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El camino de la apertura

Hay un vacío que sumerge la conciencia en la luz, de modo que se convierte en luz

27/09/2011 - Autor: Sheikh Khaled Bentounès - Fuente: El foro de los fuqara
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Dios nos invita al camino de la apertura
Dios nos invita al camino de la apertura

El camino Tassawuf es el camino de la humildad y la apertura, no del orgullo y de la división. El discípulo que es pobre en Dios se considera siempre como alguien abierto, sin ninguna pretensión. A través de esta apertura se expone a la irradiación del don divino, permitiendo el acceso al camino verdadero y el progreso en el mismo, y así ninguna dificultad es un obstáculo para él, nada llega a ser un freno a su evolución espiritual.

Todo lo que tiene esta tendencia a la reclusión, debido a nuestro orgullo y a nuestra ignorancia (la cual está en nuestra naturaleza) hace que el Santo Corán describa al hombre como un ser muy ignorante (jahoul). Debemos ser muy cuidadosos de no caer en esta tendencia negativa que llevamos con nosotros, nos bloquea y hunde nuestro progreso en el camino. Podemos decir que la transparencia es una actitud de la comunidad, es moderación, mientras que el cerrarse es una actitud esencialmente extrema, que tiende o bien hacia un rechazo total o bien hacia la aceptación total de algo.

La tendencia de la negación, el rechazo, nos deja encerrados en un perpetuo enfrentamiento con el otro, ese otro puede ser de otra religión, de otra cultura, de otro grupo, de otra tariqa, etc... La tendencia de la aceptación absoluta, encerrarnos en nosotros mismos, nos vuelve obcecados en nuestros conocimientos. Son dos aspectos de una opinión negativa, pero realmente una visión positiva, constructiva, es la que nos puede llevar a la la mejora y el desarrollo de nuestra condición de nuestro ser.

"La ignorancia" no es el opuesto de "el saber", hay un versículo del Corán que dice que la mayoría de la gente no sabe, ha olvidado el significado oculto de las cuestiones más sutiles. De hecho, nuestros conocimientos o nuestra ciencia pueden llegar a ser, si no van acompañadas de conciencia, como un velo que oculte nuestra ignorancia, el cual nos pone en un estado de ignorancia total, haciendo caso omiso de nuestra ignorancia real, es decir, reconocer y tener en cuenta la auténtica ignorancia. Por lo tanto, podemos decir que la ignorancia es el inconsciente, lo contrario de la conciencia.

El significado del verso del Corán que he mencionado antes muestra que la ignorancia es una especie de olvido, la separación de lo esencial y el cierre de la conciencia en la satisfacción superficial. Es un estado de sueño, de somnolencia y falta de memoria, lo que nos limita al exterior, hacia la dualidad del objeto temporal, y que es simbolizado por un círculo, el círculo de nuestro ego y la individualidad de nuestras pasiones y deseos, nuestra comprensión y el conocimiento de nuestro entorno y nuestra vida cotidiana con sus problemas y contradicciones. La conciencia es un despertar interior que se abre hacia la espiritualidad y nos conecta con nuestro Centro inmutable, infinito, como el Creador ha dicho en un hadiz qudsi: "Él creó a Adán por su imagen". Es decir, nuestra verdadera naturaleza, la dimensión universal latente en nosotros.

Si el hombre conoce el estado de sueño y lleva a cabo la regeneración natural al dormir, también conoce el estado de sueño espiritual, de pérdida de consciencia, olvido, y hay un verso del Corán que dice: "El hombre es olvidadizo". (La palabra "hombre" viene de la palabra "olvidar": nisiane). Pero si estamos más conectados con lo divino, el sueño (el olvido) se desvanece de este estado y se da lugar a ese despertar interior... Dios nos llama con urgencia a este permanente despertar, ese despertar a la vida).

Estamos llamados a superar nuestro estado de olvido, de parto, y abrirnos a nuestro centro, el ser espiritual interno en nosotros. Para ello, tenemos que superar todo lo que nos encarcela y nos limita a nuestra visión (nuestra individualidad, nuestro ego, nuestra experiencia, nuestros conocimientos, nuestros sistemas de valores) con el fin de abrirnos a la universalidad para nosotros. En la historia de Moisés (Sidna Musa, Aleihim salam), tenemos el símbolo y el ejemplo del hombre que lleva a cabo su búsqueda de la verdad, para deshacerse de sus logros, simbolizado en la historia por el bastón cuando se le ordenó abandonarlo: "¿Qué es eso en la mano derecha, Moisés?" Dijo, que "este es mi bastón, me apoyo en él y pasto mis ovejas, además me sirve para otros propósitos". Dios dijo "¡Moisés! Tírala". La tiró y he aquí, se volvió una serpiente arrastrándose. Dios dijo: "¡Tómala! ¡No temas! Vamos a llevarla de vuelta a su antigua condición".

A Moisés se le ordenó entregar el bastón, es decir, todos los conocimientos que recibio y usó en informar y persuadir. En otras palabras, debería deshacerse de este patrimonio cultural del ego y enfocarse en la apertura a lo universal, como la crisálida se transforman en una mariposa para emprender el vuelo. Desde el maestro que era, se volvería un servidor.

Para superar el conocimiento que hemos acumulado y nuestro sistemas de valores, debemos ser capaces de enfocarnos por completo en esta cuestión. Los que se aferran a sus ideas y en su pensamiento tienen una verdad definitiva y se encerraron frente a la trascendecia real. De hecho, este es sólo el yo que es más duro y tercamente orgulloso. En este interrogatorio, el hombre teme perder su personalidad y desaparecerel fruto del trabajo de los años, lo absoluto se confunde con lo desconocido. Para superar este miedo, Dios nos invita a la confianza.

Moisés, en ejecución real, se rinde a esta dimensión de la existencia. El palo realmente es una serpiente arrastrándose. Esta transformación implica que una vez vaciado completamente de los conocimientos adquiridos es revivido por la gracia de Dios y se convierte en conocimiento auténtico. La serpiente, símbolo de la medicina y de la farmacia, es a la vez el veneno y el suero. Este veneno, un símbolo de la perversión del alma puede ser transformado por el Conocimiento, la terapia del alma y la medicina necesaria para su purificación. Así, los conocimientos recibidos por Moisés tuvieron que ser transformados y absorbidos.

Cuando Dios nos pide que descartemos lo que tenemos es porque nos reserva lo mejor. Si estamos de acuerdo en renunciar a nuestros intelectos, se renuevan y se transforman en conocimiento interior. En otras palabras, si dejamos actuar a Dios en nosotros y por nosotros, este conocimiento crece y se vuelve activo. Pero, ¿cómo tirar el bastón? Si queremos ser guiados hacia la Luz, tenemos que aceptar, como él, la prueba de fuego. El que busca a Dios al seguir una educación tradicional y está conectado a las cuestiones de cercanía a Dios sabrá por qué y cómo lanzar el bastón. Al ver a la serpiente arrastrándose, Moisés tenía miedo. Pero Dios le mandó cogerla. La segunda transformación de la serpiente en un estado de palo significa que Moisés encontró la naturaleza del ser crítico que estaba en la "pre-eternidad".

Para ser posible esto, debemos pensar en la imagen de la copa debe ser vaciada para que pueda estar de nuevo llena. Aquí, el aprendizaje consiste en desaprender lo aprendido, consiste en el abandono y la omisión en la acción. Es cuando el hombre vuelve a la miseria, a la pobreza y a la simplicidad cuando se puede decir "no sé" (estado de vacío), en el cual se abre para recibir. El Profeta Sayidina Muhammad salalahu aleihi wa Salam, cuando recibe la orden del ángel Gabriel Aleihi salam, para que diga: "Lee" (por dos veces le ordena "leer", es decir, los dos primeros niveles de aprendizaje "Aprender de los sentidos y de la razón), respondió (dos veces asimismo): "No puedo leer", reconociendo su incapacidad para leer por sí mismo. Entonces llegó la orden (la tercera): "Lee en el nombre (o el Nombre) de tu Señor" y la lectura se hace no porque aprendiera de repente, sino por lo Divino. En esta tercera lectura, pasamos del conocimiento mediante la razón al conocimiento de lo divino, las cuestiones de Dios innatas en nosotros.

Lo Divino nos da lo universal, la correcta sensación al meditar en nuestro alrededor, e incluso el placer espiritual en nosotros y en todo, nos abrimos por tanto a toda la creación. La Presencia Divina (Al Hadra), nos transforma y se intensifica y confirma por nosotros, más amplificada y transformada en lo trascendental que existe arraigado en nosotros. La Presencia se convierte en el espejo de nuestra conciencia, y la referencia con lo que interactúa, lo que permite el desarrollo y crecimiento de nuestra verdadera naturaleza, la del Hombre Universal, o de la conciencia universal, que nos lleva de la conciencia limitada, el ego, a un nivel en el que se abarca todo el universo. Podemos decir que hay un vacío, que sumerge la conciencia en la luz, de modo que se convierte en luz. Cada vez más para llenar todo el espacio, sin la masa ni la densidad ni la temporalidad".

El camino está abierto hacia la universalidad, el camino de compartir, de la tolerancia, de la fraternidad y de la humanidad, el camino de la espiritualidad y la búsqueda constante para descubrir la verdad en sus muchos aspectos y diferentes caras, con el fin de disfrutar compartiendo las alegrías de la vida y lo divino interminable.

El Sheij Sidi Khaled Bentounès "El Hombre en la luz del Corán".
Traducción al castellano: Omar Al Galliqi

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