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Por una infancia en libertad

La televisión impide el crecimiento neuronal en el cerebro en desarrollo de los niños y anula la imaginación

07/10/2011 - Autor: Sara Vaquero Tostado - Fuente: The Ecologist
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La televisión contra la infancia
La televisión contra la infancia

Creo que todos sabemos que ver la televisión no es muy saludable y menos para los más pequeños. Con mi exposición no pretendo convencer a nadie para que deje de ver la televisión. Lo único que quiero es informar de sus efectos y de los riesgos que corremos a la hora de dejar un libre acceso a ella a nuestros hijos e hijas. Me gustaría que recordéis la última vez que visteis la televisión, qué posición tenía vuestro cuerpo, como estabais sentados en el sofá al principio y como terminasteis. Si fue una decisión consciente la que os llevó a ver la televisión, porque os apetecía ver un determinado programa o una película en concreto o si por el contrario la encendisteis para ver qué ponían, o por si echaban algo interesante… ¿Cuánto tiempo estuvisteis viendo la televisión? ¿Más del que teníais pensando en un principio o cuando terminó lo que queríais ver la apagasteis?

Los niños, vulnerables

Ahora, os propongo que observéis a vuestros hijos mientras ven la tele, o juegan con el ordenador o los videojuegos. Cómo es su postura, cómo es su mirada. Si hacéis esto podréis comprobar que su mirada es distraída, sin expresión, con la boca entreabierta y el cuerpo hundido en el sofá. Pues como veremos la televisión tiene un efecto hipnótico. Puede que alguna de las descripciones sean: “pasivos”, “zombis”, “estupefactos”,“hipnotizados”, “sedados”, “completamente absortos pero no interesados”. Esta observación nos puede llevar a plantearnos si es saludable esta actividad para vuestros hijos.

Riesgos físicos y psíquicos

¿Por qué resulta difícil apagar el aparato? Los medios electrónicos son fáciles de encender, pero difíciles de apagar. Las causas de esa dificultad residen tanto en el contenido como en el medio. Los niños necesitan ayuda para apagarlos porque la televisión y los medios electrónicos inhiben las funciones cerebrales implicadas en el proceso de tomar decisiones. Nuestro cerebro está formado por dos hemisferios, el hemisferio izquierdo se considera “dominante” y controla el lado derecho del cuerpo. (En los zurdos el hemisferio derecho es el dominante). El hemisferio dominante es nuestro ser activo, está en relación con la forma y actividad de nuestro exterior y se ocupa del tiempo. Mantiene nuestra conciencia de vigilia, nuestro pensamiento lineal. Es nuestro lado racional, el que alberga el centro del habla y del lenguaje o área de Broca.

El hemisferio derecho, llamado “subdominante”, está vinculado con el inconsciente en la mayor parte de las personas. Raramente se experimenta este lado en estado de vigilia. Es nuestra “otra mitad”. Es nuestro lado de la naturaleza, nuestros instintos, nuestra fuente artística y creativa, y no es necesariamente racional. En esta esfera no existe el tiempo, sólo el espacio, como en la mente del niño: da lugar a los sueños y las fantasías. Ahí existe todo como uno. Procesa la información emocionalmente, no críticamente

La actividad de la mente puede ser descrita según los esquemas de las ondas cerebrales, midiendo la cantidad de actividad eléctrica en las diferentes partes del cerebro. Los ritmos básicos son cuatro: beta, alfa, theta y delta. El beta es el de 12 a 24 ciclos por segundo (cps), y está relacionado con la palabra activa o pensamiento numérico, produciéndose cuando está haciendo planes o resolviendo un problema. El ritmo alfa, de 8 a 12 cps, es el llamado de estado de descanso, el zumbido de fondo que se produce cuando el cerebro se está recargando: no sucede nada, no está pensando. El estado theta se produce entre los 4 y 8 cps, y está relacionado con los estado visuales y de sueño, el pensamiento por medio de imágenes errantes por el espacio, a través de placeres pasados y excitaciones futuras. Si se relaja y representa una imagen en su mente producirá este ritmo. El ritmo delta es el más bajo, y se relaciona con el sueño profundo. Se produce entre 0 y 4 cps.

Encefalogramas

Hebert Krugman, observando el encefalograma de los televidentes, constató que en 30 minutos se pasaba de ondas beta (que indican un estado de alerta y atención consciente) a ondas alfa (que indican falta de atención receptiva). Krugman quedó impresionado por la velocidad a la que surgía el estado alfa. Por lo que podemos decir que la TV nos hipnotiza, nos quedamos paralizados, inhibe las funciones cerebrales implicadas en el proceso de tomar decisiones. Se hizo otro experimento con 10 niños viendo su programa televisivo favorito. Se formuló previamente la hipótesis de que como los niños estaban interesados, los dibujos de las ondas cerebrales alternarían entre las ondas beta y las alfa. Sin embargo, no lo hicieron.

Los niños se hundieron en las butacas y estuvieron casi todo el rato en alfa. Esto significa que mientras estaban viendo la televisión, ni reaccionaban, ni se orientaban ni enfocaban; sencillamente estaban “alelados”. Una explicación de este fenómeno es que la televisión cierra la parte izquierda del cerebro, que, como he dicho, es la de la lógica, y deja el hemisferio derecho abierto a las imágenes entrantes. Como he comentado, el hemisferio izquierdo del cerebro se encarga de la lógica secuencial, las palabras, el análisis y el razonamiento. Sólo procesa un estímulo cada vez, lo que da lugar a metódicas secuencias de pensamiento. La parte izquierda del cerebro “se desconecta” cuando uno ve la televisión. El hemisferio derecho se ocupa de las imágenes, los colores, los ritmos y las emociones, y procesa la información emocionalmente, no críticamente. El cerebro izquierdo recoge el contenido de lo que alguien dice, mientras que el derecho admite el gesto no verbal, el tono de voz y la mirada.

Este conocimiento viene de principios de los años 60, cuando se descubrió que la mente de los niños se volvía catatónica frente al televisor. Tiene que ver con la forma en que el cerebro reacciona ante la luz radiante, que es la fuente de luz de la televisión y monitores de ordenador, y la luz reflejada, que es la que nos trae el resto de nuestra experiencia visual. El cerebro tiende a cerrarse en respuesta a las fuentes de luz radiante. La luz radiante es la razón por la cual pasamos de ondas beta a alfa en 30 minutos. Todos hemos visto a los niños hipnotizados cuando ven la televisión durante un periodo de tiempo.

Los anunciantes

Mientras vemos la TV, la parte derecha del cerebro, que no es crítica, puede trabajar sin ser molestada. Por eso la TV es un medio de comunicación que transmite sin el menor esfuerzo enormes cantidades de información en las que no se piensa mientras se está expuesto a ellas. Los anunciantes se dieron cuenta de que los medios electrónicos poseían la gran ventaja de proporcionarles acceso directo a las mentes de la gente.

La publicidad puede ser muy nociva para los niños porque les manipula, las imágenes y la forma de presentar los productos les hace desearlos pero ellos no saben que se los están intentando vender y los niños exigen a sus padres que se los compren. Hay que tener muy en cuenta la manipulación a la que se ven expuestos a través del marketing y del diseño. Los niños menores de 8 años son incapaces de entender los objetivos de la publicidad y tienden a aceptar las afirmaciones como ciertas. ¿Cuáles son las consecuencias para los niños? Pues las consecuencias son varias, en primer lugar los niños son más impresionables y están muy abiertos a las imágenes electrónicas y, por lo tanto, al estado de “alelamiento” al que induce el medio”.

En segundo lugar, si efectivamente los medios electrónicos inhiben el área de la toma de decisiones del cerebro, entonces los niños sencillamente son incapaces de apagar el televisor, y, en consecuencia, son los padres lo que han de apagarlo para sus hijos.

En tercer lugar, la velocidad de las imágenes y la visualización electrónica hacen que no puedan despegar los ojos de la televisión. Un estudio publicado por la revista Biologist sostiene que mirar TV puede dañar a las personas, especialmente a las niñas. Este estudio lleva la firma de Aric Sigman, miembro del Instituto de Biología de Gran Bretaña y de la Sociedad Psicológica Británica. El artículo cita un trabajo que publicó la revista Pediatrics, órgano de la Academia de Pediatría de Estados Unidos: el estudio, dirigido por Dimitri Christakis, de la Universidad de Washington, y efectuado sobre 2623 chicos, encontró que “la exposición a la televisión antes de los tres años se asocia con problemas en la atención a la edad de siete años”. Estos problemas eran “consistentes con un diagnóstico de déficit atencional”.

El problema no son los contenidos, sino los estímulos que ofrece la pantalla. El chico que vea televisión antes de los tres años de edad corre más riesgo de tener problemas para prestar atención cuando, a los seis o siete años, vaya a la escuela. Esto se vincula con que la pantalla de la tele ofrece estímulos “más interesantes que los que usualmente brinda la vida real”. Además, las técnicas de edición y presentación televisivas acostumbrarían al chico a modalidades de atención muy rápidamente cambiantes, a la vez que intensas. Todo esto vendría a “corromper el sistema fisiológico de la atención”, independientemente del contenido de los programas. Otros trabajos citados en el artículo vinculan el exceso de tele en la niñez con dificultades para dormir, obesidad e incluso con un mayor riesgo de autismo. El trabajo viene a avalar las indicaciones de la Academia de Pediatría de Estados Unidos: que los menores de dos años no vean televisión en absoluto y que los chicos de cualquier edad no tengan tele en su cuarto. Según explica Sigman, “la televisión suscita la denominada ‘respuesta orientativa’, por la cual la persona responde al movimiento y a cambios repentinos en la visión o el sonido. En cuanto a la televisión, esta respuesta se verifica casi desde el nacimiento: los bebés giran sus cuellos hasta 180 grados para verla”.

Técnicas persuasivas

El artículo destaca que, cada vez más, la televisión apela a diversas técnicas como los cortes, cambios de cámara, zooms, “paneos”, sonidos repentinos y diversos recursos de edición que, al activar esa respuesta orientativa, incrementan la atención del espectador. Un estudio sobre el ritmo y la edición del popular programa Plaza Sésamo, a lo largo de 26 años, mostró que la cantidad de esos recursos se duplicó. Esas “recompensas”, esas retribuciones que ofrece la tele, tendrían un correlato fisiológico específico y medible: es un neurotrasmisor, la dopamina. “La liberación de dopamina en el cerebro y se asocia con la recompensa por prestar atención, especialmente a cosas nuevas y estimulantes.” La sobreestimulación generada por la tele incrementaría los niveles habituales de dopamina, lo cual vendría a “corromper el sistema fisiológico que recompensa la atención”, según Sigman.

Mermar las capacidades

La industria de la televisión intenta contrarrestar el efecto hipnótico que tiene mediante la introducción de lo que se conoce como “efectos sorpresa o sobresalto” en la programación de los niños. Un efecto de sobresalto es cualquier cosa que desencadene en el cerebro el pensamiento de que podría haber una situación de emergencia y lo ponga alerta para prestar atención a la fuente de la perturbación.

La televisión logra esto con los cambios repentinos y dramáticos de la intensidad de la luz o de sonido y un rápido desplazamiento de los ángulos de cámara. Eventualmente, sin embargo, el cerebro comienza a habituarse a la situación, dándose cuenta de que estos golpes son sólo falsas alarmas, y comienza a desconectarse de nuevo.

Como resultado, cada diez años más o menos la industria de la televisión ha tenido que subir la apuesta haciendo golpes emocionales y sustos cada vez más grandes, hasta que finalmente lo que tenemos hoy son estallidos periódicos de imágenes violentas en los dibujos de los niños y así sucesivamente, hasta el punto en el que hay un promedio de dieciséis golpes de violencia cada media hora.

En cuanto a los juegos de computadora, “si bien se los considera más estimulantes que mirar pasivamente un teleteatro, la evidencia muestra que aun este medio interactivo se asocia con una actividad neurológica sólo limitada. Un estudio sobre las diferencias en el flujo cerebral entre chicos jugando con la computadora y chicos haciendo ejercicios aritméticos muy simples, como la suma de números de un solo dígito, mostró que los juegos de computadora estimulaban sólo las partes del cerebro asociadas con la visión y el movimiento, mientras que la suma aritmética activaba áreas muy diversas”. Según Sigman, “ver televisión, en chicos de menos de tres años, puede tener efectos nocivos sobre la habilidad matemática y la capacidad y comprensión en la lectura”.

El ser humano al nacer no está totalmente desarrollado (ya lo sabemos todos), y continúa su proceso de maduración durante mucho tiempo. Al igual que a un recién nacido no se le puede ofrecer leche de vaca ni pescado porque su sistema digestivo no está preparado para asimilarlo, tampoco se le puede "ofrecer" cualquier programa de televisión. La razón, inicialmente, no es el contenido del programa (la información que nos da, que desde luego nunca debería ser mala), sino la velocidad de las imágenes.

Otro de los riesgos de exponer a la TV a los bebes es que impedimos el desarrollo de su vista. La vista en el recién nacido sufre al igual que el resto de órganos un proceso de maduración que teóricamente está completo a los dos años. Hasta entonces, el cerebro humano "aprende" a ver los "bordes" de los objetos, pasando de ser borrosos a ser nítidos (plasticidad neuronal). Para eso es necesario que los objetos estén "quietos" o con "poco movimiento". Esta es la razón por la que no se recomienda ver la TV a los menores de dos años, porque habitualmente todas las escenas son muy rápidas y con muchos cambios, distorsionando este proceso de aprendizaje de la vista. La televisión, literalmente, impide el crecimiento neuronal en el cerebro en desarrollo de los niños.

Cuando los niños pequeños la ven, “anula la capacidad del cerebro para crear una imagen interna de algo o alguien, o de algún evento que no haya sido visto en el medio Ambiente”.

La televisión anula la esencia de lo que llamamos “imaginación”. Los investigadores solían pensar que era sólo el contenido de la programación el que estaba afectando negativamente a los niños. Ahora tenemos pruebas de que la tecnología y el dispositivo son muy perjudiciales por sí mismos. En otras palabras: el simple acto de ver la televisión (programas y publicidad) tiene efectos profundamente negativos en la fisiología de los seres humanos.

Durante el desarrollo del cerebro se van formando conexiones entre los dos hemisferios cerebrales a través del cuerpo calloso, las conexiones neuronales se van mielinizando. Las neuronas tienen una capa protectora de ácidos grasos que facilita la transmisión del impulso nervioso. Este proceso se ve favorecido con la estimulación sensorial y motora. De ahí la gran importancia del movimiento en los primeros años.

Dieta sensorial

Los niños mielinizan su vías neurales utilizando el cerebro. Una rica dieta sensorial y el sano movimiento ayudan a la formación de conexiones neurales flexibles y fuertes: cuantas más conexiones, mejor. El movimiento saludable, la repetición, el juego, la conversación y la estimulación multisensorial son esenciales para el desarrollo del cerebro. Ahora pensemos si todo esto tiene lugar cuando un niño ve la televisión, en primer lugar el movimiento es nulo o muy escaso.

Otro de los problemas a los que se enfrentan los más pequeños es el de “sentir” si las imágenes de la televisión y del ordenador son reales o no. La TV es un medio engañoso como para exponer a los niños que están aprendiendo a abrirse camino en el mundo cotidiano. Uno de los efectos del uso del ordenador o de los videojuegos de forma excesiva es la repetición constante de un número limitado de leves movimientos con las manos, como teclear y apretar el ratón, esto puede tensar las manos, los tendones, los músculos, los nervios y los huesos de las niñas en edades sensibles. El ordenador es para los niños pequeños una especie de camisa de fuerza tecnológica para el cuerpo. La falta de ejercicio perjudica también a la educación y al estudio, ya que el movimiento es esencial para un aprendizaje saludable. El movimiento activa la mente y el cuerpo, capacitándonos para integrar y asimilar nueva información.

“Hago luego entiendo”, el movimiento activa el crecimiento físico, sensorial e intelectual, y las niñas cuyo movimiento físico es limitado pueden padecer un crecimiento retrasado de sus facultades aparentemente no relacionada con el movimiento, como la habilidad para comprender conceptos. Aprendemos con todo el cuerpo.

Cerebro reptil

Aquí, la naturaleza del contenido del programa no importa. Mientras que el cerebro superior, o neocórtex, sabe que las imágenes en la televisión no son reales, el menor, o el cerebro “reptil”, no lo sabe. Esto significa que cuando un niño ve la televisión y ve violencia, el cerebro reptil envía una serie de mensajes de alarma hasta el cerebro emocional, que a su vez contacta inmediatamente con el corazón.

En el momento en que el corazón recibe una indicación de negatividad o de peligro, rompe de su habitual modo armónico en uno incoherente, provocando la liberación de la hormona más potente en el cuerpo humano, conocida como cortisol. El cortisol inmediatamente despierta el cerebro y hace que se produzcan billones de conexiones neuronales con el fin de preparar el individuo para enfrentarse a esa emergencia.

Entonces, tan pronto como el corazón recibe el mensaje de que el peligro era falso y no hay problema, otra hormona se libera para disolver todas las vías neurales hechas para hacer una rápida reacción de adaptación a la amenaza percibida.

El problema con la actual programación televisiva es que no hay descanso, y el cerebro de un niño promedio, que ha observado desde 5.000 hasta 6.000 horas a la edad de cinco o seis años, está viviendo una gran confusión como resultado. El enorme exceso de estímulo de la televisión (programas y publicidad) hace que el cerebro se dañe y mal adapte de una manera que antes se pensaba imposible.

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