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Cinismo sin ambages

Estados Unidos no encuentra ningún inconveniente en declarar su objetivo de presionar a los países del Consejo de Seguridad para que voten en contra de la solicitud palestina

26/09/2011 - Autor: Yusef Navarrete Asri - Fuente: Webislam
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Mahmud Abbas solicita a la ONU adhesión como Estado.
Mahmud Abbas solicita a la ONU adhesión como Estado

Tras varios días de total protagonismo del problema palestino en la escena política internacional, finalmente Mahmud Abbas entregó en mano al Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, la tan cacareada solicitud que insta al organismo internacional para que las naciones que lo componen voten la adhesión de Palestina como estado miembro de pleno derecho según las fronteras de 1967.

Llega a la meta después de haber pasado por una semana de declaraciones para todos los gustos, y tras armar el revuelo característico que suelen lograr quienes evidencian un fallo, una contradicción fatal en el sistema que obliga a los interesados en que siga en pie a repararlo o, en su caso, y que siempre sale más barato, tapar sus incoherencias del modo que sea. Hablamos, claro está, del sistema global representado por organismos internacionales tales como ONU, Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, entre otros, que hacen las veces de herramientas que las potencias utilizan a su antojo para llevar a cabo sus designios imperiales y dirigir las riendas del mundo. Decimos que la solicitud de la Autoridad Palestina evidencia claras contradicciones, porque son los países que durante los últimos meses han mostrando su apoyo a los pueblos árabes los que han salido a la calle para reclamar derechos y democracia, precisamente los mismos que ahora reniegan del derecho legítimo del pueblo palestino a ser miembro de la ONU.

Y lo mejor, sin duda viene de la mano del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, quien todavía en su último discurso ante la ONU seguía haciendo mención a la lucha de los pueblos por sus derechos y libertades, mientras, al mismo tiempo, y haciendo gala de la hipocresía más desvergonzada, soltaba perlas como “la paz no llegará a través de declaraciones y resoluciones de la ONU, si fuera tan fácil, ya se habría logrado”, o “el compromiso de EE.UU. con la seguridad de Israel es inconmovible, y nuestra amistad con Israel es profunda y duradera”, sin hacer ninguna referencia a las condiciones en las que los palestinos se ven obligados a vivir día a día, la necesaria paralización de los asentamientos israelíes en suelo palestino (el que aún les queda, se entiende), los excesos de Israel o las fronteras de 1967, que en mayo proponía a ambas partes para reanudar las negociaciones. Sin hablar del cinismo de la administración estadounidense que, desde principios de setiembre, anunció que vetaría en el Consejo de Seguridad un hipotético Estado Palestino, por razón de que ello "abriría la puerta para que pudieran acusar a Israel por crímenes contra la humanidad ante la Corte Penal Internacional".

Sí, gracias al fantástico mecanismo democrático del poder de veto que poseen los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido), será completamente imposible que las esperanzas de la Autoridad Nacional Palestina, y de una parte muy importante de palestinos a los que representa, sean alcanzadas.

En ese cinismo sin ambages, Estados Unidos no encuentra ningún inconveniente en declarar su objetivo de presionar a los países del Consejo de Seguridad para que voten en contra de la solicitud palestina, que necesita 9 de los 15 votos a favor para que siga adelante siempre y cuando no obtenga el veto de ninguno de los cinco países miembros permanentes. El motivo, como ellos mismos manifiestan, es agotar todos los recursos antes de echar mano al veto porque, según dicen, su uso provocaría daños en sus relaciones con los países árabes. Vamos, que ni Kafka hubiese podido imaginar una situación más absurda: declaran sus intenciones, pero hacen todo lo posible por dejarlo como último recurso para que el mundo no vea en Estados Unidos al culpable directo de frustrar las modestas aspiraciones palestinas. ¿Y? ¿Cambia algo? Pues sí. Por muy absurdo y kafkiano que parezca, hay una diferencia lo suficientemente sustancial para poner todo el esfuerzo posible con tal de no llegar a ese extremo: que Estados Unidos tuviera la intención de, siempre quedaría en el aire y sería fácilmente olvidable; pero en el caso de que tuviera que utilizar el veto, su imagen se vería irremediablemente manchada y su acción, guardada para siempre en la historia.

Pero este tipo de cinismo descarado no es exclusivo de Estados Unidos. La UE, por su parte, también aporta algo a esa extraña y desvergonzada forma en la que las potencias actúan cuando son desveladas sus contradicciones. El objetivo es el mismo: evitar que la ANP lleve a Israel ante la Corte Penal Internacional. Esta vez estudiando algún modo en el que Palestina no pudiera recurrir a la CPI o, al menos, tuviera retrasado ese derecho.

¿Y qué decir del discurso de Netanyahu ante las Naciones Unidas por motivo de la solicitud de la ANP? El adjetivo de cínico le queda pequeño, produciendo sus palabras náuseas por su vil forma de relacionar constantemente Islam y terrorismo, y sacar a la palestra como siempre a Irán y sus ambiciones nucleares. Como resumen de un discurso indigno y despreciable, cabe destacar la masturbación sobre la paz en la que se enfrasca, y que no puede sino ofender a cualquier persona con un mínimo de humanidad y conocedora de lo que se dedica a hacer Israel con sus guerras preventivas y sus vendettas al estilo bíblico: “He venido aquí para hablar de la verdad. La verdad, es que Israel quiere la paz; la verdad, es que yo quiero la paz …. La verdad es que los palestinos se han negado a negociar; la verdad, es que Israel quiere la paz con el Estado Palestino, pero los palestinos quieren un estado sin paz; y la verdad es que vosotros (dirigiéndose a los países que componen las Naciones Unidas) no deberíais dejar que eso pase”. No hace falta mencionar que las negociaciones, como este palabrerío vacío sobre la paz, fueron una buena ocasión que Israel y Estados Unidos aprovecharon para lucirse y limpiar un poco su imagen un tanto deteriorada para, como siempre, no ceder un solo ápice y acabar echando la culpa a los palestinos por el fracaso del diálogo.

Israel sabe bien que el factor tiempo juega a su favor y por ello lo utiliza, pues una vez que transcurra un tiempo determinado, será inútil que los palestinos intenten recuperar su territorio, ya sea el ocupado en el 67 o aquél que los colonos sionistas les usurparon durante la primera mitad del s. XX. Los palestinos también son conscientes de ello, y cada vez se hace más evidente que tendrán que soportar la humillación de la Nakba y luchar porque sea reconocida una Palestina conforme a las fronteras del 67, pues hoy por hoy es la única solución viable habida cuenta del tremendo poderío militar que Israel y Estados Unidos poseen. De modo que el movimiento palestino en la ONU, a pesar de ser inútil porque por desgracia se trata de un organismo diseñado para ser usado en favor de los países que detentan el poder, como emblema y estatus que abre la puerta a otras alternativas, es imprescindible de cara a intentar lograr al fin un estado en el que los palestinos puedan vivir libremente como cualquier otro pueblo, aunque sea conformándose con las migajas que les dejaron en 1947 precisamente las Naciones Unidas. Y a pesar de que en realidad sea una herramienta del sistema global creado por el Imperio, a veces hay que jugar con las cartas del enemigo para lograr una mano.

Lo vimos en el genocidio en Gaza durante la operación Plomo Fundido, y lo volvemos a ver ahora: un cinismo que descubre una vez más que el sionismo o la simpatía por esta ideología infesta tanto a Estados Unidos como a la UE, condicionando por completo su política en Oriente Medio. Da igual que quienes son o sienten simpatía por el sionismo sean judíos o no, porque se trata de un proyecto que va mucho más allá de lo que pueda ser el Estado judío. Lo que más sorprende es que los ciudadanos de este mundo que se ha dado por llamar Occidente, con contadas excepciones, no muestren su indignación cuando se hace tan evidente la actitud cínica, insultante e imperialista con la que actúan sus dirigentes. Será porque Palestina es un lugar muy lejano que no afecta a nuestras vidas; lo cual, por otro lado, no deja de ser ignorante desde el momento en que Palestina es el termómetro del mundo, zona de pruebas y lugar en el que se miden las reacciones de la sociedad ante la violencia del aparato represivo; avanzadilla occidental para paralizar el progreso de los países en la región y mantener el dominio sobre sus recursos, y grifo cuya apertura y cierre regulan el odio y miedo que circulan en gran medida por el mundo, indispensables para controlar la sociedad. Pero lo más importante de todo, que por lo visto muchas personas aún no ven, es que los palestinos son la resistencia al poder; una barricada en medio del desierto; el no, no, no pasarán. Y mientras sigamos sin echarles una mano sin importar si somos árabes, musulmanes o ni una cosa ni la otra, sino simplemente seres humanos nobles y honrados, estaremos siendo tremendamente injustos con los últimos grandes héroes resistentes y guerreros de la humanidad. 


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