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Sobre los contenidos del Corán

El Islam de nuestros abuelos, capítulo 6

24/08/2011 - Autor: H. S. Sa´îd b. Aÿiba al Andalusí - Fuente: Webislam
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Ejemplar del Corán
Ejemplar del Corán

Muhammad se enfrenta a la labor de reorganizar de forma comprensible, y de reunificar en una sola comunidad de fe, la debacle ideológica imperante en su entorno, la Península Arábiga.

Muhammad (p.b.) se considera sucesor de la tradición Abrahámico Sinaítica y sello de la profecía, por lo tanto no pretende iniciar una religión nueva, como algunos han dicho. Su propósito es el de recuperar la sencillez de la tradición profética con vocación de Universalidad y presentarla ante la mentalidad, todavía tribal, del naciente pueblo árabe, con la consiguiente dificultad que, esto, debió de suponer para él.

La forma de entender Islam como “religión nueva”, y en franca oposición al resto de las religiones abrahámicas, es un suceso posterior al Profeta.

En el desarrollo de su labor promulga la revelación Coránica, compendio de los Profetas y marco del estatuto político, social y religioso capaz de organizar la Umma, la comunidad de nuevos creyentes. Así fundamenta los inicios de la nación árabe, un pueblo y una sola fe en el respeto hacia otras confesiones, que posteriormente se extendería a otros países, otros continentes.

Algunas de las prescripciones del Islam ya existían anteriormente en el antiguo Egipto, entre el pueblo judío ó entre las tribus árabes pre-islámicas.

Por ejemplo; las siete vueltas en torno a un lugar sagrado, las inclinaciones corporales en la oración, las abluciones de purificación ritual, la peregrinación menor a la Kaaba durante el séptimo mes lunar –umra-, y la peregrinación mayor –hayy-.

Para estas peregrinaciones era costumbre llevar animales adornados para el sacrificio, desde el undécimo a los primeros meses del año lunar, etc.

El Qorân no se precia de ser un libro cuyo contenido sea único y excepcional, sino que se presenta como continuidad y renovación de la tradición profética. A semejanza de la Torah, y del Antiguo Testamento, en una primera lectura superficial del texto Coránico podemos observar, con cierta frecuencia, advertencias de castigo divino en caso de desobediencia. No obstante, y tras un estudio más profundo, nos daremos cuenta de que tales advertencias son contextuales. Son relativas a un tiempo, a una circunstancia concreta de prevención, de necesidad o de ordenamiento, debido, fundamentalmente, al propósito de constituir un pueblo unificado, ideológica y políticamente, a partir de las dispersas tribus de la Península Arábiga.

El Qorân ha de ser leído bajo la luz del Hadit –dichos y hechos del Profeta-, pues son estos los que nos aportan la claridad necesaria para una correcta comprensión. La traducción literal, desde el árabe, ha de contar con la dificultad de que muchas de las expresiones, que contiene el Qorân, pueden guardar diversos significados, según la estructura de la frase, el contexto y la intencionalidad.

Así pues, la traducción a otra lengua, o bien la interpretación actual de un versículo Coránico, se considera Tafsir, o explicación interpretativa. Esta es una labor que puede contener matices y expresiones que no se corresponderán con la intencionalidad original, si es que el trabajo interpretativo está descontextualizado.

No podemos obviar, en este punto, una advertencia del Profeta; “Allí, en el texto, se oculta una Sabiduría que supera a las mentes más preclaras”.

Y también advierte a los árabes, presuponiendo la posibilidad de que algún día llegarían a pervertirlo; “Este Islam ha llegado hasta vosotros como extranjero, y volverá extranjero hasta vosotros”.

Salvados estos escollos iniciales, y tras una mirada más profunda, el Qorân está lleno de belleza poética, de invitación a la búsqueda de la Sabiduría y de la pacífica convivencia, de invitación al respeto por la igualdad entre todas las personas, de tolerancia, y sobre todo de acercamiento entre el Creador y su criatura. No en vano las primeras palabras del texto referidas a La Divinidad son los apelativos de Compasivo y Misericordioso.

La distancia entre la promulgación original y la práctica actual es de tal magnitud que confunde, no solo a muchos de quienes se dicen musulmanes, sino al mundo entero.

Pero a este respecto ya nos alecciona suficientemente la historia de nuestro propio entorno occidental. Hoy decimos que una religión es lo que son o parecen ser aquellos que dicen practicarla. Obviamente esto no siempre es así, y por lo tanto no deberíamos de entenderlo así, y de ninguna forma “murmurarlo” así. La tradición Muhammadiana no admite ningún poder ni intermediación entre La Divinidad y el ser humano, por ello advierte contra las castas sacerdotales, las realezas dinásticas o el Estado como poder omnímodo. ¡Que lejos de la realidad actual!

Cada persona es soberana en su libertad de conciencia, en su forma de vivir la experiencia de Lo Trascendente. El poder socio político no ha de residir en un rey o en el Estado totalitarista, sino en la Umma. Es el pueblo quien delega su autoridad, una vez informado, en los dignos representantes que conoce, elige y puede sustituir cuando conviene.

La espiritualidad de cada persona y el devenir de su aprendizaje se pueden desarrollar inicialmente desde toda forma de religión, y madurar posteriormente tras el descubrimiento de la Simplicidad Original ó Unicidad de todo cuanto existe, el Tawhid.

La Unicidad es un concepto que, heredado de la Tradición Profética, se guarda hoy día en el cuerpo islámico de la promulgación original. La Simplicidad Primigenia y la posición del ser humano ante Ella, como primera expresión de la Unicidad, es “el propósito básico” de lo que denominamos Revelación en el decurso de los tiempos, y es común a todas las grandes religiones desde su origen, tal y como indican el Qorân y la Sunna”.

Gracias a la percepción de ésta realidad inicial, no existe obstáculo alguno en el desarrollo activo de cualquier forma de pensamiento, ni en la práctica de cualquier relación libremente elegida.

Esta libertad, en el proceso del propio desarrollo, es lo que nos ha permitido no desestimar cualquier fuente de inspiración –venga de donde venga-, aún afrontando la dificultad añadida de encontrar el grano entre la paja.


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