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Sobre la metodología para entender el Corán

Capítulo del libro Teología islámica de la liberación (AGN Libros 2010)

12/10/2011 - Autor: Asghar Ali Engineer - Fuente: Webislam
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Asghar Ali Engineer
Asghar Ali Engineer

El Corán es la escritura revelada del Islam. Está en lengua árabe y, de acuerdo con el Corán mismo, en un lenguaje fácilmente comprensible. Vemos que el Corán dice:

“Y ciertamente hemos hecho el Corán fácil de recordar, pero ¿hay alguien que le importe?”

(54:17)

Sin embargo, es fácil de entender y difícil de comprender en algunos lugares. El mismo Corán dice:

“Él es quien ha hecho descender sobre ti esta escritura divina, en la que hay mensajes que son claros por, y en sí mismos —que son la esencia de la escritura divina— junto con otros que son alegóricos. Pero aquellos cuyos corazones tienden a desviarse de la verdad van tras esa parte de la escritura divina que ha sido expresada en alegoría, buscando confusión, y queriendo llegar a su significado último de una forma arbitraria; pero su significado último sólo Dios lo conoce. De ahí que aquellos que están profundamente arraigados en el conocimiento digan: ‘Creemos en ella; toda la escritura divina proviene de nuestro Sustentador’ —aunque sólo los dotados de perspicacia tienen esto presente.”

(Corán 3:7)

Claramente, se desprende de la aleya anterior que hay pasajes del santo Corán que son alegóricos y susceptibles de una interpretación diferente. Su interpretación verdadera se conoce, bien por Dios o por aquellos que están firmemente arraigados en el conocimiento y que creen en la revelación en la esencia de su corazón. Sin embargo, hay quienes no creen en la revelación sinceramente y utilizan las aleyas alegóricas para engañar a otros y para sembrar la confusión. Esas personas son perversas.

Un gran libro revelado como el Corán no puede darse sin aleyas alegóricas que tratan de situaciones complejas, cuestiones metafísicas, la naturaleza del Creador y Sus creaciones y otras realidades desconocidas e invisibles. Esta dimensión es difícil de expresar sino es por medio de alegorías. Estos versos alegóricos están preñados de significado, pero pueden ser mal interpretados por aquellos cuyos corazones no son rectos y que buscan el mal. Pero también, hay quienes no sólo son muy sinceros en sus creencias, sino que también son gente de conocimiento (al-rasikhun fi al-ilm) que, a causa de su fe firme en el Libro y la profundidad de sus conocimientos, comprenden la importancia real de estas aleyas y las explican a los demás.

Pero, a pesar de la firme fe y la profundidad de los conocimientos de fi al-rasikhun al-ilm es probable que difieran entre sí en la comprensión de estos versos debido a los diferentes antecedentes socio-culturales, a diferentes circunstancias y cambios sociales, por un lado, y, en otras ocasiones debido a su evolución personal. Estas pueden ser diferencias de interpretación sinceras. El Corán denuncia sólo aquellos que vayan a utilizar los versos alegóricos para engañar a otros y para sembrar la confusión.

Para los libros revelados como el Corán (u otras escrituras también), es necesario empezar con tener fe, lo que el Corán llama Iman al bi -gayb. Pero, también es importante tener en cuenta, que el Corán no pide fe ciega. Habla de "fe razonada", que satisfaga a las personas de entendimiento (u’lil albab). Literalmente, u’lil albab significa la gente de la esencia y puesto que la razón es la esencia de la mente, la gente de la razón se llaman u’lil albab. Así, el Corán no exige de nosotros que aceptemos algo sólo porque se nos ha revelado, sino también porque satisface la razón humana. La razón humana es creación de Dios y la revelación también viene de Él. Algunos podrían objetar ¿Cómo la revelación podría ser juzgada por la razón humana? Aparentemente, esta parece ser una objeción válida. Pero un poco de reflexión mostrará que no es así. El oro siempre es probado por la piedra de toque, pero nadie piensa que la piedra de toque es más importante que el oro. Sin piedra de toque no puede asegurarse la autenticidad del oro. Similar es la relación entre razón y revelación. La revelación es muy importante para la orientación humana hacia Dios, así que los seres humanos deben asegurarse antes de aceptar la revelación de que es auténtica.

La relación entre la razón y la revelación es, sin embargo, un poco más compleja de lo que parece. Al igual que el oro tiene su valor intrínseco y éste sólo puede ser apreciado por aquellas personas que saben, y que tienen un sentido interior para apreciar su valor intrínseco, sin el cual no sería nada más que un metal amarillo. Del mismo modo, el conocimiento revelado también tiene un valor interior que sólo puede ser apreciado por aquellos que no sólo tienen las percepciones sensoriales, sino también cuerpo y alma para apreciar su valor. El Corán se refiere repetidamente a este hecho.

Hay personas que tienen ojos para ver y oídos para oír, pero aún así no pueden apreciar el valor del conocimiento revelado. En otras palabras, las meras percepciones sensoriales, aunque muy importantes a su manera, no son suficientes para juzgar el valor de la revelación. El Corán las describe como summun, bukmun, umyun (2:18) es decir, sordos, mudos y ciegos que no retornan (a la verdad, a la orientación). Las percepciones sensoriales son necesarias pero no suficientes para la apreciación de la verdadera guía (de Dios). Es necesaria una apreciación real de nuestro corazón y nuestra alma. Sin embargo, la relación entre la revelación y su reconocimiento adecuado por un lado, y entre la revelación y la razón, por el otro, es tan delicada que normalmente uno puede ser fácilmente engañado por aquellos que utilizan a la gente para sus propios intereses.

Así, la apreciación de la verdadera revelación no es posible para los ignorantes y los que no tienen la facultad de la inteligencia. El Corán pone el acento en ambos, la razón y la revelación y también dice que la interpretación real de aquellos versos que son alegóricos sólo es posible por al-rasikhun fi’ al-‘ilm (aquellos enraizados en el conocimiento). Así, el conocimiento y el aprendizaje es de suma importancia para la apreciación correcta de la revelación.

También es importante señalar que el Corán, aunque contiene un gran corpus de conocimientos, fue inicialmente dirigido a analfabetos (ya sea beduinos del desierto o de ciudades como La Meca) o semianalfabetos, pero con experiencia en asuntos financieros. Y los que respondieron inicialmente al mensaje del Corán eran en su mayoría pobres e iletrados. Así, su mensaje tenía que darse en un lenguaje que pudiera ser fácilmente entendido, tanto de las zonas urbanas como las zonas desérticas. Y por eso el Corán dice:

“Y, ciertamente, hemos hecho el Corán fácil de recordar”

(54:17)

Pero el Corán no trataba con una situación estática, sino que estaba tratando con una sociedad dinámica y cambiante que necesitaba del conocimiento para hacer frente a situaciones muy complejas. De ahí que las aleyas alegóricas preñadas de significados también eran necesarias, esos versos podían ser tratados, únicamente, por aquellos que tenían un conocimiento, unos logros y una sofisticación intelectual adecuados. Por eso, aunque el Corán trataba con gente muy simple no se limitaba sólo a ellos. Su orientación tenía que trascender esa situación.

En el desarrollo de la metodología de la comprensión del Corán es completamente necesario entender que una escritura revelada no se refiere solamente a la situación dada, sino que debe atender a lo que está por venir. Una religión (din) es siempre espiritualmente trascendente, es decir, va más allá de la situación dada.

Los intereses creados se oponen a ello precisamente porque subvierte el status quo. Siempre hay intereses creados que construyen injusticias, lo que llamamos en la moderna terminología político-económica, injusticias estructurales. Una escritura revelada como el Corán tiene que dirigirse a estas injusticias estructurales y, por lo tanto, se enfrenta a una dura oposición de los intereses creados.

La sociedad pre-islámica en La Meca fue controlada por ricos comerciantes, por un lado, y por los sacerdotes (kahins) que estaban en connivencia con estos comerciantes, por el otro. Los comerciantes ricos explotaban a los pobres de la Meca por diversos medios, en particular mediante su analfabetismo y las supersticiones. Los kahins de la Ka’aba eran muy útiles en la difusión de creencias supersticiosas, en connivencia con los poderosos jefes tribales. El Corán se dirigió a corregir este innoble estado de cosas. Esto no hubiera sido posible sin la renovación espiritual y sin demoler el bastión de poder tribal: las supersticiones y las divisiones sociales perpetradas a través de diversos medios, uno de las cuales era la idolatría (cada tribu adorando su propio ídolo y el desarrollo conjunto de creencias supersticiosas alrededor de ella).

La renovación espiritual sólo fue posible por medio del ataque a la ignorancia, el analfabetismo, las supersticiones, la división y las injusticias socioeconómicas. El Corán hizo hincapié en la creencia en la unidad de Dios (tauhid), demoliendo de un golpe las divisiones tribales. Así, el tauhid, entendido en su verdadero espíritu, pudo lograr muchos objetivos a la vez, religiosos pero también sociales. Fue a través del concepto y la creencia en el tauhid que todas las supersticiones, tejidas en torno a los ídolos tribales, fueron demolidas. Fue el concepto de tauhid el que asestó un golpe mortal a la división en la sociedad y llevó a un fuerte sentido de unidad de todos los seres humanos como criaturas de Dios. De este modo, el concepto de tauhid tenía grandes posibilidades sociales que comenzaron a desarrollarse una vez que la gente lo abrazó.

Capacitar a los sectores más débiles de la sociedad también fue una tarea muy importante, sin la cual ni las injusticias podrían ser eliminadas de la estructura social, ni se podría lograr el objetivo de la renovación social y espiritual. Y para empoderar y elevar espiritualmente a los sectores más marginados, la transmisión de conocimientos era imprescindible. Por eso, el primer verso revelado del Corán empieza con la palabra iqra. Es decir: recita, lee, adquiere conocimientos. Todos los sociólogos saben que el conocimiento es poder y es el conocimiento, lo que faculta a los sectores más débiles de la sociedad. Los intereses creados explotan a los débiles a través de su ignorancia. Es sólo a través del conocimiento que pueden ser liberados de la opresión y de la explotación. Y es a través del conocimiento que su renovación espiritual será posible, liberándolos de las supersticiones. No es de extrañar que los sectores más débiles de la sociedad y los jóvenes que estaban ansiosos de cambio, respondieron al mensaje del Islam con mayor entusiasmo.

La liberación de todo tipo de explotación y opresión es un tema importante del Corán, por eso, la liberación de la mujer también se convirtió en una prioridad para el Corán. Las mujeres estaban entre los sectores más oprimidos de la sociedad en la era pre-islámica. El entierro de las niñas es lo más simbólico de esta opresión contra la mujer. El Corán denuncia esta práctica en términos muy claros. Los que entierran a las niñas en vida serán cuestionados sobre ello el día del juicio:

“cuando se haga que la niña enterrada viva pregunte por qué crimen se la mató”

(Corán 81:9)

Por desgracia, la práctica continúa en muchas partes del mundo, incluyendo algunas partes de la India.

Las mujeres recibieron el mismo estatus que los hombres en todos los aspectos. Si alguien tiene dudas sobre esto puede referirse a la aleya 33:35:

“En verdad, para los hombres y mujeres que se han sometido a Dios, los creyentes y las creyentes, los hombres y mujeres realmente devotos, los hombres y mujeres fieles a su palabra, los hombres y mujeres pacientes en la adversidad, los hombres y mujeres humildes, los hombres y mujeres que dan limosna, los abstinentes y las abstinentes, los hombres y mujeres que guardan su castidad, y los hombres y mujeres que recuerdan mucho a Dios: para ellos ha preparado Dios perdón de los pecados y una magnífica recompensa.”

Sí, es cierto, también está la aleya 4:34, que es citada a menudo por los ortodoxos como muestra de la inferioridad de la mujer. Es a propósito de tales aleyas que se presenta la cuestión de la metodología de la comprensión del Corán. El Corán se comprometió a crear una nueva ética, una nueva sociedad liberada que trascendiera la situación dada. El Corán describe la situación dada, así como guía a los fieles hacia lo que debería ser. Mientras la aleya 4:34 es la narración de lo que hay en la sociedad, la 33:35 señala a lo que debería ser.

La situación en el mundo musulmán refleja el status quo imperante en lugar de los pronunciamientos liberadores del Corán. Las mujeres, en la sociedad musulmana actual, no tienen el estatus que el Corán les ha dado. Ese status quo se justifica citando aleyas como la 4:34 en lugar de aleyas como 33:35 que representa el espíritu trascendente del Corán. Pero los hombres, incluidos la mayoría de los más eminentes teólogos del mundo musulmán, no estaban dispuestos a conceder este estado trascendente a las mujeres y, por lo tanto, se apegaron al status quo imperante en la sociedad. Incluso en la época del santo Profeta nos encontramos con compañeros del Profeta debatiendo la cuestión de la condición de la mujer.

Otra prueba de que el Corán trata a los hombres y mujeres por igual es que se establece la obligatoriedad de ambos para hacer cumplir lo que es bueno y evitar lo malo. No sólo se encarga a los hombres esta tarea tan importante, sino a todos los fieles, incluidas las mujeres, están obligados a cumplir con esta obligación. Es sólo a través del cumplimiento de esta obligación que una sociedad puede ser transformada por completo y las mujeres son igualmente responsables de este proyecto de transformación. Es sobre esta base que el eminente jurista Imam Abu Hanifa opinó que una mujer también puede llegar a ser cadí (juez).

El Corán también describe a los hombres y mujeres como amigos y protectores mutuos. Así, el Corán dice:

“Y los creyentes, hombres y mujeres, son amigos (awliya) unos de otros. Ordenan el bien y prohíben el mal, establecen la oración y pagan el azaque y obedecen a Dios y a Su Enviado. Por eso Dios será misericordioso con ellos”.

Se puede ver, fácilmente, en esta aleya, que a los hombres y a las mujeres se les ha dado igualdad de condición e igualdad de obligaciones y ambos serán merecedores de la misericordia de Dios si cumplen con sus obligaciones y obedecen a Dios y a Su Enviado. Esta aleya es transformadora en su naturaleza y no es una mera narración de lo que existe en la sociedad. En la evolución de la metodología del entendimiento del Corán tales aleyas desempeñan un papel muy importante.

El Corán, en todos sus pronunciamientos normativos, otorga igual jerarquía a hombres y mujeres. Es importante señalar que el Corán no se refiere en ningún lugar a la creación de Eva de la costilla de Adán, lo que la hace secundaria para el hombre. Según el Corán, tanto el hombre como la mujer han sido creados a partir de nafsin wahidatin, es decir, de una sola alma. Así, el Corán dice:

“¡Oh gentes! Sed conscientes de vuestro Sustentador, que os ha creado de un sólo ente vivo, del cual creó a su pareja y de esos dos hizo surgir a multitud de hombres y de muje-res”

(Corán 4:1)

Este es un pronunciamiento importante para la igualdad de ambos sexos. Ambos han sido creados a partir de un nafs (alma, ser, entidad) y ambos son compañeros mutuos. Es importante señalar que los términos esposo y esposa en el Corán son zawja y zawj —es decir, una de las dos partes de una pareja—, lo que a su vez es indicativo de completa igualdad. No hay nada de señorío o tutela sobre la propia pareja. Sin embargo, por desgracia, los musulmanes nunca han adoptado esta cultura de la igualdad sexual. Confían más en los hadiz de dudosa autenticidad que no en las declaraciones claras y normativas del santo Corán.

No se puede comprender el verdadero espíritu del Corán a menos que se entienda su espíritu transformador. Se subvierte lo dado y proporciona directrices para lo que debería ser. Es precisamente por esta razón que el Corán, que es la principal fuente de la ética islámica pone tanto énfasis en la justicia. La justicia es central en la ética del Corán. Platón y sus discípulos no son capaces de llegar a ningún consenso sobre el concepto exacto de la justicia. En su sociedad existía el concepto de “la fuerza es el derecho”. Pero el concepto coránico de la justicia es lo contrario de esto. El Corán afirma que ha de hacerse justicia, incluso si favorece a los enemigos o va en contra de los parientes más cercanos o en contra uno mismo.

El Corán usa dos palabras para la justicia —´adl y qist, implicando ambas un sistema en equilibrio que es posible mediante la justicia. Hay varias aleyas en el Corán que se refieren a la justicia. Una de ellas es imperativa:

“Hacer justicia está más cerca de la piedad”

(Corán 5:8)

Otra aleya, también imperativa, dice:

“Dios prescribe la justicia y la beneficencia”

(Corán 16:90)

Otra aleya dice:

“¡Oh vosotros que habéis llegado a creer! Sed firmes en establecer la justicia, dando testimonio de la verdad por Dios, aunque sea en contra vuestra o de vuestros padres y parientes. Tanto si la persona es rica o pobre, el derecho de Dios está por encima de los derechos de ambos. No sigáis, pues, vuestros propios deseos, no sea que os apar-téis de la justicia: porque si alteráis la verdad, u os evadís, ¡ciertamente, Dios está bien informado de todo cuanto hacéis!”

(Corán 4:135)

El Corán hace hincapié en el concepto de iman que, si uno va a la raíz etimológica de la palabra, implica un sentimiento de seguridad y contentamiento interior. Este contentamiento es posible sólo si hay conciencia de Dios y no se tiene miedo de los poderes de este mundo. Los gobernantes mundanos son a menudo opresores, y dado que cometen injusticias son responsables de la violencia. El Islam, que significa el establecimiento de la paz, desea un sistema social libre de violencia mediante la eliminación de todas las formas de injusticia.

El Corán es básicamente subversivo frente a todos los sistemas basados en la injusticia, la explotación y la violencia. Siempre hay tensión entre aquellos que quieren transformar la sociedad y los que apoyan el status quo. La transformación difícilmente puede ser pacífica. Pero eso no quiere decir que la violencia está justificada por parte de los oprimidos. Son los opresores los que usan la violencia.

El yihad no es más que los esfuerzos sinceros para promover el bien y desterrar el mal, no es lícito hacer la guerra para la transformación. El verdadero yihad es establecer un sistema social basado en la justicia y libre de toda forma de explotación.

Así, sin desarrollar una metodología para la comprensión del Corán nunca será posible la práctica de la ética y la moral islámica. El Corán fue revelado al Mensajero de Dios para subvertir todos aquellos sistemas basados en la explotación y la injusticia y establecer un sistema humano, compasivo y sensible a todas las formas de sufrimiento de la humanidad. Desafortunadamente, los poderosos intereses creados en el mundo musulmán han utilizado al Corán para reforzar sus propios sistemas opresivos a través de interpretaciones erróneas, justo aquello contra lo que el Corán nos ha advertido.

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