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Jesús versus Cristo

El hagiógrafo del Apocalipsis aludió metafóricamente al Mesías verdadero que se contrapuso al mesías blasfemo encumbrado por Pablo de Tarso

07/12/2011 - Autor: José Angel Hernández
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Rompiendo los velos mentales

La bestia

“…Vi como salía del río un hombre de larga cabellera, recogida en seis trenzas sujetas cada una de ellas por abalorios blasfemos que le caían sobre los hombros…

Sus manos eran grandes y huesudas... y cada uno de sus dedos lo adornaba con un aro de cobre de poco más de un centímetro y medio de anchura.

Era delgado y profusamente velludo… más sus brazos y piernas eran poderosos… y su voz áspera y fuerte… inspirando todo su aspecto un temor y autoridad reverencial a cuantos le veían… ¿de quién le viene esa aureola de majestad?… se preguntaban… y se sentían admirados de ellos…

Tenía en la frente una horrible cicatriz, recuerdo de una antigua herida de espada que había estado a punto de costarle la vida… y la gente se admiraba de que hubiese sobrevivido…

…Se dedicó a predicar durante tres años, cinco meses, y catorce días… tiempo al cabo del cual su misión se dio por concluida…

Exhalaba por su boca gran arrogancia… cuando constantemente alardeaba sobre el altísimo origen de su ascendencia… y un grado de blasfemia sin límites… cuando hacía creer a cuantos le escuchaban que conocía mejor que nadie acerca de la realidad del mundo de la preexistencia… así como la de los que en este moraban…

Con el hálito de su nombre muchos puros de corazón fueron embaucados para que le adorasen… y en su nombre, naciones e imperios conquistaron y subyugaron por toda la extensión de la Tierra… adorándolo todos aquellos que desde el principio del mundo no se han guiado por el espíritu de los verdaderos profetas…”

(Libre interpretación de Apocalipsis, 13,1-8)

Esta interpretación del Apocalipsis, como las otras dos que realizaré a lo largo del siguiente artículo, son el producto de mis propias proyecciones mentales elaboradas a partir de la idea de que los textos neotestamentarios pudieran esconder alusiones a dos personajes diferentes que la hierohistoria unificó en la confusa persona de Jesucristo.

El último párrafo de la misma guarda una extraordinaria similitud histórica con la implementación de los imperialismos europeos y cristianos entre los siglos XV y XIX.

Las metáforas del libro del Apocalipsis relativas a “la bestia”, “la bestia segunda”, y “el cordero y su séquito”, pudieran a mi entender constituir alusiones veladas a la existencia de dos personas contemporáneas que reclamaron para si la condición de Mesías.

El relato en el que Pilatos se dirige a los sacerdotes, los magistrados y el pueblo de Jerusalén, para dirimir acerca de la liberación de Jesús o Barrabás constituiría una alusión literaria velada relativa a los dos Mesías proclamados.

Acerca del nacimiento de Jesús

De las cuatro versiones canónicas de los evangelios, solo las de Lucas y Mateo refieren el relato acerca de la concepción virginal de Jesús.

En la de Mateo la anunciación ocurre por medio de un ángel que se le manifiesta a José durante su sueño.

* (20) Mientras reflexionaba sobre esto, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir en tu casa a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. (21) Dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados.»

(Mateo, 1, 20-21)

Y en la de Lucas ocurre a través de la parusía del ángel Gabriel a María...

En el mes sexto fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, (30) El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; (31) y concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.

(Lucas, 1, 26; 1, 30-31)

En comparación, el Corán también avala la concepción virginal de Jesús transmitida en ambas versiones canónicas, pero en cuanto a la forma en que tiene lugar la anunciación guarda semejanza con la versión transmitida por Lucas..

** (17) y se recluyó apartada de ellos, y entonces le enviamos a Nuestro ángel de la revelación, que se apareció a ella en la forma perfecta de un ser humano. (18) Ella exclamó: “¡En verdad, me refugio de ti en el Más Misericordioso! ¡No te acerques a mí si eres consciente de Él!” (19) El ángel respondió: “Soy sólo un emisario de tu Sustentador, quien dice, ‘Te concederé el regalo de un hijo puro.’”

(Corán 19, 17-19)

La versión de Lucas se refiere a Jesús con el apelativo de “Hijo de Dios”:

(34) Dijo María al ángel: «¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón?» (35) El ángel le contestó y dijo: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por esto el hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios.

(Lucas, 1, 26-35)

Aceptar llamar a alguien Hijo de Dios era inconcebible para la mentalidad religiosa judía en el siglo I, por ello podía resultar razonable que los redactores de distintas versiones de las Buenas Nuevas camuflasen este nombre en otra etimología, con el propósito de eludir el carácter blasfemo que evidentemente tenía aquel nombre.

La fórmula Hijo de Papá podía cumplir perfectamente con esta misión.

Según lo transmitido por la tradición cristiana a través de los evangelios canónicos, Jesús hacía uso a menudo del vocablo abba, papá o papaíto, para referirse a Dios, vocablo que por lo que podía tener de irreverente para la mentalidad de los dirigentes de la iglesia, comenzó a ser más tarde traducido por Padre.

Del Evangelio de Lucas podría inferirse una diferencia conceptual entre el simbolismo de Hijo de Dios aplicado a Jesús a consecuencia de su nacimiento virginal, y el hecho de ser llamado Hijo de Dios como reflejo de una relación filial real y no simbólica.

En la versión canónica que nos ha llegado y que la tradición cristiana atribuye a Juan, se dice:

(36) ¿de Aquel a quien el Padre santificó y envió al mundo decís vosotros: Blasfemas, porque dije: Soy Hijo de Dios? (Juan 10, 36)

Este verso puesto en comparación con Lucas 1, 35, refleja nítidamente la confusión que debió caracterizar a los distintos redactores de las versiones evangélicas respecto a la naturaleza atribuida a Jesús, que generaría en una controversia teológica que afectaría a la iglesia ya en los primeros siglos de su existencia.

Desde la perspectiva islámica, El Corán zanja esta polémica cristiana aceptando el nacimiento virginal de Jesús, pero negando rotundamente su condición literal de Hijo de Dios (Corán, 5, 116).

La controversia sobre la naturaleza de Jesús

En el Concilio de Efeso del 431 se dirimió la polémica acerca de la sustancia de Jesús que ya había estallado con fuerza por aquel entonces , resultando que la Iglesia aceptó como dogma la implicación del concepto Theotokos frente al de Christokos defendido por Nestorio.

El concepto Padre para referirse a Dios es ciertamente de origen judío, y no guarda relación alguna con la connotación que después le dio la Iglesia Católica.

El Profeta Jesús se refería a Dios como “papá”, que en arameo se decía “abbá”, resultando que Bar Abbá (Barrabás) era la formula usada en arameo para referirse a Hijo de Dios.

Considerando lo que se dice en la versión canónica de Lucas...

(32) El será grande y llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre

(Lucas, 1, 32)

Se puede deducir que el redactor de esta versión evangélica apelaba a la condición de Hijo de Dios de Jesús, asemejándola en este versículo a la de Hijo del Altísimo, como apelativo simbólico que habría de aplicársele a causa de su nacimiento virginal. Las conocidas referencias canónicas a Bar Abba, habrían podido constituir el reflejo de la confusión generada en torno a la verdadera personalidad de Jesús que imperaba en la época en que fueron redactadas las diferentes versiones de las Buenas Nuevas.

En la psicología judía, el concepto “Hijo de Dios” no tenía la misma conceptualización que en la mentalidad greco-romana. Hijo de Dios era un distintivo que en la tradición judía iba asociado a la idea de Mesías, y en esta misma tradición Dios era identificado por sus atributos.

A este respecto me parece interesante resaltar el relato del juicio de Jesús ante el Sanedrín, durante el cual el Sumo sacerdote Caifás le interroga en los siguientes términos:

(63) Pero Jesús callaba, y el Sumo Sacerdote le dijo:”te conjuro por Dios vivo a que me digas si eres tu el Mesías, el Hijo de Dios”.

(Mateo 26, 63)

(61) El se callaba y no respondía palabra. De nuevo el Sumo Sacerdote le preguntó y dijo: ¿Eres tu el Mesías, el Hijo del Bendito?

(Marcos 14, 61)

Quien de tal manera le inquiría no era una autoridad romana, sino que según el relato evangelico, era el Sumo Sacerdote de los judíos, ostentador de la máxima autoridad religiosa entre su pueblo. El apelativo de Hijo del Bendito que el Sumo Sacerdote le aplica al término Mesías, es indicativo de que este, entre otros, era una formula teologica reservada para ser utilizada con aquel que habría de ostentar la condición de Mesías.

En oposición a como era concebido el Mesías desde la psicología judía, simbólicamente asociado a distinciones como “Hijo de Dios, “Hijo del Bendito”, “Hijo del Altísimo”, o ”Hijo de David”, se encontraba la percepción romana, que entendía el concepto Mesías como un atributo alusivo a la realeza.

En este sentido, resulta significativo el relato de Jesús conducido ante el Pretor romano, Poncio Pilatos, para responder de la acusación que los sacerdotes judíos habían lanzado contra él.

En la versión canónica de Juan se dice:

(33) Entró Pilatos de nuevo en el pretorio, y, llamando a Jesús, le dijo: ¿Eres tu el rey de los judíos?

(Juan 18, 33)

Es importante a mi parecer resaltar la diferencia entre la acusación formulada ante el Sumo Sacerdote, y la formulada ante el Pretor romano, que en este caso no fue la de haberse proclamado Hijo de Dios, sino Mesías, o como lo entendían los romanos, rey...

Como ya anteriormente señalé, estando Jesús ante el Sanedrín, el Sumo Sacerdote Caifás le espetó diciéndole:

“te conjuro por Dios vivo a que me digas si eres tu el Mesías, el Hijo de Dios”.

(Mateo 26, 63)

Intento resaltar en esta ocasión no los apelativos relativos al Mesías, sino la utilización de la expresión “te conjuro por Dios vivo”.

En boca del Sumo Sacerdote de los judíos, estas palabras no podían más que tener un sentido figurado. Hubiese sido inconcebible que el Sumo Sacerdote de los judíos apelase al Dios vivo como alusión a una encarnación de este en un ser humano, creencia que sí estaba presente en el paganismo griego que acabaría impregnando el cristianismo primitivo.

La encarnación de Pablo en la bestia segunda del Apocalipsis

En la metafora apocaliptica donde se ha hecho famosa la referencia al nombre de la bestia en la numerologia del 666, se alude a mi entender al verdadero fundador del cristianismo tal como lo conocemos hoy en día, Saulo de Tarso. Este personaje fue el primero en sentar las bases de la Trinidad, que acabaría adquiriendo carta de naturaleza en el Concilio de Nicea del 325, por medio de la imposición del emperador Constantino.

La fórmula de bendición usada por Pablo está en el fundamento doctrinal de la teoría trinitaria...

(13) La gracia del Señor Jesucristo, y la caridad de Dios, y la comunicación del Espíritu Santo sean con todos vosotros.

(2 Corintios 13, 13)

El hagiografo del Apocalipsis debió, según mi entendimiento, conocer esta invocación paulina que consideró blasfema, y la condenó metaforicamente en los versos contenidos en la referencia a la bestia segunda:

La bestia segunda

“Si alguno quiere oírlo, que lo oiga…si alguno quiere seguir negándose a aceptar la verdad, que la niegue…más las acciones humanas tienen sus consecuencias. En esta verdad reside la justicia de Dios y la elección de los santos.

Vi otro predicador que venía de tierra de gentiles, diciendo que hablaba en nombre de Dios, pero de su boca salían blasfemias…

Predicó en nombre del primer predicador… ejerciendo el mismo poder de seducción que aquel tenía entre sus seguidores.

Y logró que los gentiles y todas las gentes adorasen al primer predicador, que había sobrevivido a la herida de espada…

Maravillaba a quienes le escuchaban haciéndoles imaginarse como sería aquella luz cegadora que había visto descender del cielo… y los inducía al error relatándoles acerca de los milagros del cielo que le habían permitido sobrevivir a naufragios, azotes, y apedreamientos, gracias a su fe en el predicador.

Y les decía que hiciesen una imagen en honor del predicador, el que tenía la herida de espada, que así había muerto, y luego revivió…

Le otorgó espíritu a la imagen del predicador, haciendo creer que a través de ella se tenía el poder de comunicarse con dios, y que quien no adorase a la imagen del predicador se condenaría…y les hizo creer a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, que el predicador era realmente el hijo de Dios, que por ello estaba sentado a su diestra en el mundo de la preexistencia…y que Dios tenía rostro de persona…y los convenció de que nadie podría ganarse el cielo ni evitar el infierno más que aquel que creyese en la imagen, el nombre del predicador, o en el número de sus iguales…

Y aquí está la sabiduría… porque el que tenga inteligencia que deduzca el símbolo del predicador…que le asocia iguales a Dios y tiene rostro de persona…dos ojos…una nariz…una boca…dos orejas…y las personas son tres…”

(Apocalipsis, 13,9-18)

El Jesús descristianizado

La antigua teología judía guardaba el conocimiento acerca de la realidad de un Mesías dual, manifestada en la idealización de un Mesías real y de otro sacerdotal.

Era debido a esta dualidad teologica que los hebreos discrepaban acerca del caracter que debía revestir aquel sobre quien debía recaer la investidura divina que habría de legitimar un líder aceptado por todas las sectas judías.

Para unos este debiera ostentar el caracter de un rey y un guerrero, mientras que para otros habría de ser el de un sacerdote y maestro del espirítu. El Mesías de la Casa de David lo sería de lo primero, y el Mesías de la Casa de Aarón lo sería de lo segundo.

Esta ancestral creencia judía pudo haber tenido su reflejo en los movimientos mesiánicos que afloraron en el siglo I entre la sociedad judía sometida al Imperio Romano. Alguno de estos movimientos fue manipulado por Saulo de Tarso paganizándolo, dando con ello origen al cristianismo helenizado que con el tiempo derivaría en la formación de imperialismos europeos.

El hagiógrafo del Apocalipsis aludió metaforicamente al Mesías verdadero que se contrapuso al mesías blasfemo encumbrado por Pablo de Tarso.

El cordero y su séquito

“…Vi a otro hombre que predicaba con humildad y veracidad…y en torno suyo solo una docena de elegidos, con sus rostros rebosantes de devoción por el profeta y por Dios…

Le escuché hablar… y su voz era grata para los oídos…y sus palabras un regalo para los corazones…

La fuerza y la devoción con la que hablaba conmovían a Dios y a sus ángeles… y la pureza de su mensaje solo era comprendida por estos doce elegidos, quienes habían escapado de haber caído en el engaño de las apariencias mundanas…

Porque ellos fueron aquellos que no se habían dejado atrapar por el irresistible poder de seducción del predicador blasfemo…

…Ellos eran los que tenían la guía del espíritu del verdadero profeta de Dios…

Y ellos eran los auténticos portadores de su palabra… y de su boca no salían blasfemias… eran inmaculados…”

(Libre interpretación de Apocalipsis,14,1-5)
* Las traduccciones del Nuevo Testamento están tomadas de la Biblia Nacar-Colunga
** Las traducciones del Corán están tomadas de Muhammad Assad

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