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Diálogos para trascender la dualidad (I)

Entrevista a Regla Contreras, autora del libro ¡Perdón por atreverme! (Sapere Aude) Editorial Ituci Siglo XXI

09/10/2011 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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Regla Contreras
Regla Contreras

“Aquellos ojos míos que el día que nací el mar me robara –y para quienes nunca existieron la distancia ni el tiempo-, miraban lejanos por mí, sorprendiendo alojados en aquel recóndito lugar, a aquellos extravagantes símbolos que ellos supieron descifrar en un instante y traducir al lenguaje de las ideas y de las formas, con toda fidelidad.”

(Regla Contreras. ¡Perdón por atreverme! (Sapere Aude). Editorial Ituci Siglo XXI.)

“La gente no busca la verdad, quiere estar cómoda”

(La autora, durante la presentación del libro en el Círculo Mercantil de Sevilla)
 

Hashim Cabrera: Ibn ‘Arabi nos prevenía hace ya muchos siglos de los grandes peligros de vivir la experiencia espiritual con relación al Dios creado en la creencia, a ese Dios que acaba siendo definido de manera siempre contradictoria por medio de las ideas que nos hacemos de Él, pues Dios está libre de esas atribuciones e interpretaciones. En tu libro ofreces bastantes pistas sobre las experiencias que te llevaron a cuestionar aquella rígida idea de Dios que recibiste a través de la institución religiosa donde te educaste y de algunas influencias familiares.

— Regla Contreras. Muy pronto me di cuenta de que esa Divinidad que desde en mi infancia ya en mí latía, poco o nada tenía que ver con ese Dios dogmático que el colegio y mi madre me enseñaran, y que a mí hasta llegaba a darme miedo, ya que siempre me decían que había que temerLe y que habíamos matado a Su hijo con nuestros pecados. Yo me rebelaba porque no estaba dispuesta a cargar con ese crimen que se me adjudicaba, ya que no era ni soy capaz de matar una cucaracha. Mi padre era un gran coleccionista de arte y en aquella casa había un montón de cuadros religiosos, y yo estaba harta de tener que pedir perdón por ese crimen cada vez que pasaba ante un cuadro representando al Cristo, bien atado a una columna, bien apareciendo ante el pueblo hecho un “ecce homo”, bien crucificado, o con la cara chorreando sangre de una corona de espinas –como aquel Cristo de Limpias- y una cara de un sufrimiento tan impresionante, que yo ya no lo podía soportar…

Y esos cuadros solían estar en los rellanos de las escaleras, por donde tenía que subir y bajar muchas veces al día, o en sitios muy de paso, como una galería. También estaba harta ya de imitar a los santos haciendo inútiles sacrificios torturándome y privándome de muchísimas cosas con tal de subir a los altares, que era a lo máximo que se podía aspirar. Y pensé que algo debía marchar mal, no en ese dios que así me pintaban, sino en las personas mayores que tal dios me enseñaban.

Existen ciertas personas, dotadas de una especial sensibilidad, que se sienten naturalmente atraídas por lo sutil y etéreo, y que sienten una irrefrenable necesidad de desvelar lo oculto. Creen en lo invisible, en Dios, en lo profundo, tienen una intensa vida interior llena de resonancias imaginales, y sienten a menudo el mundo material y cotidiano como una mordaza que aprisiona los movimientos de su itinerario trascendental...

— Alguna vez leí que cuando desde pequeña ya sientes la llamada de lo Sagrado, lo Misterioso y lo Infinito o Eterno, es porque ese Infinito ya te ha apuntado a ti antes. Y se produce como una Boda Secreta y Alquímica entre una niña y un Bello y Divino Gigante al que no conoce pero a Quien se entrega con plena confianza y Amor y sin ningún miedo. (Curiosamente, esto va a repetirse de una manera real y como una metáfora, en mi adolescencia, con esa otra boda con un “bello y divino gigante” que representara –como apunto en la dedicatoria del libro- a algunos de los atributos de La Divinidad: el Amor y la Belleza).

Pero como esto no sería justo -ya que en el fondo todos tenemos implícitamente como meta el Infinito- yo interpreto que algunas personas sienten esa llamada prematuramente; otras, más tarde, y la mayoría de ellas se va de aquí sin haber tenido ni idea de lo que fueron ni para qué vinieron, ya que para sobrevivir en este planeta esos sentimientos no son imprescindibles: y habrá otras ocasiones más adelante…

Las ideas sobre Dios, la amalgama entre la moral, el dogma y las convenciones sociales de un momento y lugar concretos pueden llegar a resultar insoportables para quienes tratan de vivir la experiencia religiosa desde el núcleo más puro y esencial de sí mismos, para quienes han degustado en algún momento las mieles de su ser verdadero. Casi todas las tradiciones de sabiduría han sido olvidadas o malinterpretadas en muchos casos. ¿Es posible, a tu juicio, vivir una experiencia espiritual genuina al margen de una tradición religiosa concreta?

— A las religiones nunca les ha interesado que haya Místicos, ya que así se les acaba ese “juego” de la dependencia de terceros o de un pastor que guie sus almas. Pero, por lo que a diario constato con asombro, la mayoría de las personas se sienten borregos y necesitan de un pastor que les guíen, y estar metidas en el redil, ya que así se sienten más seguras, pues en el fondo y aunque no lo confiesen, lo que tienen es muchísimo miedo.

Normalmente las tensiones y contradicciones interiores suelen aflorar con mayor intensidad a medida que el ser humano se va haciendo adulto, unas veces en la adolescencia, otras en plena juventud y muchas en el período de la madurez. Sin embargo en tu caso concreto este proceso se adelanta y eclosiona en la infancia, en el momento en que el lenguaje propone al niño lecturas e interpretaciones de la realidad que chocan frontalmente con la experiencia que hasta ese momento había vivido. En tu libro describes una intensa vida espiritual aún en los primeros años de vida.

Mi verdadera rebelión o eclosión ocurrió una mañana de Mayo que era Domingo: aquella mañana, cuando iban a vestirme para ir a misa, me encontré con una extraña vestimenta gris a los pies de mi cama. Cuando pregunté, extrañada, la razón de aquello, la persona que me cuidaba me respondió que a mi abuelo paterno –a quien yo adoraba porque era mágico- “se lo había llevado Dios y había que rezar por él para que no se condenara y se fuera al infierno”. Y fue entonces cuando “la armé de verdad”. No lo cuento en el libro, pero está narrado en otra parte.

Yo tenía 7 años, y a partir de aquel día nada iba a ser igual… y creé yo misma un Dios a la medida que mi corazón me iba dictando –por supuesto, libre de sustos, castigos, infiernos, adoraciones, y otros dogmas-, y ese Dios es el que sigue permaneciendo en mí ahora, en la madurez, sólo que ha ido creciendo a medida que se iba ampliando mi nivel de conciencia. Por supuesto, no lo veo como un Padre: ¡Qué tontería eso de tener que necesitar toda la vida un papá! Así nunca creceremos. Sé que en esta dimensión no podré abarcarlo entero, pero lo acepto y me conformo con que Eso me abarque a mí, ¡Ja, ja, ja! Y entonces me abandono confiada a ese Mago que está siempre a mi lado y se manifiesta haciéndome muchos guiños para indicarme Su Presencia…, y hasta algunas veces intercambiamos jugadas muy mágicas; y otras, me hace unas jugarretas muy raras que yo no entiendo… como ponerme una y otra vez palos en las ruedas de mi carreta. Y como una niña, me enfado, frunzo el ceño, me cruzo de brazos, doy dos patadas en el suelo y le digo que eso no vale y que ya no juego…

¿Que dice que hay que sufrir para crecer, etcétera? Le grito que me deje ser bajita, que mi padre no era muy alto, y que en este “juego” yo también voy a poner mis condiciones, ya que al ser divina, también me siento muy “poderosa” sabiendo transmutar algunas de sus “Reglas”; ¡y si no, no hay juego!.

Aquel deseo de santidad que me hizo leer la casi totalidad de la Hagiografía que tenía en mi cuarto, por imitar a los santos, provenía de un falso concepto que se me daba de lo que era Dios. Y claro: en ese orden, yo quería llegar a lo máximo, porque en el fondo, algo dentro de mí suscitaba muy altas aspiraciones, que nada tenían que ver con aquello.

Hay una escena que me ha resultado muy reveladora. Junto a tus muchos hermanos compartes un espacio concreto de la casa. Cada uno ocupa un lugar, cerca de una ventana para usar la luz, cerca de una puerta, junto a una mesa de trabajo… cada cual materializando sus sueños entre juegos y veras, y tú te quedas en un rincón, sentada en una silla de anea frente a una pared vacía donde vas dibujando mentalmente una ventana por donde te asomas a tu mundo interior… y allí descubres el secreto de tu nacimiento, el mar, sus profundidades insondables. Dices “¿Olvidas que ese mar cercano –hoy apacible, pero aquella noche rugiente y bravo- robó mis verdaderos sentidos apenas nacer, y ando desde entonces con otros sentidos prestados?”. Me gustaría que nos hablases del mar, de esas fuertes resonancias natales que en él has encontrado. ¿Qué te dio y qué te robó el mar?

— Mis ensoñaciones ante una pared blanca en la que yo previamente dibujaba mi propia “ventana” y era como si yo la traspasara, me traían ideas, imágenes y recuerdos imposibles de separar unos de otros. Y en aquellas ensoñaciones siempre estaba el Mar muy en primer plano. ¿Qué me dio y qué me robó el Mar? En principio me dio la vida: me contaron que allí aterricé yo un verano la misma noche en la que danzan en el cielo Las Perseidas, y yo era muy inocente y me lo creí. Pero también robó mis sentidos, pues como narro en el libro, “para que el mar dejara que mis padres le robaran ese cuerpo que él creía suyo” tuvieron que acceder a un pacto; y el pacto era que el mar dejaría que ellos rescatasen mi cuerpo con la condición de que las aguas ladronas me devolvieran sin parte de mis sentidos y mi memoria.

A partir de entonces, quedé por completo desconectada de mis orígenes y de la dimensión de donde yo procedía. Desde que “ese amante celoso” se quedó con casi todo para él, he estado buscando mi verdadera identidad y me he visto muy descolocada en este planeta, y como si fuera ciega y sorda, y por eso no acabo de comprender muchas cosas que el resto de las personas comprenden sin ningún problema…

Por supuesto que esto no deja de ser una bella metáfora, pero cuando poco después descubrí mi verdadero nacimiento, a muy pocos metros de ese mismo Mar, no distaba demasiado de esta otra realidad.

Describes a tu madre como una mujer tradicional y conservadora, y a tu padre como un librepensador superviviente en el desierto intelectual de la posguerra española. Leyendo tu descripción de su matrimonio uno puede deducir fácilmente que el amor no tiene que ver necesariamente con las ideas y las creencias sino más bien con esas vibraciones inevitables que va modulando la intimidad y la convivencia.

Tu experiencia tiene mucho que ver con las relaciones entre lo religioso, lo ético y lo espiritual. Te has atrevido a hablar de ello en tu libro, aún a sabiendas de la dificultad que entraña traducir a conceptos y palabras una experiencia que ha rozado muchas veces lo inenarrable, y a riesgo de ser malinterpretada en lo que se refiere a la doctrina religiosa, a esa teología de la liberación que se abre paso en tus conclusiones infantiles sobre Dios, el sentido de la Vida y la Trascendencia. ¿Cómo podemos resolver de forma creativa esa experiencia paradojal? ¿Dónde acaba el ámbito de la mente y empieza la vida del corazón?

Nuestros padres eran un claro ejemplo de cómo conciliar lo paradójico y lo opuesto. Si bien es verdad que ellos opinaban de muy diferentes maneras y a veces estaban incluso en las antípodas de la religión y la política –y eso lo palpábamos todos: cuando en el Ajedrez uno jugaba con las blancas, el otro jugaba con las negras, ¡ja, ja, ja!-, siempre vimos que se tenían un mutuo respeto y que se pusieron de acuerdo en lo más importante, que era la educación de sus hijos. Como los queríamos por igual, supimos comprender que cada uno nos estaba mostrando una parte de la Verdad, y ya cada cuál, iba haciendo sus componendas. A eso se le llama Creatividad y Sinergia. Y aunque a mi madre la pinto muy seria en el libro, también era muy dinámica y creativa, y se le ocurría un montón de cosas que luego siempre llevaba a la práctica, ya que tenía una voluntad férrea y ni un tsunami era capaz de tumbarla.

A veces es muy difícil separar lo que proviene de la mente, de lo que pertenece al corazón, porque no hay una línea definida como esas rayas divisorias que pintan en las carreteras. Entre una y otro no hay solución de continuidad, pero en un estado meditativo que no hace falta que sea muy profundo, lo percibes claramente y ves que con el corazón se sufre pero que con la mente no. En el corazón puede albergar el Amor o el odio; la alegría, o el dolor; la humildad y la confianza, o el temor. La mente es mucho más fría y no aloja el temor ni el dolor, pero sí genera mucha soberbia y frustraciones que confundimos con el dolor y el sufrimiento, pero es el ego, que se manifiesta a cada paso, a poco que no estemos alerta y nos descuidemos, pues siempre va a estar ahí al acecho y pidiéndonos alimento -como un hambriento perro callejero- para que lo alimentemos.

La modernidad ha sido un escenario poco propicio al encuentro entre ciencia y religión, pero en tu libro la lógica no desaparece sino que trata de suplir ese abismo. Meditas en los postulados de la nueva ciencia, en la mecánica cuántica, en las teorías más recientes sobre la naturaleza del universo, intuyendo la eclosión de una nueva era y de una nueva conciencia. ¿Cómo describirías esa nueva conciencia?

Tanto a La Mística como a la Ciencia Actual, las veo como si fueran distintos lados de una pirámide: en las bases de esos lados hay todavía división, confrontación, dualidades y diferencias; pero a medida que se estrechan, se encuentran hasta converger en esa Unidad de la Cúspide. Entonces no importa saber por qué lado se ha llegado –si a través de la Mística o de la Ciencia- pues lo importante es haber llegado. Y por supuesto, en la Cúspide desaparecen todos los lados, todos los caminos y demás dualidades que nos han ido separando.

Esto aún cuesta admitirlo a algunos científicos, que no quieren ser comparados con nada que suene a religión o misticismo. Otros, sin embargo, ya lo van admitiendo, y la Nueva Conciencia es eso precisamente: Darse cuenta –en medio de este aparente mundo dual- de que más allá de esa dualidad nos espera la Unidad (ni ciencia, ni religión). Dependiendo de nuestro estado o nivel de conciencia, estaremos más arriba o más abajo en esa nuestra escalada por los lados de esa pirámide.

¿Qué hace falta para atreverse?

¿Qué hace falta para atreverse? ¡¡¡Sentir que si no lo haces, vas a explotar!!! Pertenezco a una generación en la que, lo que no estaba prohibido, era pecado, o bien era ordinario. Y crecimos encorsetadas mental y físicamente. En mis diálogos internos a través de esas “ventanas” que yo dibujaba en una pared blanca, algo dentro de mí me decía que se vivía de una manera equivocada y yo sentía que había que romper con muchas cosas, pero en el ambiente en el que yo me crié, eso era más que imposible y sólo te valía llevar a cabo esa ruptura tú sola por dentro. Hasta que ocurrió lo del “sueño” que narro en el libro. Y entonces sólo había que esperar el tiempo adecuado. Y ya apenas tienes que hacer un esfuerzo para atreverte: sólo ocurre que pierdes el miedo de pronto y decides un día tirarte a la piscina confiando en que no va a estar vacía. La Fe Creativa (no hay que confundirla con la pasiva) es tan poderosa y tiene tanta fuerza, que si estuviera vacía, sé positivamente que por el camino esa piscina se estaría llenando de agua.

¿Cuál es, en definitiva, tu principal propósito en la Vida, tu verdadera razón de ser?

— Todas mis energías últimamente van dirigidas a tratar de vivir cada instante estando muy alerta de mí misma y siendo plenamente consciente de mis actos y de mis pensamientos, como en un permanente estado de meditación. Así habrá pocas posibilidades de sembrar errores, ya que no nos damos cuenta de que con cada estímulo que recibimos del exterior podemos reaccionar con actos y palabras, y cada uno de ellos conlleva una repercusión inmediata en nuestro entorno; y en esa cadena de reacciones podemos estar desatando un vendaval o estar sembrando Amor.

También hay que tener en cuenta que cualquier pensamiento -dependiendo de si es positivo o negativo- se traduce en nuestro propio organismo para mantenernos sanos o generar algún tipo de enfermedad; y no podemos luego culpar a nadie. Yo quiero estar siempre muy consciente para no causar daños a terceros ni a mi propio cuerpo. Quiero morir muy sana, ya que, aunque en el Universo nuestros actos no se computen como morales o inmorales, buenos o malos, ni se registre ese concepto infantil llamado "pecado" —a ese Ser Infinito nada ni nadie Le puede ofender—, sí se registran los errores, y esto se paga indudablemente.

"Obras, son amores, y no buenas razones". Hay que actuar, porque los deseos o pensamientos sin una obra posterior, son como un aborto o proyecto sin acabar y estaríamos hablando ya de otra historia más compleja que implicaría otro tipo de realidades como otras dimensiones y universos paralelos en los que no voy a entrar, toda vez que yo me expreso desde éste. Y en torno a estas premisas y valores se desenvuelve mi vida diaria personal, familiar, con el trato entre parientes, vecinos y amigos, procurando hacer cada día más lo que realmente me gusta y evitando confrontaciones y cosas desagradables que contaminen y dañen mi plano emocional, para poder mantenerme serena, alegre y contenta.

He tenido que aprender a decir "no" a muchas cosas a las que antes, por debilidad, decía "" y al final me sentía mal pues en esas decisiones por compromiso, se me iban muchas energías. Descubro curiosamente, que ahora que nadie tiene tiempo para casi nada, yo, paradójicamente, estoy empezando a sacar tiempo para casi todo lo que me apetece, y vivo una buena parte del día haciendo lo que me da la gana y eso no tiene precio pues hay un cambio de valores y prioridades y terminas convirtiendo tu vida en todo un lujo y es todo como muy mágico.

Como sé que somos en gran medida (no suelo expresarme nunca en términos absolutos) responsables de lo que nos sucede, me preocupo de ir modelando y configurando cada mañana, desde mi rostro y mi cuerpo, hasta mis propias circunstancias. Y cuando te consideras también co-creadora, y por tanto, "poderosa", el Universo se confabula contigo y te envuelve con su Magia y notas que cuando estás feliz, haces feliz a los demás y el Universo entero es como si se conjurase y te agradeciese que estés cooperando en la evolución del Planeta y los seres sin tener que hacer demasiado ruido ni grandes algaradas para que los que te rodeen sean receptivos a esas energías y, por sintonía, den también un paso al frente remando en la dirección adecuada en esta nave planetaria en la que vamos todos embarcados navegando por unas aguas muy procelosas en unos momentos muy difíciles y apenas muy pocos nos damos cuenta y somos conscientes de ello.

Yo, de pequeña era muy seria, muy "mística", muy tímida y huidiza y muy sosa; siempre estaba triste y melancólica, sólo rondándome la idea de querer ser santa, y apenas me permitía reír y tampoco hablaba y tenía tendencia a comunicarme sólo con mi niñera, los escarabajos, los nudos de la madrera y una pared blanca... Ahora le doy capital importancia a la comunicación entre las personas, a la risa y al sentido del humor y procuro torturarme poco: ya lo hice con creces de pequeña, y más tarde me sacrifiqué tanto criando, cuidando y tratando de educar a nueve hijos muy seguidos, con no pocas dificultades, que creo que yo entonces ni siquiera era consciente de que existiera.

Regla Contreras es una poeta y escritora en la piel de un ama de casa sevillana, madre de nueve hijos y esposa de su eterno enamorado, hijo del mar. Mística y científica, vidente y escéptica, danzando entre la majestad y la belleza construye los instantes de su ser cotidiano.

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