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Abu al-Abbas de Murcia

La realidad muhammadí es parecida al sol y las luces de los corazones de los íntimos de Al-Lah son como las lunas

20/12/2011 - Autor: Shadiliyya
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Mezquita y Mausoleo de Abu al-Abbas de Murcia, Alejandría (Egipto)

Coetáneo del también murciano Ibn Arabi, no consta, sin embargo, que ni él ni su maestro Abu al-Hasan tratasen personalmente a Ibn Arabi, ni tampoco quiénes fueron los maestros que le orientaron hacia el camino sufí dentro de su patria y antes de trasladarse a Túnez. No se sabe la fecha de su nacimiento. De su infancia y adolescencia se conocen dos breves episodios autobiográficos, en uno de ellos, Abu al-Abbas trata de su reflexión religiosa con su maestro de letras a raíz de que en cierta ocasión, después de estar viendo una representación del teatro de sombras el maestro le dijera al día siguiente:

“¡Ay de aquel que, lleno de admiración, ve las imágenes del teatro de sombras siendo él mismo una sombra, si bien lo mira!”

El segundo episodio narra el encuentro del todavía muchacho Abu al-Abbas con un maestro sufí que le reprende por dedicar su tiempo al ejercicio de la caligrafía y al cual replica con mucha elocuencia:

“Se me acercó un hombre que, al verme escribiendo, me dijo: El sufí no ennegrece lo blanco. Pero yo le repliqué: No es la cosa como tú pretendes, sino de este modo: el sufí no ennegrece el blanco de la página de su alma con el negro de los errores.”

La conquista del reino de Murcia, en 1243, por el futuro Alfonso X, sometiéndole al reino de Castilla, debió mover a Abu al-Abbas, como a otros musulmanes, a abandonar al-Andalus hacia África. Sabemos que viajó a Tunicia y allí entró en relación con el fundador de la escuela Abu al-Hasan al-Shadzili. Con él viajó desde Túnez, en compañía de los primeros discípulos de aquél, a Egipto, y que en Alejandría vivió hasta la muerte de Abu al-Hasan en 1258, y posteriormente hasta la suya propia en 1287.

La predilección del fundador por Abu al-Abbas de Murcia, pues conocía perfectamente su grado de desarrollo espiritual, de hecho, al igual que Ibn Mashish y Shazdili alcanzó el grado de Polo, le llevó a designarle como su heredero y el portavoz de la escuela. Efectivamente, él es quien promulgó las enseñanzas entre los adeptos que de todas partes concurrieron a escuchar sus lecciones. Igual que su maestro, la divulgación fue a través de la vía oral, ya que ninguno de los dos escribió ningún libro, porque decían que “nuestras obras son los corazones de nuestros compañeros”. Y de hecho sus enseñanzas nos han llegado a través de la recopilación elaborada en las obras de Ibn ´Ata Al-Lah de Alejandría, discípulo de Abu al-Abbas de Murcia, y en las de Ibn Abbad de Ronda. Todas ellas, están repletas de sentencias, máximas, dichos y consejos espirituales de Abu al-Abbas y de su maestro. Al leer dicha recopilación, tenemos la sensación de que estamos ante una sola y única voz que emana de un mismo manantial divino y puro, cuyo origen brota del Principio Creador, que pasando por el espíritu de Shadzili, va discurriendo por la elocuente lengua de su heredero al-Mursí hacia sus discípulos, y llega por último a la sabia y sincera tinta de Ibn Ata Al-Lah.

Murió Abu al-Abbas en Alejandría, donde está enterrado, su magnífico mausoleo está en Ribat al-Sawar, donde es objeto de veneración.

A continuación citamos algunas de sus palabras:

- “Nuestra escuela (tariqatuna) no pertenece ni a la gente de Oriente ni a la gente de Occidente, sino que es transmitida de “uno” en “uno” desde al-Hasan ibn Aly ibn Abu Talib que es el primer polo”.

- “El saber de esta comunidad espiritual (ta´ifa) es un saber de realización, y el entendimiento de la mayoría de los seres humanos no lo puede asimilar, por eso al igual que su maestro Abu al-Hasan al-Shadzili no dejó ningún escrito. Siempre decía: mis libros son mis compañeros”.

- “El sabio es aquel que rompe el velo del ojo de su corazón, y que sepas que la invocación a Al-Lah es algo imprescindible. Pues, ten en cuenta que las luces manifiestas en los íntimos de Al-Lah no son más que la despunta del alba de las luces de la profecía sobre ellos. La realidad muhammadí es parecida al sol y las luces de los corazones de los íntimos de Al-Lah son como las lunas. Ciertamente, la luna se ilumina por la aparición de la luz del sol en ella y su contraposición a ella. El sol resplandece por la mañana y también por la noche, por la aparición de su luz en la luna que la refleja, de tal manera que el sol nunca se pone”.

- “Cuando nos viene un iniciado (murid) que está ocupado con algo del mundo ilusorio, no le decimos: Sal de este mundo y luego vuelve, sino que le dejamos hasta que se filtran en él las luces del anhelo, de suerte que él mismo sea quien salga del mundo. Para aclarar estas palabras, daremos el siguiente ejemplo: alguna gente montó en un barco y su capitán les dijo: mañana soplarán fuertes vientos, sólo os podéis salvar si tiráis algo de vuestras propiedades, entonces tiradlas ahora. Ninguno prestó atención a sus palabras. Cuando los vientos soplaron, el inteligente entre los viajeros fue aquel que tiró sus propiedades. Del mismo modo, cuando las tormentas de la certidumbre soplan, el iniciado (el que quiere) será aquel que sale por sí mismo del mundo ilusorio”.

- Le preguntaron sobre algunos de los maestros vivos en su momento. Les contestó:” Se limitaron a la meticulosidad y a la mera ortodoxia, en cuanto a nosotros, Al-Lah nos abrió con creces al conocimiento”.

- Dijo:”Todos los universos son esclavos sometidos a ti, y tú eres el esclavo de la Presencia”.


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