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Emociones verdaderas

Entender el mundo que nos rodea nos daría a la larga el poder potencial de cambiarlo, pero fundamentalmente, haría más digna y más rica nuestra vida

03/05/2012 - Autor: Moámmer al-Muháyir - Fuente: Webislam
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Reflexionando en la montaña

A menudo noto que la dificultad de las personas normales para comprender la realidad es el resultado de su limitada capacidad de asombro. Parece que el cine los ha educado viendo proezas ficticias de superhéroes, y cuando tienen que concentrar su mente en una realidad (como por ejemplo, la naturaleza), simplemente reaccionan con aburrimiento e incredulidad.

Esto explica muy bien la reacción de tantas personas a los análisis que hago sobre la historia o la conducta humana. Cuando explico en una reunión, por ejemplo, que algunos dinosaurios evolucionaron en pájaros, por qué el fútbol o el fisicoculturismo provocan la muerte programada de neuronas, por qué exponer a los chicos a los alérgenos del monte fortalece su sistema inmunológico, cómo Las Cruzadas de la Edad Media desembocaron en la moderna fundación del Estado de Israel, o por qué esa estrella roja que está pasando desde Febrero por Aries es el planeta Marte y no una estrella, la inmensa mayoría de las personas que conozco reaccionan con aburrimiento e incredulidad: la realidad que los involucra no les interesa, sólo quieren ver cine.

Piensen por ejemplo, en cómo matamos un simple insecto cuando ingresa a la casa. Intuitivamente, sabemos que la más ligera mirada de cerca con una lupa a una mosca o un mosquito nos pondría cara a cara con una criatura más fantástica que las vistas en el Señor de los Anillos. Más aún: sabemos que las moscas son reales, y los dragones no. Sabemos que conocerlas y entenderlas nos puede ayudar a entender el mundo en muchas formas, y que entenderlo nos daría a la larga el poder potencial de cambiarlo. Pero fundamentalmente, haría más digna y más rica nuestra vida. Y sabemos que todo lo que aprendamos sobre dragones, como sobre fútbol, novelas, cine o historietas, sólo nos sirve para conversar en clubes, pero no nos ayuda ni un poco a comprender la realidad, a entender un poco el mundo que nos rodea, a saber dónde estamos parados.

Claro, luego vienen los problemas reales de la vida, y derramamos lágrimas inútiles cuando ya es demasiado tarde: enfermedades, accidentes, tragedias económicas o políticas, inmigraciones o exilios, catástrofes climáticas, o personas de nuestra familia o entorno que tienen comportamientos peligrosos o dañinos que no supimos preveer, todos los cuales mostraron signos o pistas que cualquiera habría podido entender simplemente prestando atención, y que nosotros no vimos porque estábamos muy ocupados con nuestra cajita feliz de tonterías, tomando cerveza y viendo el partido del Barça, discutiendo con asombro desmedido la reacción de un referí o el divorcio de una actriz.Así se nos pasa la vida, emocionándonos, asombrándonos, indignándonos, interesándonos y amando, pero con ilusiones; siempre con ilusiones. Gran parte de nuestras emociones diarias, las que nos relacionan intensamente con el mundo y que nos hace sentir vivos, están dirigidas a algo ficticio, artificial, fruto de nuestros caprichos o de los caprichos de alguien más. Así somos, y así son nuestras emociones y nuestras vidas. Somos como las cosas que amamos: caprichosos, artificiales, irreales, quiméricos. Vivimos una vida de mentira e ilusión, una vida atrofiada y anestesiada. O si no es así, que alguien me diga quién ha experimentado en la vida alguna de todas las situaciones humanas que se pueden ver en una película: cuántas montañas han escalado, cuántos amaneceres han visto, cuántas estrellas conocen, cuántos rasgos etno-fenotípicos pueden identificar en los rostros de la gente, o cuántos animales conocen; en una palabra, cuántas realidades han comprendido y con cuántas se han conmovido.

Por lo tanto, yo entiendo que tengo Síndrome de Asperger y que tengo una discapacidad social, que soy poco expresivo, que parezco frío y calculador. Pero no digan que mi reticencia a involucrarme emocionalmente con la sociedad es fruto de esa discapacidad: lo que de verdad me pasa es que busco emociones verdaderas. Busco la realidad; con eso me bastaría, me sobraría, y caería extasiado. Y ninguna de las actividades y gustos modernos y populares que me ofrece esta sociedad pueden movilizar mi interés, o en todo caso, son muy escasas. Supongo que la vida social tal como está me aburre tanto como a la sociedad le aburren mis análisis sobre ella misma y los relatos sobre la historia o la naturaleza que a mí me apasionan.

Cualquiera diría que si no fuera por las tragedias y las adversidades, esta sociedad preferiría vivir su vida entera en una cama de terapia intensiva, con un tubo que la alimente por vía intravenosa y otro conectado por atrás que se lleve los desperdicios, para mirar televisión por toda la vida sin tener que moverse, emocionándose y asombrándose con telenovelas o películas de ciencia ficción o partidos de fútbol, mientras el universo afuera sigue su curso, y la civilización humana es conducida por un puñado de despabilados de una coyuntura histórica a otra.

Me gustaría entonces hacerles una pregunta sencilla: haciendo un breve recuento de sus vidas, ¿Cuántas emociones han despertado mirando la realidad, y cuántas mirando fantasías y castillos en el aire?


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1 Comentarios

Eva Rosacastro dijo el 05/05/2012 a las 23:44h:

Con tu articulo,me he sentido muy bien expresada,el ser humano me ha decepcionado bastante y la naturaleza es mi mejor amante.La verdad,es que en la naturaleza y con los animales,he tenido ,compartido y vivido mis mejores experiencia.Desde muy pequeña,me iba sola al campo, la montaña(he tenido la oportunidad) y me pasaba horas y horas andando,observándolo todo,los insectos,las flores y plantas,me atraían los escarabajos y abejorros y recuerdo que me fascinaron los colibris y me obssesionaba por admirar uno,luego supe que ese,era un espectáculo muy difícil de presenciar.Me perdía de pueblo,con algún perro sin hogar,que siempre había y yo cuidaba cuando estaba,algunas veces me juntaba con casi una manada y todos juntos por los campos,tumbándonos al sol,viendo el juego de luces,por entre las hojas de los arboles,durmiéndonos un rato,jugando,observandolos a ellos y entre ellos y su medio,he sido afortunada por poder llegar a vivir y sentir esas emociones,esa conexión y paz q aun me cobija.


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