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La ONU como tapadera contra Siria

Tiempos recios amenazan al pueblo árabe. A la sumisión de sus dirigentes hay que añadir la ambición de las potencias neocolonialistas cuya economía hace agua

26/02/2012 - Autor: Andrés Martínez Lorca - Fuente: Webislam
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La tapadera de la ONU para atacar a Siria está funcionando

Estados Unidos está dispuesto a cambiar las reglas del juego cuando le interesa. Hasta ahora, había convertido en papel mojado las numerosas resoluciones de la Asamblea General contra del bloqueo norteamericano a Cuba y contra la política represiva y expansionista de Israel en suelo palestino. El método era conocido: escuchar como música celestial la voz democrática del conjunto de las Naciones Unidas y bloquear su aplicación efectiva en el Consejo de Seguridad mediante el uso del veto. Así nos encontramos hoy con el indecente castigo a Cuba,  impuesto hace ya más de 50 años mediante el bloqueo comercial, económico y financiero, y asimismo con la violación sistemática de los derechos del pueblo palestino, incluida su incorporación a las Naciones Unidas como miembro de pleno derecho, ya contemplada en 1948. 

Ahora, no. Con Siria hay que cambiar el libreto porque así lo aconsejan la exitosa agresión de la OTAN a Libia y la traicionera política de las petromonarquías del Golfo que ayudaron antes a la criminal invasión de Iraq y que conspiran ahora abiertamente en la destrucción de las fuerzas antiimperialistas y antisionistas de Oriente Próximo.

Un debate revelador

El debate antes y después de la votación en la Asamblea General merece ser reconstruido en sus líneas generales. Hay varios detalles muy significativos de la trama inspirada, dirigida y orquestada por el imperio y sus aliados europeos. En primer lugar, los firmantes de la propuesta de resolución: Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Turquía a quienes acompañaban como comparsas las petromonarquías (Arabia Saudí, Qatar, Kuwait, etc.), y el resto de la Liga Árabe, excepto Argelia y Líbano. La orden de “arabizar” la agresión a un país hermano se cumplió también esta vez pero cambiando de tenor. En lugar de Marruecos, llevó la voz cantante en el debate Egipto, el país donde, a pesar de la revolución popular, siguen gobernando todavía los generales que impulsaron la dictadura junto a Mubarak y se beneficiaron con él de la corrupción estatal. Su representante debe ser recordado en los anales de la infamia: se llama  Osama Abdelkhalek Mahmud. 

También hay que subrayar la voluntad de las potencias occidentales de mantener el texto bloqueado en el Consejo de Seguridad por Rusia y China, negándose a admitir las enmiendas rusas que intentaban equilibrar el borrador  y con cuya aceptación se podría haber logrado el consenso. Edulcorando algunas expresiones, la nueva propuesta buscaba condenar el uso de la fuerza por el gobierno sirio y atar de pies y manos a su ejército silenciando al mismo tiempo los ataques de los grupos armados que incluyen la destrucción de oleoductos, los ataques a las fuerzas de seguridad, la explosión de edificios civiles y el asesinato de profesionales y personalidades religiosas.

El objetivo último, señalado tiempo atrás de modo explícito por el Consejo de Cooperación del Golfo y aprobado más tarde por la Liga Árabe, consiste en el descabezamiento del Estado sirio al intentar imponer la destitución del Presidente de la República.

El toque dramático antes de la votación lo pusieron al unísono el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y la alta comisaria para los derechos humanos, la señora Navi Pillay. Siguiendo el guión de la manipulada información emitida desde Qatar y Londres sin constatación independiente alguna, denunciaron toda clase de tropelías cometidas, cómo no, sólo por el gobierno sirio. No dijeron ni una palabra del fidedigno Informe de la misión de observadores de la Liga Árabe que vió sobre el terreno la realidad del país.

Estos altos dirigentes son fiel reflejo de la miseria de las Naciones Unidas, manejadas sin pudor por un sistema de dominación unipolar. Esa hegemonía norteamericana impide, por ejemplo, que el Tribunal Penal Internacional juzgue y condene por crímenes contra la humanidad a George W. Bush y a Tony Blair al haber ordenado la invasión de Iraq que ha provocó la destrucción del país mesopotámico y, entre otras tragedias, más de un millón de muertos y cuatro millones de refugiados.

En su intervención el representante de China urgió al gobierno sirio y a todas las facciones políticas a poner término inmediatamente y por completo a todos los actos de violencia, llamó a los grupos opositores a expresar sus aspiraciones políticas por medios no-violentos y defendió un diálogo sin condiciones previas. Como pasos en la buena dirección señaló el próximo referendum sobre la nueva Constitución, elecciones parlamentarias y la formación de un gobierno de unidad nacional en el que se incluyan todas las facciones. Rechazó una intervención armada y el llamado cambio de régimen en Siria.

Para el representante de Bolivia la situación en el país árabe podía desembocar de dos maneras: o en “la senda de Libia” donde la ONU facilitó una receta para la intervención, o en una solución pacífica, respetando la voluntad del pueblo y sin intervención extranjera como había ocurrido en Egipto y Túnez. 

La propuesta de resolución fue aprobada con 137 votos a favor, 12 en contra y 17 abstenciones. Dejemos constancia de los países que se atrevieron a rechazar los planes del imperio y de sus marionetas árabes: China, Rusia, Irán, Venezuela, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, República Democrática de Corea, Bielorrusia, Zimbabwe y Siria.

Siria no se mantuvo callada cuando otros decidían su futuro. Su representante denunció que la Liga Árabe estaba “rota política y moralmente” tras haber sido secuestrada por los países del Golfo. Al no condenar a los grupos armados (como había propuesto Rusia) se evidencian  las intenciones de los patrocinadores de la resolución: provocar el desastre en Siria y favorecer los planes de Israel en la región. 

Encubriendo sus verdaderas intenciones, la resolución aprobada contiene esta declaración platónica a la que algunos miembros de la ONU se han agarrado para justificar su asentimiento a la orden imperial: “todos los Estados miembros deberían abstenerse de la amenaza o uso de la fuerza contra la integridad territorial y la independencia política” de Siria.

El éxito occidental en la Asamblea General ha dado alas a los planes neocolonialistas. La tapadera de la ONU para atacar a Siria está funcionando. El tráfico de armas y mercenarios desde las fronteras de Turquía, Jordania y Líbano se intensifica. Los ataques de los grupos armados cobran mayor virulencia. Según informan las agencias de prensa, acaban de matar a 12 militares sirios, entre ellos dos comandantes, dos tenientes y dos suboficiales. La antigua potencia colonial, muy en su papel bajo la dirección del Napoleoncito, está coordinando la próxima reunión en Túnez de los autotitulados “amigos del pueblo sirio”, grupo de países que conspiran abiertamente contra Siria: su ministro de Asuntos Exteriores, Alain Juppé, ya ha puesto encima de la mesa un millón de euros, pues, como él mismo ha declarado, “hay que utilizar todos los medios” para derrocar al Presidente sirio. Gran Bretaña, Turquía, Arabia Saudí y Qatar están tan ansiosos como en meses pasados cuando preparaban la agresión a Libia.

Mientras tanto, Israel amenaza directamente a Irán aunque no dice cuándo atacará, bombardea cuando le parece las ciudades palestinas, destruye viviendas y detiene ciudadanos de los territorios ocupados. Eso les importa un bledo a los integristas de las petromonarquías, acostumbrados a las inversiones en Occidente y a las limosnas en Oriente. Tampoco eso le importa al imperio y sus acólitos, preocupados en desintegrar el mundo árabe, controlar su petróleo y llevar a la práctica el diseño sionista de Oriente Medio.   

Tiempos recios amenazan al pueblo árabe. A la sumisión de sus dirigentes hay que añadir la ambición de las potencias neocolonialistas cuya economía hace agua. Como antes a los comunistas en Europa, ahora a los islamistas tenderá sus trampas el imperio en cuyo diccionario no existe la palabra “amigo” sino sólo la de “intereses”.  Esperemos que el pueblo, y no sus amos, tenga la última palabra. Como escribiera Paul Nizan en Aden-Arabia,

Cuando el pueblo respira,
el viento se levanta.
Cuando golpea el suelo,
tiembla la tierra


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1 Comentarios

Yamama Consuegra dijo el 28/02/2012 a las 09:01h:

Estoy harta de oír las opiniones de la izquierda trasnochada. El artículo habla de las maldades imperialistas y de las bondades de China y Rusia en contra de la pobre Siria. Ni UNA SOLA PALABRA dedicada a los muertos en Siria (civiles: hombres, mujeres y niños) que siguen muriendo cada día sin recibir ayuda. Si no se mencionan, no existen... pues bueno, SÍ EXISTEN, conozco algunos, conozco a detenidos que sólo querían esa libertad que tanto adoran los izquierdistas trasnochados para ellos pero no para los demás. Estoy furiosa, el pueblo sirio es el gran olvidado y el gran perdedor. Son una gente maravillosa, y se merecen algo más que ser despreciados de esta manera.


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