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Matrimonio forzoso: ¿Qué dice el islam?

Del libro Islam y Derechos Humanos (CDPI Junta Islámica 2010)

02/11/2011 - Autor: Yaratullah Monturiol - Fuente: Webislam
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El islam contra los matrimonios forzosos
El islam contra los matrimonios forzosos

El matrimonio es un contrato consagrado entre un hombre y una mujer en el que se da y se toma; es un largo viaje de la vida, un viaje de amor, de colaboración, de armonía y de afecto (9). El Corán dice que la pareja son vestido, el uno del otro (10) y también:

“Y entre sus signos está el haberos creado almas parejas entre vosotros, para que os sereneis, y el haber suscitado entre vosotros el amor y la ternura. Ciertamente, hay en ellos signos para gente que reflexiona” (11).

El consentimiento libre de las partes

El Corán se refiere al matrimonio como un mizaq, que quiere decir: un convenio o acuerdo solemne entre el hombre y la mujer. El matrimonio sólo puede ser celebrado si ambas partes consienten libremente en ello. Como se dice en el Corán (12) (2.232) y el hadiz (13). Si un padre casa a su hija sin el consentimiento de esta, el matrimonio se puede declarar nulo. Uno de los derechos de la mujer dentro del islam es elegir ella misma a su esposo. Sus padres no tienen derecho a obligarla a que se case con una persona determinada. La mujer musulmana debe conocer este derecho, aunque aprecie en gran medida el consejo y asesoramiento de sus padres a la hora de elegir. Hay una razón importante para ello: los padres desean lo mejor para sus hijos, pero al mismo tiempo, una mujer musulmana no desperdiciará su derecho a elegir cuando los deseos de sus padres la pueden llevar a un matrimonio obligado con alguien que ella no quiere. Según el islam, el matrimonio debe estar basado en sentimientos de mutua atracción.

“Una vez llegó una joven que aún era virgen ante el profeta, y le contó que su padre la había comprometido en matrimonio con un hombre contra su voluntad. El profeta le hizo saber su derecho a rechazar ese matrimonio” (14).

Para procurar que no se planteen problemas en el matrimonio, el Corán aconseja a la pareja que se conozca y el profeta ha aconsejado que los futuros novios “se miren” antes de comprometerse, de forma que una elección “a ciegas” o un juicio equivocado no impida la felicidad del matrimonio. Al Mughira nos proporcionó un hadiz sobre este tema; cuando él tenía intención de casarse con una mujer, el profeta le aconsejó:

“Mírala, pues así será más probable que el amor y el afecto se produzca entre vosotros” (15).

El “verse” no debe ser interpretado como sustitución del noviazgo. El islam no permite las relaciones sexuales antes del matrimonio. El permiso concedido a hombres y mujeres a verse antes del matrimonio, no es contrario a la conducta prescrita en el Corán a musulmanes y musulmanas que consiste en bajar la mirada y ser discreto.

El contrato matrimonial

Una vez un hombre y una mujer se han dado mutuamente el sí, están establecidas una serie de condiciones para la redacción del contrato matrimonial.

1. El consentimiento de ambos consortes: si uno de los futuros cónyuges no consiente en el matrimonio, el contrato matrimonial no tendrá validez.

2. La dote para la novia (mahr): el regalo del novio a la novia. Es obligatorio que el hombre le haga un regalo (dote) de bodas a su futura mujer16. Las dos partes acuerdan en qué debe consistir la dote de la novia y el hombre está obligado a entregarla según lo acordado.

3. Establecer el contrato ante la presencia de testigos.

4. Hacer público el contrato. Esto se hace invitando a un grupo a reunirse (en forma de banquete, etc.) para dar a conocer el nuevo matrimonio.

Matrimonio y honor (17)

La elección de la pareja entre las personas siempre es un asunto delicado. Hasta el día de hoy, en todas partes del mundo se negocia sobre la elección de la persona con quien se va a compartir la vida; el matrimonio constituye el broche de cierre de esas negociaciones, en todas las capas de la sociedad y en diferentes culturas. La elección de la pareja con quien vivir se ve rodeada de rituales y conoce un desarrollo de acontecimientos que más o menos se suceden: el encuentro y presentación de los miembros de la pareja, la introducción de la pareja en el entorno social y su aceptación por ese entorno, la pedida de mano, y el hacer pública la elección, ya sea o no, mediante el espectáculo visible de la ceremonia del matrimonio.

Numerosas relaciones sentimentales se malogran en el momento en que hay que dar los pasos necesarios que conducen a un enlace matrimonial. Decididamente, la elección de un consorte, no resulta exclusiva de los futuros cónyuges. Tanto los padres, como los parientes, los amigos y el grupo social al que se pertenece, ejercen una influencia que no hay que subestimar. No es por nada que, unos minutos antes del momento decisivo, aún se pregunta si hay objeciones que alegar contra el matrimonio.

Por supuesto que los futuros cónyuges pueden hacer caso omiso de lo que diga su entorno. Lo cual, casi siempre tiene sus consecuencias. Sin embargo, esto no supone un problema para todo el mundo. Pero, decididamente, es mucho más agradable si la unión se alcanza en armonía, aunque es cierto que el conflicto no siempre constituye un obstáculo cuando se persevera en la elección propia de la pareja, a pesar de las posibles objeciones de terceras personas. A fin de cuentas, son los cónyuges mismos los que tienen que convivir.

Sin embargo, en una cultura del honor la elección no es tan libre. Eliminar descuidadamente las objeciones respecto a la elección de la pareja puede tener consecuencias de gran alcance, tanto para los futuros cónyuges como para sus familias. Para los grupos de profesionales que tratan con personas procedentes de culturas del honor en las que la elección de pareja conduce a conflictos, es importante que comprendan el significado del honor y de los contextos culturales.

El honor

En las culturas del honor, en las que viven aproximadamente el 80% de la población mundial, el tener honor significa que el entorno social acepta a alguien como persona y que esto se nota en su actitud hacia ella. Esa actitud equivale a respeto. El honor proporciona a la gente un sentimiento de autoestima. En cuanto se acusa la falta de una actitud respetuosa normal, entonces los individuos de una sociedad del honor suponen que ya no son aceptados. La consecuencia es que pierden su autoestima.

Los criterios según los cuales los individuos se aceptan los unos a los otros como personas y la manera de demostrarlo, depende del tiempo, el lugar y los contextos culturales. Algunos de esos criterios se aplican al individuo (alguien que es un buen amigo, un hombre o una mujer sabios, generosos, religiosos…); en este caso hablamos de honor personal. Otros criterios para la aceptación social se aplican a la familia de la que procede el individuo. Este es el caso de las culturas del honor, que al mismo tiempo son culturas de grupo o culturas de familias.

La familia como grupo

En una cultura de familias, la familia es más importante que el individuo. La familia se presenta como una unidad para ser reconocida como familia en su totalidad por las otras familias del entorno social, como un miembro semejante y de pleno derecho. Los miembros de la familia están unidos por amor, lealtad y fidelidad incondicionales. A cambio de ello, la familia protegerá y mantendrá a cada uno de sus miembros. Se espera de cada individuo que actúe en beneficio de la familia.

En todo grupo de personas que se organiza como una unidad, es casi inevitable una jerarquía y una distribución de tareas que concuerden con los códigos sociales y los modales. Gracias a la jerarquía pueden relacionarse con el grupo social al que pertenecen. La jerarquía discurre en general a través de la línea masculina: el pariente masculino de más edad en vida es designado cabeza de familia y representa a la familia en las relaciones con el mundo exterior; pero también hay muchos grupos y familias en las que la jerarquía discurre a través de la línea femenina. Dentro de la familia los hombres y las mujeres se consultan sobre la “estrategia” a seguir en nombre de la familia para con las otras familias.

El honor familiar colectivo

En el grupo, el honor es un bien común con cuya responsabilidad cargan todos los miembros, independientemente del tipo de jerarquía interna de la familia. El trato con las otras familias de la comunidad social se regula a través de códigos de conducta comunes. Estos códigos de conducta comunes son diferentes según la zona de procedencia y el grupo social.

Los miembros de una familia pueden alterar, mediante una “mala conducta”, la relación de su propia familia con las otras familias de su entorno social. Además, hay actuaciones que no perjudican directamente a las demás familias, pero que van contra el orden público de la comunidad. Qué se entiende exactamente por “mala conducta”, varía según qué comunidad sea la que se rige por el honor.

Aunque toda la familia es responsable de forma colectiva del comportamiento de cada uno de los miembros, el cabeza de familia responde por todos, y se espera de él o ella, que actúe contra la mala conducta o contra amenazas externas. El no actuar en contra de la mala conducta de otros se considera mala conducta del cabeza de familia y de su familia. El honor de la familia está entonces en juego.

Sanciones sociales

La comunidad no quiere tener nada que ver con familias sin honor. Estas son familias cuyos miembros no han sabido acatar las normas sociales. Si el mal comportamiento es intolerable y el entorno social está al corriente, las demás familias de la comunidad pasan a establecer sanciones sociales. Estas sanciones pueden ser de gran trascendencia. Así puede ser que se acaben amistades o que los miembros de la familia sean agraviados o humillados. El resultado puede ser, que se anulen compromisos o que fracasen matrimonios. En resumen, familias son rechazadas o perjudicadas gravemente.

Por supuesto que las sanciones sociales no se pueden producir, si el entorno social ignora lo sucedido. Entonces la familia todavía puede intentar encubrir el posible problema. En ese caso se considera que sí ha habido comportamiento intolerable, pero no se produce pérdida del honor: el entorno social todavía no está al corriente de lo sucedido o no ha impuesto aún sanciones. Además las sanciones no se llevan siempre a cabo, ni con mucho. Pero el miedo a que se impongan es, desde el punto de vista existencial, comparable al miedo a la muerte.

Tanto depende de ellas, que se intentará prevenirlas o detenerlas. Teniendo en cuenta el gran interés que tiene la familia en que sus propios miembros no incurran en mala conducta, o en que otros lleguen a pensar que ese sea el caso, los miembros de la familia vigilan mucho su comportamiento en público.

Violencia por motivos de honor

Una pregunta muy importante es cuál es la reacción ante el mal comportamiento y (la amenaza de) pérdida del honor. Ello depende en gran medida de las circunstancias concretas y de la clase de supuesta amenaza, o violación del honor de la que se trata. Además es de suma importancia, si el entorno social está al corriente de ello o no. Un problema familiar interno en el que no están implicados terceros, se soluciona dentro de la familia. Mientras el entorno social no se entere ni se vea afectado directamente por el problema, este se puede solucionar dentro de los límites de la propia familia; disimulando y manteniéndolo en secreto.

Hablamos de pérdida del honor, solo cuando el entorno social está al corriente y presiona para que se recupere el honor. Entonces, la mala conducta no tiene por qué ir siempre acompañada de una forma mortal de limpieza del honor. En general, primero se buscan soluciones alternativas, antes de que alguien tenga que pagar con su vida una violación del honor. Es por eso que es muy importante saber en qué medida correcciones y soluciones anteriores han tenido éxito o han fracasado. Y es que el miedo a las sanciones sociales aumenta, a medida que los problemas persisten y no se solucionan. En ese sentido podemos hablar de una escala progresiva: en la medida en que el miedo a la divulgación y a las sanciones sociales aumenta, aumentará la severidad y el peso de las medidas tomadas.

Por esta razón, la capacidad de las familias para solucionar un problema, constituye un factor importante cuando se trata de prevenir la violencia y de que escale el problema. Unas familias manejan las tensiones que se presentan mejor que otras.

Honor, violencia y la elección de pareja

En muchas culturas la elección del futuro cónyuge es un asunto de familia en el que están implicados diferentes intereses. La familia de la chica desea para ella un marido bueno y solícito e igual familia política. También es importante que el marido y su familia cuenten con unos ingresos regulares que garanticen una vida segura. La familia del chico quiere una chica de actitud irreprochable. Después de todo, una nuera pasa a formar parte de la familia política. A partir de ese momento, la familia es responsable de todo lo que ella haga, ya que podría, con su actitud, deteriorar seriamente la reputación de la familia de su marido.

Es por esto que la elección de la pareja es demasiado importante como para dejarla únicamente en manos de los hijos. Lo que sí es verdad es que la mayoría de los y las jóvenes participan en la elección. Tienen derecho a rechazar al candidato o la candidata que han elegido sus padres, o a proponerlo ellos mismos. El derecho a rechazar a un candidato es también una importante norma islámica. Sin embargo, en algunas familias tradicionales o en familias en donde la comunicación es deficiente, el rechazar a un candidato se interpreta como una protesta contra las reglas de la jerarquía y como duda de las buenas intenciones de los padres. Al mismo tiempo, los padres a veces tienen segundas intenciones con respecto a un matrimonio. Pueden considerar que un matrimonio concertado beneficia a la familia. En este contexto, tanto chicos como chicas, a veces, tienen que enfrentarse a violencia e intimidación.

Los conflictos en torno a la elección del cónyuge, se consideran primordialmente como un mal comportamiento de miembros de la familia, ya que en estos casos la jerarquía se somete a discusión y con ella la unidad de la familia. La conducta de un miembro de la familia que reacciona desde dentro en contra de la jerarquía familiar (por ejemplo la autoridad de los padres) se interpreta frecuentemente como presagio de mala conducta social. Frecuentemente los padres establecen una relación directa entre la desobediencia de sus hijos y la pérdida, a corto o largo plazo, del honor colectivo de la familia. Y es que, la división de la familia se considera un desastre. Es por eso que no se permite cuestionar la autoridad de la generación de más edad. Unas familias manejan este tipo de conflictos con habilidad, otras son presas del pánico. Por eso los conflictos familiares de jerarquía dentro de una familia pueden ser bastante peligrosos y pueden conducir a la violencia por honor.

La elección del cónyuge de una persona que pertenece a una cultura del honor, en realidad siempre supone la implicación de varias familias. Esto hace que un conflicto en torno a la elección de pareja sea especialmente arriesgado. Ya que la “mala conducta” enseguida sale, en mayor o menor medida, a la luz. Por añadidura, una relación amorosa prematrimonial significa un riesgo directo de violación del honor moral de la familia y se considera como un daño que afecta a la castidad de la joven. Cualquier señal en esa dirección tiene graves consecuencias para las posibilidades de casamiento de la joven y menoscaba la posición de la familia en el grupo social.

Un delito contra la moral, como puede ser una relación sexual prematrimonial, es, probablemente, la mayor pesadilla de las familias, porque lleva de manera inevitable a medidas de gran trascendencia, tanto dentro de la familia como procedentes de la comunidad social. Si por ejemplo, se trata de una relación sexual prematrimonial de la que la comunidad está al corriente (o en breve podrá estarlo), entonces, en realidad la única solución es casar a la joven o a la mujer en cuestión.

Por lo que, en el contexto de violencia por honor, el matrimonio forzoso es tanto una fuente de conflictos de honor como una medida para reparar la pérdida del mismo.

De la mano contra los matrimonios forzosos

“De la mano contra los matrimonios forzosos” es uno de esos proyectos que proporcionan un caudal de información sobre la vivencia de los jóvenes y sus padres respecto al matrimonio, el honor y la violencia. Para prevenir la violencia, es de un valor fundamental comprender las estrategias que se aplican para evitar un matrimonio, o precisamente para imponerlo, y los asuntos de fondo que juegan un papel al respecto. Es por eso que durante las reuniones se ha prestado atención explícita a esos asuntos. Estos conocimientos se utilizan también para afrontar la violencia por motivos de honor; por ejemplo, en la mediación de conflictos.

La información sobre códigos culturales y la importancia de los intereses en torno a ellos, han resultado de un valor crucial para prevenir el matrimonio obligado y la violencia por motivos de honor. El esfuerzo por parte de los propios grupos de la comunidad ha constituido la clave del éxito. El proyecto “De la mano contra los matrimonios forzosos” es, visto así, como una joya. Son los pequeños pasos los que conducen al cambio.

El cambio de mentalidad de un grupo respecto a problemas como el matrimonio forzoso y la violencia por motivos de honor, no se consigue de una vez. Es un proceso que requiere dar diferentes pasos. Primero, hay que tomar conciencia de la existencia de un problema: la violencia por motivos de honor. Seguidamente, un grupo debe concienciarse de que el problema no le es ajeno: apropiación del problema. Solo cuando los individuos sean conscientes de que tienen un problema intentarán solucionarlo. Luego, la concienciación del grupo de que se trata de un problema que ellos pueden solucionar: la motivación del grupo. A continuación hay que movilizar al grupo para que intente solucionar el problema. Esto resulta más sencillo si se facilitan instrumentos y actividades en la medida que den a la gente la oportunidad de utilizar sus ideas.

Plan de medidas por etapas para detectar el problema y actuar

La violencia por motivos de honor es un problema complejo, con gran peligro de recrudecerse bajo determinadas circunstancias y en el que la presión del factor tiempo es alta. El uso exclusivo del sentido común resulta frecuentemente insuficiente. Sin embargo, es crucial evaluar cuidadosamente qué pasa exactamente y qué intervenciones se requieren. ¿Hay posibilidades de mediar o se debe poner a salvo inmediatamente a las víctimas?

Es imprescindible que los profesionales se den cuenta de que las rutinas que resultan de las acciones diarias y de los procedimientos de trabajo diarios de organizaciones e instituciones, pueden acarrear consigo riesgos y causar un agravamiento del conflicto. Por ejemplo, porque se filtre información delicada o porque el problema pase a ser del dominio público debido a la intervención negligente de instituciones en el caso. Por ello, es importante analizar críticamente la propia conducta y la de los colegas, tanto a nivel interno como externo. Manejar la información con cautela extrema y reservar la información delicada, en un principio, para un círculo (muy) limitado. Nunca recurrir precipitadamente a los familiares. Estos pueden estar implicados en la aplicación de medidas para la “limpieza del honor”. Por la misma razón, nunca proporcione sin motivos de peso, información a parientes. Hay que estar alerta ante los intentos conscientes de la familia de obtener información sobre la víctima y de averiguar su posible paradero.

Ordenar la información

_ Suceso:
¿Qué ha pasado? ¿Cuál es la naturaleza y el motivo del conflicto? ¿Quiénes están implicados en él?

_ Ideas:
¿Qué piensa el afectado sobre lo que ha sucedido? ¿Qué piensa la familia según el/la afectado(a)? ¿De qué se preocupa el afectado? ¿De qué tiene miedo el afectado? ¿Qué piensa usted como profesional sobre la situación?

_ Sentimientos:
¿Qué siente el interesado?: vergüenza, sentimientos de culpabilidad, etc.

_ Conducta:
¿Qué ha hecho el interesado antes, durante y después del conflicto? ¿Cómo ha reaccionado la familia ante el conflicto? ¿Ha tomado medidas la familia? ¿Cuáles? ¿Qué medidas ha tomado el que interviene directa o indirectamente como profesional?

Recabar información

Se debe hacer un estudio detallado de qué otras fuentes de información hay, además de los propios afectados. ¿Qué otras instituciones y organizaciones están ya implicadas en el caso, y (podrían) disponer de información pertinente? ¿Quiénes preceden y suceden en la cadena de ayuda o de prestación de servicios? Se puede discutir el caso, por ejemplo, en una reunión de trabajo; de forma anónima si fuera necesario, si aún no hubiera un motivo concreto para intercambiar información específica. Otros profesionales pueden ayudar a pensar sobre los pasos a seguir para poner en marcha la ayuda ncesaria, y pueden informar sobre las posibilidades de actuación.

En los casos de violencia doméstica, existen equipos en los que participan diferentes organizaciones, que pueden ofrecer una ayuda coherente a todo el sistema (familiar). Dentro de dichas redes, el intercambio de información está regulado de forma oficial, lo que hace posible la pronta detección de los casos y el recabar información. Los coordinadores de las redes de asistencia social locales pueden ser un buen punto de apoyo. Se necesitan profesionales que hayan recibido una instrucción adicional para captar las señales de violencia por motivos de honor.

Contacto con las personas implicadas

Si ya se está en contacto con las personas implicadas (víctimas), se intenta de forma activa conseguir información durante una entrevista. Pudiera ser que las mismas personas implicadas vayan directamente al meollo del asunto. En ese caso, hay que hacer preguntas concretas: ¿cuál es el problema?, ¿de qué tienen exactamente miedo los afectados?, ¿qué es lo peor que podría pasar?, ¿qué ha pasado ya?, ¿quiénes están implicados en el problema o quiénes están al corriente del problema?, ¿hay personas que no deban enterarse bajo ningún concepto del problema?, ¿existe el riesgo de que el problema pase a ser del dominio público? Si es así, ¿cómo y cuándo?

Si se trata de la primera vez que se habla de los asuntos que nos inquietan con las personas implicadas, puede que sea hábil hacer un “movimiento envolvente”. No nombrar directa y concretamente la sospecha de que se pueda tratar de un asunto de honor, pero es estrictamente necesario intentar comprender el contexto cultural de la persona, la naturaleza del conflicto y de qué manera experimentan el conflicto, tanto la persona afectada como la familia. ¿Hay indicios de que la manera de percibir el conflicto descanse en ideas colectivas del honor? ¿Influye la comunidad o el entorno social en el conflicto? Hay que intentar determinar si se trata de un caso de mala conducta que puede originar la pérdida del honor, y en qué categoría se puede clasificar esta “mala conducta”. Averiguar si ya se ha intentado corregir u ocultar la mala conducta, o si ha habido hechos anteriores que pudieran aclarar el trasfondo del miedo sentido por las personas implicadas.

Si se tiene que tratar con el total del sistema familiar, o no hay más remedio que enfrentarse a él, entonces es de importancia lo siguiente: teniendo en cuenta que la pérdida del honor puede traer consigo consecuencias desastrosas para la familia, todos los individuos implicados se consideran a sí mismos víctimas de los acontecimientos. Según un punto de vista imparcial, en eso no les falta del todo razón, si no se esperaban ni por lo más remoto un suceso, por ejemplo, como que su hija se vaya de casa. También se puede dar muy bien el caso de que otros conflictos hayan precedido al problema actual, sin que haya habido malos tratos (continuados). Hemos de darnos cuenta de que en el caso de violencia por motivos de honor, no se presentan fases sucesivas como en el caso de la espiral de violencia. Una acción basada en motivos de honor puede, perfectamente, efectuarse de forma aislada. Por lo general la víctima, actúa, según la perspectiva de la familia, de forma egoísta y puede causarle a la familia grandes problemas. Por eso es de gran importancia dirigirse a ella siempre con mucho tacto. Tomarse su punto de vista en serio, aunque no se comparta. Intentar, dentro de los márgenes de la ley, ayudar a encontrar soluciones alternativas para evitar la pérdida del prestigio y del honor. Ser práctico: quizás más tarde haya que deliberar con la familia sobre el regreso de la víctima a la misma, o se intente prevenir que el asunto repercuta en otros miembros de la familia. Las posibilidades de mediar o de deliberar se reducen considerablemente en el momento en que, a causa de una intervención desafortunada, se ha deteriorado la relación.

Hay que escribir un informe con los resultados, una vez se hayan aclarado y completado las sospechas y las señales recibidas, con la información procedente de las redes de asistencia social, de las deliberaciones sobre el caso, o del propio afectado. Y no hay que olvidar tampoco aquí: ordenar la información por hechos, circunstancias, interpretaciones y fuentes de información.

Una primera impresión del caso y el análisis del riesgo

¿Se trata de un conflicto o de una amenaza de conflicto en la que, según una primera estimación, influye el contexto cultural? Entonces habrá que considerar con detenimiento los posibles momentos de riesgo y de recrudecimiento del conflicto, y habrá que “predecir” para la preparación de posibles intervenciones. Esto requiere, además de un conocimiento profundo del caso en concreto y de la materia en general, la capacidad de calar en las redes sociales. Aquí es donde termina cualquier implicación autónoma en el caso.

De acuerdo con el enfoque, desde el que se ha trabajado con éxito en Róterdam contra la violencia por motivos de honor, insisten en que en esta fase se denuncie y exponga el caso a las organizaciones expertas que a su vez, saben encontrar el apoyo necesario en el momento preciso con las autoridades más competentes en la materia. Lo ideal es que se haya recurrido en fases anteriores a los especialistas en la materia, para consultar y buscar apoyo para aclarar la situación. Si se les puede facilitar la información (ordenada) que ha sido recogida durante fases anteriores servirá de gran ayuda a los especialistas, que lo someterán a un análisis profundo. Además, también se puede ayudar tomando las siguientes medidas preventivas en consideración:

Puntos de atención

_ Mantener la información en un círculo limitado.
_ No implicar nunca a miembros de la familia, sin haber hecho antes una planificación familiar y un análisis profundo del asunto en cuestión, con colegas cuyo contexto cultural sea similar al de dicha familia o a conocidos, para actuar de intérpretes o para mediar.
_ Nunca proporcionar, sin motivos claros, información a miembros de la familia, acerca del posible paradero de la persona afectada.
_ No recurrir sin más a un miembro de la familia para que haga de intérprete; sólo se puede hacer, si las mismas personas afectadas indican que un determinado miembro de la familia es una persona de confianza, y si eso parece verosímil tras comprobarlo (“screening”).
_ No intentar imponer los propios valores, normas y soluciones a las personas implicadas y respetar los sentimientos de lealtad y deseo de seguir formando parte de su comunidad.
_ Demostrar a la persona afectada que puede confiar en nosotros. No hay que apresurarse a emitir un juicio de valor sobre normas y valores desconocidos para nosotros o sobre una conducta, en nuestra opinión, ilógica. Mantener el contacto con las personas afectadas, de forma que se pueda vigilar la situación, incluso aunque aquellas no quieran tomar ninguna medida, o aunque se haya recomendado a la víctima que recurra a otra institución.
_ Estar atentos a los riesgos que conllevan las rutinas diarias, procedentes de acciones y de procedimientos de trabajo de organizaciones e instituciones.

Notas
(9) Mualla Kaya es la autora del artículo que lleva este título. Ella es Teóloga musulmana y trabaja como cuidadora espiritual en los hospitales académicos UMC Utrecht y el Medisch Centrum Haaglanden.
(10) Corán, 2:187.
(11) Corán, 30:21.
(12) La cita coránica referida está comentada en el Capítulo 3.
(13) El hadiz que cita aparece al principio de este capítulo. Ver nota 105.
(14) Hadiz recopilado por Abu Daud.
(15) Hadiz recopilado por Ahmad y An-Nasai.
(16) Indiferentemente de su valor material, la dote a la mujer es su derecho y es obligatoria. Ver nota 56.
(17) Marcia Albrecht ha escrito esta sección y trabaja en la organización para la salud pública GGD de la zona Róterdam-Rijnmond, como coordinadora de la plataforma de organizaciones que actúan en cadena en contra de la violencia relacionada con el honor y de las actividades de la misma.
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