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Azawad (I)

La nueva rebelión armada en el norte de Malí, compuesta por diferentes grupos guerrilleros puso en jaque al gobierno de Tumani Turé en tan solo un par de meses

28/04/2012 - Autor: Samuel - Fuente: Qilombo
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Mapa de Malí, con una muestra del territorio que el MNLA reclama
Mapa de Malí, con una muestra del territorio que el MNLA reclama

La nueva rebelión armada en el norte de Malí, compuesta por diferentes grupos guerrilleros -unos de base tuareg y otros de inspiración islamista-, puso en jaque al gobierno de Amadú Tumani Turé (63 años) en tan solo un par de meses. Y en tres días logró arrebatar al gobierno las más importantes ciudades del norte del país: Kidal (30 de marzo de 2012), Gao (31 de marzo) y Tombuctú (31 de marzo). Ciudades que se corresponden con regiones homónimas que abarcan una superficie de más de 800.000 kilómetros cuadrados, el 65 % de la superficie de Malí.

Una semana antes Tumani Turé (o ATT, como se le conoce en el país) había sido derrocado por unos oficiales del ejército desafectos que le reprochaban no haber dotado al ejército de medios suficientes para enfrentarse a una guerrilla que estaba provocando muchas bajas entre los militares. Cuando los amotinados asaltaron el palacio presidencial con lanzacohetes, el presidente tuvo que huir bajando la colina de Kouluba (Bamako), en cuya cima se sitúa el palacio presidencial, con ayuda de su edecán y otros tres soldados, hasta refugiarse en el cuartel de Djicoroni, a dos pasos de la embajada estadounidense. Final poco honorable para un presidente que, pese a haber llegado al poder en 1991 con otro golpe de estado, el que acabó con la dictadura de Mussa Traoré, tuvo el detalle de dejar el cargo al poco tiempo para luego retornar diez años después con las elecciones de 2002. El golpe de estado contra ATT motivó la aprobación de duras sanciones económicas por parte de la Comunidad de Económica de los Estados de África Occidental o Cedeao, que luego fueron derogadas tras el acuerdo alcanzado con el líder golpista, Amadu Sanogo.

Finalmente, el principal grupo rebelde, el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA), formado básicamente por tuareg o imazighen, declaró la independencia del territorio correspondiente al norte de Malí, en un movimiento tal vez prematuro pues la situación real sobre el terreno sigue siendo confusa. Un aspecto importante es que el MNLA y otros movimientos que le precedieron prefieren el uso de un término geográfico (Azawad) en lugar de hacer referencia a la identidad tuareg. Esto se explica por la diversidad étnica de las regiones que reivindican los rebeldes, donde conviven zarmas, songhais, árabes, peul, tubus, etc. Otra razón es que en distintos momentos los rebeldes tuareg de Malí o Níger han buscado el apoyo de países árabes hostiles a la cultura amazigh, como Argelia o Libia. Azawad, Azawagh o Azawak (Níger) es un región limítrofe entre Malí y Níger y en sentido estricto hace referencia a la cuenca desértica de un extinto afluente del río Níger.

Como ha sucedido en tantas otras ocasiones, existe el riesgo de explicar los acontecimientos exclusivamente en función de los respectivos intereses políticos. En Europa muchos de quienes reclaman la independencia de diferentes territorios situados en los actuales Estados aplauden la gesta del noble pueblo tuareg y el nacimiento de un nuevo Estado, sin detenerse a pensar mucho de qué Estado estamos hablando. Desde la izquierda más centralista o federal priorizan de nuevo la intervención de otros Estados, insistiendo en la desestabilización provocada por el tráfico de armas proveniente de Libia o denunciando la secesión como una maniobra del imperialismo occidental.

Lo cierto es que ATT, maestro en el arte de la negociación y del consenso, mantenía muy buenas relaciones con Estados Unidos -que entrenaba su mal pertrechado ejército- y con Francia y la Unión Europea, que financia el 70% del presupuesto del Estado maliense. De ahí que se hayan desarrollado otras variantes de la citada perspectiva geopolítica. Una de ellas acusa a Francia y a EEUU de "complicidad", aunque sea por omisión, con el MNLA en aras de la lucha contra el islamismo y el control de los hidrocarburos de la zona, al tiempo que critican el papel de la Cedeao por presionar de esa manera a unos soldados que no han hecho otra cosa que expresar el malestar de una amplia franja de la población de Malí por el curso de la guerra del norte. Es la postura la defendida por ilustres intelectuales africanos como la ex ministra maliense Aminata Traoré o el escritor senegalés Boubacar Boris Diop, que han firmado un manifiesto en ese sentido. Otra tesis es la del antropólogo y consultor Jeremy Keenan, compartida por muchos amazigh, que enfatiza en cambio el papel de Argelia en la desestabilización de la zona, donde tiene intereses petroleros. Sería por medio de Al Qaeda en el Maghreb Islámico (AQIM), que según Keenan está controlado o infiltrado por los servicios secretos argelinos, algo que resulta difícil de verificar.

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Las variables externas están ahí, pero no por ello resulta apropiado establecer relaciones causa-efecto sin tener en cuenta la realidad sobre el terreno. Ni la Francia colonial, ni el Malí postcolonial llegaron a controlar del todo las tierras desérticas que se extienden al norte del gran meandro del río Níger. En Kidal se dice incluso que "el Estado de Malí termina allí donde acaba la carretera que conduce a Gao". En semejante contexto, será más provechoso dejar a un lado la perspectiva estatista y desarrollar un análisis que tenga más en cuenta lo que sucede abajo, las articulaciones sociales en red y la llamada informalidad, que impregna la vida cotidiana.

Uno de los pueblos que habitan estas tierras son los imuhagh o kel tamasheq, que los árabes bautizaron como tuareg (término que continuaré empleando por comodidad). Las rebeliones tuareg se sucedieron tras la independencia de Malí, en 1962-64, 1990-95 y 2007-09, porque en general los tuareg se sintieron marginados en el nuevo Estado maliense y porque continuaron resistiendo aquellos intentos asimilacionistas que cuestionaban sus formas de vida nómadas. Vale la pena, pues, detenerse un poco en la estructura de las sociedades tuareg.

Lo primero que cabe destacar es que los tuareg jamás han constituido una entidad política unificada y centralizada. Pueblo todavía hoy compuesto en su mayoría por pastores nómadas o agropastores, se encuentra disperso entre cinco estados (Malí, Níger, Argelia, Libia y Burkina Faso). En todos ellos constituyen minorías étnicas y sólo en Malí y Níger alcanzan el medio millón de personas respectivamente (aunque no disponemos de un censo preciso). Su identidad viene determinada por tradiciones y costumbres culturales comunes que expresan en una lengua común, el tamashaq/tamasheq, del sistema lingüístico amazigh.

Las sociedades tuareg son tradicionalmente jerárquicas y estratificadas. Por un lado nos encontramos los hombres libres (illelan) y por otro los esclavos (ikelan). En la primera categoría encontramos los nobles (imajaghen), que son quienes detentan el poder político, militar y económico y sobre los cuales el colonizador construyó la imagen estereotipada del tuareg. Por debajo de los imajaghen se encuentran los imghad, castas vasallas que realizaban trabajos que los primeros rechazaban. Otras categorías son los religiosos o ineslimen, los artesanos o inaden y finalmente los antiguos esclavos liberados o izeggaghen, que cultivan las tierras de los nobles. Por su parte, los esclavos procedían originariamente de castas inferiores tuareg de otras tribus y sobre todo de poblaciones negras sometidas (songhai, hausa, kanuri). Todos ellos solían ser capturados en razias o comprados a comerciantes árabes, y debían trabajar en labores domésticas o pastoriles. Un conjunto de familias que reconocen un ancestro común y comparten un mismo estatus social constituyen un clan o tawsit, que luego se agrupan en confederaciones o ettebel, complejas redes interclánicas como los Kel Ahaggar en Argelia o los Kel Adagh y Kel Ataram en Malí. Los ettebel están encabezados por líderes denominados amenokal, cargo simbólico y temporal que implica más bien un papel de mediación y arbitraje entre los diferentes grupos. A diferencia de los moros del oeste (Mauritania), los árabes y amazigh del norte o los tubus del este (Libia, Chad), las sociedades tuareg son matrilineales y en ellas las mujeres tienen un papel prominente al participar en las decisiones familiares y comunitarias y transmitir el tifinagh, el alfabeto propio de los tuaregs.

Esta estructura social ha evolucionado con la colonización, la urbanización y el avance del desierto. Durante el siglo XX las bases económicas y ecológicas de la sociedad tuareg se transformaron radicalmente: los imajaghen ya no podían recurrir a la guerra para obtener botines que beneficiaran a sus comunidades; el pastoreo se vio fuertemente afectado por las sucesivas sequías y el comercio caravanero en el área sahelosahariana entró en declive con las nuevas fronteras, y con él el papel de algunas confederaciones. En los nuevos Estados negroafricanos, basados en el modelo jacobino francés, pasaron a ser minorías marginadas y en cierto modo despreciadas por su pasado esclavista (aún hoy se mantienen relaciones de servidumbre). El sistema de castas se mantuvo, pero algunas fronteras entre ellas se desdibujaron o se vieron alteradas. Los imajaghen o nobles pasaron a realizar tareas que antes rechazaban. Ellos fueron los principales destinatarios de las estrategias de cooptación del Estado maliense tras el Pacto Nacional de 1992.

El pacto de 1992 preveía un proceso descentralización y de integración de los antiguos rebeldes. Fue el último intento serio de incorporar a los líderes tuareg más veteranos en las estructuras de poder político y económico a nivel local y estatal. La estrategia funcionó durante un tiempo, pero en cuanto los dividendos económicos de la paz comenzaron a menguar, el descontento comenzó a extenderse los guerrilleros más jóvenes, especialmente en la remota Kidal. Será en Kidal donde a mediados de la primera década del nuevo milenio fermente una nueva rebelión. Esta vez el contexto económico, social y geopolítico será muy distinto.


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