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Las relaciones islámicas con judíos y cristianos

El Corán expone una serie de actitudes positivas y negativas hacia los judíos y cristianos

18/01/2012 - Autor: Kara Potter
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En el mundo actual, plural y multicultural, es esencial que los seguidores de diferentes religiones que conviven en paz y armonía traten de comprender

Diálogo

El Corán expone una serie de actitudes positivas y negativas hacia los judíos y cristianos. La doctrina contenida en estos versículos establece cómo la ley coránica requiere que los musulmanes traten a los judíos y cristianos. Este ensayo examina un tema común a algunas de las diferentes doctrinas: los cristianos y judíos piadosos son elogiados, mientras que aquellos que son malos son condenados. El ensayo también analiza cómo el tratamiento de cristianos y judíos fue realmente puesto en práctica por el profeta Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él, por pensadores islámicos como Said Nursi, y en la vida diaria por las autoridades gobernantes de las civilizaciones islámicas de la Edad Media hasta el final del Imperio Otomano.

Las escrituras cristianas y judías

La teología islámica es estrictamente monoteísta. En consecuencia, el Corán niega doctrinas cristianas tales como la Trinidad y la resurrección de Jesús, que parecen sugerir que Dios trabaja con copartícipes (Jacques, 2004, 16). Sin embargo, Jesús es siempre honrado en el Corán. Es calificado como un «signo» de la misericordia y un «ejemplo». Además, en ningún lugar ni él ni cualquier otro Profeta es criticado (Jacques, 2004, 16). Moisés también es elogiado en el Corán, siendo mencionado más de un centenar de veces (Khan, 2001, 35).

El Corán no pretende sustituir las escrituras anteriores, sino que se entiende que completa las revelaciones de los Profetas (Jacques, 2004, 298). Es la culminación de la historia de la Revelación Divina, la cual incluye historias del Antiguo y Nuevo Testamento, como las de Abraham, Moisés, Noé y Jesús. El versículo 6 de la sura «As-Saff» es un ejemplo de la validación coránica de las escrituras judías y cristianas:

«Y Jesús, hijo de María, dijo: “¡Oh Hijos de Israel! No cabe duda de que soy el Mensajero de Dios enviado a vosotros, confirmando (todo aquello de la verdad contenida en) la Tora que fue revelada antes de mí...”»

(Murata y Chittick, 1994, 165)

La doctrina coránica sobre «La Gente del Libro»

En el Corán, tanto los judíos como los cristianos son conocidos como Ahl al-Kitab, que significa «La Gente del Libro». El Corán establece distinciones entre la Gente del Libro. Muchos versículos reconocen que entre ellos se encuentran tanto desviados como justos (Saritoprak, 2000, 323). Cuando el Corán critica a la Gente del Libro, por lo general deja en claro que se está refiriendo sólo a aquellos que no se adhieren al Mensaje de los Profetas (tawhid) (Murata y Chittick, 1994, 170):

Aquellos que no creen persistentemente de entre la Gente del Libro y los politeístas no abandonarían hasta que hubiese llegado ante ellos la Evidencia Clara. (Al-Bayyina, 98:1)

Con toda certeza aquellos que no creen -entre la Gente del Libro y entre los politeístas- se hallarán en el fuego del Infierno

(Al-Bayyina, 98:6)

Algunos versículos que critican a la Gente del Libro sin hacer distinción alguna están abiertos a distintas interpretaciones. Por ejemplo, el versículo 5:51 declara:

¡Oh vosotros que creéis! No toméis a los judíos y a los cristianos como amigos y aliados. Algunos de entre ellos son amigos y aliados de otros. Quien de vosotros les tome como amigos y aliados finalmente se hará uno de ellos….

(Al-Maidah, 5:51)

Said Nursi sugiere que el versículo puede referirse a determinados grupos de judíos y cristianos que cometieron traición durante el Pacto de Medina. Nursi señala que en la época del Profeta, la gente se odiaba y se amaba entre sí únicamente por la religión que profesaban. Aquellos que mantenían estrechas relaciones con los no musulmanes eran considerados hipócritas (Saritoprak, 327). Dado que la base para la amistad ha cambiado, la hipocresía en este sentido no tiene mayor relevancia. Otra razón por la que tales versículos deben interpretarse en un sentido más amplio y no literalmente, se debe a que algunas de las palabras árabes utilizadas tienen una etimología ambigua. En este versículo, la palabra amigo (wali) puede significar tutor. Esta oración podría significar que los musulmanes no pueden hacer de los judíos o cristianos sus tutores. En algunos versículos, la Gente del Libro son calificados como kafir, que significa «el que niega la existencia de Dios» o «el que niega la Misión Profética de Muhammad». Los no musulmanes no son considerados necesariamente kafir en el primer sentido de la palabra (Saritoprak, 328).

El Corán normalmente defiende la tolerancia, el respeto y la buena voluntad hacia la Gente del Libro. Por ejemplo, el versículo 60:8 dice:

Dios no os prohíbe, por lo que se refiere a aquellos que no os hacen la guerra por motivo de vuestra Religión, ni os expulsan de vuestros hogares, que seáis amables con ellos, y actuéis con ellos con equidad. Dios sin duda ama lo escrupulosamente equitativo.

(Al-Mumtahanah, 60:8)

Además de abogar por la tolerancia, el Corán alaba a la Gente del Libro. En la sura 21:7, se hace referencia a ellos como a «la gente de conocimiento» (ahl al-dhikr) (Saritoprak, 328) y en los versículos 3:113-115 se declara:

(Pero) no son todos iguales: entre la Gente del Libro existe una comunidad ecuánime que recita las Revelaciones de Dios durante la vigilia de la noche y se postran (en devoción). Creen en Dios y en el Día del Juicio Final, ordenan y promueven lo que es correcto y bueno, prohíben y tratan de evitar lo malo y se apresuran a realizar buenas acciones como si compitiesen los unos con los otros. Aquellos son de los rectos. Cualquier bien que hagan no se les negará la recompensa de ello; y Dios posee pleno conocimiento de los piadosos devotos.

(Al-’Imran, 113-115)

Esta sura es un ejemplo de cómo el Corán reconoce que la Gente del Libro venera al mismo Dios que los musulmanes. Este reconocimiento de un terreno común se repite en otros versículos, como en el 3:64, que ordena:

Di (Oh Mensajero): «Oh Gente del Libro, convenid a una palabra común entre nosotros y vosotros: Veneremos únicamente a Dios, sin atribuirle copartícipe alguno y no nos tomemos unos a otros por señores en vez de Dios»…

(Al-‘Imran, 3:64)

Otra implicación del versículo 3:115 es que la Gente del Libro será recompensada. Se admite de modo general en el Corán que la Gente del Libro que acepta el tawhid obtendrá la salvación (Murata y Chittick, 168). Por ejemplo, el versículo 2:62 declara:

Los que creen (es decir, los que profesan el Islam) o los que se declaran judíos, cristianos o sabeos (o aquellos que profesan otra fe) -quienes creen realmente en Dios y en el Día del Juicio Final y llevan a cabo buenos actos-, ciertamente su recompensa está con su Señor y no tendrán que temer ni se entristecerán.

(Al-Baqara, 2:62)

La tolerancia en la práctica

El profeta Muhammad protegió y defendió a la Gente del Libro. En el hadiz relatado por Al-Munawi, se le cita diciendo: «Quien perjudique a un judío o a un cristiano me tendrá en su contra el día del Juicio Final». En un hadiz relatado por Al-Bayhaqi se cita: «Todo aquel que persiga un dimmi un no-musulmán que paga un impuesto de protección o usurpe sus derechos, o lo someta a una carga que no pueda llevar, o coja algo suyo sin su permiso, yo estaré en su contra en el Día de la Resurrección».

Al-Bujari cuenta cómo el profeta Muhammad no excluía a los judíos a la hora de visitar a los enfermos. En una ocasión, cuando una procesión funeral judía pasaba cerca de él, se puso de pie por respeto, y cuando se le preguntó por qué, respondió: «¿No es un alma humana?». El respeto del Profeta hacia la Gente del Libro fue un ejemplo para sus contemporáneos. Uno de sus Compañeros, Hizam b. Hakim, se quejó ante el gobernador de Siria cuando vio a un grupo de cristianos de pie bajo el sol caliente como castigo por no pagar sus impuestos.

Said Nursi también abogó por la tolerancia, afirmando que los musulmanes y los no musulmanes son iguales ante la ley coránica, y que las personas deben ser alabadas y amadas teniendo en cuenta sus atributos individuales (Saritoprak, 326-327).

Dimmi y yizya

Poco después de la Hégira (la emigración del Profeta a Medina), el Profeta firmó un pacto con las tribus locales de Medina, conocido como el Pacto de Medina. El ánimo del Profeta era el de generar una sociedad pacífica y pluralista en esta ciudad destrozada tras décadas de guerra civil y derramamiento de sangre. Sin embargo, cuando este pacto fue violado por algunas tribus judías, que apoyaron a la gente de La Meca en contra de los musulmanes, los judíos fueron finalmente expulsados. Sin embargo, la cooperación se renovó cuando el Profeta firmó un tratado con los judíos de Jaybar (Jacques, 14-16).

Bajo un gobierno islámico, la ley de dimmi se desarrolló en relación con la Gente del Libro, obligándoles a pagar un impuesto de capitación, o yizya, mencionado en el Corán (At-Tawba, 9:29).

A cambio, los musulmanes se hacían responsables de la protección de la Gente del Libro en su sociedad. Durante el reinado del segundo califa, el gobernador de Homs (en la actual Siria) devolvió el impuesto de capitación de sus súbditos cristianos al darse cuenta de que no podía protegerlos contra el ejército bizantino (Jacques, 14-16).

Las políticas acerca de este impuesto, yizya, eran relativamente justas. Bajo un gobierno musulmán, los no musulmanes no estaban obligados a pagar el zakat (la limosna prescrita), que era un requisito legal y religioso para los musulmanes. Además, los pobres, los ciegos, los ancianos, los que no tienen hogar y son acogidos en casas de culto, las mujeres y los niños, todos ellos estaban exentos de pagar la yizya. Si no se pagaba, la pena máxima era la prisión, y si una persona fallecía sin haberlo pagado, no se transfería la deuda a su patrimonio o herederos (Jacques 14-16).

La relación entre los musulmanes y la Gente del Libro

Los musulmanes, judíos y cristianos se relacionaron frecuentemente y con toda libertad durante la Edad Media del Islam, generando lazos (Cohen, 2000, 39, 42). Por ejemplo, se encontraban en los baños públicos, y en las asociaciones empresariales formadas por musulmanes y no musulmanes, a pesar de la desaprobación de algunas autoridades. Algunos musulmanes incluso participaron en las celebraciones religiosas cristianas y judías. Los judíos y los cristianos tenían abundantes y grandes oportunidades en la vida diaria «de cruzar las barreras en la jerarquía de la sociedad islámica» (Cohen, 2000, 39). Los dimmis tuvieron una buena aceptación en los círculos intelectuales (mayalis) y estudiaron junto con los musulmanes en las universidades, especialmente durante el «renacimiento del Islam», en la ciudad cosmopolita de Bagdad del siglo X. Cohen afirma que «los médicos judíos se encontraron en la sociedad árabe en cantidades desproporcionadas a la presencia judía dentro de la población en general ... También formaron parte del círculo social de los médicos que trabajaron en hospitales estatales y adornando tribunales musulmanes» (Cohen, 2000, 42).

A principios de la época abasí, los teólogos musulmanes y cristianos se mantenían con frecuencia en contacto por correspondencia, o por medio de debates. Aunque en el diálogo ambas partes trataban de demostrar la superioridad de su religión sobre la otra, era, sin embargo una relación constructiva y significativa (Sirry, 2005, 365-73).

La vida en España (Al Andalus), entre los años 711 y 1492 fue un excelente ejemplo de convivencia entre musulmanes, judíos y cristianos. Los judíos y los cristianos disfrutaron de su participación en actividades culturales árabes, tales como concursos de poesía y en los círculos intelectuales (Menocal, 2002, 173-80).

En 1856, se les dio los mismos derechos a todos los ciudadanos del Imperio Otomano. Los ciudadanos de cualquier religión podrían ser aceptados en la administración pública e inscribirse en las escuelas militares y en el Estado (Saritoprak, 322).

Las restricciones en las relaciones entre musulmanes y dimmis

En el siglo XIV, el jurista Ibn Qayyim al-Jawziyya escribió un importante libro, en el cual realiza una compilación general de las leyes islámicas de los dimmis: Ahkam ahl al-dhimma («las leyes relativas a la gente protegida») (Cohen, 53). Entre otras, se afirma que los musulmanes pueden transmitir sus condolencias a los no musulmanes o felicitarlos por contraer matrimonio, por el nacimiento de un bebé o por la buena salud, con la excepción de ciertas ocasiones contrarias a los principios del Islam (Jacques, 39). En algunos ámbitos, como el matrimonio y el sentarse a la misma mesa, la relación de los musulmanes con la Gente del Libro es mencionada en el Corán:

Este día todas las cosas puras y sanas se os han permitido; y os está permitido el alimento de aquellos que recibieron el Libro con anterioridad; al igual que vuestro alimento les está a ellos permitido. Y (os es lícito que os caséis con) las mujeres castas que sean creyentes y las mujeres castas de aquellos que han recibido el Libro antes que vosotros, siempre y cuando les concedáis sus dotes y las toméis en honesto matrimonio, no con libertinaje, ni como amantes secretas. Quien rechace la fe, todas sus obras serán en vano y en el Más Allá se hallará entre los perdedores.

(Al-Maidah, 5:5)

La ley sunnita permite alimentarse con los animales sacrificados por la Gente del Libro. Los musulmanes pueden comer los alimentos proporcionados por los judíos, tal y como hizo el profeta Muhammad (Cohen, 41). Sin embargo, era más problemático comer en los hogares cristianos, ya que podían servir cerdo. En cambio, los musulmanes chiítas rechazaron la comida preparada por los dimmis, considerándola como impura. El versículo 5 de la quinta sura, Al-Maidah, permite a los hombres musulmanes casarse con mujeres dimmi, pero no ocurre al revés. La razón de ello es proteger los derechos de la mujer musulmana, ya que el hombre puede imponer por la fuerza la religión a su esposa (Cohen, 41). Si la esposa de un judío o cristiano se convierte al Islam, el matrimonio deja de ser válido y desde ese momento ella sólo puede casarse con un hombre musulmán (Spectorsky 2000, 274). Un marido musulmán tiene la obligación de permitir que su esposa no musulmana continúe observando sus rituales religiosos en el hogar, como la celebración del Shabat en el caso de los judíos; dejarla leer sus propias escrituras y no incitarla a abandonar sus ritos o inculcarle otros nuevos, como el ayuno (Cohen, 41).

Conclusión

Al estudiar el Corán, se hace evidente que el Islam es totalmente tolerante con el Judaísmo y con el Cristianismo. Es un requisito para los musulmanes respetar la validez de las Escrituras de la Gente del Libro y su derecho a ser tratados con amabilidad. La práctica del Profeta es consistente con esta visión, como también lo es el ejemplo de muchos musulmanes influyentes en la historia, como Said Nursi y Rumi. En el mundo actual, plural y multicultural, es esencial que los seguidores de diferentes religiones que conviven en paz y armonía traten de comprenderse. Los musulmanes, judíos y cristianos deben entender el mensaje tolerante del Islam y de las grandes figuras que aparecieron bajo esta religión. El fijarnos exclusivamente en los versículos aparentemente negativos del Corán, como en el versículo 55 de la sura Al-Maidah, sin una comprensión adecuada del contexto, puede conducir al miedo y al odio.

Debemos fijarnos en las semejanzas para ver que somos hermanos y aceptar nuestras diferencias como una oportunidad para el aprendizaje. En medio de los conflictos de los siglos XX y XXI, entre el mundo islámico y Occidente, la convivencia pacífica entre los grupos religiosos se ha convertido en un ideal. Pero no hay más que mirar la experiencia de los judíos y de los cristianos bajo el dominio islámico en la Edad Media para ver que el pluralismo religioso es posible.


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