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Sufismo y combate dentro del islam (2 de 2)

El paradójico legado de los militantes místicos. Capítulo del libro Yihad múltiple yihad (ed. Oozebap)

28/10/2011 - Autor: Khaleb Khazai-El - Fuente: Webislam
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Guerreros místicos: visión orientalista
Guerreros místicos

Nacionalismo versus fundamentalismo: el anti-imperialismo post-sufí

Las rebeliones del sufismo militante prácticamente habían desaparecido a principios del siglo XX, pero habían dejado una importante base para las luchas de liberación nacional de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial, e incluso existe un vínculo directo entre las dos.

Un punto decisivo lo constituye la revuelta siria de 1925, contra el dominio francés, que el historiador Michel Provence ve como el momento formativo de la conciencia árabe nacionalista. La revuelta se inició como una rebelión drusa en las montañas del interior, pero fue rápidamente secundada por los árabes sunníes de damasco. Mientras las guerrillas drusa y beduina avanzaban hacia Damasco, se organizaba loa rebelión urbana. Los franceses respondieron con bombardeo aéreo sobre la ciudad. Damasco fue prácticamente devastada. En un momento clave para el nacionalismo árabe, las fuerzas independentistas movilizaron brigadas para proteger los enclaves judíos y cristianos ante cualquier posible represalia. Resulta interesante destacar que el líder de estos esfuerzos fue Said al-Jazairi, nieto del líder de la rebelión sufí argelina, el Emir Abd al-Qadir al-Jazairi, quien se había exiliado en Damasco. Tal y como escribió el cónsul británico en Damasco:

Estas intervenciones musulmanas protegieron los barrios cristianos del pillaje. Fue el islam y no el «Protectorado de los Cristianos en Oriente» quien protegió a los cristianos en estos días críticos.

La revuelta fue aplastada hacia el final del año, y Siria no lograría su independencia hasta 1946. Pero la re-emergencia del sufismo universalista jugó un papel destacado y a menudo olvidado en la transición hacia el secularismo anti-imperialista.

La fallida insurrección siria fue una muestra de lo que vendría. En 1954, cuando la revolución contra los franceses en Argelia fue iniciada, Abd al-Qadir fue reconocido como un importante precursor. Pero el Frente de Liberación Nacional era socialista y secular, su adhesión nominal al islam constituía más un símbolo de unidad nacionalista que no una muestra de fervor religioso. Se logró la independencia en 1962, tras una larga lucha. Igualmente, el «Mullah loco» Hasan fue visto como un símbolo de orgullo nacional cuando Somalia consiguió su independencia, en 1960, sin adoptar su ideología.

Los sufíes jugaron un papel más directo en Libia, que había sido conquistada por los italianos en la Primera Guerra Mundial. La Cofradía Sanusi continuó teniendo el control del interior del país, y en 1917 apoyó a los Tuareg en su revuelta contra los franceses en el sur. Cuando la revuelta contra los italianos estalló, tras el ascenso al poder de Mussolini el 1922, los derviches Sanusi encabezaron la insurgencia. Tras la independencia en 1952, tras un periodo de control franco-británico, el cabeza de la Cofradía, Sayyid Amir Mohammed Idriss (nieto del Gran Sanusi) se convirtió en el rey Idris I. El golpe militar del Coronel Gaddafi en 1969 llevó al poder a una forma particular de nacionalismo árabe teñido de islam, y entre sus partidarios se encontraban también miembros de la rama anti-monárquica de la Cofradía.

En el Sahara español, los herederos de Ma el-Amin continuaron resistiendo hasta la década de 1930, cuando fueron finalmente sometidos por las tropas francesas y españolas. La resistencia re-emergió en el contexto de la intensificación de la lucha argelina por la independencia, en 1958. Ese año los franceses intervinieron para apoyar a las fuerzas españolas, con bombardeos aéreos contra la rebelión de las tribus del desierto. Pero los veteranos de esta lucha pasaron la antorcha al Frente Polisario, que lanzó una guerra de guerrillas contra los españoles en 1973. (Denominado ahora Sahara Occidental, el territorio fue ocupado por Marruecos en 1975, y es considerado como la última colonia africana).

Al menos desde 1926, cuando Abd al-Aziz b. al-Saud unió la mayor parte de la Península Arábiga bajo su mando e impuso el wahabismo como religión de estado, hasta mediados de la década de 1960, la lucha en el mundo islámico se presentaba entre monarquías conservadoras apoyadas por Occidente (pues les garantizaban el suministro de petróleo a bajo precio) contra modernistas y nacionalistas seculares –quienes se inclinaron hacia la Unión Soviética, trataron de nacionalizar el petróleo y de sacarle el mayor partido posible dentro de la OPEC, con el objeto de invertir los petrodólares en programas sociales. Pero el fracaso de los nacionalistas redefiniría los términos de esta lucha.

El caso de Irán es instructivo. Cuando el Primer Ministro electo Mohammed Mossadeq nacionalizó el petróleo, en manos de empresas británicas hasta 1952, los servicios secretos británicos y la CIA organizaron un golpe de estado contra él, reestableciendo la dictadura del Shah. La autoritaria y conservadora monarquía, apoyada por los EEUU, duró hasta la Revolución del Ayatollah Jomeini en 1979 –que creó un estado todavía más conservador y autoritario, aunque fuertemente anti-americano, en el cual los mullahs tienen el poder de vetar las leyes. Se trata del primer Estado islamista contemporáneo —aunque tenga unas características particulares, debidas a la supremacía del shiísmo en Irán.

Pero sería Egipto el país que señalaría el rumbo que tomaría la nueva lucha. En 1952 un golpe de estado nacionalista aboliría la monarquía instaurada treinta años antes. En 1954 el General Abdel Nasser emergería como líder incontestable de la República. In 1956 nacionalizó el Canal de Suez, hasta entonces en manos de una compañía franco-británica, y precipitando la guerra con Israel. El mismo año favoreció la independencia de Sudán. Nasser se giró hacia el bloque del este, buscando apoyo tras la ruptura con las potencias de occidente, y convirtiéndose en un líder de los países no-alineados. En 1958 se unió brevemente con Siria, formando una República Árabe Unida. El mismo año una revolución de inspiración nasserista derrocó a la monarquía creada por los británicos en Irak. Muchos otros tratarían de emular a Nasser, incluyendo la Libia de Gadafi.

Pero las contradicciones fueron haciéndose evidentes. El mandato de Nasser era periódicamente revalidado mediante elecciones, pero al mismo tiempo iba consolidando una maquinaria política autoritaria. La oposición islamista emergió, bajo la influencia fundamentalista/wahabi; Sayyid Qutb, miembro de los Hermanos Musulmanes, fue ejecutado, acusado de estar implicado en un supuesto complot para asesinar a Nasser en 1966. Nasser acusó —tal vez con razón— a los Hermanos Musulmanes de ser aliados de la CIA en los intentos de desestabilizar al régimen. Pero Qutb se convertiría en mártir e icono y en el fundador póstumo del nuevo movimiento islamista.

La nueva guerra contra Israel culminó con la pérdida de la Península del Sinaí en 1967, una amarga humillación para Nasser y la ideología por él representada. Tres años después le sucedió Anwar Sadat. Una nueva guerra con Israel en 1973 falló en el intento de recuperar en Sinaí. Los acuerdos de Camp David en 1978 significaron la paz y la recuperación del Sinaí, a cambio del reconocimiento de Israel. Sadat fue asesinado por un comando islamista en 1981.

Su sucesor Hosni Mubarak se decantó de forma decidida hacia Occidente, lo cual favoreció a la oposición islamista. En 1989 un golpe de estado llevó al movimiento islamista al poder en Sudán. Egipto participó en la operación Tormenta del Desierto, en 1991, al mismo tiempo que iniciaba una «guerra sucia» contra el cada vez más violento movimiento islamista. La represión incluyó las detenciones indefinidas, los tribunales militares, la tortura; miles de personas fueron encarceladas, y medio centenar ejecutadas. El movimiento islamista fue aplastado en Egipto —aunque emergería con fuerza en Sudán, Arabia Saudí, Afganistán y otros lugares.

En la década de los 90, cuando el régimen argelino abandonó el socialismo y pasó a ser controlado por una mafia de generales corruptos, el testigo populista fue asumido por el fundamentalismo islámico. Su victoria electoral en 1992 fue contestada por el régimen con la anulación de las elecciones y la declaración de una dictadura militar, que a su vez condujo a los islamistas a tomar las armas, provocando una guerra civil en la que morirían al menos 200.000 argelinos.

El Palestina, el reemplazo de Fatah, la vieja Organización para la Liberación de Palestina, por los fundamentalistas de Hamas, simboliza la misma evolución.
La historia parece repetirse en Chechenia, en la larga y brutal guerra que tiene lugar desde que Rusia aplastase el nuevo estado independiente en 1995. Incluso si el temido y venerado nombre Shamil fue retomado por el rebelde actual Samil Bassayev, el nuevo Shamil es seguidor de la corriente fundamentalista, situándose muy lejos del sufismo de su predecesor, en el siglo XIX.

El movimiento separatista Uighur en Xingxiang se ha revivificado desde el colapso de la Unión Soviética, el 1991. El Movimiento Islámico del Turkestán Este (ETIM, en sus siglas en inglés) ha sido incluido en la lista de organizaciones terroristas por los EEUU. Una vez más bajo la influencia wahabi, el ETIM mantiene viva la insurgencia en la región, a pesar de la dura represión a la que se ha visto sometida por parte de China.

India y Pakistán fueron testigos de la potencialidad de un movimiento islámico universalista y anti-colonialista, en la lucha contra el dominio británico, cuando Abdul Ghaffar Khan (1889-1988), apodado «Badshah Khan» (el rey de los jefes) y «el Gandhi de la frontera», organizó un movimiento de resistencia no-violenta entre los pashtunes de las abruptas tierras tribales de la frontera afgana. Amigo y aliado de Mohandas Gandhi, se unió a él en la defensa de la unidad hindú-musulmana y en la oposición a la partición entre la India y el Pakistán tras la independencia lograda el 1947. Pero al final ganaría el separatismo y, posteriormente, el fundamentalismo.

La escuela puritana Deobandi dio nacimiento a la Jamial-i-Islami (Sociedad del Islam), fundada por Maulana Maududi (1903-1979) de Hyderaband. Maududi, a pesar de decirse que era descendiente directo del promotor del universalismo sufí Khwaja Muinuddin Chishti, puso el acento en un duro e intolerante puritanismo. Sus ideas se hicieron dominantes en el movimiento de resistencia islámica de Cachemira, ocupada por la India.

Las ideas de Maududi también influyeron en la milicia islámica de Afganistán, la poderosa rama de los muyahiddin (combatientes) pertenecientes a la poderosa etnia tayika, en el contexto de la resistencia a la ocupación soviética en los años 80 del siglo pasado, con el apoyo de la CIA. Fue durante esta campaña que apareció en escena Osama Bin Laden, el rostro contemporáneo del yihad, financiando la incorporación de voluntarios de todo el mundo islámico a través de Peshawar, la ciudad pakistaní desde la cual la insurgencia fue coordinada.

Hay que destacar que, dentro de la profusión de grupos étnicos y tendencias que engrosaron los muyahiddin, hubo por lo menos dos liderados por sufíes: el Frente Islámico Nacional, liderado por Pir Sayed Gailani de la Cofradía Qadirí; y el Frente Afgano de Liberación Nacional, liderado por Sibghatollah Mojadeddi de la Cofradía Naqshbandi. Gailani era leal al rey exiliado, Zahir Shah —quien, según los estándares de la época, se presentaba como moderado, prácticamente liberal. Mojadeddi fue nombrado presidente interino del país por Rabbani cuando cayó el gobierno pro-ruso y los muyahiddin tomaron Kabul en 1992 —pero rápidamente fue apartado del gobierno cuando se enfrentó a Rabbani sobre la violación de los derechos humanos. Rabbani fue finalmente declarado presidente por los victoriosos señores de la guerra, en una Asamblea del Yihad Islámico. Tanto la facción de Gailani como la de Mojadeddi fueron aisladas por aquellos grupos financiados por los EEUU, Arabia Saudí y Pakistán. Las facciones dominantes —principalmente la Jamiat-i-Islami tayika y el Hezbi-Islami pashtún— optaron por la brutalidad sin cortapisas y el fundamentalismo estricto.

La lucha contemporánea

Los estudiosos ven a menudo el sufismo como un fenómeno anacrónico e irrelevante en el mundo contemporáneo. J. Spencer Trimingham escribió en su obra The Sufi Orders in Islam (Oxford 1973):

Los sectores más viejos de una sociedad cambiante suelen mirar con nostalgia hacia el pasado. La poesía y el humanismo de Rumi también influyen a muchos jóvenes. Pero estos deben ser situados en el contexto general de la secularización de la sociedad. Se trata de «supervivencias» de una vieja forma de vida; han dejado de ser las fuerzas dominantes en la vida de las gentes.

Pero Trimingham no pudo anticipar la reacción fundamentalista contra el secularismo que ha experimentado el mundo islámico desde que escribiera estas palabras. El sufismo, como otras doctrinas afines profundamente enraizadas en el universalismo islámico, se encuentra bajo el violento ataque del fundamentalismo ascendente. Al mismo tiempo, una vulgar islamofobia cobra aún mayor presencia en occidente, especialmente representada en los EEUU por los llamados «neocons», instigadores de las aventuras híper-imperialistas de la administración Bush. Mientras los espectaculares atentados de Nueva York, Madrid y Londres ocupaban las primeras páginas, las mucho más frecuentes muestras del violento enfrentamiento que esta sucediendo dentro del islam eran relegados a las últimas páginas.

El 19 de marzo del 2005, más de 50 fieles resultaron muertos y más del doble heridos tras la explosión de una bomba en el santuario del siglo XIX dedicado al santo sufí Pir Rakhel Shah, en Gandhawa, en la conflictiva provincia pakistaní de Baluchistán. La bomba explotó mientras los peregrinos se disponían a realizar una comida en el interior del santuario. Aunque se trata de una mezquita chiíta, es también reverenciada por los sunníes de la zona, y Pir Rakhel Shah es respetado también por los hindúes. La explosión dejó un cráter en la cúpula.

El 27 de mayo del 2005 al menos 25 personas murieron y más de 200 heridas en un atentado suicida contra el santuario de Bari Imam, en el pueblo de Nurpur, cercano a la capital, Islamabad. En el momento de la explosión, centenares de devotos atendían a la clausura de un festival de cinco días de duración. El popular santuario de Bari Imam, quien contribuyó a difundir el islam en esta zona, en el siglo XVII, es visitado tanto por chiítas como por sunníes, y ha sido considerado tradicionalmente como un símbolo de armonía entre ambas comunidades.

En marzo del 2004 hubo 46 muertos y 160 heridos, en un ataque contra peregrinos chiítas en Quetta, capital de Baluchistán. Tiradores dispararon y lanzaron granadas contra la multitud concentrada para celebrar la Ashura, en conmemoración de la muerte del Imam Hussein. En abril del 2002 una bomba explotó cerca de la medianoche en la zona reservada a las mujeres de una mezquita chiíta en Bukker, en el Punjab, matando a 12 personas que estaban rezando en su interior, todos ellos mujeres y niños. En octubre del 2004, 36 personas murieron a causa de un ataque con coche-bomba en una congregación sunní en Multan, provincia del Punjab. Unos días antes una bomba contra una mezquita chiíta en Sialkot, también en el Punjab, había matado a 19 personas. En febrero del 2002 11 se produjeron 11 muertos a causa de los disparos contra la multitud concentrada para celebrar la Ashura, ante una mezquita de la ciudad norteña de Rawalpindi.

Masacres similares ocurrieron durante las celebraciones de la Ashura en Irak. El año 2004 al menos 140 peregrinos fueron asesinados por disparos y bombas lanzadas contra la multitud que conmemoraba la Ashura en el santuario del Imam Hussein, en Karbala. El año 2005, varios atentados suicidas causaron la muerte de 74 peregrinos. En 2006, los atentados contra civiles o mezquitas chiítas se han convertido en un fenómeno casi diario, ocasionando los inevitables actos de venganza contra sunníes, en algunos de los cuales se han visto envueltos las propias fuerzas de seguridad, en connivencia con las milicias chiítas fundamentalistas de Badr.

La violencia alcanzó un punto álgido el 22 de febrero del 2006, cuando una explosión destruyó el santuario de Samarra, conocido por su cúpula dorada, que contiene las tumbas de dos de los doce imames chiítas, el 10º Ali al-Hadi y el 11º Hadi al-Askari. Desde entonces la violencia sectaria no ha dejado de crecer. También han tenido lugar algunos signos de esperanza. En un gesto de buena voluntad, los sunníes de Samarra organizaron brigadas y participaron en los trabajos de reconstrucción de la Mezquita dorada. Pero gestos como estos requieren cada vez más coraje en un creciente clima de odio sectario.

También los sufíes se encuentran bajo ataque en Irak. El 2 de junio del 2005, un suicida se explosionó en medio de un encuentro de sufíes, matando a diez e hiriendo a 12 de ellos. El atentado tuvo lugar en el pueblo de Saud, al norte de Bagdad, mientras los derviches practicaban dzikr.

En Irán, que parece estar en el punto de mira del imperialismo norteamericano, el sufismo se encuentra también amenazado. El 13 de febrero del 2006, las fuerzas de seguridad de la ciudad santa de Qom dispararon gases lacrimógenos contra de miembros de una tariqa sufí, que se habían concentrado para evitar la demolición de su casa de oración. Más de 1000 fueron arrestados. Las autoridades alegaron que los sufíes habían transformado ilegalmente una casa particular en una tekiyya, y que algunos de ellos iban armados con palos y cuchillos. Representantes de los derviches negaron las acusaciones, indicando que el gobierno los atacaba por su miedo al aumento de popularidad del sufismo. El régimen ha calificado a los sufíes como agentes del imperialismo. El gobernador de Qom, Abbas Mohtaj, declaraba: «Los poderes arrogantes es decir, los EEUU explotan cualquier ocasión para generar inseguridad en el país, y es evidente que los sufíes tienen conexiones exteriores». En septiembre del mismo año, el Ayatollah Hossein Nouri-Hammedani había llamado abiertamente a controlar a los sufíes de Qom, calificándolos como «un peligro para el islam».

En el norte del Cáucaso, los sufíes están atrapados entre dos bandos en la guerra en curso, aunque existen signos recientes de cambio. El 24 de marzo del 2006, el New York Times informaba del resurgir de los sufíes Kunta-Haji en Chechenia —con el apoyo ambiguo de las autoridades rusas. El periodista acudió a un dzikr en la nueva mezquita dedicada a Akhmad Kadirov, el presidente pro-ruso asesinado el 2004. En un reconocimiento implícito de que su dura represión contra el islam en el Cáucaso norte ha fracasado, las autoridades rusas aceptan las tradiciones sufíes pacíficas de la región, como alternativa al violentamente intransigente wahabismo impuesto desde el mundo árabe. Pero esta elección no está exenta de problemas, pues los sufíes igualmente buscan la independencia de Rusia, aunque no estén dispuestos a matar civiles para conseguirla. Al mismo tiempo, el hecho de que sean tolerados por los rusos sin duda hará que sean acusados de colaboracionistas.

Otras tendencias islámicas con un mensaje ético de paz y universalismo se ven enfrentadas a la represión en el creciente ambiente de intolerancia. En enero del 2004, el gobierno de Bangladesh prohibió todas las publicaciones de la Ahmadiyya Muslim Yamaat, un grupo islámico heterodoxo, justo el día antes de que finalizara el plazo dado por los fundamentalistas para que fueran declarados como «no-musulmanes». La petición provenía del Islami Oikya Jote (IOJ), miembro de la coalición gobernante, y de su afiliada Hifazate Khatme Nabuwat Andolon (HKNA). Los ahmadís son presentados como heréticos a causa de su creencia en que su fundador, Mirza Ghulam Ahmad, fue un profeta, contradiciendo el punto de vista tradicional según el cual Muhámmad fue el último profeta.

La minoría bahai en Irán afirma que el gobierno ha intensificado una campaña de arrestos y propaganda, encaminada a erradicar su fe en el país que vio su nacimiento. El 19 de mayo del 2006, 54 bahai fueron arrestados, siendo la mayoría liberados en los días posteriores. Se trata del arresto masivo de bahais más grande desde los años 80, cuando miles de ellos fueron encarcelados y más de 200 ejecutados por el régimen del Ayatollah Jomeini. Los bahai también sufren persecución en otros puntos del mundo islámico. Constituyen una nueva religión de corte universalista y pacifista, con unos cinco millones de seguidores en el mundo.

Otro grupo visto como herético por los yihadistas son los chiítas ismaelís. En lugares remotos de Asia Central y de Afganistán, se ven enfrentados a duras persecuciones. En la provincia afgana de Bamiyan, la etnia hazara —quienes alegan ser descendientes de un remanente de tropas de Genghis Khan— constituye una de las poblaciones más numerosas de ismaelís, y se vieron amenazados con el exterminio bajo los talibanes. Se estima que unos 20.000 hazaras fueron masacrados, y más de cien tumbas colectivas han sido exhumadas en Bamiyan tras la caída de los talibanes. Pero los hazaras todavía viven en una situación precaria, a causa de las diferentes alianzas militares en las que se han visto envueltos en las últimas décadas.

Los ismailíes de Pakistán ocupan una posición particularmente irónica. Habitan mayoritariamente en Hunza, Gilgit y Baltistán, enclaves situados en el Himalaya, llamados comúnmente «las provincias del norte», que la India considera fueron separadas arbitrariamente por Pakistán de Cachemira, con el objeto de que no fueran incluidas en las negociaciones sobre este territorio. Pakistán, por su parte, alega que esta separación tuvo como objeto el conceder a la población de estas regiones una cierta autonomía, por pertenecer a etnias y tener unas particularidades religiosas propias. Resulta grotesco ver como publicaciones y páginas web hindúes nacionalistas (y, presumiblemente, partidos políticos) apoyan a los ismaelís de las provincias del norte que, no contentos con la autonomía, reclaman la independencia. Los separatistas ismaelís llaman a las provincias del norte Balawaristán, y mantienen la esperanza de crear en ellas un estado independiente. Aunque el combate por la independencia no se ha convertido en una guerra, hay signos preocupantes que apuntan en esta dirección. En enero del 2005 se produjeron fuertes enfrentamientos en Gilgit, tras un atentado contra un líder ismaelí local, en el cual resultaron muertos dos acompañantes.

Los ismaelís se diferencian de la corriente principal del chiísmo por el hecho de que solo reconocen siete imames (sucesores del Profeta), y no los doce del chiísmo duodecimano. Llevaron a cabo una dura lucha contra los califatos de Damasco y de Bagdad hasta lograr instaurar su propio califato bajo la dinastía Fatimí en Egipto, el 909. Los fatimíes ismaelís lucharon contra los cruzados hasta ser conquistados por los ejércitos de Saladino en 1171. Además de en Balawaristán, pequeñas comunidades ismaelís sobreviven a lo largo de todo Medio oriente, Asia Central y la India.

La Anatolia turca ha sido escenario de una larga y brutal guerra de contrainsurgencia contra el separatista Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). En esta región conviven numerosas minorías étnico-religiosas, que rechazan tanto la identidad turca como la kurda, y se sienten atrapadas entre los dos bandos. Entre estos grupos se sitúan los yazidis, cuyas altamente esotéricas creencias contienen ecos del zoroastrismo, del maniqueísmo y del gnosticismo. Un cálculo oficial de 1985 contabilizaba 22.632 yazídies en Turquía. Hoy son 432. Los yazidíes han sido especialmente víctimas del terror del Hizbollah Turco, un grupo armado que ha sido cuidado por el gobierno turco como una fuerza próxima en su lucha contra el PKK.

La secta yazidí fue creada en el siglo XII por el místico libanés Sheij Adi Musafir. Han sido tradicionalmente tildados por sus vecinos sunníes como «adoradores del diablo», aunque resulta más apropiado decir que veneran ángeles —como puso de manifiesto el famoso místico greco-armenio GI Gurdjieff en sus Encuentros con hombres notables. Son mayoritariamente de lengua y de etnia kurda, y sus territorios ancestrales coinciden bastante con los de los kurdos, ocupando desde el este de Turquía hasta el norte de Irak. La ciudad con más miembros de la secta y la santa sede de Lalish (donde Sheij Adi Musafir esta enterrado) se sitúan ambas cerca de Mosul, en Irak. Los yazidíes son liderados por un emir hereditario, y no tienen un texto sagrado, aunque conservan viva su memoria histórica a través de elaborados rituales insertados en la cotidianidad.

Los sufíes alevís del este de Anatolia son al mismo tiempo kurdos y turcos, aunque algunos de ellos rechazan este último calificativo auto-calificándose como «alevís kurdos» y afirmando una identidad étnica y lingüística diferenciada, la Zaza. En 1917, los Zaza se levantaron en armas contra los turcos y establecieron un breve estado independiente. La resurgencia etno-nacionalista busca reconstruir un Zazanistán independiente en el área de Erzurum y Sivas. Los Zaza son generalmente conocidos por los historiadores como Qizilbashi («cabezas rojas»), un apodo peyorativo turco. Durante la larga guerra entre el califato Otomano y Persia, los Qizilbashi sirvieron como mercenarios de los safávidas contra el común enemigo turco. Los Zaza o Qizilbashi iniciaron su andadura como una fuerza militar semi-autónoma que colaboró con los safávidas en sus intentos de expulsar a los otomanos de sus tierras. En el siglo XIX, los británicos heredaron esta fuerza tribal cuando Persia cayó bajo su control, utilizándola en su política imperial en Afganistán. Todavía quedan restos de comunidades Qizilbashi en este país, sufriendo persecución a causa de su relación histórica con los británicos.

Conclusiones

Asistimos a una guerra civil larvada en el mundo islámico, que se manifiesta en tres dimensiones: 1) Sunni versus Shia, 2) Fundamentalismo versus secularismo, y 3) liberación nacional versus imperialismo. La triste ironía es que la injusticia social que sirven de base a esta última a esta última es la misma que provee de materia prima al odio endémico –que es explotado de forma creciente, trasvasado hacia los dos primeros. Los fundamentalistas combaten el imperialismo y el secularismo (con la ayuda de la propaganda neocón, que actúa como espejo), y se proponen como única alternativa posible, un modelo de islam purificado y hegemónico que debe aplastar toda herejía interna.

Una segunda y trágica ironía es que el sufismo, en otro tiempo en la vanguardia de la lucha anti-imperialista, es rechazado hoy como una herejía o, aún peor, como un aliado del imperialismo por los nuevos yihadistas.

Desde sus orígenes, el sufismo es una tradición populista que atrajo a los desafectos que desconfiaban de los líderes oficiales como mundanos y corruptos, en busca de una espiritualidad más pura. Al adoptar tradiciones locales, algunas de ellas pre-islámicas, llegó a representar un proto-universalismo, incluso una anticipación del secularismo. El pensador contemporáneo Maulana Wahiduddin Khan ha llegado a trazar las raíces de la Ilustración europea en la revolución islámica del siglo VII, en la cual los sucesores del Profeta derrocaron el shirk (idolatría) de los absolutistas imperios persa y bizantino. El escritor norteamericano Hakim Bey (seudónimo de Lambert Wilson) incluso ha defendido el sufismo como un tipo de proto-anarquismo, en su sospecha extrema y a menudo oposición a toda autoridad, tanto política como religiosa.

El sufismo continuó siendo un catalizador de la sensibilidad popular a través de las luchas anti-colonialistas —pero en algún lugar del camino, la situación parece invertido. Hoy en día es el fundamentalismo quien ha asumido el papel de doctrina populista y de resistencia. A través de todo el mundo islámico, los desengañados buscan en el wahabismo —paradójicamente, la doctrina oficial del Estado más mundano y próspero de todos los países musulmanes— y doctrinas similares como una alternativa a los líderes corruptos y su subordinación con respecto al imperialismo y la globalización. Y dado que estos se presentan bajo las máscaras del secularismo, el pluralismo, la tolerancia y el universalismo —estos están siendo rechazados. Esta última realidad nos ayuda a explicar porque es el fundamentalismo y no el sufismo el catalizador de la resistencia.

¿Es esta situación reversible? Los restos de esperanza se centran en la separación de las nociones de imperialismo y universalismo. En contra de los deprimentes dogmas de la polarización global, el «choque de civilizaciones», existe una disidencia islámica indígena que se sitúa a la vez en contra del fundamentalismo y del imperialismo. Maulana Wahiduddin Khan rechaza el «yihad terrorista» como fasad (ilegitimo) y le opone el «verdadero yihad», un activismo no violento que adopta el pluralismo.

Los sectores progresistas de occidente pueden ayudar en este proceso siendo solidarios con las tradiciones locales amenazadas y las micro-etnicidades. Otros retos se centran en las posibilidades de los remanentes de la izquierda secular de Oriente Medio de construir alianzas tanto contra el imperialismo como contra el fundamentalismo –frentes que podrían incluir las corrientes islámicas disidentes y libertarias. Y, finalmente, en la posibilidad de una re-emergencia de un sufismo políticamente activo, esta vez en alianza con el secularismo antes que con el fundamentalismo, pero igualmente claro en su anti-imperialismo.

Admito que esta parece una opción remota. Pero la única alternativa, en estos momentos, es el apocalipsis.

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Hindu nationalists support Pakistans Ismaili separatists, July 6, 2005
http://ww4report.com/node/717
Next: Free Zazaistan?, Sept. 26, 2005
http://ww4report.com/node/1122
Ashura violence in Pakistan, Afghanistan, Feb. 10, 2006
http://ww4report.com/node/1573
Iraq: Samarras al-Askari dome destroyed, Feb. 22, 2006
http://ww4report.com/node/1642
Iraq: another Shiite shirne bombed, Feb. 27, 2006
http://www.ww4report.com/node/1655
Iran: police attack womens day march, crack down on Sufis, March 14, 2006
http://ww4report.com/node/1732
Chechen Sufi revival--between Russian occupation and Wahhabis, May 24, 2006
http://ww4report.com/node/2005
Iran: Bahais under attack, June 1, 2006
http://ww4report.com/node/2039
Somalia: Afghanistan redux?, June 9, 2006
http://ww4report.com/node/2039
Al-Qaeda suspect to lead Somalia, June 25, 2006
http://ww4report.com/node/2127
Ver también:
Eastern Anatolia: Iraqs Next Domino, by Sarkis Pogossian
WW4 REPORT #115, November 2005
http://ww4report.com/node/1238
Jihad Revisited, by Hakim Bey
WW4 REPORT #99, June 2004
http://ww4report.com/static/hakim.html
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Special to WORLD WAR 4 REPORT, July 1, 2006
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