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Acerca de la Perfección del Profeta

Cada vez que leía acerca del Profeta, rezaba pidiendo protección de mis propias ideas erróneas, mis propios prejuicios culturales

03/02/2012 - Autor: Kathleen St. Onge
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Sello de Muhámmad

Creer en el Profeta Muhámmad (la paz sea con él) es uno de los artículos de fe del Islam. De modo que, cuando alguien ensombrece su carácter, como en los comentarios ampliamente divulgados por el reverendo americano Falwell en el año 2002, el mundo musulmán se siente profundamente disgustado y decepcionado.

Sin embargo, mientras que los comentarios del reverendo fueron extremadamente negativos, muchos personas que no profesan la religión islámica en realidad se preguntan acerca del Profeta del Islam — ¿quién es él?, ¿y por qué los musulmanes lo aceptan y abrazan de una manera tan completa?

Hace casi dos años, cuando llegué por primera vez al Islam desde el Cristianismo, me hice a mí mismo esta pregunta también. Los musulmanes creyeron en él de la manera más pura con sus corazones. Los admiré por esto, pero todavía era presa de una actitud secular, demasiado racional. Si iba a aceptar por completo al Profeta, tenía que «tener sentido» de manera lógica.

Los amigos musulmanes me hablaron de su arduo trabajo, de su carácter impecable, y de sus innumerables virtudes. Irónicamente, cuanto más me comentaban acerca de su perfección, más aún me resistía. Esto me recordaba mucho al fervor de los cristianos respecto a Jesús (La paz sea con él). El riesgo proviene de la alabanza excesiva—inadvertidamente, un maravilloso Profeta puede ser elevado a un rango más alto que el de un mortal. Tal y como muchos cristianos actuales y de la la antigüedad, yo no creía que Jesús (La paz sea con él) era Dios, y tenía temor del lenguaje que elevaba demasiado a cualquier Profeta .

Por ello, que cada vez que leía acerca del Profeta, rezaba pidiendo protección de mis propias ideas erróneas, mis propios prejuicios culturales. Fue entonces cuando un día encontré una historia preciosa acerca de la infancia del Profeta, un periodo de su vida en el que fue cuidado por una mujer beduina. Mientras él vivió con dicha tribu, ésta gozó de copiosas cosechas y de animales repletos de leche. Los beduinos pronto se convencieron de que este bebé en concreto era muy especial. Yo había visto, en mi vida, a Dios cuidando de los niños y proveyéndoles de manera inexplicable en tiempos especialmente difíciles. Por lo tanto, por la gracia de Dios, la historia de los beduinos abrió una puerta para mí.

Paulatinamente, conforme iba leyendo aún más, los muros alrededor de mi corazón comenzaron a desmoronarse. La poligamia era admisible y tolerable entre los musulmanes, los judíos, los cristianos y los politeístas de esa época, catorce siglos atrás.

Pero el Profeta tenía muchas esposas, y los creyentes de otras religiones posteriormente citaron este hecho con avidez, como una evidencia de perversión. ¿Cuál era la verdad racional? En primer lugar, él no faltó a la fidelidad debida hacia una sola esposa durante veinte años, hasta su muerte, a pesar de que ella superaba en edad al Profeta en unos quince o veinte años. Después de su muerte, se casó con dos mujeres en unos pocos años— una de ellas, la de más edad, una viuda indigente de un antiguo amigo y la otra, la querida hija de su mejor amigo y compañero incondicional—. Entre éstas, la encantadora Aisa fue una mujer brillante, hermosa y joven quien el Profeta conocía desde que nació. Ella fue una de las primeras personas que abrazaron el Islam y continuó siendo una de sus más leales confidentes a lo largo de su vida, así como una historiadora de talento. Teniendo la opción de casarse solamente con ella, ¿por qué no lo habría hecho así? Seguramente, ella era todo lo que a él podría desear como esposa, sus características físicas, emocionales y espirituales eran excepcionales, y él la eligió como compañera en su lecho de muerte. Con todo, contrajo matrimonio con otras mujeres posteriormente: miembros de su familia, desconocidas, mujeres de diferentes culturas, edades, atributos físicos y posiciones sociales — que en su mayoría dieron a luz a niños que pasaban a estar bajo su cargo y que estaban destinadas en gran parte a una vida de indigencia debido a su condición de viudas sin la clemencia de pretendiente que accediera a casarse con ellas.

Sus matrimonios constituyeron alianzas entre pueblos anteriormente separados —los coptos de Egipto, los judíos, las tribus árabes que luchaban entre sí y gente de color—e hicieron añicos las raíces del racismo y de la represión social. A la vez, su hogar se convirtió en la primera escuela del Islam, mientras que sus esposas e hijos pasaron a ser embajadores de esta fe entre su propia gente, incrementando tanto la aceptación como el alcance del Islam. Es sencillamente ilógico pensar que un hombre que había alcanzado la cincuentena o superado los sesenta años de edad, con una perfecta esposa joven, , buscara complicar su vida haciendo que su familia aumentara en más de veinte o treinta personas, incluyendo a muchos hijos de otros hombres, solamente para satisfacer sus deseos carnales. Visiblemente, su compleja vida de familia era parte de su vocación como mensajero de Dios y de ninguna manera reflejó desviación alguna por su parte.

La imagen del Profeta como guerrero fue otro punto de disensión en el cual me encontré debatiendo con mis propios familiares cristianos. Después de una lectura exhaustiva, mi conclusión fue que él sencillamente era un hombre con una opinión muy diferente del punto de vista dominante y esto nunca es fácil de afrontar en ningún lugar ni en ninguna época. Él luchó para defenderse a sí mismo y a su comunidad y para proteger su derecho y el derecho de los demás a profesar su creencia. Lo hizo de manera perfecta, pero la excelencia es algo que casi nadie emplea en contra de alguien. Una observación sencilla y basada en datos objetivos acerca de en sus decisiones y elecciones lo indica de mejor manera: Él podía haber permanecido en su casa tranquilamente con pocos niños y nietos, en la comodidad y la paz de su hogar. En vez de esto, se hallaba en el campo de batalla con rocas amarradas en torno a su estomago para aliviar la sensación de hambre, lavando su cuerpo con la arena. No se hizo rico, ni tampoco se retiró a una vida relajada. En lugar de eso, permaneció en la pobreza, cansado, agredido y amenazado. No se convirtió en objeto de devoción para nadie —la prueba está en el hecho de que los musulmanes celebran su nacimiento, conmemoran su muerte y vocación como días de reflexión y devoción.

Los días sagrados más importantes de los musulmanes están relacionados estrictamente con el mensaje del Islam —la sumisión a un único Dios— y no con el hombre, Si él fuera realmente un megalómano, como aluden los que se oponen enérgicamente al Islam, ¿por qué no «concibió» él los versículos del Corán para forzar a los musulmanes a reconocerlo como el mejor de entre todos los demás Profetas y no se presentó a si mismo digno de ser venerado? Al contrario, de manera respetuosa se hace referencia a él en el Corán como un hermoso modelo para la humanidad, un iletrado entre su propia gente y un mensajero humilde. El mensaje es siempre claro —todas las alabanzas son debidas a Dios, no al Profeta.

Es más, en un ataque posterior a su naturaleza y personalidad, los no-musulmanes en aquel entonces y en el presente insisten en que diversa gente le facilitó al Profeta Muhámmad (La paz sea con él) todo tipo de información y que sencillamente eran «las historias redundantes de tiempos antiguos». Lo cual es incoherente. Antes de nada, el Profeta pasó la mayor parte de su tiempo con comerciantes,  no con eruditos, previamente a su llamada a desempeñar la Misión Profética. Estos mercaderes de caravanas sabían «un poco de todo», habiendo viajado considerablemente, pero difícilmente se podría esperar que tuvieran conocimiento acerca de los temas terrenales en profundidad. La mayoría de ellos eran analfabetos con una educación basada rigurosamente en el comercio. Por contra, el Corán contiene detalles exhaustivos acerca de las antiguas naciones, las doctrinas de la religión así como aspectos de la ciencia geológica y la historia de la humanidad. La dimensión del conocimiento incluido en este sagrado libro es tan vasta que no podían ser sólo habladurías de mercaderes sentados alrededor de una fogata. Para poseer este conocimiento se requiere una labor de erudición intensiva incluso hoy en día, ni siquiera hace falta mencionar las condiciones de hace 1.300 años cuando existían tan pocos textos e instrumentos científicos e incluso menos traducciones de las que se disponen en nuestra época. ¿Cómo suponen aquellos que se le oponen que hubiese adquirido tal conocimiento de cualquier modo? Esto habría requerido de diarias conversaciones con sabios y eruditos, en medio de un gran número de batallas, con una vida familiar increíblemente ajetreada que llevar adelante, incontables oraciones diarias, y con el añadido de su misión destinada a entregar el mensaje revelado a los demás. Y aún así él nunca fue visto con ningún maestro mortal, y ni tan siquiera sus enemigos sugirieron alguna vez que él hubiera tenido alguno.

De hecho, algunos vehementes opositores insisten en que Muhámmad deliraba —que recibía inspiración de su propia imaginación—. Pero si esto fuera cierto, ¿cómo pudo administrar simultáneamente, un complejo y numeroso hogar, con muchas esposas e hijos, una administración intricada compuesta de alianzas entre personas de diferentes antecedentes religiosos, socio-culturales, políticos y económicos, así como también poseer una estrategia para estabilizar el Imperio Islámico tanto en el presente como futuro? La habilidad militar y política del Profeta está preservada en los registros históricos, en miles de volúmenes publicados por musulmanes y otros creyentes de distinta fe por igual. Y la realidad fundamental es que él no pudo haber estado delirando y ser tan infinitamente pragmático al mismo tiempo. Además, si su único objetivo hubiera sido manipular a la gente, ¿por qué no empleó tácticas más comúnmente aceptadas? La magia, por ejemplo, es fácil de aprender. A pesar de los registros archivados sobre el Profeta, incluso los que son citados por los no creyentes, están desprovistos de ilusiones baratas.

¿Y qué hay del «conocimiento nuevo» contenido en el Corán —las revelaciones científicas acerca de la rotación de la tierra, la velocidad de la luz, las capas atmosféricas, la creación de las estrellas, la deriva de los continentes, los tipos de rocas, el origen de la lluvia, el género de las plantas, la composición del tejido humano, la formación del embrión, el origen del hierro, y así sucesivamente? De entre todos los libros sagrados alrededor del mundo, sólo el Corán contiene datos científicamente comprobables. ¿Qué fuente mortal pudo haber impartido tales conocimientos al Profeta? Ninguna. ¿Y con qué fin? Ya que estos hechos no pudieron ser verificados hasta hace muy poco, ¿qué beneficio tendrían al no convencer a nadie en su época? Ninguno. Si el Profeta hubiera tenido la intención de persuadir a la gente con un cierto tipo de documento creado por él mismo, ¿por qué incluir tanto material que no tendría sentido para nadie durante otros mil años o más?

Verdaderamente, si él simplemente deseaba su beneficio personal, una vida más fácil para sí mismo, habría sido mejor que tan sólo guardara silencio y se olvidara del Corán por completo. Yo mismo puedo comprobar cómo mi propia vida sería bastante más sencilla y sin complicaciones con mis familiares si no me hubiese convertido al Islam. El Profeta Muhámmad (La paz sea con él) ya por aquel entonces había perdido a su padre, madre y abuelo tutor. ¿Por qué no querría proteger y complacer a la única familia que él aún tenía, su amado tío, y profesar el politeísmo? ¿Por qué no habría querido simplemente retirarse de manera confortable en la sociedad mecana como un próspero esposo, un buen padre y un miembro prominente de la comunidad?

El hecho es que el Profeta Muhámmad (La paz sea con él) era un hombre trabajador, brillante, valiente, y espiritualmente profundo que dio todo lo que tenía en esta vida para sostener la fe del Islam en medio de una oposición tremenda, sacrificando su riqueza, su familia, su salud, y su bienestar personal. Su único propósito era convencer a todo aquel que escuchara, a venerar a un solo Dios, no a él mismo. En menos tiempo de lo que la mayoría de la gente necesita para obtener una educación básica, él organizó el primer sistema de asistencia social en el mundo; instauró una política de salud nacional de la limpieza, correctos hábitos alimentarios, y cuidados preventivos que aún es válida hoy en día; abolió la esclavitud; eliminó el infanticidio femenino y la discriminación de género en la vida familiar y en asuntos de la herencia; derrocó el racismo; hizo inclinarse a millones y millones de poderosas, fuertes y pasionales personas, hacia una actitud conservadora en materia sexual; y convenció a naciones enteras y a las generaciones que les seguirían a abstenerse del alcohol. Lo que es más, él es personalmente responsable del hecho de que alrededor de un billón de personas a lo largo y ancho del mundo recen diariamente en constante remembranza de un único Dios. Con meticulosa precisión, relató un mensaje divino, del cual algo contenido en el mismo —las verdades científicas— no tenía sentido ni para él ni para nadie más en aquella época. El Profeta era competente en todos los campos de la existencia y alcanzó más objetivos que nadie que haya vivido jamás. Es más, sus talentos son hechos históricos fácilmente corroborados por cualquier persona que tiene inclinación por leer, en cualquier biblioteca alrededor del mundo.

Al leer la Sura (capítulo) 80 del Corán, uno encuentra que al Profeta se le reprocha el haber ignorado las insistentes preguntas de un hombre ciego mientras estaba ocupado en negociaciones con notables de La Meca que tenían mucho en juego. El Profeta estaba tratando de ayudar a su religión en ciernes a través de esta reunión, pero Dios critica la frustración del Profeta respecto al hombre ciego y sugiere que el Profeta debería haberle atendido y contestado . De este modo, aquí podemos apreciar la pura honestidad del Profeta, quien pudo haberse salvado a sí mismo de la vergüenza en público por tiempos inmemoriales con tan sólo ocultar esta Sura, pero que no lo hizo. La Sura también muestra un hombre real experimentando una instancia de falibilidad. A pesar de sus limitaciones humanas, se esforzó en pos de los ideales más elevados en su propia vida, y por el favor de Dios en la próxima vida. Por eso, alcanzó la perfección genuina siendo el último ejemplo para toda la humanidad. Quizás el hombre ciego en sí mismo es un símbolo apropiado para aquellos que han abrazado el Islam recientemente, o incluso para los creyentes de otras religiones o los ateos y agnosticos, que interrumpen la calma y la tranquilidad de los musulmanes practicantes con sus preguntas, algunas veces irrelevantes, o incluso tal vez inquietantes, como soy propenso a hacer en mi caso. Hasta ahora el mensaje de Dios es claro —la primera prioridad es instruir la pasión, el interés, y la creencia en Dios, donde quiera que sea, cuando sea, y como sea que esta se presente. Y de esta manera podemos entender por qué los musulmanes abrazan y aceptan al Profeta Muhammed (La paz sea con él) de una manera tan sincera y completa— porque su vida ha sido y siempre será la luz que hace el camino de lo que es correcto más visible y alcanzable.


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