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Apostemos por la Amistad y el Respeto entre los Pueblos

Confieso que el 10º aniversario del atentado de las Torres Gemelas de Nueva York no ha pasado inadvertido para mí

16/09/2011 - Autor: Kamal Al Nawawi - Fuente: Webislam
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El miedo se adueñó de todos nuestros potenciales clientes, incluídas las instituciones nacionales e internacionales que solían contratarnos como a
El miedo se adueñó de todos nuestros potenciales clientes, incluídas las instituciones nacionales e internacionales que solían contratarnos como a

 Confieso que el 10º aniversario del atentado de las Torres Gemelas de Nueva York no ha pasado inadvertido para mí, ni creo que para la inmensa mayoría de los habitantes del Planeta -incluídos quienes profesan la religión del Islam, entre cuyas filas han caído inmensamente más víctimas que las del propio atentado- debido a circunstancias socio-económicas bélicas y políticas que todos podemos analizar si seguimos las noticias que se producen en este Planeta con un mínimo de atención y periodicidad.

Personalmente, este último año ha sido especialmente triste debido a la pérdida de algunos seres queridos, incluyendo al más querido de los seres: mi madre; ese ser que el Islam me enseñó a amar, respetar y venerar ("tres veces más que al padre") porque, como creyente,  comparto que "el Paraíso está debajo de la planta de sus pies", al seguir sus pasos por esta Tierra y extraer enseñanzas de ellos. La Madre, cuya representación en forma de "Virgen con el Niño Jesús" fué la única imagen que el Profeta del Islam exceptuó de la eliminación de ídolos de la Sagrada Kaaba, en La Meca. Esto hizo, a pesar de que la Fé Unitaria del Islam observa la posibilidad del perdón de cualquier pecado en el que pueda incurrir el creyente, excepto el de la Asociación de Al-láh (Dios) con otra (pretendida) "divinidad". Él inspiró al profeta Muhammad (Paz y Bendiciones sean con él) para respetar este símbolo de la Vida y del Amor; vida y amor que provienen de Él.

Vivir el calvario de la enfermedad incurable y la larga agonía del más querido de los seres me ha enseñado más que pasar por las aulas de mi querida Facultad de Medicina y las salas de los hospitales donde desarrollé mis prácticas clínicas y mi voluntariado en Cruz Roja Española y Media Luna Roja Internacional. Y es ese plus de compasión vivido en primera persona -que siente el hijo más que el médico que mi madre quiso que fuera- el que me empuja hoy a vencer la natural reserva a abrir de par en par las puertas y ventanas de mis vivencias, reflexiones y emociones de los últimos años, aplastadas por la magnitud de la situación familiar.

Conforme a la educación que recibí de mis padres, familiares y profesores (musulmanes en su mayoría, pero también católicos y de otras confesiones minoritarias. Muchos de ellos españoles que residían en Marruecos), la Paz es el Bien Supremo. A la sombra de esa Paz puede crecer el Amor y el resto de las manifestaciones de Humanidad. El respeto a la Vida y la integridad física y psíquica de las personas (e incluso de los animales, aunque no se les reconozca una "psiché") es el Camino de la Humanidad, de la Paz y del Amor. La falta de respeto por la integridad física y psíquica del otro es el resultado del odio y el preludio de los conflictos armados y la muerte.

En el día de hoy reitero mi convicción de que no se puede ser musulmán (ni creyente en ninguna otra religión que merezca tal nombre) y a la vez atentar contra la vida de inocentes civiles desarmados, quienquiera que sean, mientras al menos no hubiere mediado una agresión similar en sentido contrario. Este principio es aceptado por todos los códigos de Derecho Humano y Divino (aunque una lectura superficial de los Libros Sagrados de Judaísmo Cristianismo e Islam parezcan permitir lo contrario). Las religiones a lo largo de la Historia de la Humanidad han tratado de educar al hombre para convivir en Paz y Armonía y respetar al prójimo. Y en los episodios de violencia e injusticia, han tratado de proteger al hombre de sus bajas pasiones y de las de su prójimo inculcándole unos valores éticos sagrados.

He tenido la inmensa fortuna de vivir de cerca que uno de esos seres queridos que nos abandonaron en este último año, Mansur Escudero (con quien colaboré profesionalmente) expresara con una histórica fatwa esta firme convicción.

Fué en presencia de mi madre y durante mi adolescencia cuando uno de mis tíos, retornado de los EEUU después de acabar su andadura profesional como militar estadounidense me regaló un "pin"con las banderas de Marruecos y EEUU. Este pequeño recuerdo ha estado siempre presente entre mis fetiches de aquella época como símbolo de la amistad entre ambos pueblos y los lazos históricos que los vinculan desde aquellos lejanos días en que la futura gran potencia lograba su independencia y establecía sus primeras relaciones diplomáticas con un Reino de Marruecos que sigue siendo uno de sus mejores aliados en la región norteafricana.

En mis años de universitario logré hacer amistad con estudiantes norteamericanos e incluso pensé en la posibilidad de acabar mis estudios y trabajar en los EEUU, hasta que ocurrió la catástrofe... Pocos meses antes, estando de gira musical en Japón, un suceso sin importancia llamó mi atención. Justo al desembarcar del avión y pisar tierras niponas, unas exageradas medidas de seguridad de las que fué víctima un músico compatriota y sufrimos todos los compañeros en ese vuelo, al perder el siguiente, indicaban ya un nivel de alerta que preludiaba los tristes atentados que al poco tiempo se materializaron. Nunca desde entonces volví a trabajar fuera de las fronteras españolas. El miedo se adueñó de todos nuestros potenciales clientes, incluídas las instituciones nacionales e internacionales que solían contratarnos como artistas.

Desde entonces tampoco hemos vuelto a sentirnos como antes, al irse hilando alrededor nuestro un nuevo e invisible cerco de falsedades, difamación gratuita e intereses creados que se convirtieron en insultos a nuestra fé, marginación, Islamofobia, racismo, xenofobia, fascismo... El resultado a nivel mundial es el que ya conocemos y sufrimos todos, abocados como estamos a una crisis económica galopante, que se convierte en hambruna en los países más desfavorecidos y en una regresión mundial en lo que respecta a los derechos democráticos cuyo garante y máximo defensor a nivel mundial eran precisamente los EEUU.

A pesar del inmenso dolor que nos embarga hoy al ver a los familiares de las víctimas en la Zona Cero, vislumbramos en el horizonte el nacimiento de diminutas luces de esperanza que brotan de la madurez que nos han brindado estos últimos diez años, al enfrentarnos a otros fantasmas que nos amenazaban como especie y que se han ido materializando poco apoco. Ante esta realidad nos veremos obligados a trabajar codo con codo, cada vez más conscientes de que nuestro destino es compartido. Cada vez más conscientes de las verdades sagradas que transcienden los fatuos intereses que se irán disolviendo por sí  mismos.

Solo nos resta pedir y esperar que el odio que otros han sembrado entre las mujeres y hombres de esta bendita Tierra se convierta en un sentimiento de hermandad inspirado por la adversidad compartida. Renunciemos a la violencia de todo tipo y estaremos obligando a los poderes fácticos ocultos a renunciar a los métodos del enfrentamiento y la división como salida a las crisis que hasta hoy han atenazado y esquilmado a la Humanidad, muy a pesar de los humanos. Apostemos por la Amistad y el Respeto entre los Pueblos.

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