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La distinción entre Mus-haf y Corán

La diferencia entre el Corán y el Mus-haf es paralela a la que existe entre la recitación y la lectura

14/10/2011 - Autor: Seyyed az-Zahirí - Fuente: Webislam
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Una copia antigua del Corán
Una copia antigua del Corán

El pensamiento islámico tradicional establece una distinción entre el Corán y el Mus-haf del Corán, es decir: entre el Corán en tanto que palabra oral y recitada, y su compilación en forma de libro. Lo primero alude al momento de la revelación transmitida por el Mensajero de Al-lâh (saaws), lo segundo al momento posterior de recopilación en un códice unitario por parte de Uthman ibn Affân (ra).

Etimológicamente, mus-haf significa “recopilación de hojas”. Hace alusión a la palabra árabe sahifah (hoja suelta). El Corán habla de “las hojas de Abrahám y Moisés” (87:19). También alude a sí mismo como “hojas honorables” (80:13) o “hojas purificadas” (98:2). Durante la revelación, algunos de los compañeros más cercanos recopilaron estas hojas en forma escrita, de ahí que se hable del mus-haf de Ali (ra) o el de Aisha (ra). Uthman decidió unificarlos todos en un solo volumen, bajo la supervisión de Zayd bin Thabit, uno de los copistas del Mensajero de Al-lâh (saaws). Para evitar la proliferación de versiones de la revelación, ordenó destruir toda compilación alternativa (en algunos casos empleando la violencia contra conocidos compañeros del Profeta). La compilación promovida por Uthman es aquello que denominamos hoy en día como el Mus-haf del Corán, o mus-haf uthmaní, aceptada por el común de los musulmanes.

El soporte libro implica, necesariamente, una linealidad y un orden. Poner las palabras sobre un papel no es una operación anodina. En el caso de una lengua tan compleja como el árabe, implica tomar decisiones importantes sobre el posible significado de numerosas aleyas, que podrían variar en función de una grafía u otra. Esto es especialmente importante en relación a las vocales. Es cierto que este tipo de decisiones se toma también en el caso de la recitación, pero en el caso del libro esta decisión es fijada por el editor. Hay también una cuestión de entonación, de énfasis en cada sílaba, que difícilmente puede ser fijada. De ahí las diferentes “lecturas” (qira) del Corán: cada mus-haf sigue una particular qira.

La diferencia entre el Corán y el Mus-haf es paralela a la que existe entre la recitación y la lectura. Cuando se recita una parte del Corán, ¿en qué lugar del libro editado se sitúa? En ninguno: es arrancado del soporte libro y devuelto a lo abierto. El ser humano lo hace suyo, con todo su ser, y con su aliento lo revive. La recitación alude a un momento más próximo (pero no física ni temporalmente) al de la propia experiencia de la revelación. En este sentido, habría que diferenciar diferentes niveles:

1. El Corán eterno e increado, que permanece “en una Tabla resguardada” (como proto-revelación, que contiene en potencia todos los mensajes divinos).

2. El descenso del Corán al corazón de Muhámmad (la experiencia inefable de la revelación, pre-lingüística).

3. La transmisión en forma de palabra árabe por parte del Mensajero de Al-lâh (momento comunicativo y, por tanto, comunitario, lo cual implica una lengua común, unas referencias comunes, etc., para que el mensaje pueda ser comprendido).

4. La compilación del Corán en forma de libro (momento de codificación y cierre canónico de la revelación, ya fijada y clausurada, puesta a disposición de las generaciones posteriores)

5. La lectura que cada uno hace del Mus-haf (como posibilidad de revivir el mensaje en tiempos y contextos diferentes, connotada por el cambio semántico de las palabras, etc.).

En el caso de los que leemos el Corán en otro idioma, habría que añadir todavía un nivel más de “alejamiento”, que se situaría entre la cuarta y la quinta: la propia traducción que utilicemos.

Esta gradación, en última instancia, tiene como objetivo el hacernos dar cuenta de que la Palabra de Al-lâh nos es inaccesible. Lo que nosotros podemos recibir de ella es tan solo un reflejo. En palabras de Abul-Hasan al-‘Ashari (fundador de la escuela asharí): “El Corán que nosotros entendemos, leemos o vemos no es la Palabra de Al-lâh.” De este modo, tanto la trascendencia como la inmanencia de Al-lâh quedan protegidas. Por un lado, Al-lâh se nos manifiesta a través de aquello del Corán que nos es accesible. Por otro lado, la Palabra de Al-lâh permanece eternamente resguardada. Pues Al-lâh no puede ser abarcable por los sentidos, ni por el entendimiento. Solo el corazón opera la unión entre trascendencia e inmanencia: el corazón es el órgano de recepción de la revelación, una revelación que, una vez recibida, debe ser comprendida mediante el intelecto.

Pero Al-lâh sabe más


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