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El rostro y el desafío de los movimientos de las mujeres musulmanas

Cerca de 200 líderes musulmanas de 40 países asistieron a las jornadas “Líderes musulmanas en la primera línea del cambio, organizada por WISE en Estambul. La presencia de las africanas fue notable

06/12/2011 - Autor: Salma Maoulidi - Fuente: Revista Africaneando
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Conferencia WISE, Estambul, Octubre 2011

Hay más de 750 millones de mujeres musulmanas en el mundo y la pregunta que surge a menudo es ¿Quién habla en su nombre? ¿Quién las dirige? Este mes de octubre del 2011, cerca de 200 líderes musulmanas de 40 países asistieron a las jornadas “Líderes musulmanas en la primera línea del cambio", organizada por Iniciativa de las Mujeres Islámicas por la Igualdad y Espiritualidad (WISE) en Estambul, Turquía.

Entre las asistentes a esta reunión, hubo activistas de los derechos humanos, parlamentarias, jueces y académicas. También fueron invitadas al evento líderes religiosas de otros grupos religiosos interesadas en el diálogo interreligioso en un mundo cada vez más intolerante. Un grupo de hombres, de mayoría musulmana, también concurrió al encuentro, entre los que se contaban maridos de las participantes e imanes de Afganistán y EE.UU., uno de los cuales es el Imán Faisal, socio del motor principal de WISE, Daisy Khan.

En la organización de las mujeres musulmanas, la iniciativa de WISE es relativamente joven. En muchos aspectos, WISE es un mensaje que  germinó tras la excesiva atención recibida de la situación de la mujer en el mundo musulmán antes de las incursiones militares en Afganistán e Irak. Esto, sin embargo, es sólo un aspecto de WISE.

WISE es una respuesta de las mujeres musulmanas al desarrollo político y global

En esencia, WISE es una respuesta de las mujeres musulmanas al desarrollo político y global, orientada a mejorar la situación de las mujeres musulmanas a través del activismo y la construcción de movimientos. Es un ejemplo de cómo las mujeres musulmanas están cambiando activamente la situación y tomando las riendas de sus destinos. Otro movimiento transnacional emergente entre intelectuales musulmanas, activistas y defensores de la justicia social, es Musawah, una campaña por la igualdad en la ley musulmana. Tal vez Musawah sea una de las primeras iniciativas que se han puesto en marcha en Occidente o fuera de la Península Arábiga.

En África occidental, las mujeres musulmanas se organizan en federaciones nacionales, así como a través de una federación regional. África del Este no cuenta con una forma excesivamente centralizada de la representación de las mujeres musulmanas, aunque hay una serie de organizaciones, como la Fundación Sahiba Sisters y Kenia Womankind que trabajan en su desarrollo. Quizás debido a su historia, Sudáfrica tiene algunas formas dinámicas de organizaciones musulmanas centradas en aspectos sociales y de protección.

Aunque no tan visible como otros movimientos sociales en África, las mujeres musulmanas del mundo han tratado de forjar la solidaridad entre ellas y otros colectivos con éxito desigual. Existen iniciativas como el Sisterhood Global Institute, fundado por inmigrantes y refugiados de Irán y Afganistán; Karamah, una iniciativa basada en los derechos, principalmente compuesta por abogados y defensores de los derechos humanos en los EE.UU.; el International Committee for Women and Child, que fue un intento del International Council of Da’wah and Relief para atraer a mujeres después de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer; y Women Living Under Muslim Laws, una red de solidaridad establecida en la década de 1980 que trata sobre el impacto de la aplicación de las leyes islámicas en las mujeres.

Si bien hay consejos u organizaciones nacionales de mujeres musulmanas en muchos países con una población musulmana importante, la diferencia clave entre estos y las organizaciones es el grado de capacidad de las mujeres para asumir el liderazgo dentro ellos. A nivel nacional, la mayoría de las organizaciones de servicio para las musulmanas son apéndices o tentáculos de la corriente principal de las entidades religiosas y no fueron creadas con la intención de abordar radicalmente las necesidades o la situación de la mujer. Por el contrario, se estructuraron en línea con los principales partidos políticos con funciones sociales, pero no con la defensa en sí.

Con el propósito de replantear el papel y la condición de la mujer en las sociedades musulmanas, se han puesto en marcha nuevas iniciativas, especialmente después de la aprobación de la Convención sobre la Eliminación de todo tipo de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) y de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer. Así, muchas organizaciones y grupos de  musulmanas, así como otras organizaciones de un amplio abanico, han asumido un enfoque de los derechos basados en la identidad y el trabajo. Tanto a nivel local e internacional, esto ha propiciado el surgimiento de grupos independientes de mujeres u organizaciones no afiliadas a los consejos musulmanes nacionales o transnacionales.

A nivel internacional, sin embargo, las mujeres del mundo árabe y del sudeste asiático están excesivamente representadas en los movimientos de las mujeres musulmanas, que se postulan como la máxima representación del Islam y los musulmanes. Sin embargo, hay millones de musulmanes en África y en otros países que suman más que toda la población de los distintos países árabes.

En la reunión de WISE, África estuvo representada por Tanzania, Kenia, Nigeria, Sierra Leona, Libia, Senegal, Gambia, Sudán, Egipto, Marruecos, Túnez y Sudáfrica. En África oriental, y particularmente en Tanzania, existe una de las poblaciones de migrantes árabes y asiáticos más antiguas del continente. Sin embargo, es raro que las mujeres, aparte de las musulmanas, se agrupen en comunidades y diseñen estrategias. Esto plantea un reto para la construcción del movimiento de mujeres, que debería comenzar desde una base de ámbito nacional antes de evolucionar hacia un movimiento regional o mundial.

Las musulmanas africanas a menudo tienen que lidiar con la percepción de que son «nuevas» conversas al islam

Las musulmanas africanas a menudo tienen que lidiar con la percepción de que son «nuevas» conversas al islam y, por lo tanto, no son suficiente auténticas, en comparación con las no africanas. Tales percepciones son frecuentes entre los musulmanes y no musulmanes por igual, a pesar de que el islam se extendió en África al sur del Sáhara en la misma época en que se extendió en el norte de África o en el subcontinente indio. Probablemente, esta percepción ha influido en los donantes, así como en fundaciones islámicas a la hora de colaborar con los grupos independientes de mujeres musulmanas de los países africanos, así como en el oeste o en el sudeste asiático.

A pesar de que el discurso dominante en lo que respecta a las mujeres musulmanas suele ser sobre normas y prácticas culturales, las activistas musulmanas también están preocupadas por las cuestiones contemporánea. Por consiguiente, la cuestión del liderazgo de la mujer musulmana y la participación política fue un tema clave de discusión en la conferencia de Estambul. En concreto, las participantes apelaron al reciente anuncio del rey de Arabia Saudita que concede a las mujeres el derecho a participar en las elecciones municipales, donde podrían optar a una candidatura para ser elegidas como miembros del Consejo de la Shura.

Activistas de Arabia Saudita advirtieron en la reunión cómo interpretar esta decisión. Como señaló Nimah Nawwab, activista y reconocida poeta, la decisión no es excepcional cuando se considera en un contexto donde los hombres de Arabia Saudí no tienen privilegios adicionales en esta materia. Las activistas saudíes señalaron que la medida anunciada en la víspera de la primavera árabe perseguía mermar la lucha de las mujeres saudíes a favor de una mayor representación política que se remonta a mucho antes de la primavera árabe. Por otra parte, la proclamación del rey fue anunciada pocos días antes de la votación propiamente dicha, lo que significa que las mujeres no pudieron participar de ninguna manera en las elecciones actuales.

Las mujeres saudíes se han organizado incansablemente para presionar al gobierno para hacer frente a sus demandas de mayor participación en los asuntos del país. La campaña para que las mujeres puedan conducir es una de las muchas campañas a través de las cuales las mujeres saudíes y los hombres hacen actos de desobediencia civil para protestar contra las restricciones aplicadas a la ciudadanía. La campaña para la participación política de las mujeres, la Campaña de Baladi, es muy amplia y popular, y está formada por una red de voluntarios.

Fauwziah Al Hani, una activista de los derechos sociales y humanos que lidera la campaña Baladi, y que trabaja por la plena participación de las mujeres en las elecciones municipales, explicó cómo en su intento por presionar al gobierno para exigir las demandas de las mujeres, movilizó a todo el país, que se presentó en las mesas electorales y exigió registrarse. Ellas también buscaban otros desafíos legales para reclamar sus derechos. Fauwziah y otra compañera presentaron sus casos respectivos en los tribunales supremos contra el ministro encargado de los asuntos municipales, por violar la Constitución de Arabia y el derecho internacional, al negar a las mujeres el derecho a participar en el gobierno de sus países. El ministro no negó que las mujeres tenían derecho a voto, sino que afirmó que el Estado estaba tratando de poner en marcha la infraestructura y los procedimientos necesarios para dar cabida a las mujeres en la vida pública, a lo que la Campaña ofreció al ministerio su extensa red por todo el país para ayudar a poner la maquinaria en marcha para facilitar que las mujeres asuman el voto.

Nimah Nawwab apuntó que tales declaraciones quedaron sepultadas bajo la celebración, puesto que tales proclamaciones pueden no reflejar la realidad sobre el terreno o se traducen en un cambio real mínimo en la práctica habitual. Arabia Saudita es un contexto donde las mujeres se enfrentan a restricciones que emanan de las leyes y costumbres tribales, así como a una interpretación conservadora de la ley islámica.

Laila Al Zwaini, que ha estudiado la aplicación de las leyes de la Sharia y las normas en una serie de países árabes y en Afganistán, señala que en muchos casos prevalecen las leyes tribales y se justifican como ley islámica, lo que hace problemática la comprensión de la Sharia. Señala que el 80 por ciento del contenido de la llamada «Sharia» y las interpretaciones de las misma son valores tribales que no proceden del Corán. También fue discutida la relevancia de la Sharia en las nuevas realidades políticas y sociales.

Los tiempos han cambiado, señaló Kholoud Al Faleh, juez del tribunal de la Sharia de Palestina, que ofreció un vívido relato de cómo  ella interpreta las reglas del Fiqh para responder a la realidad contemporánea en Palestina, especialmente en lo que respecta a las nociones cambiantes de la familia, donde los efectos de la ocupación demandan flexibilidad para alcanzar la justicia. En este sentido, no se trata sólo de las normas que facilitan esto, sino también del proceso de adjudicación en sí mismo. La juez dio un ejemplo de cómo tener una mujer juez en tribunales ayuda a las madres lactantes, por ejemplo, a prestar declaración sin interrupciones, manteniendo así el flujo de procesos, algo que habría sido difícil con un juez varón. No en vano, la madres lactantes han tenido que pedir excusas varias veces para atender a su hijo, comprometiendo así su testimonio.

Las mujeres musulmanas no están sólo limitadas por normas y códigos obsoletos

Las mujeres musulmanas no están sólo limitadas por normas y códigos obsoletos. La influencia de las fuerzas políticas y el gran capital limita su capacidad de maniobra en lo que respecta a los derechos humanos de las mujeres. Fatma Ahmed, de Sudán, advirtió que aunque el fenómeno de las mujeres jueces es un paso positivo, también podría ser utilizado para promover intereses políticos. En Sudán, ha habido muchas mujeres en los tribunales de la Sharia, pero muchos casos responden a compromisos políticos y por lo tanto no se pueden vincular directamente a los programas de emancipación.

La financiación es otra área donde los intereses de la mujer pueden verse comprometidos. Un conjunto de mezquitas rehabilitadas en Tanzania, por ejemplo, se financia a través de fuentes del mundo árabe o de prósperos hombres de negocios árabes y asiáticos. Algunas fuentes de financiación ponen condiciones en el funcionamiento de mezquitas que son contraproducentes para las mujeres y no para los fieles y ciudadanos de una comunidad. Pueden estipular, por ejemplo, que las mezquitas que financian veten el acceso de las mujeres a las instalaciones, condiciones que comparten los líderes locales musulmanes, ya que en su mente, el hecho de prohibir a las mujeres el acceso a los lugares de culto es insignificante en comparación con la sustitución de un imán local por uno extranjero. En consecuencia, encontramos muchos ejemplos de instituciones islámicas donde el temor a perder los fondos o poner en peligro el patriarcado tiene prioridad sobre el temor a Dios.

Según Nevin Rada, una erudita islámica afincada en Canadá,  los líderes musulmanes han luchado desvergonzadamente en defensa del patriarcado, violando enseñanzas y preceptos básicos del Corán. Así, mientras que el Corán ha exaltado el estilo de liderazgo de la reina de Saba, los predicadores musulmanes normalmente la menosprecian, y en su lugar alaban a Salomón, cuyo estilo de liderazgo era autoritario.

Sophia Abdi Noor, una de las veintidós mujeres parlamentarias de Kenia que representa una región de mayoría musulmana, ha sufrido numerosos ataques. Hablando durante una sesión dedicada a las mujeres en cargos políticos, reveló cómo su partido la abandonó durante las elecciones de 1997 a pesar de que fue inicialmente propuesta, sólo porque los líderes masculinos conservadores de su región emplearon argumentos religiosos para influir en la dirección del partido sobre la caída de su candidatura. A pesar de que mereció la nominación, se le negó la oportunidad de asumir el cargo sólo porque algunos hombres de su grupo étnico y de su partido político se sintieron amenazados y utilizaron argumentos obsoletos de la santidad cultural y religiosa para apartarla del contencioso.

Asimismo, durante las elecciones generales de 2010 en Tanzania, las mujeres musulmanas en particular, fueron disuadidas de optar a candidaturas por  figuras religiosas que afirmaban que los hombres del Islam son los líderes naturales y deseados porque Dios ha querido que sea así. Estos argumentos se basan en el concepto de qawamah (protección) y taa (obediencia) y sirvieron para silenciar cualquier oposición a la usurpación masculina de un derecho que pertenece tanto a los hombres y mujeres de la comunidad.

Estas prácticas no sólo figuran en los códigos legales, sino que cada vez se encuentran mayormente en la práctica. En un esfuerzo por ajustarse a la práctica musulmana dominante, Samiah El Moslimany, participante de Seattle, reveló que en Washington, la capital de la tecnología del mundo, una mezquita construida para el personal de Microsoft puso una serie de restricciones a las mujeres para asumir el liderazgo de diversas funciones. Esto se hizo con la complicidad de algunas profesionales que participaron en la instalación, ya que suscribían la idea de la supremacía masculina como algo divino.

La exclusión de las mujeres de la función pública también puede ser saboteada de forma subversiva

La exclusión de las mujeres de la función pública también puede ser saboteada de forma subversiva. Las participantes, por ejemplo, recordaron cómo tres de los premios Nobel 2011 son mujeres, dos de ellas de África y una en representación de un país de mayoría musulmana, Yemen. En la llamada primavera árabe, ya sea en Libia, Egipto, Arabia Saudita, Túnez y un año antes, en Irán, las mujeres estaban en la vanguardia de las manifestaciones, en la movilización de masas y en diferentes movimientos, pero por desgracia la visibilidad de las mujeres y su participación resultó desdibujada.

Las participantes en la conferencia de WISE señalaron que las acciones militares de los países de mayoría musulmana fueron justificadas en nombre de la liberación de las mujeres oprimidas, si bien las fuerzas invasoras y los países han comprometido activamente los derechos de las mujeres relegándolas a un estatus subsidiario, incluso en las naciones que con anterioridad contaron con agendas progresistas para las mujeres como la de Irak.

Se ha reconocido que uno de los códigos de familia más progresista que se conoce se vio comprometido por el apoyo y el patrocinio de Occidente en  el nuevo marco constitucional, que privilegia los intereses sectarios y no los intereses nacionales. Ante semejante ecuación política, las mujeres se convirtieron en moneda de las comunidades para negociar su autonomía cultural. Para concluir, ¿cómo superarán las mujeres musulmanas estos límites hacia la emancipación en un marco que tiene sus raíces en su tradición religiosa legal?

Fijabi Mufuliat, consultora en materia de derechos de las mujeres en Nigeria, afirma que es necesario un marco que permita a las mujeres hacer valer sus derechos, y esto es posible bajo un enfoque basado en derechos. Con este fin Laila Al Zwaini, erudita musulmana que trabaja en la intersección entre el derecho consuetudinario, la ley islámica y los derechos humanos para abordar la situación, sugiere la necesidad de una nueva metodología para guiar el análisis objetivo de las normas de Fiqh, un enfoque que en la actualidad está llevando a cabo el  Consejo WISE de la Shura.

*Salma Maoulidi ha estado involucrada en el movimientos de mujeres desde finales de años ochenta y ha estudiado la organización de Mujeres Musulmanas desde mediados de los años noventa. Traducción de Africaneando.


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