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El hiyab

No debemos olvidar nunca que el espíritu no tiene sexo, no hay distinción, solo la piedad y el conocimiento nos dará la diferencia

06/09/2011 - Autor: Fanny Ochoa (Asiah) - Fuente: Blog Fanny Ochoa
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La mirada interior (Serigrafía de Hashim Cabrera)

Sobre el tema de la mujer y especialmente el hiyab no es sano para Occidente y el Islam seguir utilizando a la mujer como instrumento de una batalla en que la única perdedora es la misma mujer sea musulmana o no. Occidente que pretende demostrar que libertad es sinónimo de vestir o desvestir y el Islam porque sigue mostrando una mujer tapada y alejada del devenir y desarrollo de sí misma, de su familia y de su país y aislada en las imposiciones patriarcales y el manejo de estatutos jurídicos de familia, más que en el cumplimiento de las leyes islámicas.

El tema del hiyab debe verse reflejado en el derecho a la diversidad cultural y a la libertad de conciencia y no en un discurso en que ambas partes – occidente y el mundo islámico – se colocan a la defensiva. Temas como el del hiyab y la mujer deban ser revisados con base en un diálogo en donde las partes revisen los esteriotipos que cada uno maneja: información anteislámica de parte de Occidente y marginalización de la mujer de parte del Islam por miedo a ser contaminada.

Desde la posición laica-occidental, el hiyab y la modestia no forman parte del proceso espiritual de una persona y la percepción que se tiene del hiyab no es la misma que se tiene en un país de mayoría islámica que por tradición hace uso de él.

En el desarrollo del sistema global occidental hay una fuerza que jalona las demás. Es la economía del mercado y en el caso particular del vestuario, hay una moda cambiante creada constantemente para mantener la necesidad de consumismo, especialmente por parte de las mujeres. Bajo la premisa anterior, el hiyab y el concepto de modestia son vistos como un sinónimo de atraso ya que la globalización del mercado pretende que todas y todos nos acojamos a los dictados de la moda del momento. Esta situación particular de la mujer en Occidente la aleja de un análisis claro sobre las consecuencias de su procedimiento en la familia y en la sociedad y ella misma se vuelve un objeto comercial.

Pero la pregunta es cómo debemos proceder en una medio en que como mujeres musulmanas vivimos y hacemos parte de la sociedad? Acaso debemos hacer un enfrentamiento abierto y de polarización para hacer respetar nuestro punto de vista? Cómo evitar que las mujeres musulmanas que usan el hiyab no sean marginadas del estudio, trabajo o sociedad? Pero también cómo evitar la marginalización de la mujer musulmana que durante siglos se ha hecho en nombre de lo sagrado?

“Parece ser que la mujer musulmana fue al final víctima de un doble despotismo: el de un sistema político autocrático - verdadera plaga de las sociedades islámicas - y el de un sistema cultural patriarcal, verdadero poder autoritario muy arraigado en las poblaciones de esta región. Son estos dos poderes absolutos los que han acallado a la mujer durante siglos y con ello se asistirá impasiblemente a una regresión irreversible del estatuto de la mujer en el nombre del Islam y que por supuesto no harán más que empeorar con la decadencia de esta civilización. Si esto se añade el choque del encuentro con la colonización occidental se comprenderá fácilmente la amplitud de los daños devastadores sobre la mujer y cuyos efectos traumáticos son perceptibles hasta hoy en día.” 1

Esto hizo que el mundo musulmán por querer protegerse del colonizador encerrara a la mujer y Occidente reflejó ese encierro especialmente en el vestuario y uso del hiyab que se ha mostrado como encierro y negación de los derechos de la mujer.

Pero volvamos al caso particular de la mujer musulmana en sociedades laicas – occidentales que va a rechazar la liberación predicada por el modelo femenino occidental. Pero que también va a rechazar la imposición de los modelos que nos llegan de países islámicos. Una mujer que sabe que cada cultura tiene su vestido y sus tradiciones y en la cual debe interactuar como persona, como profesional, como mamá educadora y como generadora de valores espirituales. Es a esta mujer a la que debemos ayudar a preparar para que podamos ir abriendo camino en que el Islam sea aceptado y ante todo respetado. Es la mujer musulmana que al estar inmersa en la sociedad occidental la defiende porque no tiene los perjuicios de ver un modelo exclusivamente colonialista. Pero que vive con el temor de ser considerada una traidora del sistema islámico porque no quiere seguir cayendo en el enfrentamiento Islam-Occidente, en donde la mujer musulmana termine nuevamente en la mitad del debate como hasta ahora ha pasado solo porque nos hemos atrevido a postular que se debe trabajar por un Islam aplicado a nuestras culturas.

Por lo expuesto anteriormente considero que el camino debe ser revisado y replanteado ya que las sociedades en que vivimos son ante todo multiétnicas, multiculturales, multireligiosas y la interculturalidad es tal vez el mejor camino a seguir. Trabajos como el diálogo interreligioso debe ser de obligatoriedad para las comunidades islámicas occidentales. Solamente así nos conoceremos y podremos superar tantos prejuicios y podremos incorporarnos, no aislarnos, para aportar al desarrollo de nuestras sociedades.

La experiencia nos ha demostrado que el diálogo es posible cuando hay reconociendo mutuo, no solo tolerancia.

Dijo el Imam Ali(P): "Tanto la derecha como la izquierda son desviadoras. El camino medio es el correcto". 2

Sabemos eso sí, que tenemos un trabajo infinito en nuestras sociedades, un trabajo en que conceptos como la modestia sea la virtud que modera, templa y regla las acciones externas. Una modestia que primero debemos introspectar en nuestra mente, en nuestro espíritu y luego podemos trasladar a lo externo, a nuestro vestuario. Pero que debe acogerse al principio que plantea el Islam de que:

“Es posible abstenerse de ambos extremismos y elegir una solución intermedia. De esta forma, el Islam permanece como conductor en todos los aspectos de la vida, asumiendo literalmente las modernas transformaciones y las nuevas necesidades del ser humano tanto individual como socialmente. Esto es así porque la Shariah islámica, si bien se fundamenta en elementos inmutables, se distingue por la característica de poder ser aplicada en los diferentes y cambiantes aspectos de la vida.

Resulta claro que esta última tendencia, es el único camino para librarse de los aspectos negativos de los dos extremismos mencionados. Este es el sendero general de la religión islámica como Allah, engrandecido sea Su nombre, lo expone en el Corán: "Y de este modo hemos hecho de vosotros una comunidad moderada, para que seáis testigos de los hombres y para que el enviado sea testigo de vosotros".3

Así que se hace necesario que nos saquen de la mitad, del enfrentamiento que seguimos teniendo y nos permitan ubicarnos en la realidad que estamos viviendo ya que tampoco podemos caer en el extremismo de pensar que el vestuario de una musulmana que no se acoja a los patrones de tradición islámica, como el uso del hiyab, es una mujer desviada o enemiga. No podemos caer en el error de llevar el hiyab como la forma, como lo externo en el afán de demostrar el crecimiento del Islam en nuestras sociedades; no podemos caer en el error de aislar a la mujer musulmana de su desarrollo personal y social repitiendo y apoyando un espíritu machista que se ve incluso en los países más desarrollados del mundo ya que nos estamos quedando en una discusión de forma no de la esencia del Islam. Hay que hacer camino; camino que siempre es lento pero seguro. Hay que pensar qué es lo que nuestras sociedades pueden asimilar primero del Islam, en que nos parecemos en los planteamientos religiosos. Por ejemplo, Colombia es una nación cristiana, de mayoría católica, por la tanto, creemos en el mismo Dios. Hay que ahondar en el trabajo de reconocer que no hay más que un solo Dios, para luego continuar un diálogo intercultural y llegar a la aceptación de que el profeta Muhammad (p.b.d) es el último mensajero, el sello de los profetas. Estos principios son la apertura a un camino de respeto y reconocimiento; no debemos empezar por la forma, por lo externo, por el vestuario y menos trasladar los elementos culturales y tradicionales de otros países a nuestra cultura, ya que es precisamente las tradiciones y la cultura propias las que debemos respetar para que no nos mostremos antagónicos sino integradores.

Pero esto no quiere decir que virtudes como la modestia sean dejadas de lado, solamente que debemos contextualizarlas y escoger el mejor camino, el del medio, no el de los extremismos, el de ver quien gana, en contra de la mujer que pasa a ser la única víctima de este batalla.

El concepto de hiyab debe ser usado en su esencia como protección en las que las capacidades espirituales, intelectuales y físicas mantengan un equilibrio en que se vea beneficiada la sociedad y la familia. Un uso que aluda a utilizar un atuendo recatado y que pueda sustraer a la mujer de la mirada del hombre, especialmente desde la sexualidad. La moral de la mujer musulmana se ve en sus actos, en el modo de vestirse, de hablar, etc.

Ya para concluir, permítanme recalcar en la necesidad de que nos saquen de la instrumentalización política y antagónica que nos han dado. Normalmente cuando leo algún artículo sobre la mujer musulmana y el hiyab, siempre me encuentro con un discurso de choque en que se demoniza Occidente. Pero olvidan que ojalá, todos pudiéramos vivir en un país islámico, pero no cabríamos, por lo tanto, nuestra realidad de vivir en una sociedad laica—occidental nos obliga a trabajar más fuerte que tal vez en otros lugares y nos obliga a reconocernos como parte de un mundo multicultural en donde debemos dar ejemplo de convivencia y sociedad.

“Pero igual que no se puede obligar a ninguna musulmana a llevar el hiyab, ninguna musulmana puede sentirse liberada por no llevar el hiyab. Occidente ha hecho presa en un atuendo tradicional de los países islámicos y lo ha ideologizado, y nosotros hemos entrado en el juego. Tan absurdo es el espectáculo de las manifestaciones de mujeres egipcias vestidas a la occidental como el suplicio cotidiano que tienen que soportar las mujeres musulmanas cuando se visten de un modo extraño a los habitantes de las tierras donde son minoría. El hiyab es -literalmente- "protección"; no escándalo, ni bandera, ni motivo para ser arrinconados en un guetto. Si el hiyab te protege es "hiyab"; si no te protege pierde su sentido. El Islam siempre se distinguió de otras creencias por su cordura, y debemos tener cordura para dejar que nos facilite la vida en lugar de complicárnosla distrayéndonos de lo importante.” 4

“En realidad, pienso que hay que quitarle la importancia que se le está dando al pañuelo. Es una vestimenta más, es opcional, como el que se quiere poner corbata. Cuando se le reste esa importancia que se le está dando, entonces ya hablaremos de multiculturalidad.” 5

Porque no debemos olvidar nunca que el espíritu no tiene sexo, no hay distinción, solo la piedad y el conocimiento nos dará la diferencia.

Assalamu aleikum. 

Bibliografía:
1. El Vestido Islámico por Morteza Mutahhari, traducido por Dr. Muhammad Alí Alzandúa-Morales.
2. Términos clave del Islam por Yaratul-lah Monturiol. Edición en español: Junta Islámica, 2006. Centro de Documentación y Publicaciones Islámicas.
Notas
1 WebIslam.com Pagina 5 de 10
2 Nahyul Balaghah / P.58 (en la ordenación de Subhi As-Salih).
3 El Islam y los Requerimientos de la Vida Contemporánea desde el punto de vista del maestro mártir Morteza Motahhari Por el Shaij Muytaba Al-Mahmudi. Traducción del árabe: Shaij Feisal Morhell
4 Abdelwahid Houri. 9 de marzo de 2001 (http://www.webislam.com/numeros/2001/03_01/Articulos%2003_01/Preguntas_islam.htm)
5 "El hiyab es para mí un símbolo de libertad" Salima Abdesalam. (www.webislam.com/?idt=6164)

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