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Sobre el recuerdo (tadakkur)

Recuerda permanentemente la grandeza de Dios y Sus dones y mercedes y recuerda que estás ante Su presencia...

21/02/2012 - Autor: Imam Ruhallah Jomeini - Fuente: islammdp.blogspot.com
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Tasbij

Tadakkur es una de los asuntos que presta a la persona una ayuda definitiva en el combate con el ego y con Satanás y con la que el viajero espiritual esforzado (sálek) debe ser muy cuidadoso. Y con él ponemos final a esta primera estación, a pesar de que quedan muchos asuntos pendientes.

Tadakkur, en esta estación, consiste en recordar a Dios Altísimo y los dones que ha otorgado al ser humano.

Has de saber que uno de los asuntos innatos, de aquellos que todo ser humano realiza de manera instintiva y natural, es el mostrar agradecimiento hacia quien le favorece.
Cualquiera que reflexione un instante en el libro de su naturaleza esencial, verá que en él está escrito que deberá mostrar agradecimiento y respeto hacia quien hace un favor a un ser humano. Y, es evidente que, cuanto mayor sea ese favor, cuanto más valioso sea el don que el donante otorga, de manera instintiva, el agradecimiento se hará más necesario y será mayor.

Por ejemplo, es evidente que, si alguien te regala un caballo para que tengas buena opinión de él y otra persona te regala un pueblo entero, sin pretender nada de ti, el agradecimiento que sentirás por cada uno de ellos será diferente. O si, por ejemplo, el doctor te cura la ceguera, te sentirás agradecido hacia él espontáneamente, pero si te salva de la muerte, el respeto y agradecimiento que sentirás hacia él será muchísimo mayor.

Ahora, considera las mercedes externas e internas que el Señor del Mundo, ensalzada sea Su majestuosidad, te ha otorgado, que aunque todos los hombres y los genios se unieran no podrían darnos ni una sola de ellas, y cómo nosotros vivimos sin prestarlas atención.

Por ejemplo, ese aire que respiramos noche y día y del que nosotros y todos los seres vivos dependemos para vivir, de tal manera que, si nos faltase por quince minutos, no quedaría ni un solo animal vivo ¡Qué inmenso favor es! Si todos los genios y los hombres se juntasen para facilitárnoslo serían incapaces de conseguirlo.

Lo mismo podríamos decir del resto de los favores divinos: la salud corporal y las potencias exteriores como la vista, el oído, el tacto, el gusto, y las interiores, como la imaginación, el intelecto y demás, cada una de las cuales supone un beneficio ilimitado.
Todas ellas nos las ha regalado el Señor del Mundo sin que se las hayamos pedido y sin pedirnos nada a cambio. Y no se ha contentado con eso y nos ha enviado profetas y mensajeros y escrituras sagradas y nos ha indicado el camino hacia la felicidad y la desgracia, hacia el Paraíso y el infierno. Nos ha otorgado todo aquello que necesitamos para esta vida y para la otra sin tener necesidad de nuestra obediencia o adoración, o sin que nuestra obediencia o desobediencia Le afecte. Nos ha explicado lo que debemos hacer y de lo que debemos apartarnos solamente para nuestro propio beneficio.

Después de mencionar todas estas mercedes y miles de otras más que no podríamos entre todos llegar a enumerar, eso sin entrar en analizar las particularidades de cada una de ellas ¿No pensáis que vuestra naturaleza debería sentirse espontáneamente agradecida? ¿Qué dice la razón de traicionar a Quien nos otorga tales favores?

De la misma manera, otro de los asuntos que están establecidos sólidamente en la naturaleza humana es el respeto hacia la personalidad dotada de grandeza e importancia.

¿Acaso todo ese respeto que las gentes muestran hacia las personas que posee poder y riqueza en este mundo, hacia los gobernantes y poderosos, no se debe a que los consideran grandes y elevados?

¿Y qué grandeza puede ser mayor que la grandeza del Soberano del Reino, que ha creado este pequeño mundo y sus insignificantes criaturas, que representan el más pequeño de los mundos por Él creado y, a pesar de ello, no ha podido llegar a ser conocido y comprendido en su totalidad por la mente de criatura alguna?

Considera nuestro mismo sistema solar, que no es sino un pequeño sistema en comparación con la importancia de muchos otros, y sin embargo no ha llegado a ser conocido por los más grandes descubridores e investigadores del mundo ¿Acaso la naturaleza innata de la mente no siente necesariamente respeto y admiración ante esa grandeza que ha sido capaz de crear con una sola indicación todos estos mundos y otro millón más de mundos ocultos a los sentidos?

También existe otro asunto presente en el libro de la naturaleza innata que ésta considera necesario respetar y admirar.

Podéis ver que si una persona, Dios no lo quiera, habla mal de alguien que no se encuentra presente y de pronto esta persona aparece, la otra, de manera instintiva, calla y trata con educación y respeto al que ha llegado.

Es evidente que, no tan solo Dios bendito y altísimo está presente en todos lados y que todos los mundos existentes se encuentran bajo Su control y dirección, sino que todo ser existente y todo mundo es presencia del Señorío.

Ahora, recuerda ¡Oh ego pecador del escritor! qué gran opresión y qué inmenso pecado cometes si frente a Su favor, que es tu fuerza, tú cometes una falta de tal magnitud ante Su sagrada presencia. ¿Acaso si te quedase un grano de mostaza de modestia no deberías deshacerte en llanto y caer a tierra avergonzado?

Por tanto ¡Oh querido! Recuerda permanentemente la grandeza de Dios y Sus dones y mercedes y recuerda que estás ante Su presencia y abandona todo acto de desobediencia a Él y sal victorioso de esa gran guerra contra los ejércitos de Satanás.

Convierte tu territorio en territorio de la bondad y la Verdad y haz que sea el lugar en el que se establezcan los ejércitos de la Verdad Altísima y no los ejércitos satánicos, hasta que Dios bendito y ensalzado te conceda el honor de combatir en otra plaza mayor aun, que está por venir. Esa plaza es la del combate del ego en el mundo interior, que es la morada segunda del alma y de la que hablaremos, si Dios quiere.

Te recuerdo de nuevo que, de cualquier manera, no esperes que tus actos regresen a nadie más que a Dios Altísimo. Así pues, pide con súplicas y lamentos a Dios Altísimo mismo que te conceda éxito en este combate, hasta que, si Dios quiere, salgas victorioso. Ciertamente, Él es el Señor de la Victoria.


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