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Al-Andalus, no es un paraíso perdido, es un paraíso presente

Una tierra perfumada por el incienso y el jazmín

17/12/2011 - Autor: Houssemeddinn Chachia - Fuente: Los Moriscos de Túnez
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Mértola

Llega a su fin mi viaje por la Península Ibérica, por al-Andalus o como se quiera llamar a este lugar lindo de la historia y de la geografía, esta tierra que tiene una situación especial, esta tierra que perfumaba el incienso y el jazmín, de sangre y cadáveres que consumían las largas guerras, como consumían las princesas y reyes miles y miles de botellas de vino.

Esta tierra de cuya entrada los musulmanes recuerdan el famoso discurso en que Tariq arenga a sus soldados: “el mar delante y el enemigo detrás”, y de cuya salida las palabras de Aicha, la madre de Abu Abdelah, después de la caída de Granada “Llora como mujer lo que no has sabido conservar como hombre”, esta tierra… Esta tierra donde estoy ahora, en el occidente de al-Andalus, y precisamente en Mértola, “El Castillo más fortificado de Al-Andalus”, como dice Ibn Adari, esta ciudad que está a orillas del Guadiana, que la circunda en un abrazo desde la eternidad. A través de este río, Mértola fue un puerto mediterráneo a casi 75 km del mar.

En Mértola y el occidente de al-Andalus, hay una historia arraigada e importante, desde la prehistoria hasta hoy, por donde han pasado diferentes civilizaciones y etnias que vivieron en guerra o en convivencia, que casaron con amor o sin amor, y por último engendraron esta civilización que se llama al-Andalus. Esta civilización que reúne a Bereberes, a Árabes, a Cristianos y Judíos, a Mwaladine, a Negros, a Eslavos (Asakaleba), a Cartagineses, a Godos, a Romanos y a otras etnias y culturas.

Esta civilización, que no es de árabes ni de españoles, sino de todos nosotros, nosotros la humanidad. Estas palabras parecen un políticamente correctas, palabras muy débiles y transparentes que encontramos siempre en las entrevistas y artículos sobre la alianza de civilizaciones, o en los discursos de algunos políticos que venden las palabras: Pero esta es una cosa que he vivido a través de mi visita a la Península Ibérica y, especialmente, gracias a mi trabajo en el Campo Arqueológico de Mértola, a través de los investigadores de este centro, procedentes de Portugal, de España, de México, de Estados Unidos. Todos ellos contenían en sus investigaciones el amor a esta civilización que se llama al-Andalus, este amor que encuentro incluso en la gente común, en los asuntos privados, en sus preguntas sobre algunas palabras que parecen de origen árabe, en el lugar de las excavaciones, en los restos cerámicos de época almohade, en el cadáver que encontramos en el cementerio cristiano y “parece de mi antepasado” (así se lo dije a una amiga), en las tazas de café que he tomado con muchos amigos de Portugal, de España, de Francia, de Estados Unidos, de Inglaterra. Y, en general, el tema era al-Andalus y, por supuesto, los moriscos que están siempre conmigo, en las preguntas de mi amigo Luis sobre “al Khomsa” o la mano de Fátima, en mis diferentes diálogos con el doctor Cláudio Torres y su Mujer la doctora Manuela, en la buena acogida que me han dado la gente del Campo y de Mértola en general, en la hospitalidad de la familia de mi amigo José.

Esta es la civilización de al-Andalus, la civilización que no es un paraíso perdido, sino un paraíso presente, presente en todo lo que cuento y no cuento: Por todo esto nosotros, los musulmanes, tenemos que dejar de llorar, y de cantar la poesía de Abu al Baka Arandi aunque sea muy buena e impresionante en su poética, tenemos que dejar el discurso de “vamos a recuperar al-Andalus”, este discurso que nos avergüenza, de personas que viven todavía en la época medieval. También los españoles tienen que abandonar el complejo del “enemigo moro o musulmán”, tienen que reconciliarse con su historia islámica. Tenemos nosotros, los musulmanes, y los españoles que compartir esta civilización con todo el mundo, porque compartimos su creación, y todavía compartimos su amor.

Agradecimiento a Dr Susana Gómez Martínez
Fuente: Los Moriscos de Tunez

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