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La escuela de traductores de Toledo: presente, pasado y futuro

Varios factores contribuyeron a que Toledo se convirtiera en un vasto taller de traducción desde el que se irradió el conocimiento al resto de Europa

05/12/2011 - Autor: Bárbara Azaola Piazza - Fuente: Revista Idea
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Escuela de traductores de Toledo, grabado

En el Toledo de los siglos XII y XIII, bajo los auspicios del arzobispo toledano Don Raimundo y, después, del rey Alfonso X de Castilla, se tradujo una ingente cantidad de obras árabes, que atesoraban gran parte del legado científico y filosófico de la antigüedad clásica, india y árabe. Este fenómeno cultural, que revolucionó el saber de la época, es conocido con el nombre de Escuela de Traductores de Toledo.

Esta denominación, acuñada a principios del s. XIX por el historiador francés Amable Jourdain, no hacía referencia a un centro educativo con profesores, estudiantes y enseñanza reglada, sino al grupo de sabios musulmanes, cristianos y judíos, que durante estos siglos fueron vertiendo al latín, y luego al castellano, obras de los antiguos griegos y los árabes como Aristóteles, Arquímedes, Ptolomeo, Hipócrates, Galeno, Averroes, Avicena, Alfarabi o Algacel. La Escuela de Traductores convirtió a Toledo no sólo en un vasto taller de traducción, sino también en un lugar de encuentro y fecunda coexistencia, al que acudían los eruditos de las universidades y monasterios de toda Europa en busca del saber científico y filosófico de Al-Andalus y Sefarad.

Las primeras universidades europeas -París, Bolonia-, surgidas en el siglo XII, no contaban con un nivel científico comparable a las existentes en el mundo árabe-musulmán. En ellas, por ejemplo, el conocimiento de los clásicos se limitaba a los latinos, mientras que de los autores griegos no se conocían sino versiones cristianizadas de las obras de Platón y parte de la lógica aristotélica. Los árabes, en su expansión por las tierras de Bizancio, asimilaron, tradujeron, estudiaron, comentaron y conservaron las obras de los antiguos autores griegos, y finalmente las trajeron a la Península Ibérica, puerta que permitió el paso de la cultura griega a Occidente, sentando las bases del posterior Renacimiento europeo.

Varios factores contribuyeron a que Toledo se convirtiera en un vasto taller de traducción desde el que se irradió el conocimiento al resto de Europa. El hecho de ser la primera gran ciudad musulmana conquistada por los cristianos en 1085 la convirtió en punto de atracción cultural para los eruditos cristianos del resto de Europa que encontraron allí el conocimiento adquirido y desarrollado por los árabes. Hasta entonces, fue capital de una de las taifas más importantes de la Península, y como en otras ciudades de Al Andalus, existieron en ella grandes bibliotecas como la de Ibn Al-Hanasi. Sus reyes alentaron y protegieron el estudio y las artes, creando un centro de estudios astronómicos del que surgieron las Tablas Toledanas. Las Tablas, basadas en el meridiano de Toledo, eran las más precisas de la época y fueron modelo de las utilizadas posteriormente en Europa hasta Copérnico.

Bajo dominio musulmán, los judíos de la ciudad se arabizaron de tal forma que hasta finales del XIII la documentación de las sinagogas se redactó en árabe. En 1157 llegaron a la ciudad los sabios de las academias de Sevilla y Lucena que huían de las zonas conquistadas por los almohades. Entonces se fundó en Toledo la escuela judía toledana y, bajo la protección de poderosas familias como la de los Al-Fajjar, florecieron los estudios talmúdicos.

Durante el siglo XII, Toledo se trasformó en un importante foco de atracción cultural. Traductores y eruditos de todos los rincones de Europa se desplazaron a la ciudad, atraídos por el mecenazgo del Arzobispado de Toledo y la riqueza de los manuscritos allí existentes procedentes de las bibliotecas árabes. La presencia de una importante comunidad de cristianos mozárabes y de judíos arabizados, y la llegada de intelectuales cristianos europeos, generaron la atmósfera idónea para que Toledo se convirtiera en la mediadora cultural entre el Oriente y Occidente de la época.

La actividad traductora en Toledo puede dividirse en dos etapas separadas por una fase de transición. En su primera época, durante el siglo XII, estuvo estrechamente vinculada al cabildo de la catedral.

Don Raimundo de Sauvetat, arzobispo de Toledo entre 1124 a 1152, impulsó un ambicioso proyecto de traducciones del árabe al latín, y ocasionalmente del hebreo. Las traducciones realizadas durante este período fueron fundamentalmente filosóficas, aunque también las hubo de carácter científico. Las primeras se centraron en los comentaristas de Aristóteles. Entre ellos, destacan Alejandro de Afrodisias (s. II-III d.C.), el hispanojudío Avicebrón (s. XI) y los árabes Al-Farabi (872-950), del que se tradujeron, entre otros, un tratado sobre las ciencias y un comentario al De naturale auditu; Avicena (980-1037), cuyas doctrinas estudiaron filósofos como Sto. Tomás de Aquino, Roger Bacon y Duns Escoto, y el más grande de los filósofos árabes, Averroes (1126-1198), de gran influencia entre los escolásticos y en las universidades europeas. También se tradujeron el Corán y los Salmos del Antiguo Testamento.

La Escuela de Traductores añadió nuevos tratados de medicina a los conocidos en el mundo latino. En Toledo se tradujo a Hipócrates y numerosas obras de Galeno. Como sucedió con la filosofía, además de a los autores clásicos se tradujo a sus comentaristas árabes: el Liber introductorius in medicina parvus de Rhazes (Al-Razi, 865-925), o el Canon de Avicena, que resumía la medicina griega y, junto con el Arte de Galeno, fue manual universitario en París y Lovaina hasta mediados del siglo XVII. Las traducciones de matemáticas y astronomía produjeron un verdadero vuelco en el saber de la época. Las traducciones realizadas en Toledo pusieron al alcance de las universidades europeas los conocimientos de Euclides y Al-Juwarizmi, científico
persa del siglo IX cuyo nombre dio origen a los términos guarismo y algoritmo. A él se debe la introducción de los números que llamamos árabes (a su vez de origen indio), y en él se basan las tablas astronómicas utilizadas en Europa hasta Copérnico.

Algunos de los traductores más relevantes de este período compatibilizaron muchas veces su actividad traductora con la de canónigos o deanes de la catedral. Gracias al trabajo en equipo de estos traductores, Toledo desempeñó un papel clave en la difusión por el mundo cristiano de los saberes filosóficos y científicos de la antigüedad clásica griega, así como de los autores hispanomusulmanes e hispanojudíos.

Entre los numerosos traductores que trabajaron en Toledo durante la época del arzobispo Don Raimundo se pueden citar a Abelardo de Bath, Herman el Alemán, Alfredo de Sareshel, Daniel de Morlay, Roberto de Chester y los tres más sobresalientes: Gerardo de Cremona (Gherardus Cremonensis), nacido en Lombardía, llegó a Toledo a mediados del siglo XII donde más tarde sería canónigo de la Catedral. Después de aprender el árabe, y apoyándose en sus conocimientos científicos, abordó la traducción de 71 obras, la mayor parte de astronomía. La riqueza de las fuentes le permitió traducir también obras de alquimia y geomancia; Domingo Gundisalvo (Dominicus Gundissalinus), canónigo de la catedral y arcediano de Segovia, concentró sus actividades en la traducción -a un perfecto latín- de obras filosóficas, sobre todo las relacionadas con el aristotelismo neoplatónico de Al-Farabi y Avicena; y Juan Hispano (Iohannes Avendehut Hispanus), arcediano de Cuéllar y más tarde deán de la Catedral de Toledo, cuya actividad traductora abarcó obras de filosofía, astrología, matemáticas y medicina.

Tras el apogeo alcanzado en la época “Raimundiana”, la Escuela de Traductores disminuyó su ritmo de actividad durante la primera mitad del siglo XIII. En este período, sin embargo, apareció un elemento nuevo de vital importancia: la utilización del romance castellano como lengua de llegada de las traducciones. Se tradujo por primera vez un texto al castellano, y no al latín, el Psalterio, traducido por Herman el Alemán de su original hebreo.

Con la llegada del rey Alfonso X, ya en el siglo XIII, comenzó la segunda etapa. Alfonso X fue un rey polifacético que desarrolló una extraordinaria labor como protector de las ciencias y de las artes durante su reinado (1252-1284). No sólo promovió la realización de traducciones sino que participó activamente en la redacción y compilación de obras muy variadas. El monarca castellano seleccionaba al equipo de redactores, orientaba el trabajo, discutía su contenido y hacía una completa revisión final del manuscrito.

Bajo su reinado la Escuela alcanzó su cénit. El Rey Sabio sustentó su política cultural en la piedra angular de las traducciones, que, centradas fundamentalmente en la astrología y la astronomía, se extendieron asimismo al Corán, el Talmud y la Cábala. Aunque también se tradujo al latín e incluso al francés, la labor estaba concebida siguiendo un plan sistemático de versión al romance castellano de un inmenso caudal de originales.

Gracias al mecenazgo de Alfonso X, la Escuela de Traductores de Toledo conoció durante la segunda mitad del siglo XIII un nuevo período de esplendor. Amante del didactismo, el nuevo mecenas real deseaba por encima de todo poner las traducciones al alcance del vulgo. Con tal fin, potenció la realización de versiones en lengua romance, lo que contribuyó a la consolidación del castellano como lengua científica, a su triunfo literario y a una secularización de la cultura, al desvincular la idea del saber de la lengua latina.

Con Alfonso X los traductores originarios de Toledo fueron cada vez más numerosos. Los judíos destacaban sobre los cristianos y entre los temas abordados ya no dominaban los filosóficos, sino los astronómicos, astrológicos, físicos y matemáticos. Durante este período sobresalieron las figuras de Álvaro de Oviedo, Judá Ben Mosa Ha-Kohen, Isaac Ibn Cid, Abraham Alfaquí y Samuel Ha-Leví Abulafia. El método de trabajo utilizado hasta entonces en la Escuela de Traductores evolucionó. Junto a la fórmula de dos traductores (uno conocedor de la lengua árabe y otro de la lengua a la que se hacía versión) apareció la figura del traductor único, conocedor de varias lenguas. Tareas nuevas son las de enmendador, capitulador y glosador, encargados de revisar y completar la labor de los traductores, enriqueciendo con sus aportaciones la obra original.

Entre las obras traducidas durante el periodo alfonsí se encuentran el Libro conplido de iudiciis astrologiae, de Ali Aben Ragel, considerado la mejor síntesis de astrología grecoárabe; el Libro de la açafeha de Azarquiel (Al-Zarqali, s. XI); los tres Libros de las estrellas de la ochava esfera, de un original caldeo; el Tetrabiblion de Ptolomeo; y el Lapidario, un tratado sobre las propiedades de las piedras preciosas. Asimismo, se escribieron a instancias del rey obras originales, como las Tablas Alfonsíes para el cálculo astronómico. Compuestas por los traductores basándose en las Toledanas de un siglo antes y calculadas también según el meridiano de Toledo, las Tablas Alfonsíes están consideradas el mayor logro del mecenazgo regio y una referencia indiscutible en la historia de la astronomía. En otras disciplinas destacan los tratados técnicos (como los distintos Libros del relogio, sobre la construcción de relojes, o los Libros del ajedrez, dados y tablas) y las obras literarias, no por escasas menos importantes, por ejemplo, el Calila e Dimna, versión árabe de una colección persa del s.VIII, que se convertiría en un clásico de la fabulística europea.

La crítica tradicional hace coincidir el fin de la Escuela de Traductores de Toledo con la desaparición de la figura de Alfonso X. Sin embargo, esta idea está en proceso de revisión. La documentación conservada demuestra la continuidad de la labor traductora en Toledo: entre los siglos XIV y XVI nuevas traducciones se añadieron al caudal anterior, en tanto que se revisaron las antiguas de tratados filosóficos para depurarlas de los errores que el sistema de doble traducción había originado en los siglos precedentes.

La nueva Escuela de Traductores de Toledo

Con la idea de recuperar el espíritu de su homónima medieval, la nueva Escuela de Traductores de Toledo, promovida por la Universidad de Castilla-La Mancha y la Fundación Europea de la Cultura, bajo el patrocinio del Patronato Universitario de Toledo, abrió sus puertas en noviembre de 1994 bajo la dirección del actual profesor de la Facultad de Humanidades de Toledo, Miguel Hernando de Larramendi. En 2003, la Escuela de Traductores de Toledo se integró plenamente en la Universidad de Castilla-La Mancha como un centro de investigación de la misma.

El proyecto de la nueva Escuela recupera el capital simbólico de su homónima medieval pero mirando al futuro y siendo consciente de que a través de las traducciones y el diálogo se pueden tender puentes entre diferentes culturas. La traducción es entendida en esta nueva etapa no sólo como una mera actividad de traslación del conocimiento y las ideas de una lengua a otra, sino como una labor de mediación, tendiendo puentes entre culturas y sociedades que se desconocen y sobre las que existe, en numerosas ocasiones, un profundo déficit de conocimiento. Con este fin, en la sede de la Escuela se han organizado numerosos coloquios y encuentros internacionales en los que han participado cerca de un millar de traductores, editores, investigadores, docentes, artistas y gestores culturales, para de esta forma fomentar el conocimiento mutuo y el diálogo entre todos los países ribereños del Mediterráneo.

La nueva Escuela de Traductores nació con el convencimiento de que no era posible abordar la traducción desde una perspectiva aislada, sino que era necesario conectar la labor traductora con otros ámbitos como el de la edición, la formación y la difusión. La Escuela ha pretendido integrar estas dimensiones en sus principales áreas de investigación: la didáctica de la traducción árabe-español, así como de la lengua árabe para no-arabófonos.

Habría que señalar también nuevos campos en los que se está centrando la actividad investigadora de la Escuela, como el estudio de las relaciones culturales entre España y el mundo árabe y mediterráneo, la sociología y política del mundo árabe contemporáneo y los movimientos migratorios en Castilla-La Mancha; en concreto, la gestión de la diversidad cultural y religiosa surgida por la llegada de población inmigrante de origen árabe-musulmán a España, en general, y a la región de Castilla-La Mancha, en particular.

En el ámbito de la formación permanente, desde 1999 se imparte el Curso de Especialista en Traducción Árabe Español, título de postgrado propio de la Universidad de Castilla-La Mancha, cuya finalidad es la formación eminentemente práctica de profesionales de la traducción del árabe. En su VIII edición (2006-2007) se ha efectuado su adaptación al sistema de créditos europeos ECTS. Dentro del curso se imparten con una periodicidad mensual una serie de talleres monográficos de traducción especializada que giran en torno a la traducción periodística, literaria, jurídica, económica y de textos de organismos internacionales.Por sus aulas han pasado más de 1.500 estudiantes y cuenta con profesores de universidades españolas, europeas y árabes, como la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad de Cádiz, la Université Saint-Joseph de Beirut o la Universidad Abdelmalek Essaadi de Tetuán.

También en el ámbito de sus actividades docentes, la Escuela de Traductores ofrece desde 1999 un Curso de Introducción a la lengua árabe ante la creciente demanda de cursos de lengua árabe para no iniciados. Desde sus comienzos, se han impartido hasta cuatro niveles de enseñanza, incorporándose este año nuevo profesorado.

Otro eje de las actividades de la nueva Escuela es la promoción, traducción y edición de obras de literatura y pensamiento árabes contemporáneos. A través de sus distintos programas y en colaboración con la Fundación Europea de la Cultura, la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), y distintas casas editoriales, como Ediciones del Oriente y del Mediterráneo o Trotta, la Escuela de Traductores ha publicado una treintena de títulos traducidos del árabe. En los últimos años, la Escuela ha promovido, realizado y revisado la traducción de una docena de novelas autobiográficas árabes,traducidas simultáneamente a nueve lenguas europeas dentro del programa Memorias del Mediterráneo, promovido por la Fundación Europea de la Cultura. Esta misma fundación, junto a la AECI, el Ministerio de Cultura y el apoyo del Banco Santander Central Hispano, ha promovido el programa de traducción de Literatura y Pensamiento Marroquíes Contemporáneos, con el que se pretende hacer accesible al lector en español algunas obras fundamentales de autores marroquíes contemporáneos, así como aquellos trabajos que aunando traducción e investigación sean susceptibles de facilitar nuestra relación con la frontera sur. El Servicio de Publicaciones de la Universidad de Castilla-La Mancha edita la colección Escuela de Traductores de Toledo en la que aparecen las actas de los coloquios y encuentros realizados en la Escuela, así como los resultados de sus proyectos de investigación.

La Escuela de Traductores de Toledo cuenta con una valiosa biblioteca especializada en lengua y cultura mediterráneas y aspectos relacionados con la interculturalidad, con un fondo de cerca 9.000 monografías y 90 publicaciones periódicas que abarcan materias como traducción, historia de la Escuela de Traductores de Toledo, literatura árabe contemporánea traducida y en lengua original, civilización árabe y hebrea, estudios bíblicos y sefardíes, política contemporánea de Oriente Medio y el Magreb, inmigración y obras de referencia. También cuenta con un centro de documentación para facilitar la labor de investigadores y traductores, que está abierto a consultas en torno a cuestiones de traducción, o a temas árabes y mediterráneos en general. Dichos fondos pueden consultarse a través del catálogo en Internet de la Biblioteca de la UCLM http://www.biblioteca.uclm.es/).

Frente a la difusión de las tesis que presentan como inevitable el conflicto y la lucha entre las diferentes civilizaciones del Mediterráneo, son necesarios espacios de diálogo, colaboración y cooperación entre pueblos y culturas diversas. La Escuela de Traductores de Toledo es un ejemplo de cómo a través del conocimiento mutuo es posible la convivencia entre pueblos diferentes. En este marco, la Escuela está potenciando sus actividades en el ámbito de la gestión de la inmigración en las escuelas y de la formación inter-cultural. En el terreno de la investigación, la Escuela de Traductores desarrolla actualmente el proyecto I+D “Análisis de la situación escolar de los inmigrantes en Castilla-La Mancha: propuestas de intervención”, financiado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. En el ámbito formativo, la Escuela ha organizado en los últimos años varios cursos sobre lengua y cultura marroquíes orientados a los profesores y docentes de los centros de enseñanza de la región, en virtud del convenio de colaboración existente entre la UCLM y la Consejería de Educación y Ciencia de la JCCM. En estas actividades, la Escuela ha contado con la colaboración del Seminario Permanente de Estudios Interculturales de la Facultad de Humanidades de Toledo y de la Escuela Universitaria de Magisterio de Toledo.


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