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Madinat Az Zahrá

Entrevista a Hashim Cabrera

29/01/2012 - Autor: Manuel Ochando Ortiz - Fuente: Uniradio
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Tauriq de Madinat Az Zahrá

 Manuel Ochando. ¿Cuando se comienza a construir, y dónde, Madinat az-Zahrá, y qué poderosos motivos inducen a Abd al-Rahmán III a realizar ese grandioso proyecto?

— Hashim Cabrera. Abderramán III, que se decía descendiente de la dinastía Omeya de Damasco, se proclama califa en Qúrtuba, en el año 929 d.c. Durante su califato se inicia la construcción de la ciudad palatina de Madinat Az Zahrá, en el año 936 d.c., obra que será concluida por su hijo y sucesor al-Hakam II.

Existe un cierto consenso en afirmar que los principales motivos de su construcción fueron de naturaleza política. Abderrahmán III, An Nasir billah, el Victorioso por Dios, decide erigir un símbolo acorde a la dignidad del nuevo poder califal: una ciudad palatina junto a la capital donde residiría, no sólo la familia real sino toda una corte de funcionarios, administradores, gentes de cultura, artistas, etc… Eligió como emplazamiento las colinas bajas del Yebel Al Arúsa (Montaña de la Novia), en las estribaciones de Sierra Morena cercanas a la capital. Subyace el deseo de emular la grandeza de los califatos orientales y sobre todo, de mostrar una clara superioridad cultural y de todo tipo sobre sus seculares rivales, los fatimíes norteafricanos.

La cultura popular admite, basándose en los textos de Al Maqqari, que la ciudad fue edificada como homenaje del califa a su esposa favorita, la princesa granadina Zahrá. También procede de esa crónica la leyenda de los almendros.

En cualquier caso, la grandiosidad de las estancias oficiales de la ciudad palatina de los omeyas qurtubíes fue, como sabemos, bien descrita por Ibn Hayyán:

“Otra de las maravillas de az-Zahrá era el salón llamado de los califas, cuyo tejado era de oro y de bloques de mármol de varios colores, sólidos aunque transparentes y cuyas paredes eran de los mismos materiales. En el centro de este salón o, según algunos, encima de la fuente arriba descrita que ellos colocan en él, estaba la Perla Única, ofrecida a an-Nasir por el emperador León con otros objetos valiosos. Eran de oro y plata las tejas de este magnífico salón y, según Ibn Baskual, había en el centro del mismo un gran pilón de mercurio.”

¿Qué avances técnicos, para la época, se dan en esa ciudad al construirla, y como se promociona por parte del gobierno andalusí el que parte de la población de Córdoba y de otros pueblos se decidan a residir allí?

— El hecho de ser una ciudad planificada, de nueva planta, permitió elaborar un urbanismo que bien podría ser un antecedente del urbanismo moderno. Las redes de captación, conducción y distribución de agua potable para todas las viviendas de la ciudad, así como los servicios de saneamiento y alcantarillado, causaban admiración a los viajeros de la época. El alumbrado nocturno de los espacios públicos… todo ello nos sugiere un refinamiento y un desarrollo civilizacional muy importantes.

Parece ser que se ofrecieron incentivos de tipo económico a los ciudadanos para que se estableciesen en la ciudad.

¿Se dan en su construcción las características arquitectónicas del arte Arábigo Andalusí? ¿Qué tipo de materiales se emplean en su edificación?

— Es necesario aclarar los términos. Desde mi punto de vista es inexacto hablar de ‘arte arábigo andalusí’. En mi opinión, creo que deberíamos hablar más bien de ‘arte hispanomusulmán’. Hemos de tener en cuenta que los árabes no tenían una arquitectura en el sentido que las culturas mediterráneas dan a esa palabra. Eran pueblos nómadas que adoptaron las soluciones arquitectónicas que iban encontrando a su paso, durante la época de la expansión islámica. El urbanismo árabe de la época se reducía a unos cuantos núcleos en la Península Arábiga, como Meca y Medina.

En el caso que nos ocupa, la construcción de una medina de nueva planta hace que la estructura urbana sea diferente de aquella otra más tradicional, orgánica, enrevesada y laberíntica, tan característica del urbanismo hispanomusulmán. Es una estructura mucho más racionalizada, elaborada en función de las jerarquías sociales, económicas y religiosas que existían en aquel momento. Usaron materiales y soluciones clásicas junto a innovaciones procedentes tanto del califato oriental como de Bizancio.

Los muros están pulcramente elevados a soga y tizón, compuestos de bloques de caliza de la zona. A veces se intercalan ladrillos de barro cocido. Las decoraciones se llevan a cabo sobre placas del mismo material. Las numerosas columnas están elaboradas con mármoles de todo tipo, calidad y color, extraídos tanto de las canteras andalusíes como de las canteras mediterráneas y orientales. El yeso y el estuco rematan el acabado interior de las habitaciones y estancias privadas, decorándose en algunos casos con almagra.

Los suelos suelen ser, en las avenidas más públicas, de placas de piedra caliza de la sierra, y en los espacios interiores de los edificios, de losa cuadrada de barro rojo cocido, aunque en algunos casos, como en las estancias interiores donde hay una fuente central, son de mármol blanco ligeramente veteado de gris. Las puertas estaban elaboradas con maderas nobles. La dimensión del conjunto fue cuantificada por Ibn Jalikán: 4.300 columnas y 500 puertas.

¿Se sabe qué máxima extensión llegó a alcanzar esta ciudad, fuera del conjunto de los palacios?

— Madinat Az Zahrá se diseñó a partir de un trazado rectangular escalonado que nos ofrece una estructura de tres terrazas; Su extensión es de unas 112 hectáreas. de 1500 m de lado en sentido este-oeste y unos 750 m de norte a sur, un rectángulo que se deforma en el lado norte por las necesidades de adaptación a la difícil topografía del terreno.

Medina Azahara tenía una ceca para fabricar moneda ¿Qué otro tipo de talleres albergó la ciudad.

— Talleres de Tiraz, tejidos de gran calidad,  talla de marfil, taller que produjo las inimitables obras de Halaf, los hornos donde se producía la cerámica verde manganeso, etc. En todos estos talleres se desarrolla, junto a los elementos geométricos y de decoración vegetal, toda una tradición local naturalista, figurativa, muy interesante y expresiva, en la que abundan las representaciones de animales y personajes de la vida cotidiana.

También proliferaron los talleres de caligrafía y copia de manuscritos, actividad que se vio incrementada durante el reinado de Al Hakam, dado el impulso que este califa dio a la Biblioteca Califal y al desarrollo de las distintas ciencias y saberes de la época.

En la zona residencial de la ciudad, la ciudad palatina, además de la residencia del jalifa y del palacio de recepciones (Salón Rico), ¿qué edificios monumentales tenía para albergar los visiratos?

— El acceso a la zona del alcázar donde residía la familia real se llevaba a cabo a través de un gran pórtico, situado en la muralla oriental, que era la entrada natural a los edificios más nobles e importantes de la administración califal, entre los que destacan  el Dar al Yund o Casa del Ejército, que conserva prácticamente intacto su pavimento original de ladrillo.

También encontramos la denominada Casa de la Alberca, considerada como la residencia del príncipe heredero Al Hakam. Es uno de los espacios más íntimos de todos los conjuntos de la ciudad califal.

La Casa de Ya’far recibe su nombre de Ya’far ibn Abd al-Rahmán, que fue designado gran visir (hayib) en el año de la subida al trono de Al Hakam, 961.

Finalmente, la Residencia Califal se sitúa en el punto más elevado del alcázar. La vivienda se organizó sobre una plataforma cortada en la roca. Tanto las fachadas de las habitaciones principales como las interiores recibieron decoración de ataurique labrada en placas de piedra adheridas a los muros. La riqueza de esta ornamentación se extiende también a los pavimentos de ladrillo de las distintas estancias.

¿Pudo disfrutar Abd al-Rahmán III de las maravillas de esta ciudad, y del impacto visual que producía en las personas, embajadores y reyes que la visitaban cuando se acercaban a sus múltiples puertas monumentales?

— La consideración de la importancia del punto de vista del espectador es de una gran modernidad. La altura de horizonte, el uso de proporciones holísticas no convencionales, la disposición jerárquica en terrazas…, todo ello debía producir en los visitantes una agradable y solemne impresión. Por otra parte, tanto las fachadas de los edificios principales como las paredes interiores estaban decoradas con atauriques labrados en placas de piedra caliza adheridas a los muros.

Toda esta decoración, unida a los reflejos del agua de las fuentes, producía, junto al estudiado punto de vista de los alarifes, un conjunto de gran armonía visual. La ciudad estaba integrada en la naturaleza, en una época en la que el ecosistema era mucho más rico y exuberante, según cuentan las crónicas de la época. En sus jardines se desarrollaron nuevas variedades de plantas y árboles, lo cual añadía elementos de gran exotismo.

Sobre si pudo An Nasir disfrutar de todo ello, parece ser que la dinámica del estado califal, el mantenimiento de las fronteras, la construcción del estado califal, etc., le absorbieron de tal manera que llegó a afirmar que habían sido pocos los días verdaderamente felices de su vida.

Durante el jalifato de al-Hakám II, se siguió construyendo en Medina Azahara ¿Qué aportaciones arquitectónicas o de otro tipo sumó a esta bella ciudad andalusí?

— Aunque el alcázar estuvo acabado mucho antes de la muerte de Abd al-Rahmán al-Nasir, su hijo al-Hakam llevó a cabo numerosas intervenciones en la parte de recepción de la corte: cuarteles para las tropas, jardines de recreo, baños, fuentes, etc.

Tal vez sea la llamada Casa de Ya’far la construcción más importante que nos ha legado el reinado de este califa amante de la sabiduría. La Casa de Ya’far es un conjunto de estancias situadas en la zona de alcázar, muy próximo a lo que se supone era el palacio del propio príncipe heredero. Al Hakam II edificó este conjunto como residencia para su visir, Ya’far, de ahí el nombre con el que se la conoce.

Pero las aportaciones arquitectónicas y estilísticas más importantes del jalifato de Al Hakam II son más visibles en su maravillosa ampliación de la Mezquita Aljama, con la construcción del mihrab, con sus novedosas bóvedas, y la normalización de proporciones en capiteles, atauriques, epigrafías, etc. Hemos de tener en cuenta que la ciudad de Qúrtuba vivió entonces un intenso proceso de expansión. La Aljama se había vuelto insuficiente para acoger a los musulmanes. Fue precisamente Ya’far el encargado de llevar a cabo una obra tan importante.  

¿Fue un mazazo para Madínat al-Zahrá cuando Abi Amir al-Mansur (Almanzor), traslada la sede de su gobierno a la recién construida Madínat al-Záhira?

— Tras el fallecimiento de al-Hakam II, el hayib Almanzor se hace con el poder, construye su propia ciudad palatina, Madinat al-Zahira, en el extremo opuesto de la ciudad, para diferenciarse de la dinastía omeya y confina al califa Hisham en Madinat az Zahrá, custodiado por guardias de su confianza.

Podemos imaginar el impacto de un cambio político de esta envergadura, sobre todo si tenemos en cuenta la vida efímera de la ciudad califal, y su intensa efervescencia cultural y comercial durante poco más de setenta años. No sólo en la vida de la ciudad palatina, sino en el devenir de la historia andalusí.

Toda la vida administrativa, hasta ese momento pujante en Az Zahrá, se traslada a Az Zahira. Con ella se va la vida de la ciudad y el comercio va disminuyendo paulatinamente. Aquí vendrían bien los versos de Ibn Zaydún:

¿Acaso un desterrado podrá volver a Az Zahra
después que la lejanía le haya hecho derramar
sus últimas lágrimas?
¿Volveré a ver los zócalos resplandecientes
en las paredes de los salones reales,
donde los atardeceres más oscuros
nos parecían auroras?

Por las importantes restos que quedan de la Mezquita Mayor de Madinat az-Zahrá, se aprecia el gran monumento que debió de ser. ¿Tan feroz fue la destrucción de esta ciudad durante la segunda fitna (guerra civil andalusí), que ni tan siquiera se respetó este edificio religioso? ¿Qué opina al respecto?

— Efectivamente, los almorávides llegaron desde el norte de África y unificaron los reinos de taifas bajo su gobierno, aportando su propia arquitectura, pero más tarde, los almohades impusieron una visión del Islam tan ortodoxa que destruyó no sólo todos los edificios almorávides importantes, sino también Madinat Az Zahrá y otras construcciones califales. Estas gentes, con su doctrina integrista, pensaban que la cultura andalusí era demasiado liberal. En definitiva, su problema era un problema de cultura, más bien de falta de una cultura humanista.

Después de la destrucción, el saqueo de la ciudad palatina continuó durante siglos, pues fue utilizada como cantera artificial para la construcción de otras edificaciones posteriores en la ciudad de Córdoba, cayendo progresivamente en el olvido hasta que desapareció, en una fecha imprecisa, del ideario colectivo.

Sr. Hashim, ¿alguna otra cosa que nos quiera decir de Medina Azahara?

— Pienso que más allá de las cifras y las fechas, más allá de los datos, el conjunto arqueológico nos ofrece hoy una imagen intensa y fidedigna de lo que pudo ser la vida de la Córdoba de hace mil años. Es posible que muchas de las cualidades, valores, sensibilidades, etc, de quienes viven hoy en  Córdoba, hundan sus raices en aquellos momentos y rincones esplendorosos de la Qúrtuba califal. Aquella necesidad de amplios horizontes, de visión abierta e inclusiva, cercenada por la falta de cultura, la intransigencia y la sinrazón, sigue siendo vigente.


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