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Sobre los apetitos

Una invitación a la moderación

25/03/2012 - Autor: Musulmanes Andaluces - Fuente: www.musulmanesandaluces.org
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La moderación en la comida tiene efectos espirituales que nadie puede negar

El Imâm al-Gaççâli, cuando iniciaba a un discípulo en la vía que conduce a Allah, lo primero que hacía era vigilar su alimentación. La gula es considerada por ese maestro como una perdición que arruina todo otro esfuerzo. Al Imâm le gustaba repetir el hadiz en el que Rasûlullâh (s.a.s.) decía que el peor recipiente que un ser humano puede llenar es el estómago, que bastan unos pocos bocados para que el ser humano pueda mantenerse erguido, y que si no hay más remedio, que al menos se reserve sólo una tercera parte del estómago para los alimentos sólidos, otra tercera parte para los líquidos y otra tercera parte que se deje para el aire. Un hombre entró en presencia de al-Hásan, que estaba almorzando. Al-Hásan le invitó para que le acompañara, pero el hombre le dijo: “No. Acabo de comer y he comido hasta no poder más”, y al-Hásan le dijo: “Es que un musulmán no puede comer hasta no poder más?”.

Aparte de las ventajas para la salud, la moderación en la comida tiene efectos espirituales que nadie puede negar. Algunos ascetas llegaron casi a prescindir de alimentos, pero la exageración es tan perniciosa como la gula. Lo justo es, de acuerdo a la Sunna, comer y detenerse antes de saciar por completo el apetito. Los alfaquíes enseñan que esta forma de alimentarse es la más sana, acaba con enfermedades, da fuerzas suficientes y una gran agilidad. Y esto es lo que necesita un musulmán para desarrollar su Islam.

Se ha aconsejado a los musulmanes siempre educarse en esta cuestión. Para romper con la gula es necesario hacerlo gradualmente, acostumbrándose poco a poco a un régimen cada vez más austero sin llegar al hambre.

Lo mejor en todo es la moderación: “las mejores cosas están en el centro”. Se ha dicho que la medida está en acabar de comer sin sentir hambre ni saciedad. Es entonces cuando el cuerpo se hace sano, la aspiración del espíritu se eleva y la reflexión se hace clara. Conforme se toman más alimentos, los vapores que se generan en el estómago ascienden al cerebro, producen sueño pesado, entorpecen la mente, despiertan a la estupidez y arrastran al ser humano a la comodidad y a la pereza.

Junto a estas nociones básicas, los alfaquíes enseñan que un vicio feo es fingir austeridad en la mesa ante anfitriones o invitados. Lo importante es no confundir las cosas. Lo difícil siempre es la medida exacta y justa en las cosas, y la ausencia de esa medida es la que está en el origen de despilfarros o avaricias. Y puesto que es importante y difícil, lo aconsejable es cuidar las compañías y aprender de los mejores.

al-hámdu lillâh...

Junto a la inmoderación en la comida, el Imâm al-Gaççâli hace referencia al apetito sexual. Enseña que Allah ha dado dominio al instinto sexual sobre el ser humano para que se realicen dos provechos, la reproducción y la intuición de los placeres de al-Âjira.

La fuerza que tiene el instinto sexual en los seres humanos es un anuncio de la Belleza Infinita de Allah, de modo que si alguien realmente la intuyera buscaría hasta enloquecer unirse a Ella. Los excesos de los ascetas, la pasión de los místicos, la demencia de los iluminados, todo ello es en el espíritu el correlato del instinto sexual, imagen material de esa verdad interior.

El Profeta (s.a.s.) dijo: “No dejo entre las gentes mayor discordia que las mujeres para los hombres”, palabras en las que reconoce la energía de la atracción sexual, capaz de sembrar la discordia. Un sufi dijo: “Se me puede confiar la custodia de todas las riquezas del mundo, pero que nadie me deje que le guarde, aunque sea por un momento, una esclava negra”. Es decir, es más fácil vencer la avaricia, la ambición, y cualquier otra otro comportamiento vil, pero el atractivo de la belleza no tiene oposición, y es por su significación profunda, por su implicación en el universo del espíritu.

Por ello, también en este apartado, el musulmán debe ser moderado para conducirse hacia Allah rectamente y no sea confundido por nada. Al igual que en el caso de la gula, no se trata de condenar sino de hacer que los bienes con los que Allah nos ha favorecido realmente nos enriquezcan en lugar de apartarnos de Él.


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