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Los renovadores

El hombre bueno es aquel que se preocupa por el bien de todos, y el bien común está compuesto por el bienestar de todos los individuos

02/05/2012 - Autor: Yasin Ceran - Fuente: Revista Cascada
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Cada ser humano es en realidad un universo en miniatura...

Si la educación es un acto de «renovación» de las creencias, ideas, esperanzas, felicidad, miseria y prácticas 1, una renovación que contribuye a la mejora y superación de los pensamientos, sentimientos y acciones de un individuo, entonces un educador es el que alienta la emoción de la «renovación» en el alma y ayuda a las personas a desarrollar todo su potencial con el fin de alcanzar el grado de insan-i kamil, un ser humano perfecto. Dado que la educación es un proceso continuo que se desarrolla dentro del triángulo de la familia, de la sociedad y de la escuela, el lugar que ocupa el educador en este contexto es extremadamente crítico, ya que se le sitúa en el centro de este triángulo.

Como los educadores tienen una posición tan importante en la sociedad, es fundamental reflexionar sobre cómo un profesor debe llevar a cabo su enseñanza y qué tipo de personalidad debe desarrollar para cumplir con su misión de educador. Aunque es difícil dar respuestas satisfactorias a preguntas tan profundas en un ensayo corto, vale la pena mencionar un par de puntos.

En primer lugar, un educador debe tener la dignidad de portar conocimiento. Debe tenerse en cuenta el hecho de que si el conocimiento es el espíritu, un conjunto de acciones le sirven de cuerpo. Si los actos de un profesor no son ejemplares para sus alumnos, entonces el conocimiento pierde su sentido a los ojos de los estudiantes. Como es notorio, los más grandes maestros de la humanidad aparecieron entre los Profetas.

Los Profetas, con toda su sabiduría y su profundo conocimiento tanto sobre el mundo físico como metafísico, en primer lugar establecieron su reputación en la sociedad destacando por sus valores morales, y mediante la demostración de los mejores ejemplos de carácter y comportamiento humano. La presentación de los valores en la conducta (tamsil) siempre precede a la enseñanza de dichos valores (tabligh). Cambiar este orden daría lugar a una enseñanza ineficaz y a la hipocresía por parte de aquel que trata de enseñar.

Un profesor debe observar el universo desde múltiples ángulos. No debe limitarse dentro de los muros de la escuela o del programa de estudios. Debe enseñar a sus estudiantes a ver las cosas desde diversas perspectivas y a convertir cualquier entrada de datos en información y de ahí en conocimiento. Un educador no debe transmitir una información antes de comprobar que los «receptores» están preparados para detectarla y absorberla. Quien enseña no debe olvidar nunca que «el propósito de aprender es hacer del conocimiento una guía para toda tu vida, para iluminar el sendero a la perfección humana. Cualquier conocimiento que no desempeñe estas funciones es una carga para el que se dispone a aprender y cualquier ciencia que no nos dirija hacia las metas más sublimes es tan sólo decepción».2

Como dijo Bertrand Russell: «El hombre bueno es aquel que se preocupa por el bien de todos, y el bien común está compuesto por el bienestar de todos los individuos» 3. Un profesor debe construir puentes entre cada persona y la sociedad, utilizando el entorno de la escuela como lugar de construcción, y movilizar el potencial único que posee cada ser humano para el uso de la sociedad y, en general, de la humanidad. Nadie debe ser tratado como un ser insignificante. Así se consigue que las capacidades de los estudiantes no sean malgastadas. La más grande y peligrosa pérdida es el despilfarro del capital humano. Un maestro sabe que cada ser humano es en realidad un universo en miniatura y que cada uno de sus alumnos es tan valioso como el cielo 4. Los aspectos emocionales, espirituales y físicos de la naturaleza humana ofrecen una amplia gama de colores y el maestro ideal permitirá a sus estudiantes descubrir sus propios colores dentro de este espectro.

Los maestros son los arquitectos del carácter. De un profesor se espera que vea a cada estudiante como a una potencial obra maestra, y que sea capaz de desarrollarla mediante un diseño cuidadoso y un plan individual y específico. Esta no es una tarea fácil. Una sola persona no puede encajar en todos los vestidos de una tienda. El profesor debe lograr que sus estudiantes sientan que son especiales, que son atendidos, y que el profesor derriba los muros de sus limitaciones con sus propias manos para abrir nuevos espacios. Aunque el profesor pueda no ser capaz de marcar la diferencia que trata de establecer, sus acciones y sus intenciones, las que lleva a cabo después de que sus actos se hayan agotado, harán llegar a los estudiantes el mensaje. Esto es lo que significa dejar huella en la vida de los estudiantes. El cuerpo humano se desarrolla a partir de un óvulo fecundado; el espíritu humano y su carácter son mucho más avanzados que el cuerpo, convirtiendo pequeñas semillas en gigantescos árboles frutales.

Los maestros son los abogados de sus alumnos, en defensa de sus debilidades en el aprendizaje y en la búsqueda de diferentes enfoques para superar los obstáculos entre el conocimiento y el estudiante. Los maestros son solo catalizadores. Ven los fracasos de sus alumnos como sus propios fracasos y jamás se permiten el lujo de la autoindulgencia. Al igual que los poetas, que tratan sus versos como a sus propios hijos, siempre intentando reemplazarlos por otros mejores, los maestros se preguntan si sus alumnos podrían ser mejor de lo que son, en cuanto a lo que han aprendido de ellos.

Enseñar es también aprender. Un maestro aprende de sus alumnos a convertirse en un mejor educador. Un buen maestro debe ser capaz de escuchar las palabras silenciosas que brotan de las lenguas de los alumnos bien dispuestos. Los estudiantes puede que no hablen con el profesor directamente, pero sus miradas, expresiones faciales, sus interacciones con sus maestros, los niveles y tonos de sus voces, todos reflejan la capacidad del maestro que les enseña. Los educadores que no observan cuidadosamente estos signos son similares a los que cierran los ojos ante la luz del día y se preguntan por qué no pueden ver.

Si un maestro considera que la enseñanza es un asunto simple y no es consciente de la responsabilidad que supone el impactar sobre los demás, entonces debería cuestionarse su dedicación. Un profesor debe estar dispuesto a tomar este camino al mismo tiempo que ha de ser consciente de las largas distancias, los valles profundos y los océanos de dificultades a los que deberá enfrentarse. Como dijo Rumi, al final, un educador debe estar dispuesto a decir: «Estaba crudo, fui cocinado. Ahora estoy quemado».

Yasin Ceran es profesor de matemáticas en Houston, Texas, EE.UU.
Notas
1.    John Dewey, Democracia y Educación: Una Introducción a la Filosofía de la Educación, Digireads.com Publishing, Stilwell, KS, 2005, pág. 4.
2.    Fethullah Gülen, Perlas de la Sabiduría, Editorial La Fuente, Nueva Jersey, 2008, pág, 55.
3.    Bertrand Russell, Education and the Social Order («La Educación y el Orden Social»), Routledge, 2002, pág. 9.
4.    Said Nursi, The Words («Las Palabras»), «Twenty-Third Word» («La vigésimotercera palabra»), Nueva Jersey, The Light, 2008.

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