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En el desierto

Reflexiones en el abandono

17/09/2011 - Autor: Yusuf Nava - Fuente: Webislam
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Puesta de sol en el sahara occidental
Puesta de sol en el sahara occidental

No podemos decir que la muerte nos toma por sorpresa porque desde que tenemos uso de razón sabemos cómo acabará nuestra vida. Se habla de la muerte de los otros, pero no de la propia, a la que muchos piensan en burlar. Sin embargo nos es imposible añadir una sola fracción de segundo a nuestro tiempo en la tierra.
No podemos decir que el amor es fácil de encontrar porque es el sentimiento sobre el que más se habla y menos se comprende. Y somos superficiales en su definición y aceptación.

No podemos decir que la amistad entre los seres humanos se construye con facilidad porque es una cualidad esquiva que se adentra en el laberinto del ego. Se habla de amistad pero es difícil la verdadera amistad.

No podemos decir que la crisis económica es producto de la mala gestión de nuestros políticos, porque nosotros mismos ahondamos en las injusticias sociales, la acumulación de capital y el egoísmo con el trabajo. Somos coautores de la crisis, igual que somos coautores de todos los males que nos afectan.

No podemos caminar por la vida como si el mundo no nos afectara, y mirar para otro lado ante el sufrimiento de tantas personas porque esta indiferencia ya es causa de más sufrimiento.

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Ahora tengo la fuerza del león y la determinación del atleta en la competición. Sé que mi meta es el abandono en la Divinidad, y para ello necesito ejercer la voluntad hasta sus últimas consecuencias. No es cuestión de ser pusilánimes en este momento de la historia humana. Son demasiados los hechos que diariamente nos enfrentan a nuestra propia conciencia, y muchas veces permanecemos hipnotizados con las noticias que se nos presentan como mercancía de usar y tirar. No queremos volcar nuestro potencial humano en cambiar el mundo, o lo hacemos movidos por una solidaridad enlatada y convenientemente exportada en formato de ong. Pero nos faltan las agallas para romper con esta modorra social. Somos conformistas y sólo llegamos a la protesta callejera en su formato postmoderno, cuando comprobamos cómo nuestro poder adquisitivo se ha reducido un punto. Aquí empieza y acaba todo. Las movilizaciones sociales se enmascaran bajo el denominador de "revoluciones" pero no son más que hábiles estrategias sociales puestas en marcha por hábiles creadores de opinión. Mientras tanto el mundo languidece y es abrasado por la desidia, la rutina para crear paz y guerra, y la habilidad para presentarnos como bienestar lo que no es más que dejadez.
Por tanto, cabe decir que la única salvación posible es la que anunciaron todos los profetas. Pero ello implica ser arrojado al circo de los racionalistas y postmodernos que se amparan en el método científico para intentar demostrar la estupidez de la religión o lo irracional de creer en Dios. Sin embargo, el tiempo se acaba, y esta historia de la raza humana llegará a su fin, porque así está escrito y anunciado. No puede sorprendernos. He aquí la grandeza de la Creación.

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Profesar la fe en un único Dios implica resolución, decisión y coraje para ir en pos del Amado. Cuando los escollos del ego y las circunstancias sociales nos alejan del camino, entonces nos sumergimos en el abismo del pecado; es decir, nos separamos de la intención correcta, eludimos la ley de Dios para enfangarnos en la ley de los hombres, creamos otros dioses y los veneramos. Establecemos así una separación con Aquel que nos ha creado. Pero precisamente por esta debilidad de nuestra naturaleza, también tenemos la posibilidad del arrepentimiento y el retorno. Dios siempre nos acoge. Dios siempre nos perdona.

En el cristianismo hay tres criterios para obtener dicho perdón:

a) No continuar con la mala acción.
b) Dolor del corazón por dichas acciones.
c) Propósito de enmienda.

Curiosamente el Islam también proporciona unos criterios similares, en lo que es conocido como "tawba", es decir, regresar del mal hacia el bien. Estos son:

a) Abandonar la mala acción completamente.
b) Entristecerse y dolerse por haber hecho la acción o acciones.
c) Tener el firme propósito de no volver a caer en ellas.

Se trata, por tanto, de una ruptura radical con las acciones perversas, que pueden ser de muy distinto signo y calado, e incluso importancia. Esta decisión se toma por el malestar que supone para el creyente el alejamiento de Dios y por la injusticia que representa, pues a Aquel que nos da la vida y nos señala el camino nosotros le respondemos con la violación de sus normas, y por ello, en paralelo, este alejamiento implica ser injustos con nuestros semejantes. Volver a Dios conlleva ese arrepentimiento, pero no como un ejercicio pusilánime del intelecto, sino como un verdadero ejercicio de superación de obstáculos. No se trata de cumplir la Ley a ciegas, sino que tenemos que hacer de ella un método para nuestra vida. Por esta razón, los criterios van, inicialmente, en la línea de la introspección y el diálogo con uno mismo. Yo me sitúo frente al mundo y frente a mí y me recrimino aquella conducta que me ha desviado del camino. Decido, de forma plena y consciente, abandonar la acción incorrecta. No demoro la decisión, no trato de jugar con mi destino, pues sé que Dios me puede llamar en cualquier momento. Pero esta decisión, para ser plena, implica dolor, sufrimiento por el escándalo que produce mi pecado, soy consciente de la ruptura que representa mi conducta y asumo el propósito de alejarme del mal, de no repetir la acción, de purificarme para evitarla, de fortalecerme. Se trata de dar la espalda al mal, al mundo del engaño, al ego que me traiciona y volver mi rostro al esplendor y luz que emanan de Dios. Así reconozco mi error, la falsedad de mis actos y me convierto. Es el acto del arrepentimiento sincero, absoluto y confiado.

El Sagrado Corán señala repetidamente esta necesidad de convertirnos continuamente, pues por nuestra naturaleza humana, pecamos con frecuencia. Así, podemos leer:

“¡Oh creyentes, volvéos a Dios (todos) en arrepentimiento, para que alcancéis la felicidad! ” (La Luz /31)

“Pedid perdón a vuestro Sustentador por vuestros pecados, y luego volveos a Él arrepentidos y Él os concederá un excelente disfrute de la vida” (Hud /2)

“¡Oh creyentes, haced tawba de forma sincera y correcta!” (Lo Sagrado /8)

Por otra parte, los hadices del profeta Mohammed (sws), reflexionan largamente sobre el arrepentimiento y el retorno a Dios. Por ejemplo, en un breve relato de Muslim, podemos leer:

“¡Oh hombres, girarse a Dios y pedidle perdón, pues yo Le pido el perdón cien veces al día!”

O este otro, relatado por el mismo autor:

“La alegría de Allah con el arrepentimiento de su siervo, cuando se vuelve a Él, es mayor que la de uno de vosotros al que, estando en una tierra desierta, se le escapa la montura con la comida y el agua. Desesperado y desistiendo de ella, se echa a la sombra de un árbol. Y mientras se encuentra allí aparece su montura en pie junto a él y agarrándola por las riendas, en vez de decir: ‘¡Oh Allah, Tú eres mi Señor y yo soy tu siervo!’ dice: ‘¡Oh Allah! Tú eres mi siervo y yo soy tu señor’. Erró por su inmensa alegría.”

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Espero en la tarde la caída del sol, los últimos rayos del día que me proporcionan la visión del mundo que amo. No quiero romper las ataduras de la mortalidad, sólo dejarme llevar en cada momento por los deseos del Creador. La hora de la oración se aproxima, aunque en verdad la oración ha de ser continuada en el tiempo. Así las cosas, la noche, el día, otra vez la noche, no son sino una sucesión ininterrumpida de eventos sin importancia. Estar en la plenitud de la Divinidad y olvidar el tiempo. Esta es la oración.

Veo cómo los hombres y mujeres se afanan en sus quehaceres cotidianos, y de vez en cuando alzan la mirada hacia el horizonte para pensar que quizá el mundo es un lugar verdaderamente único y fantástico. Y lo es, por muchos que sean los problemas y circunstancias que contribuyen a hacernos sufrir. Pero puesto que todo lo que acontece en este universo conocido no es otra cosa que la voluntad de Dios, debemos darle gracias por la totalidad de sucesos que acontecen en el discurrir diario.

http://www.yusufnava.es

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