago» según dice la versión oficial. Desde entonces Butefliqa ha reducido considerablemente sus apariciones públicas, y en las pocas ocasiones en las que se le ha podido ver no mostraba buen aspecto. No hay un sucesor claro para Butefliqa. Algunas estimaciones señalan a su representante personal y ex ministro de Exteriores Abdelaziz Beljadem, pero éste se enfrenta a la oposición violenta de algunas corrientes en el seno del Frente de Liberación Nacional (gobierno) presidido por él mismo. Tampoco hay datos claros sobre el apoyo a Beljadem de poderes de facto en el interior (el Ejército y los aparatos de seguridad) y en el exterior (Francia y EEUU).

En tercer lugar estas elecciones son importantes porque el nuevo Parlamento elaborará una nueva Constitución y previsiblemente tendrá amplias competencias en el control del poder ejecutivo. La mayor parte de los partidos políticos ha movilizado a todas sus fuerzas para obtener el mayor número de escaños posibles a fin de garantizarse una participación efectiva en la elaboración de la carta magna; esto ha coincidido con el anuncio de veintidós nuevos partidos políticos que podrán participar en los comicios lo que hace más dura la campaña electoral. Algunos de los grandes partidos han sufrido además deserciones en los últimos años como la retirada de Abdulmayid Munasara del Movimiento de la Sociedad por la Paz o las tres deserciones del Frente de Liberación Nacional, la más destacada de las cuales fue la de Ali Benflis en 2005. Las próximas elecciones suponen un examen difícil en el que estos partidos deberán demostrar que no se han visto afectados por las deserciones, algo también aplicable a los desertores, que han movilizado sus fuerzas para demostrar que sus posturas son las correctas.

El cuarto ángulo de la importancia de estos comicios es que el presidente Butefliqa anunció una serie de medidas de reforma para garantizar la celebración de unas elecciones transparentes, entre ellas la creación de una comisión electoral que gestione los comicios en lugar del Ministerio del Interior, la supervisión judicial de las elecciones, la aceptación de la presencia de observadores internacionales además de dar órdenes estrictas para que los aparatos del Estado no apoyen a los candidatos considerados del régimen. Aunque esas medidas no impedirán que se produzcan abusos legales, como el registro colectivo de soldados del ejército y agentes de la seguridad en las listas de votantes y fuera de las fechas fijadas para ello, muchos son los que creen que las próximas elecciones serán las más transparentes desde 1991 siempre teniendo en cuenta que el término transparencia es relativo y flexible y sigue los estándares argelinos y que no es el término que conocen las antiguas democracias. Todas las esperanzas están puestas en que el Estado no intervenga para manipular los resultados anulando tarjetas o cambiando las urnas, aunque nadie espera que vaya a haber una transparencia entendida según parámetros internacionales.

La quinta razón para la importancia de estos comicios tiene que ver con la siguiente pregunta: ¿repetirán los islamistas argelinos la victoria de sus homólogos en Túnez, Egipto y Marruecos? La respuesta parece más complicada en el caso de Argelia. El Frente Islámico de Salvación, que arrasó en las elecciones de 1991, no puede presentarse a estas elecciones y sus cargos no pueden tienen prohibida toda labor política pero han hecho un llamamiento al boicot a los comicios del jueves. El segundo partido islamista con más popularidad es el Movimiento de la Sociedad por la Paz que vivió muchas escisiones hace unos años dirigidas por el segundo hombre del partido, Abdulmayid Munasara, quien se llevó a un sector importante de cargos intermedios, y cuya experiencia participando en el actual gobierno no ha sido positiva ya que no ha desempeñado ningún papel en la formulación de las decisiones del gobierno, lo que ha hecho brotar profundas diferencias sobre la utilidad de quedarse en el gobierno entre la cúpula del partido y su presidente, Buyerra Sultani. Se espera que este punto tenga peso en la decisión de voto de los electores. En contrapartida, el partido ha logrado crear una coalición electoral tripartita con los movimientos Al Nahda y Al Islah, que aspira según su líder, el propio Buyerra, a hacerse con la primera posición y con 120 escaños de un total de 462. La coalición no pretende en absoluto repetir la victoria aplastante de los islamistas en Egipto y Túnez y esta modesta valoración parece armonizar, o mejor dicho es optimista con respecto a los resultados de las últimas elecciones.

Además de esta coalición en las elecciones participan otros dos partidos islamistas de cierto peso: el Frente Justicia y Desarrollo, fundado hace semanas por el líder islamista Abdulá Yabalá, y el Frente del Cambio Nacional, fundado por Abdulmayid Munasara. Ambos partidos obtuvieron la licencia hace semanas y no es posible vaticinar con precisión la suerte que van a correr en las elecciones.

Las previsiones optimistas dicen que los islamistas unidos no representarán un tercio del próximo Parlamento frente a los 60 escaños que obtuvieron en 2007, pero los demás partidos también han sufrido escisiones y han perdido popularidad, y por este motivo las previsiones apuntan a que los 25.000 candidatos (de 44 partidos y centenares de listas independientes) no lograrán la mayoría para ningún partido, y que el próximo gobierno será un gobierno de coalición, aunque esta coalición está supeditada a los resultados de las elecciones si éstas se celebran con una transparencia aceptable.

De producirse las intervenciones habituales en las elecciones, las palabras de Butefliqa se harán realidad aunque no podemos prever de qué manera llegará la «primavera de las revoluciones» a Argelia, porque el Estado y el Ejército son fuertes y podrían evitar que se repita el escenario de Libia, pero no está descartado el escenario de Yemen, donde jóvenes independientes no pertenecientes a partidos tradicionales dirigieron una movilización popular que logró acabar con Abdalá Saleh después de un año aunque las instalaciones del Estado y los servicios públicos estuvieron paralizados completamente durante ese tiempo. Muchos otros descartan esta posibilidad porque el Estado en Argelia es mucho más fuerte ahora que en 1991 y porque en sus arcas hay unas reservas de más de 150.000 millones de dólares, y por consiguiente puede ofrecer incentivos y sobornos a los ciudadanos para que hagan la vista gorda o no den importancia a los resultados electorales.

Traducido al castellano por la Fundación Al Fanar

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